Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela ( y IV).

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                                                                                                                    Juan Uría Riu

       Podría plantearse si Las peregrinaciones a Compostela es una obra plural, cuestión que no afectaría en cualquier caso a la calidad de la obra, o unitaria, pues se concitan tres colegas que, aunque comparten el estudio Alto y Bajo Medieval  de  la Península Ibérica, tienen indudablemente su propia idiosincrasia intelectual y personal.

       Que la obra nace y muere en la más absoluta unidad temática ya se deriva del título general:todo el texto discurre coherentemente en torno al tema jacobeo y las peregrinaciones, que se iniciaron en la Península Ibérica con el descubrimiento de una tumba, supuestamente la del apóstol Santiago, a principios del siglo IX, y han seguido durante siglos posteriores, si bien aquel fervor medieval ha de dar paso a un período de atonía, incluso de total ausencia de peregrinos en los siglos siguientes al medievo.

      No sabemos, sin embargo, si la organización de los contenidos, la estructura interna del libro, fue del gusto completo de sus autores pues, según parece, el órgano convocante del Concurso establecía los criterios generales de ordenación interna de los trabajos que hubieran de concurrir, debiendo todos de ajustarse a unos determinados esquemas organizativos. Pese a ello y en cualquier caso, resulta un acierto indudable tanto la organización de los contenidos en capítulos bien delimitados-primero los estudios generalistas, agrupados a su vez en bloques temáticos; luego las particularidades que se traducen en las etapas del Camino-como la adscripción a cada autor de aquella parte en la que es más especialista o experto. Así, por ejemplo, es significativa en el primer tomo la participación de Luis Vázquez de Parga en los aspectos históricos, jurídicos y artísticos de las peregrinaciones, mientras que Juan Uría asume el tema médico-hospitalario y José Mª Lacarra el urbanístico y sus consecuencias. Ya el segundo, se reparten pro indiviso Uría y Lacarra la explicación menuda de las etapas del Camino Francés y otros,  correspondiéndole al primero, por sus orígenes asturianos, la parte comprendida entre Sahagún de Campos y Santiago de Compostela, así como el Camino del Norte, y al segundo la delimitada entre Francia y la población señalada de Campos por sus vinculaciones a Navarra y Aragón. El tomo tercero es la reagrupación de fuentes y documentos manejados por cada autor en sus respectivos estudios.

       Respecto al estilo literario o manera cómo escriben los autores, no hay duda que ningún investigador del mundo es igual a otro. Es obvio que cada persona explica el objeto de su estudio de un modo particular, eso sí unas veces con mayor acierto, otras con peor suerte, intentando en todos los casos conseguir el equilibrio ideal de rigor y claridad en la exposición de las ideas, hechos y fenómenos históricos. Esto es, todo escritor posee una voz particular y diferenciado de los demás. En el caso concreto de Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, este aserto se cumple escrupulosamente. No es momento para realizar un análisis de los registros literarios de cada uno de los autores de la obra, pero es innegable el período sintáctico más largo de Uría, frente al gusto por la oración recortada de Parga; o el empleo habitual de conectores, garantes de la cohesión textual, del segundo frente a los otros dos. Estilos todos, sin embargo, elegantes, adecuados y claros, que favorecen la comprensión de los contenidos y amenizan la lectura de los más exigentes. La unidad, pues, es resultado del equilibrio de la pluralidad de estilos, que no perjudican, al contrario, favorecen la vertebración de una gran obra, haciéndola aún mejor.

      De todo lo cual, se deduce que esta obra, como se ha dicho al principio, resulta por méritos propios la primera en su género, suponiendo un hito en la investigación del fenómeno jacobeo español y europeo. Probablemente, se tarde muchos años en escribirse algo parecido, o quizás nunca otro monumento llegue a superar a este. Aunque es de esperar que, ojalá, nos equivoquemos.

 

Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela (III).

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                                                                                                                     Jose María Lacarra

        Existen dos cuestiones importantes en la obra reseñada que merecen ser comentadas, al menos, brevemente. Una es la admiración que despierta el uso y manejo de tanta documentación utilizada por los autores; y la otra se refiere a la necesaria alusión a la unidad formal y temática del libro, toda vez que los mismos coautores explican que debieron adaptarse a un esquema de trabajo previo que la organización del certamen estableció como principio, e incluso, que más de un lector pueda plantearse legítimamente este aspecto tan fundamental. Si es una obra compartida por tres nombres, ¿acaso queda en entredicho la necesario unidad de la misma?

        Es abrumador el acopio de documentos aportados como base empírica de trabajo, pues no hay ciencia histórica, ni ninguna otra, sin consulta a las fuentes primeras. En este sentido se aportan documentos de toda clase, la mayoría escritos en latín medieval, pues no solo era la lengua oficial de la Iglesia, sino también de las Cancillerías y Administraciones de los diferentes reinos hispanos y extranjeros. Entre este vastísimo corpus se traen a colación donaciones de nobles, reyes, obispos, y otras dignidades, a iglesias, monasterios y hospitales que atendían las necesidades de los peregrinos; autorizaciones y cartas de recomendación de reyes y prelados que servían como salvoconductos o exoneraban al peregrino de los portazgos u otras servidumbres;  testamentos de peregrinos, como el de San Juan de Ortega, especialmente interesante por la importancia social del santo; escrituras de fundaciones de hospitales, así como relación detallada de enseres, útiles y bienes muebles de los mismos; las dádivas que el limosnero de los Reyes Católicos hizo en nombre de estos a los más pobres en el viaje que realizaron a Santiago de Compostela en 1487; certificados y credenciales otorgados a los peregrinos como prueba de su paso por la ciudad del Apóstol; alguna pragmática como la de Felipe II, de 1590, prohibiendo el uso del traje del peregrino en fiestas y romerías, pues los taimados se aprovechaban de ello para robar o asesinar etc. etc.  Se hallan algunos documentos curiosos como es el caso de un Poema latino de 169 versos, que se compuso en alabanza del Hospital de Roncesvalles en torno al año 1200. Particularmente interesantes son algunos relatos de peregrinos para el conocimiento del camino en los siglos XV y XVI. También hay cabida para textos litúrgicos y canciones que los peregrinos entonaban alegres como una manera de entretenimiento o de ensalzamiento de los valores religiosos. Curiosos, por fin, resultan textos de milagros y leyendas, entre las que cobra gran relevancia el “milagro del ahorcado”, narración paneuropea, que está contado en el Llibre de les dones en lengua catalana, y en la Cantiga CLXXXV de las Cantigas de Santa María en lengua gallega.

      Por lo que respecta al apartado bibliográfico, se llegan a contar más de 430 fuentes, sin duda el elenco más completo en una obra de estas cualidades. Con esta notable aportación erudita se cubre probablemente todo el vasto campo informativo escrito hasta 1943-1944 sobre aspectos directos e indirectos del Camino de Santiago, ofreciendo pues un legado impagable e imponderable a los investigadores futuros. Además, esta bibliografía se ve complementada en el apéndice del Tomo III por una nueva aportación en la materia, a cargo del profesor de Historia Medieval, Fermín Miranda García, que cubre el período comprendido entre 1949 y 1992.

       Debe, por último, significarse que en la cola del Tomo III los autores exponen una colección de 148 Láminas, que son un verdadero cuadro plástico del Camino de Santiago de la década de los años cuarenta. Quienes han sido alguna vez peregrinos, reconocerán imágenes sorprendentes y seductoras, algunas sin apenas cambios, aunque la mayoría envueltas en un paisaje y entorno antiguos, que las hace atractivas por el paso del tiempo. Bastantes de ellas son obra de los tres insignes historiadores.

 

 

 

 

Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela (II).

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                                                                                                                 Luis Vázquez de Parga

          Las peregrinaciones a Santiago de Compostela es una magna obra de tres Tomos, de extensiones similares cada uno de ellos, que se redactada entre 1943 y 1944 con el fin de presentarla al Concurso de investigación propuesto por el CSIC. El jurado estaba presidido por el Marqués de Lozoya, historiador, que, teniendo solo palabras de alabanza para la obra, le concede el máximo galardón como Primer Premio del concurso en el año 1945. Todo hay que decirlo, el premio llevaba el nombre del por entonces Jefe del Estado, Francisco Franco. Sin embargo, no fue publicada hasta 1948 por el mismo CSIC, agotándose en un plazo muy breve por el éxito de sus ventas. Los mismos coautores explican que hubieron de acogerse al esquema de trabajo planteado por los organizadores, lamentándose de la falta de libertad creadora para dar una vertebración algo diferente a su obra. A pesar de ello, no dudaron en respetar las premisas señaladas por la Institución promotora.

        Posteriormente se rinde un homenaje póstumo en Asturias al que fue uno de los colaboradores del libro, D. Juan Uría Riu, y, aprovechando esta ocasión tan señalada, la Diputación de Asturias vuelve a sacar a la luz en torno al año 1980  una segunda edición, que pronto se agota como ocurriera la primera vez.

      El itinerario de las publicaciones acaba de momento en el año 1992 cuando el Departamento de Educación y Cultura de Navarra, a través de la Institución Príncipe de Viana, decide publicar nuevamente el monumento, un año antes de la Semana de Estudios Medievales, organizados por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Estella, pionera  de esta clase de asociacionismo  jacobeo en España. La edición que aquí se utiliza es la de esta fecha, a pesar de los esfuerzos que se han hecho para conseguir algún ejemplar de la primera o segunda ediciones.

      El primer Tomo se organiza en tres partes: la primera está dedicada a los peregrinos que hicieron el camino desde el descubrimiento de la tumba hasta su decadencia en el siglo XVI, la segunda trata cuestiones de tratamiento hospitalario, jurídico y sanitario del peregrino, y la tercera plantea las consecuencias sociales, literarias y artísticas asociadas a este fenómeno, tan importantes en la historia española.

    El Tomo segundo profundiza en la formación y consolidación del camino Francés, después de haber experimentado itinerarios alternativos por necesidades de protección o seguridad, desarrollando el estudio de las etapas desde el Sur Francia hasta Santiago de Compostela. Otros Caminos también son estudiados, tales como el de la Costa o camino del Norte, y el Primitivo, que partiendo de Oviedo llegaba a Fonsagrada por el interior agreste del Occidente asturiano. Tal fue el itinerario que siguió Alfonso II para visitar la tumba del Apóstol.

      Y el tercero recoge la riqueza documental y la vasta bibliografía que sirvieron como fuente de conocimiento a los autores del libro. Se complementa con un índice alfabético y de materias al objeto de organizar mejor el acercamiento al contenido de la obra. Además la mitad última de este Tomo incorpora con notable acierto la aportación bibliográfica de Fermín Miranda García, profesor de Historia Medieval en la Universidad Autónoma de Madrid, comprendida entre 1949 y 1992, esto es, el ingente número de publicaciones nacidas entre la primera edición y la última. Dicho sea de paso, sería menester seguir esta fecunda tradición, añadiendo las nuevas acaecidas desde esta fecha a la actualidad.

      Pero deben hacerse aún algunas puntualizaciones concretas sobre el tema.

Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela, L.V.de Parga, José Mª Lacarra y Juan Uria (I).

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                 Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela es el monumento literario más importante dedicado al Camino de Santiago, fuente de innumerables estudios, espejo de rigurosos conocimientos, que ocupa un lugar cimero en la historiografía del Camino. Esta posición de la obra se apoya en la labor comanditaria de los medievalistas Luis Vázquez de Parga, Jose Mª Lacarra y Juan Uria Riu.

                   Luis Vázquez de Parga nace en Madrid en 1908 y fallece en la misma ciudad en 1994. Se licencia en Filosofía y Letras cuando solo tiene 19 años, y en 1930 ingresa como funcionario en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, ocupando primero plaza en el Museo Arqueológico Nacional y, a partir de 1967 hasta su jubilación en 1978, en la Sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde 1973.

             Vázquez de Parga atesora un vasto patrimonio cultural e intelectual. Quienes lo conocieron o conocen la ingente obra escrita, no dudan en afirmar su carácter de humanista global pues funde saberes de Historia, Arte, Arqueología y Museística, como los antigüos sabios del Renacimiento. Habla y traduce además lenguas como el francés, inglés, alemán y latín, siendo reputado también como un excelente latinista, tan necesario en la traducción de los textos medievales. En suma, un humanista total, que supo aglutinar como nadie disciplinas diferentes en una ímproba labor investigadora.

         En 1932, según el historiador Gonzalo Anes, realiza con sus amigos Jose Mª Lacarra y Jose Mª Giner el itinerario a pie desde Valcarlos a Santiago de Compostela, y, como consecuencia, comienza a idear un plan de trabajo acerca del peregrinaje jacobeo.  Años después, el plan se transforma  en esta obra extraordinaria que, concluida en 1945, ve la luz en 1948.

          Jose María Lacarra de Miguel viene al mundo en Estella en 1907 y muere en Zaragoza, año 1987. Realiza estudios simultáneos de Derecho e Historia, licenciándose en esta en 1928 y doctorándose en 1933, año en que también concluye la carrera de jurista. Como su amigo, gana las oposiciones en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueológos, siendo destinado al Archivo Histórico Nacional, desde donde trabaja durante la guerra civil para salvar el vasto contenido de libros y protocolos. A partir de 1940 gana la Cátedra de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza.

       En 1941 funda el Centro de Estudios Medievales de Aragón, del que es director durante varios años, y desarrolla una fecunda labor de investigación en el campo altomedieval aragonés y navarro, que plasma en conferencias, artículos, revistas especializadas y libros. Se convierte pues en un estudioso y defensor de la historia aragonesa, referente de otros discípulos y especialistas del mismo tema. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde 1972.

       Juan Uría Riu nace en Oviedo en 1891. Estudia inicialmente Derecho en la Universidad de Oviedo, licenciándose en 1914, pero marcha a Madrid a estudiar Filosofía y Letras, en la especialidad de Historia, donde se licencia en 1918. Pocos años después, en 1927, obtiene el doctorado con una tesis que ya pone de manifiesto el interés del historiador por el tema jacobeo, Las peregrinaciones a San Salvador de Oviedo. Curiosamente la vida de Uría transcurre paralela a la de su congénere Lacarra pues después de varios años como profesor adjunto de Historia en la Universidad de Oviedo, gana la Cátedra en 1940, que ejerció ininterrumpidamente hasta la jubilación en 1961. En 1968 es nombrado Cronista Oficial de Asturias. Funda también el Centro de Estudios Asturianos. Fallece en Oviedo en 1979.

       Y de la misma forma que el estellés Lacarra toma como centro de estudio e investigación preferentemente la Historia Medieval de Aragón y Navarra, Uria hace lo mismo con la región de su alma, que es Asturias, a quien dedicará todo su esfuerzo y talento para desentrañar las verdades históricas de la  Edad Media.

        Si se piensa que los tres investigadores han sido cada uno de ellos y por separado personas de prestigio internacional en el campo de la investigación histórica, aún cobra más importancia la obra aquí traída, que viene a ser el fruto maduro de la conjunción de esta impresionante triada intelectual.

El peregrino de la barba florida, un poemario de Alejandro Casona.

 

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                                                                                                                        Alejandro Casona

     A saltos y correrías entre papeles y libros, se ha hallado una colección de poemas de Alejandro Casona, más conocido como dramaturgo, titulada El Peregrino de la barba florida, y publicada en el año 1926. Confieso que me ha sorprendido gratamente, sobre todo, por el ambiente asturiano y bucólico de buena parte de los poemas, algunos de los cuales profundamente emotivos y líricos, siguen la tradición de las viejas canciones amorosas galaico-portuguesas y asturianas. Probablemente, el enraizamiento del escritor en estas tierras, tan verdes y remansadas de paz, ha decidido o condicionado un libro de estas hechuras.

        Porque Alejandro nace en la aldeita de Besullo, concejo de Cangas de Onís, en 1903, en una casa amplia situada en la zona alta del pueblo, y por cuyas circunstancias permuta el apellido paterno de Rodríguez por el sobrenombre de Casona, que quiere decir “casa grande”. Desde entonces, el asturianismo lo lleva en el apellido hasta su óbito en 1965, rayano con el otoño en que también caen las hojas para plegarse amarillas en el blando suelo, estando acompañado hasta el final por su esposa Rosalia y su hija Marta, ambas inseparables del escritor. Un año antes, en 1962, había decidido fijar definitivamente la residencia en Madrid, aunque la obsesión por la vuelta a España le viene en 1956 tras largos años de ausencia en Argentina y Uruguay, exiliado allí tras el desastre de la guerra civil española y triunfo de las tropas franquistas. Como paréntesis debe añadirse que Casona recibió el encargo en 1931 de llevar los telares del teatro y las bambalinas a los pueblos más alejados de Madrid y más olvidados de aquella España empobrecida, cumpliendo así el encargo de las Misiones Pedagógicas de la II República española, garantes de la cultura y de la educación en todo el territorio.

     Con todo, el escritor, no se sabe por qué, decide garabatear algunas cuartillas en versos rimados, arremolinadas en torno a un eje temático que tiene a un peregrino barbado como protagonista.

    Cuenta que un reo confeso recibe la visita del apóstol Santiago en el calabozo y le ofrece un bordón para que vaya a Compostela a purgar sus pecados y recibir las indulgencias. Así, el condenado se hace peregrino para dar cumplimiento al deseo del santo. Por las noches una luz encendida guía sus pasos, pero la mala fortuna apaga la luminaria, quedando perdido el peregrino en aquellos montes y sierras. Canta el gallo, se oye el ladrido de un mastín en la aldea, y vuelve el día para acompañar la soledad del peregrino. Sediento, llega a la braña-parte alta del monte en que pastan las vacas en el verano- donde una pastora joven, de nombre Marela, acude en su auxilio ofreciéndole una cuerna de leche como bebida y manjar. Conviven juntos durante mucho tiempo, felices y dichosos, hasta que una nueva aparición del Apóstol le recuerda que debe cumplir la promesa de seguir a Compostela. Rota la paz de los amantes, el peregrino reemprende el camino y, tras largas y penosas jornadas, puede contemplar la ciudad de Santiago desde la alcarria del Monte del Gozo, donde por fin quedó dormido.

        Elementos tradicionales del paisaje asturiano-la niebla, el orbayu, las fuentes o las brañas- empastados en vivas imágenes tan del gusto de los escritores de estas tierras, entroncan este poemario de Casona con el grupo de asturianos que escribieron en bable o lengua asturiana, como Constantino Cabal, Juan Mª Acebal, Pín de Pría o el mismo Antón de Marirreguera, primer autor en bable de la literatura asturiana, entre otros muchos. Muchos versos alternan ritmos y rimas de indudable acierto, métrica regular, creándose un ambiente musical sereno, que se conjuga perfectamente con el fondo paisajístico de las diferentes escenas.

       Libro poético, en resumen, que pretexta un tema jacobeo para deleitarse con la imponderable y hermosa tierra asturiana, una vez más.

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Federico García Lorca (III).

luna llena 

Danza da lúa en Santiago

¡Fita aquel branco galán,
olla seu transido corpo!

É a lúa que baila
na Quintana dos mortos.

Fita seu corpo transido
negro de somas e lobos.

Nai: a lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¿Quén fire potro de pedra
na mesma porta do sono?

¡É a lúa! ¡É a lúa
na Quintana dos mortos!

¿Quen fita meus grises vidros
cheos de nubens seus ollos?

¡É a lúa! ¡É a lúa
na Quintana dos mortos!

Déixame morrer no leito
soñando con froles d’ouro.

Nai: a lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¡Ai filla, co ar do ceo
vólvome branca de pronto!

Non é o ar, é a triste lúa
na Quintana dos mortos.

¿Quén brúa co-este xemido
d’imenso boi melancónico?

¡Nai: É a lúa, a lúa
coronada de toxos,
que baila, e baila, e baila
na Quintana dos mortos!

 

Danza de la luna en Santiago

¡Observa a aquel blanco galán,/ mira su transido cuerpo! /Es la luna que baila en la Quintana de los muertos. /Observa su cuerpo transido/ negro de sombras y lobos./ Madre: la luna está bailando en la Quintana de los muertos./ ¿Quién hiere potro de piedra/ en la misma puerta del sueño?/ ¡Es la luna! ¡Es la luna en la Quintana de los muertos!/ ¿Quién observa mis grises vidrios/ llenos de nubes sus ojos?/ ¡Es la luna! ¡Es la luna en la Quintana de los muertos!/ Déjame morir en el lecho/ soñando con flores de oro./ Madre: la luna está bailando en la Quintana de los muertos/. ¡Ay hija, con el aire del cielo/ me vuelvo blanca de pronto!/ No es el aire, es la triste luna/ en la Quintana de los muertos./ ¿Quién brama con este gemido/ de inmenso buey melancólico?/ ¡Madre: Es la luna, la luna/ coronada de tojos,/ que baila, y baila, y baila/ en la Quintana de los muertos! firma de lora  

          Es este un poema inserto en la tradición más genuina de Lorca, que guarda extraordinarias concomitancias con el “Romance de la luna, luna”, del libro Romancero Gitano, e incluso con el “Romance sonámbulo” del mismo libro. Se trata de un diálogo dramático entre madre e hija acerca de la muerte próxima de aquella, que experimenta la angustia de los postrimeros momentos de la vida previos a la definitiva partida. Y para ello Lorca recurre a la imagen de la luna como símbolo del presagio de la muerte, que aparece dibujada con los rasgos tétricos propios, tales como cuerpo transido/ negro de sombras y lobos. En este caso la muerte-luna danza además en la Plaza de los Muertos, una de las cuatro que rodean la Catedral, donde antaño se enterraban los monjes benedictinos que custodiaban el sepulcro de Santiago hasta que en 1780 se trasladan al actual cementerio. Todo sucede como en el “Romance de la luna, luna”, donde el cuerpo celeste, personificado como una bailarina, presagia la muerte del gitanillo, al cual se lleva de la mano por el cielo.

        La hija realiza una acción pasiva pues solo responde angustiosamente a la madre para anunciarle su muerte mediante la repetición, recurso típico lorquiano, de los versos de entonación exclamativa y enunciativa ¡Es la luna, la luna!…la luna está bailando.Mientras que, por el contrario, la madre lleva significativamente el peso de la acción en el lecho de muerte, planteando interrogantes dramáticos como pudiera hacerlo cualquier llamado a la último viaje al infinito, al más allá o a la nada. La misma madre, que da vida a la luna, se pregunta por esa que la hiere, la observa y la brama como un buey melancólico.

        Pero, al contrario del Romace citado, la madre permanece yacente y viva, diríase agonizante y en situación de inquieta espera.

        Una vez más, el poeta adopta el metro octosilábico repartido en varios pareados y una copla final con que se cierra el poema y que viene a resumir el tema del texto. La asunción de formas populares, junto al empleo de inauditas y brillantes expresiones retóricas lorquianas,convierten este poema en un vivo ejemplo de neopopularismo, corriente en que destacó el ilustre poeta granadino.

Federico García Lorca (II).

federico

Madrigal a la ciudad

         de Santiago                                                                                              

Llueve en Santiago
mi dulce amor.
Camelia blanca de aire
brilla temblorosa al sol.

Llueve en Santiago
en la noche oscura.
Hierbas de plata y de sueño
cubre la luna llena.

Mira la lluvia por la rúa,
lamento de piedra y cristal.
Mira el viento descolorido
sombra y ceniza de tu amor.

Sombra y ceniza de tu amor
Santiago, lejos del sol.
Agua de la mañana antigua
tiembla en mi corazón.

      Se trata de un breve poema de arte menor, distribuido en cuatro estrofas asonantadas parcialmente, que presenta como tema principal y único la fascinación que siente el poeta por Santiago. Porque Compostela es su amor, no amargo, dulce; y porque es tal el encanto que deja, que vibra en el corazón. Sin duda alguna, esta ciudad sorprende emocionalmente a Lorca, como pudiera hacerlo Granada o cualquier otro rincón del gusto del poeta, cuando ya la visita por primera vez en 1916. Y es que en realidad Santiago no ha dejado indiferente a nadie que se haya acercado con la ingenuidad del niño y la curiosidad del sabio.

    La ciudad se personifica, figura semántica de la prosopopeya, cuando se convierte en objeto de su amor, pero sobretodo, cuando es al mismo tiempo receptora de las confesiones del granadino como si se tratara de un amigo, mediante el uso doble de la forma imperativa mira, que recuerda a la famosa expresión machadiana mira el Moncayo azul y blanco, que dirige a su amada LeonorEs, por lo tanto, Santiago no solo el centro temático, eje significativo, sino el necesario interlocutor que escucha la pasión que siente por él el poeta. De esta manera la ciudad cobra una importancia aún mayor como protagonista con el que se conversa.

     Se atreve además Lorca, porque fue poeta de cuna, con el hallazgo de dos metáforas, al menos una, que describen poéticamente a la ciudad. Es por un lado camelia blanca que brilla bajo el sol, curiosa la identificación que realiza de la ciudad; y es además agua de mañana antigua, aún más espléndida que la anterior.

     Por último hay dos elementos consustanciales con la ciudad, la lluvia siempre y, esporádicamente, el viento, símbolo del gusto de Lorca, muy usado en el conjunto de su producción poética. Llueve y llueve, asi se inician la primera y la segunda estrofas- ¿cuartetas?-, lluvia, aparece en la tercera, para quien tiene también esperando en la recamara dos contundentes imágenes, hierbas de plata y de sueño y lamento de piedra y cristal. Y en cuanto al viento, el epíteto descolorido, lo hace especialmente ingrávido y puro, casi como la lluvia que no deja de caer sobre las piedras históricas de esta ciudad.

    Otras cualidades del poema son la repetición de versos, la unión de dos estrofas por la redundancia del mismo verso, la aparición de la luna sin el sentido simbólico de dolor y muerte a que Lorca nos tiene acostumbrados en el Romancero Gitano etc.

     Y es que Santiago, se dice, lo dice el poeta, enamora como una mujer o un hombre.

Seis poemas gallegos de Federico García Lorca (I).

                    seis poemas gallegos

           Ahora que se aproxima la partida hacia Santiago de Compostela, me llegan desde lejos sus rumores en caballos de plata y es por lo que recuerdo los seis poemas de Lorca escritos en gallego, o mejor dicho, los dos que recuerdan la levítica y melancólica ciudad, Madrigal â cibdá de Santiago y Danza da lúa en Santiago. Los seis poemas constituyeron un libro, editado por la editorial Nós en diciembre de 1935, de título homónimo, ante el asombro de curiosos y extraños que no entendían cómo un poeta de fino duende granadino podía escribir en gallego y, lo que es más maravilloso, sentir la tierra gallega como suya propia. El poemario, a pesar de no ser tan conocido como sus otros libros, gozó de nombradía, incluso musicalmente, pues cantautores e instrumentistas tan relevantes como Amancio Prada y Carlos Nuñez pusieron notas a los versos.

        Tres interrogantes pueden centrar el presente texto sobre esta faceta tan poco conocida de Lorca: ¿Por qué el escritor, de cuna andaluza, escribe de Galicia y en la lengua gallega? ¿Cómo lo hace? ¿Qué cuenta?

           Son algunos los hechos que explican la primera cuestión. En el año 1916 el poeta universal del Huerto de San Vicente viaja a Compostela y queda impregnado de las cualidades terruñas: la lluvia, testigo mudo del tiempo, la melancolía y la furtiva saudade, madre fecunda de la creación artística, sin la cual ni puede ni debe haber obra alguna. Tras la proclamación de la II República española y, en medio del alborozo general del pueblo, el poeta retorna en 1932 y aquellos primeros efluvios cristalizaron en huellas profundas en el sentir del hombre-poeta. Él mismo lo dice: “Me sentí poeta gallego y una imperiosa necesidad de hacer versos”. Pero además Lorca ya conocía y admiraba a Rosalía de Castro, mujer de acendrada melancolía, raro epígono de un Romanticismo tardío, a la que dedicó encendidos elogios entre sus más cercanos amigos. Junto a ella, otras dos figuras, Eduardo Pondal y Manuel Curros Enríquez, forman parte del archivo que el poeta tiene en su imaginario. Por si no fuese suficiente, Federico García Lorca presume en las conferencias del conocimiento de los Cancioneros gallegos y hasta parafrasea versos sueltos, admira los primitivos pero ya lenes poemas líricos del siglo XII al XIV, y lee en lengua vernácula las Cantigas del rey culto Alfonso X o los juegos amatorios de Martín Codax, trovador de Vigo. ¿Puede dudarse pues del galleguismo de Lorca que orientan sus pasos hacia lo esencial-gallego?

         Acerca del cómo, la crítica no está muy de acuerdo. Unos opinan que el vate granadino escribió en castellano que, luego, sus amigos tradujeron al gallego y, aunque se aportan datos, no parece que fuera realmente así. Otros piensan lo contrario, es decir, a Lorca le fluía la lengua gallega como la castellana, pero también es probable que esto no fuese cierto. Para explicar esta cuestión debe estarse a la amistad que Lorca tuvo con dos gallegos eminentes, que además, animaron al poeta a escribir y publicar el poemario, Eduardo Blanco Amor y Ernesto Pérez Guerra. El libro viene prorrogado por el primero, intimísimo de Lorca, y el segundo despierta una honda fascinación en el poeta. De sus palabras extraídas del epistolario que mantuvieron entre ellos, se deduce que el proceso de escritura era muy sencillo, el poeta escribía en gallego, aprendido de sus amigos y lecturas, y estos corregían las palabras incorrectas o los giros idiomáticos impropios. En una palabra, Seis Poemas Gallegos resulta el único libro escrito en gallego por Lorca, y puntualmente corregido por sus mejores amigos.

      Y en cuanto al qué, reproduzcamos las dos canciones y algunos rápidos comentarios.

José Luis Corral. El Códice del Peregrino.

 

        el-codice-del-peregrino_9788408108986 Nace JOSÉ LUIS CORRAL LAFUENTE en Daroca, provincia de Zaragoza, en 1957, una de las villas que mejor conserva en Aragón el recinto amurallado de época medieval. Tras licenciarse en Filosofía y Letras, se doctora en Historia Medieval, convirtiéndose en poco tiempo en Catedrático de esta disciplina en la Universidad de Zaragoza. Atraído por la investigación multidisciplinar, acepta la dirección técnica y el guión del documental Historia de Aragón, distribuido en varios videos, obteniendo por este trabajo la medalla de Plata en el XXXIV Festival Internacional de Video y Televisión de Nueva York en 1992. Ha sido también asesor histórico de la película 1492.La conquista del Paraíso, dirigida por el cineasta Ridley Scott. Como persona que gusta del cultivo de lo literario funda la Asociación Aragonesa de Escritores, de la que es Presidente, y escribe varias novelas históricas, de inopinado éxito editorial. El Códice del peregrino, 2012, es la muestra del interés que a Corral le merece el tema de Santiago y las peregrinaciones.

        La trama es muy sencilla: dos reputados traficantes internacionales de arte, que viven cómodamente en Suiza, reciben la llamada inesperada de un rico francés para recibir el encargo de robar el Códice Calixtino, depositado en la catedral de Santiago de Compostela. El robo es ejecutado sin fisuras. La intención es la de acaparar este importante manuscrito medieval del siglo XII y separarlo de la exposición pública porque contiene un evangelio desconocido que cuestiona la dogmática y la doctrina tradicional de la Iglesia Católica. Concretamente, los contenidos que acoge este perdido manuscrito hacen referencia a la genealogía de Jesucristo, su parentesco, al viaje supuesto del Apóstol desde el lugar de martirio a las tierras gallegas y a las reliquias que se dicen depositadas en el sepulcro del Apóstol Santiago en contraste con quienes defienden la teoría priscilianista. Naturalmente, la larga sombra que alienta el robo es la facción más dura e intransigente de la iglesia, que no duda en defender acremente el corpus de ideas y normas clásicas para que todo siga siendo igual. Dicho así, debe señalarse que el autor parte de una realidad tan inmediata como alarmante, la del robo del Códice Calixtino en el año 2011, pero el desarrollo de la acción de la novela es pura invención del autor, pues el Códice no guarda ningún libro secreto que pudiera hacer temblar los rígidos cimientos de la Iglesia. Como nota curiosa debe destacarse la puesta en escena de dos acontecimientos reales, las manifestaciones del 15M y las muertes de un grupo de personas en la isla de Utoya, proximidades de Oslo, llevadas a cabo por un demente.

    Los protagonistas principales son planos aunque acertdamente perfilados, no hay una evolución personal de los mismos en el desenvolvimiento de la acción, pues lo importante es el ámbito de las ideas e informaciones que se pretenden tratar así como el hilo de las investigaciones para descubrir los responsables del robo. Diego no duda en aceptar la manda del riquísimo Jacques Roman, domiciliado en París, ante el suculento precio que se le promete, un millón de euros. Sin embargo, Patricia acepta el reto por amor a su novio. Jacques Roman representa el lado oscuro de la iglesia y sus intenciones más aviesas. Además, intervienen tres protagonistas-comparsas con papeles muy marcados, el peregrino, que es un trabajador del archivo de la catedral, cómplice necesario del robo, el inspector de policía gallego y la especialista de patrimonio.

    El estilo es fluido, ágil y ameno, que no llega a cansar al lector de esta clase de novelas y apto para todos los públicos, incluso el más joven. El autor, aprovechando el talento de historiador, bebe para la confección del relato en diversas crónicas medievales, los evangelios del Nuevo Testamento y los Apócrifos y en textos gnósticos del Cristianismo. El resultado es el de una novela de rigurosos fundamentos históricos pero con los contenidos propios de ficción que constituyen su principal seña de identidad.

Jacqueline Mirande. Sergio Remedios. José L. Olaizola. José Mª Cuenca

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        JACQUELINE MIRANDE es natural de la región francesa de Burdeos, donde nace en 1925. Licda. en Historia por la Universidad de París, desde muy joven se dedicó a viajar por todo el mundo, y así adquirió una experiencia  muy importante que ha enriquecido notablemente sus novelas. Como los grandes narradores, las vivencias cosmopolitas van por delante de la creación literaria. Es autora del Doble asesinato en la abadía, 1998.

      Es una novela de misterio en la que suceden dos asesinatos en las inmediaciones de la abadía de Hautefage, un peregrino que iba a Santiago y un juglar. El bordón del peregrino guarda el objeto delator, un anillo, que conducirá a la identidad del asesino, Raymond de Pleaux. Este malévolo personaje había matado años atrás a su hermano para quedarse con la herencia y vuelve a matar al peregrino porque conocía la truculenta historia del primer crimen.

        SERGIO REMEDIOS SÁNCHEZ nace en Madrid en 1980. Es Licdo. en Historia por la Universidad Complutense de Madrid, especializado en Hª Antigua. Ha sido Coordinador editorial, y actualmente compagina la labor de Director de la revista científica Hª Antigua y Arqueología con la de escritor. Participante en congresos y seminarios. Escribe El peregrino de Santiago, 2005.

        Maquetación 1El relato está protagonizado por el caballero Beltrán de Osma que decide recorrer el Camino de Santiago tras dejar atrás una vida de guerrero. Participó en las batallas de Alarcos (1195) y Navas de Tolosa (1212) con desigual fortuna, pues mientras en la primera las tropas cristinas sufren un fuerte descalabro, en la segunda se alzan con la victoria, marcando un punto de inflexión en el proceso de la Reconquista de la Península Ibérica. El protagonista, desengañado de su vida anterior, elige la vía de la oración a través de la ruta jacobina, y tiene además  la suerte de viajar acompañado por San Francisco de Asís.

       JOSÉ LUIS OLAIZOLA SARRIÁ es natal de San Sebastián, 1927. Realiza la carrera de Derecho y ejerce como abogado durante quince años, pero decide cambiar la toga por la pluma convirtiéndose en un escritor leído. Preside la ONG Somos uno, dedicada a la lucha contra la prostitución infantil en Tailandia. Obtiene el Premio Planeta en 1983 por la novela La guerra del general Escobar con el tema de la guerra civil española. Pero la obra jacobina es El camino de las estrellas, publicada en 2007.

    el camino de las estrellas En esta ocasión es Jacobus de Arlaiz, un notable vasco-francés, que, conocedor del descubrimiento de la tumba, resuelve peregrinar a Santiago para presentarle sus respetos y ganar las indulgencias. Novela situada, pues, en el siglo IX, que aprovecha el autor para presentar un abigarrado cuadro de gentes y paisajes que se suceden a lo largo del camino francés. A la vez, relata el protagonista la vida del Apóstol tal como la tradición cristiana la ha transmitido comúnmente e interpretado sin variar un ápice.

    JOSÉ Mª CUENCA ROVAYOS es un escritor nacido en Ceuta. Inicia los estudios de Ingeniería Informática, pero pronto los deja para dedicarse a la literatura. Emprende en el año 2006 un viaje a Santiago de Compostela, y fruto del peregrinaje nace La morada de Dios, publicada en el año 2014.

    Es una curiosa novela en que Jordan ha decidió suicidarse arrojándose de un puente parisino al río y, durante el salto, evoca su infancia y se transforma en peregrino que viaja a Santiago. Buscando el origen de su durísima decisión del suicidio, se va encontrando con otros personajes atormentados e incluso, personajes reales como Guillermo de Aquitania, Francisco Fernández de Córdoba etc., rendirá homenaje a los olvidados agotes o constructores de iglesias y catedrales del norte de Navarra, y por último pondrá rumbo al monasterio de Santo Toribio de Liébana, donde se hallan los tesoros más importantes del Cristianismo

                           la moarada de dios

Paloma Sánchez-Garnica. El Alma de las Piedras.

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   PALOMA SÁNCHEZ-GARNICA nace en 1962 en Madrid, barrio de Chamberí, aunque cuatro años después se traslada a Zaragoza pues su padre gana por oposición la Cátedra de Patología General de esta Universidad. Cursa las primeras letras en el colegio de las Escolapias de Ruiseñores y ya por estas fechas se hace una lectora incansable de Enid Blyton y los Hollister. Desde niña admira a su padre, de modo que el fallecimiento le produce un vacío difícil de llenar para una sensibilidad que apreciaba la amistad y los sabios consejos paternos. Es doblemente Licenciada en Derecho y Geografía e Historia y, aunque ejerce como abogada durante algunos años, tras haber escapado indemne de algunos intentos de oposición a Registros y Judicaturas, descubre la felicidad en el sencillo hecho de la escritura de su primer libro, El gran arcano, año 2004. Más adelante corrobora aquella sensación feliz cuando  lee el discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura de Mario Vargas Llosa acerca de la fantástica aventura de aprender y saber leer. En el año 2010 escribe la novela de resonancias jacobeas El alma de las piedras.

     Es un relato que cuenta simultáneamente dos historias que tienen como nexo común, aparte del fondo paisajístico que ofrece el Camino, un pergamino manuscrito denominado la Inventio que, elaborado en el siglo IX en la primera historia, es buscado dos siglos después por la protagonista  de la segunda narración. La primera evoca noveladamente el hallazgo de las reliquias del Apóstol Santiago en los oteros de Iria Flavia en el año 824 d.C., de modo que el Obispo Teodomiro y su ayudante, el monje Martín de Bilibio, son guiados por Paio al túmulo en que se cree que está inhumado el osario de Santiago. Recogen el sorprendente acontecimiento en el pergamino nominado, aunque manipulan datos e incorporan indicios espurios, que dejan dudosa la identidad del apóstol. No obstante, a partir de esta fecha se inicia la ruta sagrada más importante de Europa que ha de atraer a legiones de peregrinos de todo el mundo, a la vez que se cristianiza un largo itinerario que tenía costumbres arraigadamente paganas. La segunda historia transcurre entre los años 1094-1115 y tiene como protagonista a Mabilia que, amenazada por un tío malvado, emprende la huida junto a su hermano y el cantero Ernaud a través del Camino de Santiago con el propósito de  conocer los arcanos de la Inventio, revelada por la marca hallada en una piedra. Esta trama es el subterfugio para entrar en contacto con todos los elementos del Camino, iglesias, monasterios, palacios, y otras fábricas, que están construidos con las piedras que tan celosamente cincelan los canteros.

     Hay diferencias y concomitancias entre ambas historias. En la primera el narrador es onmnisciente, como corresponde a un relato novelado que testimonia unos hechos legendarios; mientras que el narrador de la segunda historia es Malibia, que cuenta en primera persona su propia experiencia, conflictiva y dañosa. Asimismo el protagonista es varón en un caso, y mujer en el otro. Varía también el carácter plano de la protagonista que apenas experimenta una evolución psicológica a lo largo de varios años, mientras que Martín, paradójico y vital, reflexivo, sufre el hecho de ser monje potencialmente fiel a los cánones de la verdad y a la vez consentir el falseamiento de las circunstancias de la supuesta tumba. Comparten en común el estilo elegante, cuidado, que imprime el talento de la escritora, lo que se traduce en una lectura fácil y agradable. No hay, por otro lado, espacios estancados, sino prosa rápida, ágil, perfectamente equilibrada con la sucesión de episodios y aventuras.

   Las descripciones de montes, sierras, espadañas, prados, aguas y ríos son también un acierto de la autora, que introducen viveza y pintoresquismo en el relato. Novela histórica que plantea un tema tan polémico como interesante y que a buen seguro no se ha de cerrar en un futuro próximo.

Ángeles de Irisarri. La Estrella Peregrina.

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         ÁNGELES DE IRISARRI nace en Zaragoza en 1947. Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de Zaragoza, trabaja en diferentes profesiones como profesora y archivera, así como colaboradora en la prensa escrita y en la radio, hasta que pasados los cuarenta años encuentra la veta vocacional en la creación literaria. Es autora de cuentos, relatos cortos y novelas. Aunque le costó trabajo comenzar a publicar pues las editoriales apostaban por otra clase de escritores más jóvenes o afamados maduros, obtiene sin embargo importantes galardones como el Premio Femenino Singular en 1994 de la Editorial Lumen, el Baltasar Gracián en 1997 y el Alfonso X El Sabio en 2005, además de otros importantes. Gusta ambientar sus novelas en la Edad Media, de la que es una experta estudiosa, siendo  La estrella peregrina, editada en 2010, la que trata el tema jacobeo. Para ello fue peregrina desde San Jean de Pied de Port hasta Santiago de Compostela, de cuya experiencia guarda un grato recuerdo. La escritora dice de sí misma que le place ambientar los personajes y hechos históricos con todo rigor para no incurrir en falsedades o en pedestres vulgarismos. Como dato más reciente  ha sido nombrada pregonera de la Semana Santa de Zaragoza de 2015.

       La acción central relata el viaje que emprende a Santiago en el año Mil la condesa bretona, Dª Poppa, junto al séquito de criados y caballeros, una vez ha fallecido prematuramente el marido. Es también acompañada por sus hijas, Mahaut, hermosa e inteligente, y Lioneta, fea y enana. Por segunda vez se presenta la figura de un personaje maltrecho que, en el contexto del medievo, despierta cuanto menos la hilaridad de la sociedad. El fin del viaje es pedir al Apóstol el perdón de las culpas terrenales y la curación milagrosa de la hija infortunada. Esta sencilla trama, enlazada a otras paralelas, sirve a la autora para presentar un magnífico y plástico fresco de las tierras y personajes variopintos que desde Bretaña conducen a Santiago de Compostela: excelentes pinturas de puentes desvencijados, veredas y vías romanas, conventos y  vetustos monasterios, hospitales que dan cobijo a los enfermos y destartaladas pensiones de mala muerte; y un recorrido por los lugares señeros del Camino Francés, Conquereuil, Nantes, Burdeos, Roncesvalles, Pamplona, Lizarra, Montes de Oca, Burgos, Castrojeriz, Carrión, Sahagún, León, El Cebrero, Sarria, Santiago,entre otros pueblos. Todo contribuye a crear una novela del más puro estilo santiaguista.

     Los personajes están muy bien construidos, vivos y entrañables, de entre los que destacan la condesa madre de Conquereuil, inteligente y valiente que no teme a las aventuras ni desfallece nunca, y la hija menor Lioneta, persona de carácter a pesar de su estado físico, confundida por la maledicencia con un bufón de la comitiva, que tampoco se arredra ante las dificultades. Sin duda la autora elige estos personajes femeninos como centrales por una justa reivindicación de la condición de la mujer muy depauperada en esta época especialmente. Otros personajes importantes son el jefe de la guardia de la condesa, D. Morvan, fiel, valiente y eficaz, el negro Abdul, el fraile don Walid etc. Los diálogos son chisposos e ingeniosos, amenos y entretenidos, que ayudan a crear un ambiente propicio y aportan a la narración un ritmo necesario para divertimento del lector. Resultan además naturales, realizando la autora un esfuerzo por imitar el registro coloquial o culto, según el contexto comunicativo, de los protagonistas.

       Las descripciones acertadas y justas. A los personajes se les conoce por sus acciones, pero también contribuyen a su comprensión las pinceladas o brochazos certeros de la autora.

     La escritora es una excelente narradora que equilibra magistralmente el uso del lenguaje arcaico y antiguo del castellano y el sentido del humor, que pone tierra de por medio al aburrimiento y al exagerado envaramiento de las formas serias. En definitiva, una espléndida novela que se dibuja con el camino de Santiago de fondo.

Cristina Cerezales Laforet y Pere Tobaruela Martínez. Por el Camino de las Grullas y la Cripta del Apóstol.

 

              CRISTINA CEREZALES LAFORET nació en Madrid en 1948. Hija de escritores, Carmen Laforet, ganadora brillante en 1944 del Premio Nadal, y Manuel Cerezales, periodista y crítico literario, podría haber sido rehén de este suceso filial- ser conocida solo como hija de Laforet-, pero la lucha de la escritora por buscar la identidad humana y literaria ha roto aquella independencia, convirtiéndose en una creadora con personalidad propia. Estudió en el Liceo Francés de Madrid desde niña, donde la lectura de El Principito le dejó honda huella. Durante varios años se dedicó a la pintura y ejerció como profesora de arte, hasta que en 1996 decidió dedicarse con exclusividad a la creación literaria. Realizó el camino de Santiago del que aprendió que la vida hay que recorrerla liberada de lo innecesario- que es casi todo lo que tenemos- y en consuno con los demás porque debemos ser útiles a quienes nos necesitan. Actualmente da charlas, conferencias, talleres de expresión artística y, por supuesto, escribe. Fruto de la experiencia purgativa del viaje jacobeo escribe Por el camino de las grullas, año de 2006. Lleva además consigo los aires musicales de la tierra gallega por la influencia vital de su padre, gallego de pura cepa.
grullas La novela sitúa a varios personajes en un tramo del camino de Santiago durante una Semana Santa de nuestra época. Son personas de nacionalidades diferentes que se encuentran para vivir juntos la experiencia que aporta esta importante ruta española. Todos tienen en común una vida pasada lastrada de problemas y conflictos y la necesidad de superarla mediante la exploración de sus propias vidas, De este análisis introspectivo y de la interacción que brota entre ellos, devendrá la creencia en un futuro más luminoso y feliz. El título del relato revela la existencia de varios protagonistas que, como las grullas, son aves de paso o pasajeros que caminan a trancas y barrancas debido a aquel pasado calamitoso, tal como le ocurre a Marianela, que sale huyendo del poder omnímodo de su madre, o a Colino, que vivió un profundo desengaño.

       Durante el trayecto se recrean situaciones que la autora vivió en el recorrido que realizó antes de escribir la novela, descripciones de villas y pueblos, naturaleza, costumbres locales etc. que influyen en el carácter realista de la obra. Los protagonistas son entrevistos por un narrador omnisciente que controla a su antojo todos los pensamientos y acciones, aunque en algunas ocasiones los protagonistas desarrollan sus propios discursos con más libertad.

         En resumen, novela grupal y de experiencia, que enseña acerca de los entresijos del alma humana.

       PERE TOBARUELA MARTÍNEZ es un barcelonés nacido en el año 1965. Licenciado en Geografía e Historia, dedicó sus primeros trabajos al periodismo, pero desde 1999 descarta cualquier otro oficio que no sea el de escribir. Reside en Santiago en Compostela desde 2005. El contacto con Cataluña y Galicia le hace permeable a las lenguas vernáculas, de modo que publica sus obras en castellano, catalán y gallego indistintamente. De la estrecha relación con la cultura gallega deviene la novela La cripta del apóstol, 2010.

          la criptaPresenta el relato dos partes bien diferenciadas. La una sitúa la acción en el año 44 D.c. cuando el Apóstol Jacob (Santiago) es decapitado en Jerusalén y transportado lejos de este lugar por dos de sus discípulos, es decir, se reproduce la leyenda calixtina de la muerte y suerte del Apóstol de Jesús de Nazaret. La segunda parte acontece durante el año jacobeo de 2010, y tiene como protagonistas a cuatro amigos de un centro de enseñanza y al resto de sus compañeros, que viajan a través del camino de Santiago junto a varias profesoras y algunos monitores. De entre ellos, un monitor oculta un secreto sobre la cripta en que está depositado el sepulcro.

     Los personajes están perfilados con total realismo y objetividad. Destaca la descripción de paisajes fácilmente reconocibles por el lector que conoce los lugares del camino, en combinación equilibrada con diálogos ingeniosos y a veces cargados de humor. El estilo es fluido y sencillo, y no faltan apuntes de misterio e intriga que ayudan a mantener vivo el interés del interlocutor.

    El mismo autor escribe en colaboración con Ana Isabel Boullón Agrelo un texto divulgativo en gallego, titulado Peregrino na sombra, en el que explican aspectos puntuales del camino de Santiago, tales como, el significado de ganar el jubileo, el rezo y abrazo del Apóstol, el sentido y uso del botafumeiro o la visita de la cripta.

Tracy Saunders y Ulrike Schweikert. Peregrinos de la Herejía y El Báculo de Santiago.La Maldición del Camino de Santiago.

 

          TRACY SAUNDERS nace en la villa de Wroughton, condado inglés de Wiltshire. A los veinte años emigra a Canadá. Allí forma su familia, aunque después de veintitrés años abandona las frías tierras del norte en busca de lugares más cálidos para instalarse en Granada y Marbella. Ya en pagos españoles comprende que aquí debe quedarse porque se siente muy identificada con la cultura y tierras de la Península Ibérica, sobre todo con Galicia, donde reside en la actualidad. Llevada de su vocación humanista e indagadora de la esencia de las cosas, realiza en el año 1999 un viaje como peregrina a Santiago, y fruto de esta experiencia escribe Peregrinos de la herejía, novela publicada en 2009. Posteriormente aborda la figura señera del Obispo Gelmírez y su implicación decisiva en la construcción de la Catedral, que se convierte en el protagonista del relato El Báculo de Santiago, editado en 2012. Es también psicóloga.

      peregrinos de la herejíaPeregrinos de la herejía cuenta cómo Miranda, profesora de la Universidad de Toronto, peregrina a Santiago de Compostela desde los Pirineos para conocer el vasto patrimonio cultural y humano que atesora. Pero lo que podía haber sido un viaje apacible, se convierte en la investigación por averiguar qué personaje ocupa el supuesto sepulcro del Apóstol. Descubre a través de un acompañante, el seminarista irlandés Kieran, que la identidad del sepultado es el obispo Prisciliano, acusado de herejía y decapitado en el siglo IV. Este le facilita el borrador de una novela que recoge la historia del obispo. Pero no es solo una novela a la búsqueda de una identidad, es también la puesta en escena de un grupo de peregrinos que cuentan sus vivencias. Puede calificarse esta obra como una novela de tesis, defensora de la teoría priscilianista, con todos los componentes de ficción que la acompañan, tiempo, personajes, acción, narrador etc., de manera que esta perspectiva novelesca debe suavizar la acritud de los apologetas del apóstol Santiago.

      el baculoEl Báculo de Santiago se trata de un acercamiento a una de las figuras fundamentales del medievo gallego, Diego Gelmírez, principal impulsor de la construcción de la Catedral compostelana y de la ciudad en general. La protagonista, Laura, desea hacer la tesis doctoral sobre el arzobispo Gelmírez. Para acercarse a él se somete a una sesión de hipnosis animada por su director de tesis y se traslada a la Galicia de los siglos XI-XII.  A partir de entonces, el narrador de la historia es el hermano del prelado, Pedro Gelmírez, que relata en primera persona el perfil de Diego así como refiere la existencia de un códice que desvela el misterio de quién está enterrado realmente en la tumba del Apóstol.

     ULRIKE SCHWEIKERT es una escritora alemana nacida en la ciudad de Schwäbisch Hall, 1966. Su primero trabajo estuvo relacionado con el ámbito de las finanzas y de la banca, pero abandonó ese peculiar mundo para estudiar Geología y Periodismo. Posteriormente se dedicó al periodismo en la doble vertiente de radio y prensa. Actualmente vive en Alemania, entregada a la creación literaria.

    la maldicion La novela La maldición del Camino de Santiago está publicada en el año 2009. La trama se sitúa en el siglo XIV y tiene por protagonista principal a Juliana von Ehrenberg, que conserva viva la imagen de su padre sosteniendo un cuchillo ensangrentado junto al cadáver de un templario. Para averiguar la razón que movió a su padre a realizar el crimen emprende el camino de Santiago, convencida de poder hacerlo. El viaje está cargado de reflexiones personales de la protagonista que, a veces, retrocede en el tiempo para recordar escenas y cuadros familiares que subsumen al lector en intrigas y misterios. Paralelamente, los peregrinos con quienes converge Juliana en el viaje constituyen un protagonista colectivo que aportan también curiosas e importantes cábalas sobre la vida y el destino humano. Adquiere valor la descripción de los castillos, ciudades, monasterios y gentes de la España medieval, convirtiéndose la novela en una guía estimada de este período.

Toti Martínez de Lezea y Arturo Franco Taboada. El Verdugo de Dios. El Legado del Obispo Nigromante.

          el verdugo de dios TOTI MARTÍNEZ DE LEZEA nace en Vitoria en 1949. La lectura es una afición que contrae desde niña y que no abandonará nunca. Su otra vocación es la escritura que cultiva también desde muy joven, aunque la primera novela que publica data de 1998 La calle de la Judería. Trabajó como traductora durante algunos años y colaboró entre 1986 y 1992 con la Televisión Vasca haciendo documentales sobre naturaleza y programas infantiles y juveniles en su lengua vernácula, el euskera. Porque además Toti Martínez profesa amor profundo por las tierras y las esencias vascas. Ello la llevó, siendo muy joven, a leer el Diccionario Mitologico de José Miguel de Barandiarán, que reescribió en su libro Leyendas de Euskal Herria.  Por último, leyendo a Victor Hugo y Alejandro Dumas, escora su interés hacia la novela histórica, de la que El Verdugo de Dios, 2004, es digna representante.

         La novela tiene como protagonista a Robert Lepetit, personaje inquisidor nombrado por el Papa Gregorio IX, que resulta expulsado de la orden de los dominicos por ser sangriento y exageradamente cruel con las víctimas de la Inquisición. Parece que fue un personaje histórico. La acción se sitúa en el año 1239 cuando Lepetit ordena quemar en la hoguera a doscientos herejes en el norte de Francia, a raíz de lo cual, destituido y encarcelado, consigue huir a través del Camino de Santiago. Pero la autora no acapara toda la ruta jacobea, pues centra el relato en la comunidad de Navarra desde la localidad de Baigorri hasta Dorreaga. Acompañan a Lepetit diversos personajes como el maestro de obras Geoffroi Bisol o el aprendiz Eder Bozat, que está enamorado de su hija. Esta trama es un fresco mural de las costumbres de los que viven en este trozo del camino como agotes maltratados durante siglos, templarios navarros, cátaros etc.

        La información que aporta la novelista está muy bien empastada en la estructura de la obra, así como el estilo sencillo y claro permite una lectura rápida que no cansa en ningún momento al lector.

   el LEGADO.. ARTURO FRANCO TABOADA  es un arquitecto y escritor nacido en La Coruña en 1945. Hacedor de obras civiles, reconocidas con Premios varios, profesor de Arquitectura en la Universidad de La Coruña y, escritor de novelas, es un prototipo de humanista del siglo XXI, cuya gran virtud es probablemente el interés por todo aquello que le rodea, como él mismo ha manifestado públicamente. Mantiene curiosas opiniones acerca del papel de la banca, la globalización del mundo o la destrucción paulatina de las costas españolas, pero tampoco resiste la tentación de adentrarse en el pasado histórico de su país, cuyo fruto artístico es la publicación de la novela en el año 2002, El legado del obispo nigromante.

    La trama se sitúa a finales del siglo XVI cuando Santiago de Compostela estaba amenazada por el corsario inglés Drake, que pretendía saquear la tumba del Apóstol. Esta situación de alarma se combina con la aparición de un legado del obispo nigromante que envuelve la novela en un halo de misterio y suspense hasta el final. Vuelve a retomar el escritor la senda de la realidad histórica, trayendo a escena la figura compostelana del Obispo Pedro Muñiz, otros de los personajes importantes de la historia de la ciudad. Fue el prelado que inauguró con toda solemnidad y boato la Catedral en el año 1211 y, posteriormente, enterrado al pie del Pórtico de la Gloria. También fue acusado de brujo y nigromante, aunque tales inculpaciones jamás pasaron de simples anécdotas legendarias.