Santiago en España, Europa y América. Varios autores (I).

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      Con ocasión del año jacobeo de 1971 el Ministerio de Información y Turismo se propone publicar un  monumento literario que aborde el tema del Camino de Santiago con el doble propósito de promover los valores culturales y artísticos implícitos y propagar el culto religioso del Apóstol. Nace así a la luz un enorme libro, cuidadosamente presentado, titulado Santiago en España, Europa y América, Editora Nacional, Madrid, año de 1971, que puede considerarse otra magna publicación sobre el fenómeno jacobeo.

         Se articula el libro en cinco capítulos o artículos, escritos por prestigiosos especialistas, y un prólogo del ministro del ramo, D. Alfredo Sánchez Bella, que explica la intencionalidad de la publicación en el sentido antes comentado, si bien hay en él un sentido político de alabanza al régimen de Franco como Jefe de Estado que desde 1937 repone a Santiago como Patrón de España mediante un Decreto firmado en su cuartel general de Villa del Prado, municipio de la provincia de Madrid. Una vasta galería de fotografías nacionales y extranjeras muy interesantes e ilustrativas del arte e iconografía del apóstol Santiago complementan los textos escritos. En total el número de páginas asciende a 677, incluidas las lacónicas reseñas de las fotografías, las traducciones de los textos al francés e inglés y las páginas de agradecimiento a quienes de un modo u otro ayudaron a la elaboración del libro. Sin duda se trata de un prodigioso despliegue editorial sin restricciones económicas.

      El primer artículo, titulado Lugares santos jacobeos, lo suscribe Manuel Chamoso Lamas, nacido en Cuba en 1909 y fallecido en La Coruña en 1985. Fue un arqueólogo y escritor que, nombrado comisario en 1945 del Patrimonio Artístico Nacional de Galicia, Asturias y León, tuvo la responsabilidad de dirigir en ese mismo año las obras de retirada del coro barroco de la catedral de Santiago. Como consecuencia de aquellas excavaciones fueron descubiertos en primer lugar los restos de las pequeñas iglesias que, según la tradición, habían ordenado construir a principios del siglo IX los reyes asturianos Alfonso II el Casto y Alfonso III con ocasión del descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago, y en segundo término, diez años después, en 1955, apareció la lauda sepulcral-la lápida que cubre el sarcófago- del obispo Teodomiro que, también como dice la leyenda, fue el primer prelado que,  alertado por el ermitaño Pelayo, acudió al lugar en que apareció la tumba de Santiago y llamó al monarca Alfonso II para que viniera a confirmar con su presencia el hallazgo del sepulcro.

      El artículo de Chamoso, basado en los descubrimientos que él mismo dirigió, resulta un apasionado esfuerzo por relacionar los nuevos hallazgos con el enterramiento verdadero de Santiago, el discípulo de Jesús, en el espacio donde hoy se levanta la bella fábrica de la Catedral puesto que, según explica el investigador, si algunos datos de la leyenda se tornan verdaderos con los descubrimientos arqueológicos, también los relativos a la traslación y enterramiento del Apóstol deben ser veraces. Esta es, en definitiva, la conclusión principal.

      Realizó además otras excavaciones en la Plaza de Quintana con importantes descubrimientos, desarrolló una labor importante en la protección de lugares y paisajes del camino de Santiago, como  O Cebreiro, fue el principal impulsor y primer director del Museo de las peregrinaciones y de Santiago, y en fin, alentó el resurgimiento de la ruta jacobea en el siglo XX.

 

Las Peregrinaciones Jacobeas. Luciano Huidobro Serna (y II).

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Luciano Huidobro(única foto pública conocida, tomada del Diario de Burgos)

       El tomo II y III están dedicados íntegramente al relato de la Historia y Patrimonio artístico de las diferentes provincias por donde transcurre el camino jacobeo sin escatimar ningún detalle ni rigor. Pues, en efecto, los autores profundizan en el estudio de cada uno de los pueblos, villas y ciudades, para ofrecer una panorámica de conjunto muy completa, capaz de responder no solo las preguntas de los peregrinos, sino también de los investigadores más exigentes. El tratamiento de esta cuestión es cuantitativa y cualitativamente el más importante de la obra de Huidobro.

     El primero de los volúmenes reseñados trata de la descripción de las provincias de Burgos, Palencia y León, que se acompañan de unos mapas plegables tan útiles y prácticos en cuanto guías del peregrino, como hermosos por su traza y sencilla presentación. La copiosa información y erudición de los autores es sin duda el sello de identidad de la obra.

      Como dato histórico singular, merece la atención la referencia a que el camino Francés no fue al inicio de las peregrinaciones el mismo que se concibe en la actualidad o el que se fragua con las repoblaciones de los siglos XI y XII  de la ribera del Duero, pues la invasión islámica de estos territorios durante los siglos IX y X obligaron a que los peregrinos llegasen a Burgos por la ruta localizada más al norte, que pasaba por Miranda de Ebro, el puerto de Pancorvo, Briviesca, Villafría y Gamonal, ya a las puertas de la capital. A partir de aquí la coincidencia entre el camino francés pasado y el presente es absoluta.

    No desmerecen tampoco las fotografías y dibujos que acompañan al texto, sobre todo, las que retratan pueblos y paisajes del Camino de la década  pobre de los años cuarenta, como por ejemplo, la estampa costumbrista del carro frente al Hospital de San Lázaro de Redecilla del Campo, la decadencia pretèrita del puente del Paso Honroso en Hospital de Órbigo, o la soledad y abandono más acres de Foncebadón, entre algunas otras.

       El tomo III toma la ruta en Lugo y la concluye en Santiago y Finisterre. Pero lo destacable es la variedad de vías nacionales e internacionales que comenta la obra: el camino del Norte desde Guipúzcoa a Santiago, pasando por Vizcaya, Santander y Asturias; el camino Oriental desde la provincia de Zamora a Santiago, bien por Portugal, bien por la Puebla de Sanabria. Y entre los caminos extranjeros, se toma las rutas desde Italia, Alemania, Bélgica, Inglaterra, Holanda, Dinamarca y Francia. Este es un aspecto inédito que conecta el fenómeno jacobeo con otros territorios europeos, ofreciendo así una visión de conjunto de este fenómeno que, al decir de algunos, resultó el embrión de la futura Europa.

       Es un hecho literario destacable la explicación de algunas leyendas santiaguistas en la provincia de Zamora, como la leyenda de san Boal , la de la Virgen de Carballeda o la del lago de San Martín de Castañeda. También la obra recoge leyendas y canciones de gesta traídas de Italia, como testimonio del interés que sus autores tuvieron con el tema folklórico de los pueblos.

       Por último, el estilo de la obra es también plural como fruto de la colaboración de autores que, unidos por el interés común de la admiración por el Camino de Santiago, observaron sin embargo distintos registros y voces lingüísticas diferentes.

        Monumento, pues, importante, que a pesar del paso de los años sigue siendo un referente para los investigadores actuales y una fuente de consulta indispensable para los estudiosos del tema.

 

Las Peregrinaciones Jacobeas. Luciano Huidobro Serna y Otros (I).

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      Luciano Huidobro nació en la localidad burgalesa de Villadiego en el año 1874, con la que mantuvo siempre una estrecha relación. Acompañó a su padre por tierras de Aguilar de Campóo en la infancia y juventud, de donde le viene probablemente la vocación por la Historia y el gusto por la naturaleza castellana, como quedó de manifiesto en su obra Breve historia y descripción de la Muy Leal Villa de Aguilar de Campóo . Fue ordenado sacerdote en Salamanca. Parece que fue párroco en el lugar de nacimiento durante veinte años, pero este extremo no está  acreditado. Obtuvo la Licenciatura de Filosofía y Letras a finales del siglo XIX y, desde este momento, manifiesta un enorme interés por los temas históricos y arqueológicos de la provincia de Burgos y Castilla. Consecuencia de ello, son numerosos artículos y publicaciones de indudable interés. Sí, por el contrario, queda plenamente acreditado que trabajó de asesor de Arqueología en el Arzobispado de Burgos y fue responsable del Archivo Diocesano de esta ciudad. Fue también académico numerario y vicedirector de la Institución Fernán González, entre otros muchos honores institucionales, como es el de Cronista Oficial de la provincia de Burgos. Muere en la capital del Arlanzón el 16 de enero de 1958.

       Escribe una obra local de asunto jacobeo, El Camino de Santiago a su paso por Castrojeriz, pero la obra general más importante es Peregrinaciones Jacobeas,  galardonada con el Premio del Caudillo en 1945 y publicada por el Instituto de España en 1949.

       El libro no es, sin embargo, obra de un solo autor, sino de varios colaboradores. Luciano Huidobro trabaja como coordinador general, pero determinados temas locales o específicos recaen en un elenco de autores que aportan su saber en cada campo. Forman este grupo Mariano Domínguez Berrueta- catedrático de Instituto-, Marcelo Nuñez de Cepeda- archivero y bibliotecario-, Francisco Gutiérrez Lasanta–historiador-, Ciprianno Baraut Obiols,  Manuel Narciso Peinado Gómez-profesor e historiador-, Isidoro Escagüés Javierre-académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas-,  Luis Cortés Vázquez-profesor universitario- y Pedro Garmendia Goyeche-archivero y bibliotecario-.

       El estudio se articula en tres tomos. El primero dedica las dos primeras partes al tratamiento de la predicación del Apóstol en Hispania y su posterior traslado a la Península, una vez decapitado en Jerusalén en el año 42-43 d.C., así como otros asuntos relacionados con el fenómeno jacobeo.

   Resulta para el autor muy importante, incluso transcendente, probar documentalmente la presencia de Santiago en pagos hispánicos, sobre todo, en Galicia y Zaragoza, donde se erigió un templo mariano en recuerdo del predicador. La tradición supone que los Apóstoles de Cristo eran llevados a enterrar a los lugares de predicación, de manera que, si Santiago estuvo evangelizando en tierras hispanas, es muy probable que se trajera a inhumar a Galicia, como supone el autor. Sin duda, Luciano Huidobro echa todos los restos y conocimientos en esta demostración, a saber, que el Apóstol visitó la Península con aquel propósito y fue enterrado en el extremo más occidental de Hispania, donde el mundo agonizaba.

      Atractiva es la afirmación por la que el escritor dice que las peregrinaciones hacia la tumba de Santiago en Galicia se producen desde el mismo suceso del enterramiento y que, a pesar del olvido o abandono durante la época visigoda, no dejo de visitarse nunca. Luego, habría de producirse el hallazgo de la tumba en el año 813, fecha en la que se abre un nuevo período más floreciente de peregrinaciones, pero no dejaría de ser una prolongación de la época primitiva. En definitiva, peregrinos los ha habido desde que Santiago fuese enterrado en los confines de Galicia.

    Respecto a los demás contenidos debe enfatizarse el apartado dedicado a la literatura jacobea, comprensiva no solo de canciones e himnos que los peregrinos entonaban a su paso, sino también de romances y otras manifestaciones literarias inspiradas en la temática peregrina. Es valiosa la recuperación de algunos romances viejos como el de la Peregrina o el de Gaiferos, que sirven de disfrute tanto al erudito como al curioso lego.

      Por último, la tercera parte del tomo primero aborda el asunto de las peregrinaciones a través de las regiones de Cataluña, Aragón, Navarra y Logroño, sin duda con toda la carga de profundidad de la que es capaz de manejar el diestro investigador.

 

Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela ( y IV).

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                                                                                                                    Juan Uría Riu

       Podría plantearse si Las peregrinaciones a Compostela es una obra plural, cuestión que no afectaría en cualquier caso a la calidad de la obra, o unitaria, pues se concitan tres colegas que, aunque comparten el estudio Alto y Bajo Medieval  de  la Península Ibérica, tienen indudablemente su propia idiosincrasia intelectual y personal.

       Que la obra nace y muere en la más absoluta unidad temática ya se deriva del título general:todo el texto discurre coherentemente en torno al tema jacobeo y las peregrinaciones, que se iniciaron en la Península Ibérica con el descubrimiento de una tumba, supuestamente la del apóstol Santiago, a principios del siglo IX, y han seguido durante siglos posteriores, si bien aquel fervor medieval ha de dar paso a un período de atonía, incluso de total ausencia de peregrinos en los siglos siguientes al medievo.

      No sabemos, sin embargo, si la organización de los contenidos, la estructura interna del libro, fue del gusto completo de sus autores pues, según parece, el órgano convocante del Concurso establecía los criterios generales de ordenación interna de los trabajos que hubieran de concurrir, debiendo todos de ajustarse a unos determinados esquemas organizativos. Pese a ello y en cualquier caso, resulta un acierto indudable tanto la organización de los contenidos en capítulos bien delimitados-primero los estudios generalistas, agrupados a su vez en bloques temáticos; luego las particularidades que se traducen en las etapas del Camino-como la adscripción a cada autor de aquella parte en la que es más especialista o experto. Así, por ejemplo, es significativa en el primer tomo la participación de Luis Vázquez de Parga en los aspectos históricos, jurídicos y artísticos de las peregrinaciones, mientras que Juan Uría asume el tema médico-hospitalario y José Mª Lacarra el urbanístico y sus consecuencias. Ya el segundo, se reparten pro indiviso Uría y Lacarra la explicación menuda de las etapas del Camino Francés y otros,  correspondiéndole al primero, por sus orígenes asturianos, la parte comprendida entre Sahagún de Campos y Santiago de Compostela, así como el Camino del Norte, y al segundo la delimitada entre Francia y la población señalada de Campos por sus vinculaciones a Navarra y Aragón. El tomo tercero es la reagrupación de fuentes y documentos manejados por cada autor en sus respectivos estudios.

       Respecto al estilo literario o manera cómo escriben los autores, no hay duda que ningún investigador del mundo es igual a otro. Es obvio que cada persona explica el objeto de su estudio de un modo particular, eso sí unas veces con mayor acierto, otras con peor suerte, intentando en todos los casos conseguir el equilibrio ideal de rigor y claridad en la exposición de las ideas, hechos y fenómenos históricos. Esto es, todo escritor posee una voz particular y diferenciado de los demás. En el caso concreto de Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, este aserto se cumple escrupulosamente. No es momento para realizar un análisis de los registros literarios de cada uno de los autores de la obra, pero es innegable el período sintáctico más largo de Uría, frente al gusto por la oración recortada de Parga; o el empleo habitual de conectores, garantes de la cohesión textual, del segundo frente a los otros dos. Estilos todos, sin embargo, elegantes, adecuados y claros, que favorecen la comprensión de los contenidos y amenizan la lectura de los más exigentes. La unidad, pues, es resultado del equilibrio de la pluralidad de estilos, que no perjudican, al contrario, favorecen la vertebración de una gran obra, haciéndola aún mejor.

      De todo lo cual, se deduce que esta obra, como se ha dicho al principio, resulta por méritos propios la primera en su género, suponiendo un hito en la investigación del fenómeno jacobeo español y europeo. Probablemente, se tarde muchos años en escribirse algo parecido, o quizás nunca otro monumento llegue a superar a este. Aunque es de esperar que, ojalá, nos equivoquemos.

 

Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela (III).

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                                                                                                                     Jose María Lacarra

        Existen dos cuestiones importantes en la obra reseñada que merecen ser comentadas, al menos, brevemente. Una es la admiración que despierta el uso y manejo de tanta documentación utilizada por los autores; y la otra se refiere a la necesaria alusión a la unidad formal y temática del libro, toda vez que los mismos coautores explican que debieron adaptarse a un esquema de trabajo previo que la organización del certamen estableció como principio, e incluso, que más de un lector pueda plantearse legítimamente este aspecto tan fundamental. Si es una obra compartida por tres nombres, ¿acaso queda en entredicho la necesario unidad de la misma?

        Es abrumador el acopio de documentos aportados como base empírica de trabajo, pues no hay ciencia histórica, ni ninguna otra, sin consulta a las fuentes primeras. En este sentido se aportan documentos de toda clase, la mayoría escritos en latín medieval, pues no solo era la lengua oficial de la Iglesia, sino también de las Cancillerías y Administraciones de los diferentes reinos hispanos y extranjeros. Entre este vastísimo corpus se traen a colación donaciones de nobles, reyes, obispos, y otras dignidades, a iglesias, monasterios y hospitales que atendían las necesidades de los peregrinos; autorizaciones y cartas de recomendación de reyes y prelados que servían como salvoconductos o exoneraban al peregrino de los portazgos u otras servidumbres;  testamentos de peregrinos, como el de San Juan de Ortega, especialmente interesante por la importancia social del santo; escrituras de fundaciones de hospitales, así como relación detallada de enseres, útiles y bienes muebles de los mismos; las dádivas que el limosnero de los Reyes Católicos hizo en nombre de estos a los más pobres en el viaje que realizaron a Santiago de Compostela en 1487; certificados y credenciales otorgados a los peregrinos como prueba de su paso por la ciudad del Apóstol; alguna pragmática como la de Felipe II, de 1590, prohibiendo el uso del traje del peregrino en fiestas y romerías, pues los taimados se aprovechaban de ello para robar o asesinar etc. etc.  Se hallan algunos documentos curiosos como es el caso de un Poema latino de 169 versos, que se compuso en alabanza del Hospital de Roncesvalles en torno al año 1200. Particularmente interesantes son algunos relatos de peregrinos para el conocimiento del camino en los siglos XV y XVI. También hay cabida para textos litúrgicos y canciones que los peregrinos entonaban alegres como una manera de entretenimiento o de ensalzamiento de los valores religiosos. Curiosos, por fin, resultan textos de milagros y leyendas, entre las que cobra gran relevancia el “milagro del ahorcado”, narración paneuropea, que está contado en el Llibre de les dones en lengua catalana, y en la Cantiga CLXXXV de las Cantigas de Santa María en lengua gallega.

      Por lo que respecta al apartado bibliográfico, se llegan a contar más de 430 fuentes, sin duda el elenco más completo en una obra de estas cualidades. Con esta notable aportación erudita se cubre probablemente todo el vasto campo informativo escrito hasta 1943-1944 sobre aspectos directos e indirectos del Camino de Santiago, ofreciendo pues un legado impagable e imponderable a los investigadores futuros. Además, esta bibliografía se ve complementada en el apéndice del Tomo III por una nueva aportación en la materia, a cargo del profesor de Historia Medieval, Fermín Miranda García, que cubre el período comprendido entre 1949 y 1992.

       Debe, por último, significarse que en la cola del Tomo III los autores exponen una colección de 148 Láminas, que son un verdadero cuadro plástico del Camino de Santiago de la década de los años cuarenta. Quienes han sido alguna vez peregrinos, reconocerán imágenes sorprendentes y seductoras, algunas sin apenas cambios, aunque la mayoría envueltas en un paisaje y entorno antiguos, que las hace atractivas por el paso del tiempo. Bastantes de ellas son obra de los tres insignes historiadores.

 

 

 

 

Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela (II).

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                                                                                                                 Luis Vázquez de Parga

          Las peregrinaciones a Santiago de Compostela es una magna obra de tres Tomos, de extensiones similares cada uno de ellos, que se redactada entre 1943 y 1944 con el fin de presentarla al Concurso de investigación propuesto por el CSIC. El jurado estaba presidido por el Marqués de Lozoya, historiador, que, teniendo solo palabras de alabanza para la obra, le concede el máximo galardón como Primer Premio del concurso en el año 1945. Todo hay que decirlo, el premio llevaba el nombre del por entonces Jefe del Estado, Francisco Franco. Sin embargo, no fue publicada hasta 1948 por el mismo CSIC, agotándose en un plazo muy breve por el éxito de sus ventas. Los mismos coautores explican que hubieron de acogerse al esquema de trabajo planteado por los organizadores, lamentándose de la falta de libertad creadora para dar una vertebración algo diferente a su obra. A pesar de ello, no dudaron en respetar las premisas señaladas por la Institución promotora.

        Posteriormente se rinde un homenaje póstumo en Asturias al que fue uno de los colaboradores del libro, D. Juan Uría Riu, y, aprovechando esta ocasión tan señalada, la Diputación de Asturias vuelve a sacar a la luz en torno al año 1980  una segunda edición, que pronto se agota como ocurriera la primera vez.

      El itinerario de las publicaciones acaba de momento en el año 1992 cuando el Departamento de Educación y Cultura de Navarra, a través de la Institución Príncipe de Viana, decide publicar nuevamente el monumento, un año antes de la Semana de Estudios Medievales, organizados por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Estella, pionera  de esta clase de asociacionismo  jacobeo en España. La edición que aquí se utiliza es la de esta fecha, a pesar de los esfuerzos que se han hecho para conseguir algún ejemplar de la primera o segunda ediciones.

      El primer Tomo se organiza en tres partes: la primera está dedicada a los peregrinos que hicieron el camino desde el descubrimiento de la tumba hasta su decadencia en el siglo XVI, la segunda trata cuestiones de tratamiento hospitalario, jurídico y sanitario del peregrino, y la tercera plantea las consecuencias sociales, literarias y artísticas asociadas a este fenómeno, tan importantes en la historia española.

    El Tomo segundo profundiza en la formación y consolidación del camino Francés, después de haber experimentado itinerarios alternativos por necesidades de protección o seguridad, desarrollando el estudio de las etapas desde el Sur Francia hasta Santiago de Compostela. Otros Caminos también son estudiados, tales como el de la Costa o camino del Norte, y el Primitivo, que partiendo de Oviedo llegaba a Fonsagrada por el interior agreste del Occidente asturiano. Tal fue el itinerario que siguió Alfonso II para visitar la tumba del Apóstol.

      Y el tercero recoge la riqueza documental y la vasta bibliografía que sirvieron como fuente de conocimiento a los autores del libro. Se complementa con un índice alfabético y de materias al objeto de organizar mejor el acercamiento al contenido de la obra. Además la mitad última de este Tomo incorpora con notable acierto la aportación bibliográfica de Fermín Miranda García, profesor de Historia Medieval en la Universidad Autónoma de Madrid, comprendida entre 1949 y 1992, esto es, el ingente número de publicaciones nacidas entre la primera edición y la última. Dicho sea de paso, sería menester seguir esta fecunda tradición, añadiendo las nuevas acaecidas desde esta fecha a la actualidad.

      Pero deben hacerse aún algunas puntualizaciones concretas sobre el tema.

Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela, L.V.de Parga, José Mª Lacarra y Juan Uria (I).

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                 Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela es el monumento literario más importante dedicado al Camino de Santiago, fuente de innumerables estudios, espejo de rigurosos conocimientos, que ocupa un lugar cimero en la historiografía del Camino. Esta posición de la obra se apoya en la labor comanditaria de los medievalistas Luis Vázquez de Parga, Jose Mª Lacarra y Juan Uria Riu.

                   Luis Vázquez de Parga nace en Madrid en 1908 y fallece en la misma ciudad en 1994. Se licencia en Filosofía y Letras cuando solo tiene 19 años, y en 1930 ingresa como funcionario en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, ocupando primero plaza en el Museo Arqueológico Nacional y, a partir de 1967 hasta su jubilación en 1978, en la Sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde 1973.

             Vázquez de Parga atesora un vasto patrimonio cultural e intelectual. Quienes lo conocieron o conocen la ingente obra escrita, no dudan en afirmar su carácter de humanista global pues funde saberes de Historia, Arte, Arqueología y Museística, como los antigüos sabios del Renacimiento. Habla y traduce además lenguas como el francés, inglés, alemán y latín, siendo reputado también como un excelente latinista, tan necesario en la traducción de los textos medievales. En suma, un humanista total, que supo aglutinar como nadie disciplinas diferentes en una ímproba labor investigadora.

         En 1932, según el historiador Gonzalo Anes, realiza con sus amigos Jose Mª Lacarra y Jose Mª Giner el itinerario a pie desde Valcarlos a Santiago de Compostela, y, como consecuencia, comienza a idear un plan de trabajo acerca del peregrinaje jacobeo.  Años después, el plan se transforma  en esta obra extraordinaria que, concluida en 1945, ve la luz en 1948.

          Jose María Lacarra de Miguel viene al mundo en Estella en 1907 y muere en Zaragoza, año 1987. Realiza estudios simultáneos de Derecho e Historia, licenciándose en esta en 1928 y doctorándose en 1933, año en que también concluye la carrera de jurista. Como su amigo, gana las oposiciones en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueológos, siendo destinado al Archivo Histórico Nacional, desde donde trabaja durante la guerra civil para salvar el vasto contenido de libros y protocolos. A partir de 1940 gana la Cátedra de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza.

       En 1941 funda el Centro de Estudios Medievales de Aragón, del que es director durante varios años, y desarrolla una fecunda labor de investigación en el campo altomedieval aragonés y navarro, que plasma en conferencias, artículos, revistas especializadas y libros. Se convierte pues en un estudioso y defensor de la historia aragonesa, referente de otros discípulos y especialistas del mismo tema. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde 1972.

       Juan Uría Riu nace en Oviedo en 1891. Estudia inicialmente Derecho en la Universidad de Oviedo, licenciándose en 1914, pero marcha a Madrid a estudiar Filosofía y Letras, en la especialidad de Historia, donde se licencia en 1918. Pocos años después, en 1927, obtiene el doctorado con una tesis que ya pone de manifiesto el interés del historiador por el tema jacobeo, Las peregrinaciones a San Salvador de Oviedo. Curiosamente la vida de Uría transcurre paralela a la de su congénere Lacarra pues después de varios años como profesor adjunto de Historia en la Universidad de Oviedo, gana la Cátedra en 1940, que ejerció ininterrumpidamente hasta la jubilación en 1961. En 1968 es nombrado Cronista Oficial de Asturias. Funda también el Centro de Estudios Asturianos. Fallece en Oviedo en 1979.

       Y de la misma forma que el estellés Lacarra toma como centro de estudio e investigación preferentemente la Historia Medieval de Aragón y Navarra, Uria hace lo mismo con la región de su alma, que es Asturias, a quien dedicará todo su esfuerzo y talento para desentrañar las verdades históricas de la  Edad Media.

        Si se piensa que los tres investigadores han sido cada uno de ellos y por separado personas de prestigio internacional en el campo de la investigación histórica, aún cobra más importancia la obra aquí traída, que viene a ser el fruto maduro de la conjunción de esta impresionante triada intelectual.