De Oviedo a Grado. Una fontana de sueños.

 

Campo de San Francisco

       Oviedo es una ola espumosa. La cresta la ocupa el nuevo ensanche,  el campo de fútbol del Carlos Tartiere,  y las antiguas facultades del Cristo de las Cadenas y las nuevas que se han creado; en el descenso se tropieza con el campo de San Francisco, que fue el huerto  de  un convento franciscano desaparecido, y con el tiempo albergó una osera que cobijó hasta su muerte a dos entrañables osos, Petra y Perico, capturados cuando eran crías pues su madre resultó abatida en aquellos tiempos ; y en el pedestal de la onda se apretuja arracimado el vetusto e histórico caserío, que se asienta en torno a la alargada sombra de la catedral de San Salvador. El monte del Naranco, depositario de las joyas del prerrománico asturiano, levita milenariamente sobre la ciudad, a menudo rodeada de niebla como densa espuma.

     El peregrino del medievo, que dejaba atrás la travesía infernal del puerto de Pajares, entraba en la ciudad por la puerta de Socastiello, una de las aperturas de las murallas que rodeaban la urbe, hasta encontrarse con la antigua catedral de la que apenas han quedado vestigios pues la nueva fábrica de estilo gótico se inicia en el siglo XIV. La catedral, de planta de cruz latina, cabecera y tres naves, provista de girola para la deambulación de los peregrinos, tiene una construcción muy original de la época de Alfonso II El Casto, que es la Cámara Santa, donde se guardan importantes reliquias. Concretamente el Arca Santa, que se mantuvo escondida en el próximo Monsacro, en el concejo de Morcín, durante la invasión musulmana, parece que fue la depositaria de muchísimas reliquias de santos, siendo la principal el sudario que cubrió el rostro de Jesús desde el descenso de la cruz hasta el enterramiento. Esta circunstancia determinó que durante varios siglos Oviedo acogiera a peregrinos en su camino a Santiago o en el viaje de vuelta. En dos ocasiones la Cámara Santa sufrió desperfectos. Durante la Revolución de Octubre de 1934 el recinto fue dinamitado y, en el año de 1977, un ladrón común robó y expolió las cruces de la Victoria y de los Ángeles, y el arca de las Ágatas. En ambos casos, se repararon los daños en la medida de lo posible.

     Ya en el exterior, desde la plaza y la alargada calle de San Francisco, flanqueada de bellos edificios modernistas y de la antigua facultad de Derecho, la catedral se yergue hermosa a pesar de que le falta la torre gemela que nunca llegó a construirse. Sin duda, un sereno y vertical manantial de piedra.

                                            Catedral

    Alrededor de la catedral, la corrada del Obispo, la plaza de Feijoo y el convento benedictino, más comúnmente conocido como el de las Pelayas, constituyen el impecable reducto de este noble conjunto urbano de Oviedo. Traspasado el Ayuntamiento, la fuente prerrománica de la Foncalada suministra sus aguas limpias al bello y vetusto caserío del Fontán, origen de esta ciudad. Un patio, al que miran las casucas porticadas de esta neurálgica plaza, recibe a quienes la visitan entre olorosos potes y el hilo de la mejor sidra astur.

 

                       

                                                El Fontán

  Se sale de Oviedo por el popular barrio de la Argañosa, lugar construido probablemente sobre un expenso brezal, y se sigue por las haldas del monte Naranco hasta San Lázaro de Paniceres, donde hubo en tiempos una leprosería de la que no queda ningún resto. La primera mención que recuerda al fraternal vecino de Asturias es el puente de los Gallegos, bajo el que discurre el río Nora o Ñora, que aún conserva algunas trazas del original puente del siglo XIII. Poco después, este río entrega sus aguas al caudaloso Nalón, que viaja desde el Puerto de Tarna entre brincos y canciones mineras.

              

                               Puente de los Gallegos

     La sinuosidad del terreno lleva al peregrino, tras un recuesto importante entre castañales, al Escamplero, caserío disperso desde cuyo cerro se observa un espléndido paisaje nítidamente asturiano. Hubo en este lugar un hospital de peregrinos fundado en 1350 por el hidalgo Rodrigo Alfonso, del que tampoco ha quedado vestigio alguno pues ya en el siglo XVIII queda constatada la desaparición de esta hospedería.

      Desde aquí el descenso conduce a las aldeas de Valsera, Premoño y Paladín para entrevistarnos por primera vez con el río Nalón y el puente medieval de Peñaflor en las cercanías de la Puebla de Grado, provisto de cinco arcos y sólidos tajamares. Según explica un cartel próximo, en este lugar se enfrentaron las milicias civiles dirigidas por Gregorio Jove-Valdés y un grupo de soldados franceses durante la guerra de la independencia en 1808. Al lado del puente permanece muda la iglesia románica de San Juan, de nave única, ábside cuadrado y espadaña con dos campanas. De uno de sus lados, el que mira al río y las vías del tren, se despliega un atrio con techo y estructura de madera.

                                                     

                 Iglesia románica de San Juan de Peñaflor

   A nada se entra en la villa de Grado, puerta al occidente interior de Asturias.

Anuncios

Itinerario del Camino Primitivo.

 ITINERARIO.-

  

 

    El Camino Primitivo está comprendido entre la ciudad asturiana de Oviedo, donde comienza, y la villa lucense de Melide, lugar de convergencia con el Camino Francés. Ya en esta localidad, famosa por la calidad de sus pulpos aun siendo de interior, quedan dos jornadas para la arribada a Santiago de Compostela. Transcurre el Camino por dos regiones, Asturias y Galicia. Del lado asturiano se recorren 152 km. y del gallego 115 km. hasta Melide, más 53 Km. hasta la ciudad de Santiago.

   Se trata de un Camino bellísimo, pero con dos partes diferenciadas por la naturaleza física del territorio. El Camino, por un lado, recorre la Asturias interior occidental dominada por excelentes paisajes y frondosos bosques autóctonos, que encuadran una formas de vida milenarias, a caballo entre la agricultura, la ganadería vacuna y la cultura artesana tradicional. Un componente singular es la fragosidad de sus montes y sierras, y los abruptos puertos del Palo y del Acebo que, además de embriagar la estética del peregrino, ponen a prueba sus cualidades andariegas. Por otro lado, cuando se ganan las tierras gallegas, la llanura empieza a dominar el paisaje hasta las mismas puertas compostelanas. Aquí sopla la brisa en los bosques, crece el silencio solo arrebatado por el murmullo de las fuentes, y en este medio se entiende mejor la morriña del gallego por su tierra nacida de las ausencias.

    Oviedo, Grado, Salas, Tineo, Pola de Allande, Grandas de Salime, Fonsagrada, Lugo y Melide, son pueblos y ciudades del Camino sin desperdicio alguno. El Patrimonio artístico de la ruta, menor en número que en el Camino Francés, pero muy interesante, no dejan de sorprender a ningún peregrino ni catador del Arte. Y las tradiciones culturales, aún arraigadas en los habitantes de estos pagos, no pueden pasar desapercibidas a quienes aman la tierra en la que nacieron o conocieron.

A estas cuestiones, dedicaremos unas líneas.

Descubriendo el Camino Primitivo.

 

 

ANTECEDENTES.-

 

                                   Alfonso II El Casto

 

     Para hacerse una idea más clara del Camino Primitivo se debe volver una vez más al origen, es decir, al descubrimiento de las reliquias de Santiago en el Occidente europeo.

      La versión, de tradición oral, del hallazgo (“inventio”) de la tumba del Apóstol se encuentra recogida en un documento de 1077, conocido como la Concordia de Antealtares y en otros posteriores de principios del siglo XII, el Chronicón Iriense y la Historia Compostelana. Según el primer texto (“concordia o acuerdo”), suscrito por el abad del monasterio de San Salvador de Antealtares y el obispo de Compostela, Diego Peláez, unas luces iluminaron un espacio acotado del monte Libradón, en Iria Flavia. Esa extraña circunstancia alertó primero a un eremita de nombre Pelayo y, después, al obispo de aquella demarcación, Teodomiro, que se trasladó inmediatamente al lugar para verificar lo que pasaba. Una vez allí, una pequeña construcción de piedra y mármol, parecida a un mausoleo, guardaba a juicio del prelado los restos óseos de Santiago, el discípulo de Jesús, y dos de sus seguidores. Como fuese que era necesario apoyar o fundamentar el hallazgo en un fedatario de mayor rango nobiliario, el monarca astur Alfonso II El Casto (791-842), único rey cristiano de toda la Península, avaló el descubrimiento, estableciendo que se erigiese una iglesia y un monasterio con la finalidad de brindar protección al recién descubierto Santiago. Estos acontecimientos lo sitúa la Concordia en el año 813 d.C. , si bien debieron de producirse entre los años 820 a 830.

    La vinculación del hallazgo al Camino Primitivo reside en que en el año 834 Alfonso II, con sede en Oviedo, decidió desplazarse al lugar del descubrimiento, junto a un grupo de soldados, para respaldar en esta ocasión con su presencia la tesis del prelado y favorecer a la comunidad religiosa con la donación de las primeras tierras alrededor del sepulcro. Posteriormente, Alfonso III realiza el mismo viaje en el año 874 para dotar a los clérigos de una nueva iglesia más recia y de mayor tamaño. A partir de la visita del monarca, el primer peregrino real conocido, el Camino abierto entre Oviedo y Santiago de Compostela será denominado Camino Primitivo o Camino Interior.

   Con el paso del tiempo el Camino Primitivo ha tenido desigual suerte, pues mientras en la Alta Edad Media muchos peregrinos siguieron la estela del rey Casto, ya en la Baja Edad Media el Camino Francés, más cómodo y benigno por la orografía que el Primitivo, acabó convirtiéndose en el paso obligado del contingente de peregrinos europeos. Pese a la lógica competencia de esta nueva vía abierta, el Camino Primitivo ha mantenido una notable vitalidad jacobea hasta el siglo XIX, pues el peregrino, a la ida o a la vuelta de Santiago de Compostela, acudía a la ciudad ovetense atraído por el relicario depositado en la catedral de San Salvador. Algún clérigo, probablemente  celoso, inventó el refrán que dice que “quien va a Santiago y no a San Salvador, visita al criado y no al Señor”, como un recordatorio de lo que debe hacer el buen peregrino.

¿Me equivoqué de Camino? Un peregrino en el Camino Francés

Ya publicado, mi nuevo libro, cuyo título figura en el encabezamiento. Es el relato personal del Camino Francés, una visión particular, a veces íntima, de la historia pasada y presente, de las leyendas que poblaron sus rincones, del paisaje variado de las regiones por donde pasa y sus gentes. En fin, una perspectiva subjetiva del actual Camino, eso sí, siempre emocionada y sentida, pues no hay relato sin pasión.

Puede adquirirse de momento en Editorial Círculo Rojo, Amazon, Carrefour;  en portales como todostuslibros.com ; agapea.com ; todocoleccion.net ; lanobel.com ; libreriaperona.com ; libreriacaprichos.com  ; papeleriaruizgutierrez.es  ;   libreriasixto.com ; libreriacydonia.com ;  delibrosmarbella.com ;  libreriaeltintero.es  ;  emelibrerias.es  ;  quijotudo.com  ;  decuento-onlin.es  ;  garabatopapeleria.es  ;  libreriaelcole.com  ;  papeleriacolores.es  ;  libreriaboticadelectores.es  ;  libreriamay.es  ;  goyralibreria.com  ;  libreriabahiadeletras.es  ; y en muchas librerías de toda España y Sudamérica. Conviene consultarlo en internet.

PUBLICIDAD DEL LIBRO:

-Añado el contenido de una entrevista hecha para una emisora de La Coruña a propósito del libro. Como se reproduce el programa entero, la entrevista comienza en el minuto 100.

www.ivoox.com/26849417

-Puede encontrarse asimismo publicidad del libro en Facebook Editorial Círculo Rojo.

-Acaba de publicarse en You Tube  una reseña del libro. Buscar por el título, seguido del primer apellido del autor.

-Existe otro video en You Tube, que hace nueva reseña del libro. La autora de la reseña es Isa Ramírez. Buscar de la misma manera que la anterior.

-La Sociedad Geográfica Española se ha hecho eco de la publicación en su página de Facebook. Asimismo, el libro ha pasado a formar de parte de su Biblioteca.

-El Centro de Documentación Jacobea de Carrión de los Condes ha acogido el libro  en los fondos de la Biblioteca.

.- Catalogado en la Biblioteca del monasterio de Sto. Domingo de Silos.

Santiago de España. Américo Castro

 

      Nacido en 1885 en Cantagalo, Brasil, y fallecido en 1972 en Lloret de Mar, representa una vida dedicada al estudio e investigación de la historia de España y su literatura. En este sentido la figura del eminente filólogo, Marcelino Menéndez Pidal, desempeña un papel influyente en la formación investigadora del escritor. Desempeña la cátedra de Historia de la Lengua Castellana en la universidad de Madrid desde el año 1915. Y desde esta privilegiada posición mantiene relaciones intensas con personalidades tan importantes como Ortega y Gasset y Giner de los Ríos. Durante la guerra civil española se marcha a Argentina y Estados Unidos, donde enseña literatura española en diversas universidades. Tras una vida de venturas y tribulaciones, pues mantuvo severas polémicas con otras colegas, como el historiador Claudio Sánchez Albornoz, viene a morir en solar hispano, dejando un rico y copioso heraldo cultural.

    En 1948 publica La realidad histórica de España, en la que plantea la teoría de que las raíces de lo español se fraguan en la Edad Media como resultado de la convivencia no siempre pacífica entre cristianos, árabes y judíos, cuestión que da paso a una de las controversias  más apasionadas del siglo XX acerca del ser de España. Pero en lo referente al asunto jacobeo, Castro dedica algunas páginas a  la figura del apóstol Santiago. Mantiene dos tesis importantes: la importancia del discípulo de Jesús en el devenir de la historia de España y la influencia o trasposición de los dioscuros a la imagen de Santiago, considerado como eficaz ángel exterminador de las huestes musulmanas en el proceso de expulsión del Islam de la Península Ibérica durante el medievo.

    Contestado por Claudio Sánchez Albornoz y, sorprendido por la virulencia de los ataques del historiador y otros afines, publica en 1957 unas cuartillas, Santiago y los Dioscuros, complementadas al año siguiente con el libro, Santiago de España, en los que explica con mayor profundización los asertos planteados de inicio.

     Según Américo Castro, la perspectiva ecuestre de Santiago que, con la espada en la mano, siembra la muerte y el desconcierto en el bando árabe, es la cristianización del mito griego de los gemelos Castor y Polux, llamados Dioscuros. La semejanza entre ellos es más que notable pues los hermanos intervienen, primero, en múltiples batallas de griegos y romanos en defensa de su bando, y segundo, lo hacen a lomos de un hermoso corcel blanco que se desliza de los cielos, sembrando mayor confusión en el lado hostil. Polux es además hijo de Zeus o Jupiter, Castor lo es de otro padre, del que Homero dijo que era el Tonante o el que gobernaba el trueno, de la misma manera que a Santiago se le reconoce para diferenciarlo de su hermano menor, el hijo del trueno. En resumen, la invención de Santiago como “matamoros” no es más que la traslación del mito pagano al cristianismo.

    La consecuencia, sigue sosteniendo Castro, es que Santiago Matamoros es un activo fundamental en la lucha contra el Islam, y un importantísimo apoyo anímico de las tropas cristianas para vencer y exterminar a su enemigo. Desde la aparición fabulosa del apóstol en la dudosa batalla de Clavijo, año 822, y de la presencia legendaria de Santiago y San Millán, esta vez dos santos, como Castor y Polux, en la contienda de Simancas en el año 939, el apóstol se convierte en un héroe cristiano y luego nacional, hacedor de la unidad de España en torno al credo cristiano. Con palabras del ilustre filólogo, Santiago es “una institución en el colectivo hispano”. Tan importante papel asignado a este santo determinó que fuese nombrado Patrón de España.

   Esta visión casi mesiánica de Santiago decidió, por ejemplo, que cuando se quiso hacer a Santa Teresa de Jesús copatrona de España, la reacción de los poderes tradicionales fue inmediata, resolviendo el patronato en favor de Santiago, cuestión defendida entre otros muchos por Quevedo, que fue un decidido santiaguista.

     La obra, en la actualidad poco leída, de Américo Castro resulta una pieza fundamental para conocer el origen y desarrollo de nuestra historia, incluso siendo un escritor de formación literaria y lingüística que, adoptando fuentes literarias, llega a conclusiones  muy interesantes y clarividentes del modo de ser del español. Sin duda, la formación filológica del sabio determina el carácter austero, templado y maravillosamente transparente del estilo literario del que hace gala en toda su obra, lejos del circunloquio y la retórica tan propios de otros.

  

  

    

  

Santiago Apóstol, patrón de las Españas. Juan de Contreras (Marqués de Lozoya)

 

         Juan de Contreras, Marqués de Lozoya, nace y muere en Segovia (1893-1978), pequeña y recoleta ciudad con la que estuvo sentimentalmente muy vinculado a lo largo de toda la vida. Estudia Derecho en Madrid y Filosofía y Letras, Sección de Historia, en Salamanca, doctorándose en ambas disciplinas de modo brillante. Catedrático primero de Historia de España en la universidad de Valencia, y posteriormente de Historia del Arte en la de Madrid, compagina la labor docente con la de investigador, de lo que resultaron sus dos magnas obras, la Hª del Arte Hispánico y la Hª de España, ambas de seis volúmenes cada una, que lo sitúan en un puesto importante de la erudición histórica española.

     Como consecuencia de su trabajo obtiene toda clase de honores, cargos y laudes de universidades, instituciones culturales y academias. En lo político es elegido como diputado conservador por la CEDA en la Segunda República Española y, más adelante, procurador en Cortes durante el régimen de Franco en la década de los años sesenta. En lo personal, el título de marqués le viene dado por el linaje de los Lozoya, a quienes el rey Carlos II otorgó tal mención en el año de 1689.

    Obrita menor, probablemente, es Santiago Apóstol, patrón de las Españas, publicada por Biblioteca Nueva, en 1940.

      Se inicia el texto en las primeras páginas con un Nihil Obstat por parte del censor Cecilio Santiago, que aprueba la publicación del libro; y se cierra en las últimas con la expresión “acabose de escribir este libro en la fiesta de Nuestra Señora del Pilar del año de la victoria”, proclama que, obviamente no tiene por qué afectar al contenido, pero que pone de manifiesto el protocolo del régimen autoritario instalado en el año de 1940.

     El esquema del libro es lineal y coherente. Los primeros capítulos están dedicados a la recuperación de la figura de Santiago, pescador y amigo de Jesús, tal como lo recogen los Hechos de los Apóstoles y los Evangelios; luego postula la predicación del apóstol en Hispania, especialmente su presencia en Zaragoza, según un códice latino del siglo XIII conservado en el archivo del Pilar; y por fin, trata la muerte por decapitación y el traslado del cuerpo a la costa de Galicia, donde allí habría de permanecer hasta el momento del hallazgo en el año 813. En todas estas cuestiones se mezclan la ficción y ciertos ápices  históricos, pues el mismo escritor titula uno de sus capítulos “La leyenda del Santo Enterramiento”, siguiendo los dictados del Códice Calixtino y de la tradición popular.

     Los capítulos intermedios se centran en el origen y formación de la ciudad de Compostela a partir del descubrimiento de la tumba del santo en el monte de Libredón, antiguo osario, y de la colocación de las primeras iglesias y monasterios en tiempos de Alfonso II El Casto y Alfonso III. Comienza así uno de los sucesos de peregrinación más importantes del mundo, junto a Jerusalén y Roma, que atrajo peregrinos de oriente y occidente. El autor recoge una larguísima nómina de peregrinos que visitan la ciudad, cada vez más afianzada y con mejores hechuras. Destaca el Marqués de Lozoya la preponderancia que tuvo el Camino Francés como principal arteria de comunicación de Europa con Santiago de Compostela, y las consecuencias culturales y económicas de esta peregrinación.

     Los capítulos finales tratan de asuntos puntuales, a saber, del origen de la expresión “Santiago y cierra España”, a partir de la intervención milagrosa del Apóstol en las batallas de Clavijo y de Simancas, aquella de dudosa existencia histórica; de la defensa de los peregrinos como labor principal de la Orden de Santiago, a la que dedica un detallado análisis de su formación y devenir; de la propagación a las Indias de la devoción por el santo, cuyo icono más repetido es el de Santiago “matamoros”; y de las huellas en la pintura, literatura y arte en general que dejó el Camino de Santiago en España.

     El sellado del libro lo fija un epílogo seguido de un apéndice. El epílogo es la exaltación en los tiempos precarios de la posguerra española del retrato militar de Santiago, que apareció en la historia de España como un caudillo galvanizador de las tropas cristianas hacia la victoria, y que sigue siendo ese conductor épico de los hombres patriotas, según el propio escritor. El apéndice es una andanada contra quienes de un modo u otro se han opuesto a la ortodoxia jacobea. Cita por ejemplo que el Arzobispo de Toledo D. García de Loaysa negó sin razón la predicación de Santiago en España, o que se desató sin ningún motivo en 1617 la idea de que Teresa de Jesús fuese co-Patrona de España con Santiago, o carga contra los constitucionalistas de Cádiz de 1812 por la anulación del “voto de Santiago”, porque advierte el autor que desde esa fecha España agudiza su decadencia imperial.

    Sin duda es un libro escrito con más ardor que razón, sentimental y romántico, de aciertos literarios en algún caso que, por el contenido laudatorio del apóstol Santiago, entrevisto como adalid de la causa cristiana contra el infiel, no pasa desapercibido ideológicamente.

Caminaron a Santiago. Relatos de peregrinaciones al fin del mundo. Klaus Herbers y Robert Plötz.

 

         Dos importantes  estudiosos del  tema  jacobeo son Klaus Herbers y Robert Plötz.

     Klaus Herbers nace en Wuppertal (Alemanania) en 1951. Desde 1998 trabaja como catedrático de Historia Medieval en la universidad de Erlangen-Nümberg y, entre sus numerosos cargos, destacan el de ser Miembro del Comité Internacional de Expertos del Camino de Santiago de la Xunta de Galicia, y el de Vicepresidente de la Sociedad Alemana de Santiago. Dedica gran parte de sus investigaciones al tema jacobeo, dando como resultado numerosos trabajos acerca del origen y formación del culto a Santiago, la propagación del culto a Europa, el Códice Calixtino o el tratamiento de los relatos de peregrinación. Algunos de estos contenidos quedan reflejados en una compilación de artículos, titulado Papado, peregrinos y culto jacobeo en España y Europa durante la Edad Media.

     Robert Plötz nace en 1942 en Nuremberg (Alemania) y fallece recientemente en 2017. Realiza estudios de Germanística, Historia y Folclore, y entra en contacto con el Camino de Santiago a raíz de su trabajo como lector de la universidad de Oviedo en 1967. Sin embargo, desarrolla su tarea profesional como director del Museum für Volkskunde und Kulturgeschichte de la ciudad de Kevelaer. Despliega una actividad fecunda en el ámbito de la cultura jacobea y, de este modo, es uno de los encargados de redactar el informe que sustentara la declaración por el Consejo de Europa del Camino de Santiago como el Primer Itinerario Cultural Europeo en 1987. Obtiene en 1999 la medalla de oro de la ciudad de Santiago de Compostela, como justo reconocimiento a su entrega investigadora.

      Ambos eruditos son coeditores y colaboradores de una recopilación de artículos sobre el tema jacobeo de veintiún volúmenes, que lleva por título Jakobus-Studien (Estudios sobre Santiago). Pero, sobre todo, una obra común de gran relevancia es Caminaron a Santiago. Relatos de peregrinaciones al “fin del mundo”, publicada con ocasión del año santo jacobeo de 1999.

      Se articula el libro en tres partes principales, a saber, un prólogo, el cuerpo propiamente o nudo central temático y un balance, según expresión de los autores, o epílogo a modo de cierre y conclusiones.

      El prólogo viene a contextualizar el fenómeno jacobeo, poniéndolo en relación con el culto a las reliquias de santos que, procedente de Oriente, se introduce en Europa a partir del siglo IV d.C. El Liber Sancti Jacobi o Códice Calixtino corrobora la existencia de las reliquias del apóstol Santiago en el extremo occidental de Galicia, lo que promueve una de las rutas de peregrinación más importantes del mundo, junto a las de Jerusalén y Roma.

     La parte central del libro se centra en primer lugar en el tratamiento de los orígenes del culto a Santiago en Galicia, para lo cual manejan los autores todas las fuentes narrativas, legendarias y documentales conocidas (los Martirologios de Floro, la Concordia de Antealtares, el Códice Calixtino o la Historia Compostelana, entre otros), y en su rápida difusión al resto del mundo cristiano, que supondría el inicio de las primeras peregrinaciones. Como consecuencia de esta vía abierta desde Europa, son muchos los peregrinos que asumen la tarea de redactar guías de peregrinación o relatos de viaje con la finalidad de dictar prescripciones sobre el camino a otros peregrinos (lugares, distancias, hospitales, portazgos, etc.) y valorar otras cuestiones (costumbres, tradiciones, gentes, paisajes). Los autores se aplican, por lo tanto y en segundo término, al estudio y análisis de algunos de estos cronistas del Camino de Santiago, situados entre los siglos XV al XVIII, a excepción del Liber Sancti Iacobi, considerado el primer relato europeo de viajes en el siglo XII y modelo de la mayoría de los libros posteriores. Un total de veinte escritores de distintas nacionalidades, aunque la mayoría alemanes, componen el objeto de estudio de este libro (desde los más tempranos señor de Caumont y Margery Kempe de 1417, hasta Nicola Albani de 1743).

      La parte final del texto cierra con una importante y natural conclusión. Que los relatos de viaje, un género literario de difícil caracterización, no contienen solo puntuales referencias de uso práctico que ayudan al éxito de las peregrinaciones, sino además conjeturas e impresiones sobre el tiempo y el espacio vividos de gran interés histórico.

     Se trata de un gran libro, escrito por eminentes profesores, cuyo uno de sus valores más relevantes es la profusión y manejo de fuentes y obras bibliográficas sobre el tema jacobeo. Si a eso, se añade el estilo desenfadado, ágil, a la vez que pormenorizado, claro y preciso, el resultado es el de un libro importante dentro de su género.