Yves Bottineau. Les chemins de Saint-Jacques.

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          Bottineau nació en Nantes en 1925. Especialista en Historia del Arte, impartió clases en la Universidad de París y desempeñó el cargo de comisario en el Museo del Louvre, además de  otros ministerios importantes. Fue un hispanista notable que se especializó en el arte español de los siglos XVII y XVIII, y esta circunstancia motivó su nombramiento como Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid. Falleció en 2008, tras haber dejado una colección de libros entusiastas sobre la cultura artística española, de entre cuyos títulos se subraya Les Chemins de Saint-Jacques, publicado en 1964. La edición que se maneja es la de Arthaud, París, 1983, escrita en francés.

         Se trata de un libro mixto en el que se combinan la historiografía y la crónica, pues los dos primeros capítulos están dedicados a la historia del peregrinaje y otros aspectos culturales; y el tercero profundiza en la descripción de la ruta jacobea. En efecto, el autor cuenta en la primera parte la leyenda de Santiago que da lugar a las primitivas peregrinaciones, así como los itinerarios que se seguían desde Francia a España, y desde los Pirineos a Santiago. La segunda parte la dedica al tratamiento de la iconografía del santo y de la arquitectura románica, que es la verdadera especialidad del escritor, además de realizar una breve pero enjundiosa incursión en el tema de Carlomagno y su relación con el camino de Santiago. Resultan importantes los datos aportados, pero cobran aún más valor si se ponderan como de entre los más antiguos de la bibliografía jacobea pues el libro se publica en 1964. Hasta la fecha, la literatura evacuada sobre el tema es, aunque muy importante, bastante escasa, lo que sitúa a Bottineau en la trinchera pionera de esta clase de estudios.

      El tercer capítulo lo titula el escritor “Notes de voyage” y aclara a pie de página que el contenido se ciñe rigurosamente a la mención y glosa de los principales monumentos ribereños de los Caminos de Santiago. Porque en Francia son varias las vías jacobeas que conducen a España- la Tolosana, la Lemovicensis, la Turonensis y la Podensis-, mientras que ya en territorio hispano es el Camino Francés el encargado de llevar al peregrino hasta la tumba del Apóstol. Suponemos que el viaje lo realiza el escritor en automóvil, aunque no se aclara este extremo.

       La crónica comienza en el pueblo de Saint-Benoit y, recorriendo sus calles, relata la historia de la que fue un centro importante en la historia de Francia. Desde lejos, Bottineau contempla la silueta de la iglesia y monasterio benedictino. Toma luego dirección hacia Avallon, camino de Vezelay, que es uno de los paisajes más emotivos de Francia, según  comenta el escritor, y que tiene una  Catedral de gran valor artístico. Por Sainte-Foy de Conques llega a la jacobea ciudad de Toulouse, a la que dedica bellas páginas. Y desde aquí se conduce al Puerto de Somport a fin de tomar suelo español por la vertiente aragonesa. No puede evitar la mención que hace el Códice Calixtino del Hospital de Santa Cristina, hoy en ruinas, que resultó uno de los más grandes del mundo de las peregrinaciones. Por fin, desde San Juan de la Peña se deja caer a Jaca y en Puente la Reina se encuentra con los peregrinos que han viajado desde Roncesvalles. El resto del camino en territorio español ya es sobradamente conocido del lector, aunque en los años de la publicación del libro eran muy pocos los viajeros y eruditos que sabían las veredas por donde transcurría el Camino de Santiago. Ya en la ciudad compostelana pone la atención en la Catedral y el Pórtico de la Gloria, pero tampoco es menor el interés que le produce la uniformidad arquitectónica de la ciudad de color gris y el encanto que percibe en su contemplación.

     Resulta indudable el valor de los comentarios acerca de las fábricas religiosas románicas y góticas que jalonan el emblemático Camino; así como el acierto de las descripciones de los paisajes y, sobre todo, la emoción que transmite de las lecturas que va realizando del patrimonio histórico.

    El libro lo cierra un mapa extraordinario que retrata las vías francesas de acceso a España y los caminos del Norte y Francés que surcan los pagos hispanos.

    Uno de los primeros monumentos literarios del Camino de Santiago.