Vicente Malabia Martínez. Meditaciones de un peregrino.

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        Vicente Malabia nace en 1949 en la localidad de Minglanilla, Cuenca. Sigue los estudios de Teología y realiza un máster en Ciencias de la Religión, siendo ordenado sacerdote en 1974. Llevado de su afición por la Historia adquiere la licenciatura en esta materia, y se especializa en Historia Medieval. Como consecuencia de esta formación humanística ejerce como profesor y bibliotecario en el Seminario Conciliar de San Julián de Cuenca, es Director del Museo Diocesano de Arte Religioso, miembro de la Comisión Provincial de Patrimonio de Cuenca y, por fin, en justa reciprocidad a sus méritos es nombrado Académico de la Real Academia de Cuenca de Artes y Letras (Racal) en el año 2014. Mantiene un interés muy vivo por el tema del Camino de Santiago al que ha dedicado estudios y análisis históricos publicados en la Revista “Peregrino”, pero destaca sobre todo el libro Meditaciones de un Peregrino, dado a la luz en 1999.

       El escritor podría haber titulado el libro Meditaciones Religiosas de un Peregrino porque se trata de un libro escrito desde la fe más profunda y sincera de la que puede hacer gala el ser humano. Hay “fes” interesadas, las hay falsas o fementidas, otras superficiales que no escarban en lo hondo, hay “fes” de simple ornato, pero la de Malabia es un fe ganada a base de esfuerzo, trabajo y sensibilidad, que además señala el camino que debe seguir en dirección a Dios, base de toda experiencia y fundamento de vida. Porque, al final, la fe es cuestión de corazón, como lo manifiesta muy alto y claro el escritor. Es algo así como un poeta que descubriera el mundo interior que lo hace más fecundo y rico, pero eso sí, es el corazón que no la razón, la que descubre el orbe maravilloso. De este modo, él entra en la Catedral de Santiago,dejando atrás la orla de la razón y dejándose avasallar por la inmensa y fugitiva corriente de la intuición, que es su pasión por la divinidad.

     El libro está dividido en breves capítulos que son reflexiones que conducen siempre a la presencia de Dios en el pensamiento del escritor. Esta presencia omnímoda se hace esperar desde las primeras líneas en que el peregrino elige como textos de viaje una edición de bolsillo del Nuevo Testamento y el Sermón Veneranda dies, entre otros, que es uno de los capítulos dedicados al peregrino en el Códice Calixtino. A partir de estos renglones, el eje sobre el que gira o articula el peregrino es la figura divina. No es una búsqueda de Dios, porque ya lo tiene, sino un canto a la creación, a la naturaleza, al sol y sus fuerzas, al viento, a todo lo que existe, como revelación de la deidad en el mundo. Comienza afirmando que la aurora es Dios y concluye que el mar, en Finisterre, también lo es.

    Sin embargo, se trata de un libro abierto a todos los lectores, creyentes y no creyentes, porque incorpora contenidos esenciales: la vida es un viaje en el que sobran muchas cosas innecesarias –la vanidad, la arrogancia, el egoísmo, la mentira, el robo…-; la Iglesia debe ser pobre como Jesús; es buena la soledad que nos lleva a pensar en nosotros y en los demás; las relaciones humanas no deben estar fundadas en acuerdos mercantilistas, sino en la amistad; la sencillez es una manera fecunda de vivir; el tiempo huye y el hombre se hace viejo, así que aprovechemos de verdad los minutos que se nos han dado; y el silencio es necesario entra tanto tumulto y prisas  que no llevan a ningún sitio. Toda una larga lista de recuerdos importantes que a menudo se olvidan, de puro sabidas.

    Es un libro bien escrito con abundantes referencias intertextuales a citas y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento, a los Evangelios, e incluso a figuras de la Mitología Clásica. Se descubren también citas literarias espontáneas de otros escritores. El estilo denso no hace aburridas las disquisiciones personales, que están perfectamente enmarcadas en cuadros de naturaleza viva, muy bien plasmada por la pluma del escritor.

      Como otros, este es asimismo un libro necesario porque recoge y resume magníficamente la perspectiva religiosa del Camino de Santiago.