Santiago Apóstol, patrón de las Españas. Juan de Contreras (Marqués de Lozoya)

 

         Juan de Contreras, Marqués de Lozoya, nace y muere en Segovia (1893-1978), pequeña y recoleta ciudad con la que estuvo sentimentalmente muy vinculado a lo largo de toda la vida. Estudia Derecho en Madrid y Filosofía y Letras, Sección de Historia, en Salamanca, doctorándose en ambas disciplinas de modo brillante. Catedrático primero de Historia de España en la universidad de Valencia, y posteriormente de Historia del Arte en la de Madrid, compagina la labor docente con la de investigador, de lo que resultaron sus dos magnas obras, la Hª del Arte Hispánico y la Hª de España, ambas de seis volúmenes cada una, que lo sitúan en un puesto importante de la erudición histórica española.

     Como consecuencia de su trabajo obtiene toda clase de honores, cargos y laudes de universidades, instituciones culturales y academias. En lo político es elegido como diputado conservador por la CEDA en la Segunda República Española y, más adelante, procurador en Cortes durante el régimen de Franco en la década de los años sesenta. En lo personal, el título de marqués le viene dado por el linaje de los Lozoya, a quienes el rey Carlos II otorgó tal mención en el año de 1689.

    Obrita menor, probablemente, es Santiago Apóstol, patrón de las Españas, publicada por Biblioteca Nueva, en 1940.

      Se inicia el texto en las primeras páginas con un Nihil Obstat por parte del censor Cecilio Santiago, que aprueba la publicación del libro; y se cierra en las últimas con la expresión “acabose de escribir este libro en la fiesta de Nuestra Señora del Pilar del año de la victoria”, proclama que, obviamente no tiene por qué afectar al contenido, pero que pone de manifiesto el protocolo del régimen autoritario instalado en el año de 1940.

     El esquema del libro es lineal y coherente. Los primeros capítulos están dedicados a la recuperación de la figura de Santiago, pescador y amigo de Jesús, tal como lo recogen los Hechos de los Apóstoles y los Evangelios; luego postula la predicación del apóstol en Hispania, especialmente su presencia en Zaragoza, según un códice latino del siglo XIII conservado en el archivo del Pilar; y por fin, trata la muerte por decapitación y el traslado del cuerpo a la costa de Galicia, donde allí habría de permanecer hasta el momento del hallazgo en el año 813. En todas estas cuestiones se mezclan la ficción y ciertos ápices  históricos, pues el mismo escritor titula uno de sus capítulos “La leyenda del Santo Enterramiento”, siguiendo los dictados del Códice Calixtino y de la tradición popular.

     Los capítulos intermedios se centran en el origen y formación de la ciudad de Compostela a partir del descubrimiento de la tumba del santo en el monte de Libredón, antiguo osario, y de la colocación de las primeras iglesias y monasterios en tiempos de Alfonso II El Casto y Alfonso III. Comienza así uno de los sucesos de peregrinación más importantes del mundo, junto a Jerusalén y Roma, que atrajo peregrinos de oriente y occidente. El autor recoge una larguísima nómina de peregrinos que visitan la ciudad, cada vez más afianzada y con mejores hechuras. Destaca el Marqués de Lozoya la preponderancia que tuvo el Camino Francés como principal arteria de comunicación de Europa con Santiago de Compostela, y las consecuencias culturales y económicas de esta peregrinación.

     Los capítulos finales tratan de asuntos puntuales, a saber, del origen de la expresión “Santiago y cierra España”, a partir de la intervención milagrosa del Apóstol en las batallas de Clavijo y de Simancas, aquella de dudosa existencia histórica; de la defensa de los peregrinos como labor principal de la Orden de Santiago, a la que dedica un detallado análisis de su formación y devenir; de la propagación a las Indias de la devoción por el santo, cuyo icono más repetido es el de Santiago “matamoros”; y de las huellas en la pintura, literatura y arte en general que dejó el Camino de Santiago en España.

     El sellado del libro lo fija un epílogo seguido de un apéndice. El epílogo es la exaltación en los tiempos precarios de la posguerra española del retrato militar de Santiago, que apareció en la historia de España como un caudillo galvanizador de las tropas cristianas hacia la victoria, y que sigue siendo ese conductor épico de los hombres patriotas, según el propio escritor. El apéndice es una andanada contra quienes de un modo u otro se han opuesto a la ortodoxia jacobea. Cita por ejemplo que el Arzobispo de Toledo D. García de Loaysa negó sin razón la predicación de Santiago en España, o que se desató sin ningún motivo en 1617 la idea de que Teresa de Jesús fuese co-Patrona de España con Santiago, o carga contra los constitucionalistas de Cádiz de 1812 por la anulación del “voto de Santiago”, porque advierte el autor que desde esa fecha España agudiza su decadencia imperial.

    Sin duda es un libro escrito con más ardor que razón, sentimental y romántico, de aciertos literarios en algún caso que, por el contenido laudatorio del apóstol Santiago, entrevisto como adalid de la causa cristiana contra el infiel, no pasa desapercibido ideológicamente.

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Caminaron a Santiago. Relatos de peregrinaciones al fin del mundo. Klaus Herbers y Robert Plötz.

 

         Dos importantes  estudiosos del  tema  jacobeo son Klaus Herbers y Robert Plötz.

     Klaus Herbers nace en Wuppertal (Alemanania) en 1951. Desde 1998 trabaja como catedrático de Historia Medieval en la universidad de Erlangen-Nümberg y, entre sus numerosos cargos, destacan el de ser Miembro del Comité Internacional de Expertos del Camino de Santiago de la Xunta de Galicia, y el de Vicepresidente de la Sociedad Alemana de Santiago. Dedica gran parte de sus investigaciones al tema jacobeo, dando como resultado numerosos trabajos acerca del origen y formación del culto a Santiago, la propagación del culto a Europa, el Códice Calixtino o el tratamiento de los relatos de peregrinación. Algunos de estos contenidos quedan reflejados en una compilación de artículos, titulado Papado, peregrinos y culto jacobeo en España y Europa durante la Edad Media.

     Robert Plötz nace en 1942 en Nuremberg (Alemania) y fallece recientemente en 2017. Realiza estudios de Germanística, Historia y Folclore, y entra en contacto con el Camino de Santiago a raíz de su trabajo como lector de la universidad de Oviedo en 1967. Sin embargo, desarrolla su tarea profesional como director del Museum für Volkskunde und Kulturgeschichte de la ciudad de Kevelaer. Despliega una actividad fecunda en el ámbito de la cultura jacobea y, de este modo, es uno de los encargados de redactar el informe que sustentara la declaración por el Consejo de Europa del Camino de Santiago como el Primer Itinerario Cultural Europeo en 1987. Obtiene en 1999 la medalla de oro de la ciudad de Santiago de Compostela, como justo reconocimiento a su entrega investigadora.

      Ambos eruditos son coeditores y colaboradores de una recopilación de artículos sobre el tema jacobeo de veintiún volúmenes, que lleva por título Jakobus-Studien (Estudios sobre Santiago). Pero, sobre todo, una obra común de gran relevancia es Caminaron a Santiago. Relatos de peregrinaciones al “fin del mundo”, publicada con ocasión del año santo jacobeo de 1999.

      Se articula el libro en tres partes principales, a saber, un prólogo, el cuerpo propiamente o nudo central temático y un balance, según expresión de los autores, o epílogo a modo de cierre y conclusiones.

      El prólogo viene a contextualizar el fenómeno jacobeo, poniéndolo en relación con el culto a las reliquias de santos que, procedente de Oriente, se introduce en Europa a partir del siglo IV d.C. El Liber Sancti Jacobi o Códice Calixtino corrobora la existencia de las reliquias del apóstol Santiago en el extremo occidental de Galicia, lo que promueve una de las rutas de peregrinación más importantes del mundo, junto a las de Jerusalén y Roma.

     La parte central del libro se centra en primer lugar en el tratamiento de los orígenes del culto a Santiago en Galicia, para lo cual manejan los autores todas las fuentes narrativas, legendarias y documentales conocidas (los Martirologios de Floro, la Concordia de Antealtares, el Códice Calixtino o la Historia Compostelana, entre otros), y en su rápida difusión al resto del mundo cristiano, que supondría el inicio de las primeras peregrinaciones. Como consecuencia de esta vía abierta desde Europa, son muchos los peregrinos que asumen la tarea de redactar guías de peregrinación o relatos de viaje con la finalidad de dictar prescripciones sobre el camino a otros peregrinos (lugares, distancias, hospitales, portazgos, etc.) y valorar otras cuestiones (costumbres, tradiciones, gentes, paisajes). Los autores se aplican, por lo tanto y en segundo término, al estudio y análisis de algunos de estos cronistas del Camino de Santiago, situados entre los siglos XV al XVIII, a excepción del Liber Sancti Iacobi, considerado el primer relato europeo de viajes en el siglo XII y modelo de la mayoría de los libros posteriores. Un total de veinte escritores de distintas nacionalidades, aunque la mayoría alemanes, componen el objeto de estudio de este libro (desde los más tempranos señor de Caumont y Margery Kempe de 1417, hasta Nicola Albani de 1743).

      La parte final del texto cierra con una importante y natural conclusión. Que los relatos de viaje, un género literario de difícil caracterización, no contienen solo puntuales referencias de uso práctico que ayudan al éxito de las peregrinaciones, sino además conjeturas e impresiones sobre el tiempo y el espacio vividos de gran interés histórico.

     Se trata de un gran libro, escrito por eminentes profesores, cuyo uno de sus valores más relevantes es la profusión y manejo de fuentes y obras bibliográficas sobre el tema jacobeo. Si a eso, se añade el estilo desenfadado, ágil, a la vez que pormenorizado, claro y preciso, el resultado es el de un libro importante dentro de su género.