Toni Bennassar. Viaje a Occidente.

       toni Acerca de la biografía de Toni Bennassar ninguna cosa ha podido averiguarse pues todo trabajo al respecto ha sido infructuoso. Pero lo cierto es que lo realmente importante es el contenido transcrito y revelado en el libro dedicado al Camino, titulado Viaje a Occidente, itinerario mágico por el Camino de Santiago, año de publicación de 1989.

       No es sensu stricto una crónica de viajes, sino un libro de corte cabalístico y, sobretodo, místico, que evita las descripciones y los relatos habituales del viajero. Tampoco incluye diálogos vivaces o espontáneos en que los personajes del camino hablan de sus vidas y cuitas. Pero además el autor realiza el camino en automóvil entre los días 18 de junio de 1987 y el 27 del mismo mes y año, durando la separación entre el comienzo y el fin de la ruta solo diez días, cuestión ésta que hace dudar sobre el verdadero género y naturaleza del libro.

       La primera página se abre con el presentimiento de que el número “9” va a marcar todo el viaje y, a la altura de Jaca, a horas tardías, el autor divaga sobre este proverbial número: nueve es el número de la manifestación completa, nueve las cúpulas de la catedral de Santiago y noveno era el siglo en que se descubrieron los restos del Apóstol… y así sucesivamente se concatena este dígito. Se hace acompañar de una serie de fenómenos espirituales que él denomina Elementales de la Tierra, el Genio de las Sombras, el Genio de las Formas etc. a manera de voces interiores o la voz de la conciencia con quienes dialoga o simplemente resultan fuente de ideas y experiencias interiores. Además de esta curiosa comitiva, el viaje lo realiza junto a su esposa, a la que llama galácticamente Pléyade, de nombre real Dolores Ramis, tal como se deduce de la dedicatoria.

         La toponimia del Camino es puro pretexto para tejer el autor la urdimbre de experiencias místicas variadas. Así, por ejemplo, bajo la inspiración del Ora et Labora que cuelga de una cartela del monasterio de Leyre el escritor se siente en “el esqueleto del Universo”, donde un día habrán de superarse formas e ideas para ganar otro Universo más completo; o en Puente  la Reina escucha la Voz que le advierte que las formas, los colores, lo físico del mundo no deben apartarlo de la Verdad que se halla en el fondo como algo invisible y escondido. Con todo el desmayo místico procede bajo la contemplación del Pórtico de la Gloria, rapto en el que el autor se ve rodeado de un halo de fuego, luego siente que levita desafiando la gravedad, y por fin, arrodillado ante el Apóstol, pierde la noción de tiempo y espacio y su imagen es la de su mujer, esto es, la dualidad en una sola realidad, convertida en eterna unidad. En una palabra, halla en este santo lugar el gran amor que siente por su mujer y de aquí, parten más casados que antes. Rubrica el libro con estos relumbrantes párrafos: “Mis planetas quedaron por el momento en suspenso…sin vida porque una luz se extinguió en aras de otros fuegos que ardían sobre el altar del Deseo. Las Pléyades, privadas de su hermana mayor, se quedaron tristes, recordándole con los siete días de la semana su celestial destino”.

        El autor es un buen dibujante e ilustra algunas páginas del libro con naturales de iglesias y monasterios, como la de Santa Mª de la Serós, el monasterio de Yuso, San Martín de Frómista o la catedral de Santiago. Son esbozos a plumilla o lápiz fino de buen gusto y acierto, que añaden al libro otro sello de singularidad.

        Libro sin duda polémico, ambiguo, que puede despertar las loas de unos y los denuestos de otros, pero que sea lo que fuere, el estilo narrativo resulta acertado, correcto, fluido y rico, lo que añade un valor a tener en cuenta.