Shirley Maclaine. El Camino. Un viaje espiritual.

maclaine

         Nace en Richmond, Virginia, en 1934, en el seno de una familia dotada para el arte, pues el padre trabajó como profesor de arte dramático y la madre como bailarina, hecho que bien pudo marcar la elección de Shirley Maclaine por la escena y el baile. Fue primero bailarina formada en la Escuela de Ballet de Washington, pero se descubre actriz en el rodaje de una película de Alfred Hitchcok del año 1955, titulada Pero… ¿Quién mató a Harry? A partir de ese momento se vuelca de lleno en esa profesión que la acompañará durante su vida, compartida con otras actividades importantes como la de escribir, viajar y pensar, aunque el pensamiento no vaya sujeto a horarios ni calendarios. Gana el Óscar de la Academia a la Mejor Actriz en 1983 por la película La Fuerza del cariño, de la cual la propia actriz ha manifestado que la recuerda singularmente por la labor de improvisación que tuvo que realizar con su compañero de rodaje Jack Nicholson en el momento de los diálogos. En la década del setenta viajó a China, y como resultado escribió y produjo un documental propuesto para el Óscar en colaboración con Claudia Weill. El empuje por la escritura lo recibe en los ochenta, y ya en 1994 decide realizar el Camino de Santiago, frisando la serena edad de sesenta años, posiblemente por haber sufrido una crisis religiosa. Mujer, que no ha sucumbido a los cantos de sirena de Hollywood, ha sabido adaptarse al paso del tiempo y mantener las mismas actividades de siempre sin traumatismos ni inútiles nostalgias. No en vano, ella misma se confiesa como una mujer que siente apasionadamente el presente y mira al futuro con una sonrisa inteligente y abierta.

       Fruto generoso del viaje jacobeo que realizó en España en el albor de los años 90, concretamente desde el 4 de junio al 3 de julio de 1994, fue el libro El Camino. Un viaje espiritual, publicado por primera vez en el año 2000 y la segunda en 2011.

      El libro tiene una estructura circular tan acertada como original: La autora comienza el relato con la visita en Londres a su amiga enferma Kathleen Tynan, inteligente, valiente y creativa, y al mismo tiempo se hace acompañar de otra amiga, Anna Strong, durante las dos primeras jornadas desde S. Jean-de-Pied-de-Port hasta Pamplona, a modo de guía que la ha de introducir en la experiencia itinerante. El final concluye del mismo modo, el reencuentro en Madrid con Anna, y en Londres con Kathleen. Y es que ambas amigas resultan axiales en el relato: Anna es la interlocutora principal de su experiencia- a ella debe contarle lo acaecido- y Kathleen bien pudiera ser la razón de la persistencia en la finalización del Camino, acaso incluso la razón de su inicio.

       No es un libro de viajes al uso, es sobre todo, un libro de reflexión.

      En efecto, los personajes que envuelven la peregrinación de Shirley son escasos e, incluso, algunos son ficticios. No viaja con peregrinos, sino consigo misma con el fin de favorecer aquella introspección personal. Por eso, solo conoce al matrimonio formado por Ali, salvadoreña, y Carlos, de Vascongadas, en el albergue de Los Arcos, con quienes coincidirá esporádicamente a lo largo del trecho; entablará conocimiento útil con José, conductor que la ayudará en el último tramo de Galicia a despistar a los periodistas gravosos; traba relación pasajera con la cantante brasileña Consuelo; cruza unas palabras con Javier en Roncesvallles, joven extraño que reconoce la identidad de la actriz; y poco más, un amable podólogo, dos serviciales hospitaleros, dos chicas irlandesas, el cura de San Juan de Ortega, Alonso,… son el elenco acompañante de peregrinos. Y, sin embargo, la autora proyecta dos personajes fabulosos, Ariel, un ángel o una presencia que actúa como protector de sus pasos, y Jhon el Escocés, un hombre vestido de monje que, saliendo de las sombras, dialoga con ella. A través de estos actores imaginados se articula la mayor parte del discurso reflexivo o monólogo interior, suscitados en los sueños de la peregrina.

     Tampoco el libro recoge una anotación rigurosa de la toponimia del Camino; ni se detallan las características descriptivas del patrimonio cultural y artístico porque no es el fin principal de la autora. Ello no obsta para que se conozcan los nombres de las poblaciones importantes-Roncesvalles, Zubiri, Larrasoaña, Puente laReina, Estella, Los Arcos, Logroño, Nájera…-y se relacionen algunas descripciones de nuestras catedrales, como las de Burgos, León y Santiago, pero de un modo sucinto y lacónico. Combinado con estos párrafos, aparecen nombres propios contemporáneos-Clintón, Milosevic, Osama Bin Laden, los Mulás de Irán, lo líderes de China, Olof Palme, Bosnia y Yugoslavia, Irak y Sadam Hussein, árabes y judios en Oriente Medio- que aportan actualidad y presente histórico, así como referencias cultas a A. Einstein, Yeats, etc. de los que se reproducen citas literales. Todo ello conforma el mundo interior y fecundo de la escritora.

      Pero si hace prescindible aquellos elementos narrativos propios del género de la crónica viajera, es porque la escritora pone todo el empeño en la cuestión de la meditación y reflexión personales. Dos niveles pueden distinguirse de reflexión, el metáfísico o mediato y el práctico o inmediato, que en mi opinión resulta más atractivo. El primero corresponde a temas tales como el origen del hombre y del Universo, la finalidad de la existencia, la reencarnación como manera de trascender la muerte, el ser de las religiones, la oposición materialismo-espiritualismo, fe y ciencia, por ejemplo. Y el segundo incorpora planteamientos como el recuerdo y valoración de la infancia, la mención de los amores de su vida así como la concepción del amor, el papel social de la religión cristiana, la función del periodismo, el tratamiento social de los ancianos etc.  Meditaciones, en fin, que constituyen el gran valor del libro por encima de los demás posibles.

       La escritora tiene muchos aciertos descriptivos que hubiera podido explotar más si no le impeliere tanto la necesidad de hablar de sí misma. El relato transcurre ágil cuando se centra en el itinerario, pero se remansa y ralentiza cuando se trata de explicar los meandros de los grandes temas universales que preocupan al hombre. El diálogo resulta un apoyo importante a la hora no solo de presentar acontecimientos, sino de aclarar conceptos. En resumidas cuentas, libro atinado en lo externo, complejo en los contenidos, que ponen de relieve la figura de una mujer que ha sabido transcender las estrechas redes de Hollywood para convertirse en una inteligente humanista.