Salvador Llopis y Ramón Revilla Vielva. El Camino de Santiago a su paso por Palencia y Por Salamanca también pasa el Camino de Santiago.

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          Hay dos libros muy parecidos en la forma y en el fondo que, aunque no son crónicas en el sentido puro, tratan de recabar el protagonismo que Salamanca y Palencia tuvieron en la historia de la peregrinación jacobea. Tienen además otra nota común, y es que aparecen publicados a comienzos de la década de los años sesenta, de forma que se presentan como textos pioneros en la defensa de la tesis de que el Camino de Santiago pasaba por ambas provincias españolas, como luego ha quedado probado suficientemente pues siguen siendo en la actualidad rutas que los peregrinos atraviesan en su viaje a Santiago de Compostela. Se trata de los libros El Camino de Santiago a su paso por Palencia, editado por primera vez en 1954, aunque la edición que se maneja es de 1963, y Por Salamanca también pasa el Camino de Santiago, año de publicación de 1965. Los autores son Ramón Revilla Vielva y Salvador Llopis, respectivamente.

     Cita Ramón Revilla, como argumento de autoridad en El Camino de Santiago a su paso por Palencia, que El Códice Calixtino, obra del clérigo Aymeric Picaud, dedica en el Libro IV dos jornadas a la tierra palentina, la seis y la siete, desde los lindes de Burgos a Frómista y desde Frómista a Sahagún, ya en pagos de León.

     Posteriormente, el autor, basándose en el inestimable trabajo de D. Luciano Huidobro de la Serna, Las peregrinaciones Jacobeas, monumento historiográfico jacobeo de primera línea, recorre los pueblos por los que pasa el Camino desde Ítero de la Vega, primer pueblo palentino en el límite con Burgos, hasta San Nicolás del Real Camino, último de la provincia, antes de entrar en la población leonesa de Sahagún. Entre ambos median un tropel de pueblos, recalando el escritor en algunos tan señeros como Frómista o Carrión de los Condes, que atesoran un  patrimonio histórico-cultural vastísimo. De gran valor es la galería fotográfica que aporta no solo por su amplitud, sino por ser acaso las primeras imágenes que se ofrecen del mentado patrimonio palentino. Esculturas, portadas de iglesias románicas, interiores de iglesias, torres, cenobios, sarcófagos, capiteles, bajorrelieves, claustros etc. desfilan por el libro en bellas imágenes en blanco y negro, que enriquecen notablemente el conjunto del texto.

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       El libro Por Salamanca también pasa el Camino de Santiago resulta una relación toponímica de los pueblos y aldeas por la que atravesaban los peregrinos del Sur de España para llegar a la ciudad del Apóstol. En esta ocasión el camino es el de la Vía de la Plata, que se iniciaba en Sevilla, seguía por Mérida y Plasencia, y llegaba a la ciudad de Salamanca. Desde allí el camino planteaba la bifurcación a Toro o a Zamora, y por la Puebla de Sanabria en que convergían ambas vías, se entraba en tierras orensanas antes de enfilarse derechos los romeros a Santiago de Compostela. Esta ruta era tomada por peregrinos de distintas procedencias y naciones pues desde Sevilla provenían gentes mozárabes(cristianos del Al-Andalús) u otros que venían de África y Asia. También había peregrinos portugueses que se sumaban al camino jacobeo por Ciudad Rodrigo y otros que, procedentes de Toledo y Ávila, salían a Alba de Tormes, villa situada a los pies de Salamanca.

      Salvador Llopis manifiesta que durante los siglos XII al XVII la ciudad salmantina y provincia fueron un paso importante de peregrinos y que existieron estrechos vínculos entre Galicia y Salamanca, como lo prueban la copiosa toponimia gallega en pagos castellanos, la repoblación que se hizo con gente galaica en estos lugares o la incorporación a la Diócesis de Santiago de la de Salamanca por orden del Papa Calixto II, que duró hasta 1867.

    En suma, dos obras que representan el celo de sus dueños por los Caminos de Santiago.