Millán Clemente de Diego. Andando por el Camino de Santiago.

Andando..

          MILLÁN CLEMENTE DE DIEGO es un filólogo nacido en Madrid en 1932. Estudió el bachillerato en su ciudad natal, tras el cual cursó los estudios de Filosofía y Letras, especializándose en el área de Filología Hispánica. La formación específica en esta materia  favorece sin duda la capacidad expresiva y el estilo literario del escritor. Pero sigue la profesión del periodismo,  trabajando en diferentes emisoras de radio de Madrid y en el diario El Alcazar, aunque no se le conocen actitudes políticas afines a la doctrina editorial del periódico. Es un buen conocedor de la realidad hispanoamericana pues allí se desplazó durante varios años como periodista y como estudioso de las particularidades de la lengua española, al ser becado en esta ocasión por la Fundación Juan March en 1963. Por último, Millán Clemente forma parte de ese grupo selecto de peregrinos pioneros que forman la avanzada del camino de Santiago en el siglo XX. En este sentido, se publica en el año 1965 el libro de viaje titulado Andando por el Camino de Santiago, que el consumó probablemente en el atípico verano de 1964.

        En el prólogo el mismo autor califica el texto como un libro de viajes en el sentido más literal del término, un libro descriptivo de la cultura, el paisaje y el hombre con referencias secundarias a los aspectos eruditos de la historia y del patrimonio arquitectónico. Es sobre todo, un relato de experiencias vividas a lo largo del peregrinaje-romeaje, dice el autor- y un registro muy fiel de la toponimia del camino, en todo caso.

         Hay algunas particularidades dignas de comentario. En líneas generales, es un libro que trata de las pequeñas cosas del camino, lo más diminuto, que es probablemente lo más importante. El hombre camina y capta lo que su retina elige y la inteligencia despieza. No es la monumentalidad del arte ni la explicación de grandes hechos históricos lo que interesa a Millán, sino lo inmediato y más común: la persistente lluvia y el cielo nublo en predios navarros, los montes y repechos, las llanuras de Castilla, el estremecedor paisaje de Cebreros, las aldeillas semiabandonadas de Galicia, las plazuelas de los pueblos o los soportales de las casas donde los lugareños charlan entre sí, esas mujeres retraídas de Castilla que solo se ven en la tardes, o las gallegas que chamarilean en las ferias, cortan con tijeronas el pulpo y pasean desenvueltas al anochecer por las calles de sus pueblos, la conversación con los cabreros y pastores, el diálogo con secretarios y próceres de las villas que aporten conocimiento del camino de Santiago, las muchísimas tabernas, bares y fondas que son el descanso y la renovación del peregrino, son, en definitiva, esas pequeñas cosas menudas que forman la verdadera historia de un peregrino.

      Otra cuestión reseñable es el excelente equilibrio que hay entre los diferentes elementos narrativos, manejados con destreza. La descripción de pueblos y paisajes deja a paso a diálogos improvisados y naturales entre el narrador y mozas, pastores, sacerdotes, letrados, enfermos que, a su vez, se mezclan con cavilaciones y reflexiones del propio narrador sobre todo lo imaginable. Este admirable mosaico refuerza el libro como un buen relato odepórico.

       Dos aspectos importantes deben sumarse, el humor y el estilo. Resulta indudable el buen humor, a veces socarrón y crítico, nunca corrosivo, que las páginas del libro dejan como un necesario condimento. Concretamente, debe recordarse el altercado sucedido en Nájera con la dueña de la pensión, que deja en la calle al narrador por llegar tarde a casa después de haber estado en las fiestas de un pueblo vecino; o recuérdese el viaje en moto que realiza a la grupa con el propietario para evitar a los maleantes escondidos en los Montes de Oca, en búsqueda y captura de la guardia civil por atraco a un Banco de Burgos. Un humor directo o sutil, que complace la lectura del libro.

     En cuanto al estilo o voz narrativa es llamativo el hecho de que el escritor viaja acompañado de un libro y un autor, España, del maestro Azorín. Ya se ha dicho el gusto del escritor madrileño por lo pequeño, la atención por la anécdota para deducir enseñanzas éticas; pero es que además la frase se recorta, la extensión del período sintáctico se reduce, creando así una manera de escribir directa, clara, precisa, que explica todo con perfecta transparencia.Y si fuera aún poco, la riqueza léxica es enorme. Sobre todo, el apego del escritor al medio rural determina el uso de las voces más populares, arcaicas incluso, que quedan fuera del registro común, como es el caso de vocablos como alcorzar, ragajo, muga, cubillamiento, altamías, albear e innumerables más. Es obvio que Azorín no solo viaja en el zurrón sino también en el pesquis del escritor.

     Auténtico relato de viajes que el peregrino no debe perderse.