Luis Carandell. El Camino de Santiago y Ultreia.

 

          Luis Carandell nace en Barcelona en 1929. Cuando estalla la guerra civil en 1936 la familia viajó a Francia para volver nuevamente a la capital catalana, finalizada la contienda. Instalado en Madrid en 1947, cursa la carrera de Derecho, aunque no ejercerá nunca la abogacía porque orienta sus pasos hacia el periodismo y la escritura. De esta manera en la fecha de 1952 se bautiza como periodista en las columnas de “El Correo Catalán”. ES corresponsal de prensa en muchas ciudades del mundo, algunas tan importantes como Japón o Estados Unidos. Pero aquella experiencia cosmopolita, probablemente necesaria, la trocó por brillantes colaboraciones en revistas de gran importancia en la España de la transición política, como “Cuadernos para el diálogo”, “Triunfo” o “Hermano lobo”. En todas, Luis Carandell se muestra crítico y sarcástico con la realidad social, sin dejar de exhibir un humor inteligente, tan propio de su personalidad. Pero a pesar de los méritos mentados, es sobretodo valorado como un excelente cronista parlamentario, que ejerció el periodismo a diario en la prensa y en los programas informativos de TVE durante los años 1982 a 1987. Esa labor ha sido reconocida por el Senado que creó el Premio “Luis Carandell de Periodismo Parlamentario”. Viene a morir en Madrid en 2002 y sus cenizas depositadas en el bello pueblo alcarreño de Atienza, al que estaba muy unido pues allí pasaba muchas jornadas con su mujer e hijas en los días de asueto. Publicó dos libros de tema jacobeo, El Camino de Santiago, obra colectiva,y Ultreia, ambos en 1998.

     carandell1      

        El Camino de Santiago es un libro híbrido. Es por un lado un maravilloso álbum de fotografías de Xurso Lobato y, por otro, un breve pero atinado texto sobre cuestiones relevantes de arte y génesis del Camino, firmado por los ilustres catedráticos Fernando López Alsina y Serafín Moralejo, además del periodista y escritor Luis Carandell.

       Más de cien fotografías recogen lugares y rincones emblemáticos del Camino, entrevistos con la mirada profunda e íntima del retratista Xurso. Son fotos tomadas a lo largo de todas las estaciones, donde se aprecian los paisajes nevados de las montañas, los claroscuros de los claustros e iglesias románicas, los atardeceres sombríos de los pueblos o las figuras de los peregrinos caminando incansables hacia su destino. De entre ellas, es especialmente evocadora la imagen de la anciana de O Cebreiro, de pequeña estatura, brazos caídos, cargada de una bolsa y bolso en la mano izquierda, y tapada la cabeza con una cofia o mantilla. Unos chanclos, medias negras y una sencilla chaquetilla de lana, la protegen del frío que se percibe en la campera. Y por el fondo, en medio de la seda gris de la niebla, las paredes de la iglesia románica de Sta. María aparecen desdibujadas como testigos silentes de la figura humana.

      Original resulta la colaboración de Carandell en este libro. Relata un viaje por el Camino en el que registra retazos de la historia, leyendas y personajes famosos o anónimos, haciéndose acompañar de Jose Mª Yagües, que introduce comentarios artísticos ponderables, y de Aymeric Picaud, clérigo que vivió en el siglo XII y artífice de una buena parte del Códice Calixtino. Particularmente gracioso es el retrato que nos deja de Picaud, a quien se refiere como un hedonista, amante del buen yantar y beber, y al que impele a matizar sus sarcasmos sobre los navarros, desdiciéndose en parte de las rigurosas críticas vertidas mil años atrás.

ultreia1

       Ultreia no es propiamente un libro de viajes escrito por un peregrino, sino por un turista que recorre el Camino en vehículo particular. El relato se inicia en el Camino Aragonés y Navarro y, confluyentes en Puente la Reina, acaba en Santiago y Finisterre. Desde una perspectiva agnóstica, en mi opinión, a la vez que humorística y desenfadada, Carandell cuenta los sucesos históricos principales que identifican los principales lugares, los abundantes milagros que suceden sorprendentemente en cualquier rincón o abrigo del sendero y las leyendas que se transmiten oralmente de generación en generación. Probablemente la virtud principal no sea la transmisión de unos contenidos ya repetidos por la literatura jacobea, sino el modo y la forma de escribirlos, su innegable y señero estilo. Pertrechado de un lenguaje periodístico directo, sencillo, a la vez que riguroso, las historias discurren rápidas y ágiles sin que pierdan nunca el interés ni la emoción. Todo lo que cuenta, en definitiva, lo hace entretenido, chusco, ameno e interesante, revelándose como un magnífico narrador de historias.

      Tiene además el escritor la virtud de documentarse y manejar muchas fuentes bibliográficas. Todo lo cual cristaliza en un atractivo libro de viajes, escrito por un turista motorizado.