Juan Carlos Estébanez y Avi. El Camino de Santiago.

estebanez

           Juan Carlos Estébanez nace en 1962 en Burgos y fallece a la edad temprana de cuarenta y siete años como consecuencia de una larga enfermedad. Licenciado en Filología Hispánica, se doctora posteriormente con una tesis sobre la carrera literaria de Mª Teresa León, texto de necesaria lectura para los especialistas de esta silenciada pero inteligente escritora. Despliega la triple labor de investigador de diferentes temas de la Historia de la Literatura Española, de docente en un colegio de su ciudad natal y en la Universidad de Burgos, y de escritor, poniendo especial atención en la literatura infantil y juvenil. En este contexto publica un libro de pictogramas sobre la catedral burgalesa, al que sigue un segundo, objeto del presente comentario, titulado El camino de Santiago, año 2009, coincidente con su desgraciado óbito.

       Avi es el seudónimo de Pilar Giménez Avilés, madrileña nacida en 1962, que ha ilustrado el libro de Estébanez con indudable acierto y gracia. Se licencia en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y, tras trabajar los primeros años como profesora de Educación Secundaria, abandona la tarea docente para realizar trabajos de diseño e ilustración en la editorial SM. Desde 1994 emprende la carrera en solitario como ilustradora de libros infantiles, donde dice encontrarse muy a gusto y satisfecha.

         El libro es el resultado de la labor conjunta del escritor y la ilustradora, que aportan por mitad  su especialidad o virtud. Estébanez redacta un texto romanceado en que el peregrino Lucas, un personaje aventurero, acompañado del fiel can Rufo, realiza el Camino de Santiago desde Roncesvalles a la ciudad del Apóstol. Avi, por otro lado, recrea mediante dibujos de trazo infantil paisajes, monumentos y pueblos de la ruta, además de recoger los pictogramas-iconos representativos de la realidad aludida-, ilustrando de esta manera la letra escrita de un modo delicado y hermoso.

          El texto es un romance-serie indefinida de versos octosílabos con rima asonante en los pares-que reproduce lo que a juicio del autor resulta esencial en la ruta jacobea: en Roncesvalles el peregrino recibe la bendición del abad ; aún en tierras navarras corren airosas las leyendas- se sobreentienden sobre todo las de tema carolingio-; en Sto. Domingo de la Calzada se cuenta el milagro de la gallina, que recobra la vida después de asada, de la misma manera que el joven extranjero ahorcado está vivo por intervención de Santiago; Burgos es la ciudad castellana que exhibe con orgullo la catedral más espléndida del camino, junto a la De Santiago y León. Allí también el peregrino limpia sus pies en el Hospital del Rey, ciudad abundosa de hospitales en el medievo; por tierras de Campos ya los rebaños pacen, ya el trigo se extiende por llanuras lisas e interminables, ya los palomares se enseñorean solitarios en medio de la meseta paramera;  a León las cigüeñas acuden para colocar los nidos cerca de la catedral; y antes de ganar la ciudad de Santiago, Lucas pasa por el alto de O Cebreiro, la Cruz do ferro, Ponferrada, y el Monde do Gozo, desde donde se avistan las torres de la Catedral. Y ya en el exterior del recinto, junto al Pórtico de la Gloria, el peregrino realiza los rituales acostumbrados. Tal es la toponimia y hechos que el autor selecciona para contar su relato.

        Este libro, de valores plásticos notables, es sin duda una apuesta de los autores por esta forma de expresión tan singular y novedosa, además de una obra experimental, que intenta “vulgarizar” o popularizar en el ámbito más infantil el hecho de la peregrinación a Santiago de Compostela, siguiendo los pasos del camino francés. Es, cuando menos, un producto editorial original.