José Mª Tomé López. Andando en solitario por la ruta Jacobea a Santiago de Compostela.

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       José Mª Tomé nació en Burlada, provincia de Navarra, justo en un domicilio situado a la orilla del camino de Santiago. Pudo ser que este suceso casual haya influido en la decisión del escritor de ser un día peregrino. Estudiante de bachillerato en Pamplona, opta por la carrera militar y la concluye, pasando por diferentes destinos y cargos, hasta su retiro y jubilación definitiva. Le ha gustado viajar, sobre todo, en la madurez, que es cuando el imaginario está mejor aparejado para asimilar el entorno, y así se desplaza por tres veces a Angola, que le sorprende por su rápida recomposición tras la cruenta guerra civil. De estas experiencias brota el libro Impresiones, vivencias y recuerdos de un jubilado-retirado, si bien sus sentires jacobeos quedan sellados en el correspondiente Andando en solitario por la ruta Jacobea a Santiago de Compostela, publicado en 1989. La idea de realizar el camino mana de su estancia como militar en Burgos, pero es leyendo un artículo de un compañero coronel, Miguel Ángel Olondriz, como cuaja aquella idea.

      El cuajo se inicia en Valcarlos, un 18 de julio de 1987, y concluye en Santiago en la madrugada del 9 de agosto, a las 1,30 horas, cuando las estrellas titilan sobre la ciudad, aunque llega a Finisterre ese mismo día por la tarde, acompañado por su familia en vehículo. Resultan excepcionales ambos acontecimientos: el trayecto lo realiza en tan solo veinte jornadas y, por otro lado, pisa el barrio de San Lázaro, aledaño al casco viejo compostelano, casi pasada la medianoche, inusual aunque hermoso, entre las costumbres peregrinas. Todo ello lo encuadra el escritor en doce capítulos, un prólogo y un epílogo. Acompaña al libro bellas fotografías de paisajes, espadañas, mojones, puentes, pueblos, que ilustran el cuerpo escrito.

       Los capítulos se suceden con rapidez, pero suficientemente sustanciosos por la información variada que aportan. Además de la narración de hechos y aconteceres del protagonista a lo largo de la ruta, no faltan breves pero interesantes apuntes históricos al paso de ciudades o villas monumentales como Burgos, Castrojeriz, Carrión de los Condes o León, por ejemplo. Y del mismo modo no tienen desperdicio las reflexiones sobre asuntos tan dispares como la necesidad de priorizar, a juicio del autor, el estudio de las lenguas internacionales por su valor práctico, frente a las vernáculas e incluso clásicas; otras veces trae a colación las ventajas humanas de la vida rural, destacando sobre todo el lado hospitalario de las buenas y sencillas gentes que viven en los pueblos jacobeos; o, cautivado por las soledades que regala el camino junto a las bellezas naturales y paisajísticas, el escritor medita sobre la necesidad de que el hombre moderno abandone por instantes el bullicio de la vida urbana y busque el silencio en otros lugares, que le permita recrearse consigo y descubrir los grandes valores de la existencia.

       Jose Mª Tomé, durante el transcurso del viaje, agradece la cercanía y generosidad de muchas personas con quienes tropieza, pero tiene palabras especialmente amables para personajes que fueron ya en la época de los ochenta verdaderos iconos por su dedicación en la tarea de forjar el Camino de Santiago, abandonado durante los milenios últimos. Personajes como el canónigo hospitalero de Roncesvalles, D. Javier Navarro; D. Santos Beguiristain, promotor en la localidad navarra de Obanos de la escenificación del misterio de Guillermo de Aquitania y de su hermana Felicia; D. Francisco Beruete, presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Estella, la primera creada en España; D. José Mª Alonso, sacerdote de San Juan de Ortega y padre de las mejores sopas de ajo del Camino; y D. Elías Valiña, artífice central de la recuperación del camino.Con todos compartió pan y verbo.

      En el epílogo hace balance del viaje en su integridad: el equipo ideal de marcha, la delimitación kilométrica de las jornadas, gastos y vituallas, las ventajas del caminar en solitario, climatología y orografía etc. Concluye sinceramente que uno de los lugares que más le agradó fue O Cebreiro pues a la grandeza del paisaje se unió la charla enjundiosa con su párroco, una vez más D. Elías.

      Libro útil, práctico, incluso en el estilo pues el autor va directamente a la harina del trigo, evitando círculos retóricos, que sobretodo testimonia el peregrinaje de un hombre enamorado del Camino de Santiago y que, convencido, trata de acercar a otros a la experiencia del caminante.