José Luis Herrera. La hechura del Camino de Santiago.

               jose luis herrera   Jose Luis Herrera Fies nació en el vallisoletano pueblo de Nava del Rey, en 1928. Estudió Filosofía en la Universidad de Madrid, pero su vida profesional estuvo siempre ligada al periodismo, las editoriales y la escritura de libros en general.  Durante la transición política española publicó artículos de opinión y fue colaborador habitual en los diarios Informaciones y Sábado Gráfico. Dirigió Ediciones Guadarrama y la Editorial Prensa Española. La publicación de una de las primeras biografías de Sofía de Grecia y Dinamarca, le dio al escritor aún mayor reconocimiento popular. Contando 57 años decidió echarse al camino para recorrer la ruta jacobea, al término de cuya peregrinación escribió probablemente una de las mejores crónicas viajeras, titulada La hechura del Camino de Santiago, año de publicación 1986. Conocedor de las carencias de orientación que padecía el peregrino a la sazón, publicó asimismo un valioso Atlas del Camino de Santiago, para guía del viajero.

         Tiene el libro unos componentes que lo hacen diferente, además naturalmente del contenido propio. Por un lado, se abre y se cierra, a modo de prólogo y epílogo, con unas letras biendichas de los escritores Pedro Laín Entralgo y Gonzalo Torrente Ballester respectivamente, que ensalzan la vivaz prosa del escritor y el ánimo que le embarga para afrontar una caminata tan inusual como atrayente en la década de los años ochenta. Además, la obra acoge en la parte última una serie de consejos útiles para la mejora del camino y el autor plantea el diseño de un mapa que favorezca la conducción por los pagos imprecisos todavía en esa época. Por fin, hay un balcón fotográfico en blanco y negro de inusitada belleza, campos pedregosos, angostos y polvorientos carretiles, sillares dispuestos en las iglesias, hiladas de álamos, aguas rizadas de lagunas, ladrillos mudéjares de edificios, en definitiva, una preciosa mirada gráfica con que el autor completa el libro.

          Herrera comienza la andadura un sábado, 30 de junio, del año de Jesucristo 1985, en San Juan, y culmina aquella un domingo, 5 de agosto, en Santiago con muchísima naturalidad, pero a la vez con sentida y controlada emoción. Se hace acompañar de su propio coche como necesaria intendencia por si tuviese que recogerlo, víctima del cansancio, o llevarle a pernoctar a otros lugares de la ruta pues por entonces no existía la red abundante de hospederías y albergues de la actualidad. Pero, llega a su lugar de destino sin que el automóvil intervenga lo más mínimo.

         Se trata sobre todo de un libro literario. Parte el autor de la descripción e impresiones de los lugares por donde pasa, pero ya desde el principio la vena literaria se suelta a borbotones sin que nada la detenga. Resulta el diálogo con los campesinos, pastores-el pastor de Rabé- y hombres de la tierra- la anciana de noventa y seis años en Hontanas- fluido y enriquecedor no solo por el fondo sabio, sino por la reproducción del habla coloquial y doméstico. Combina armoniosamente el ritmo narrativo con las conversaciones, e introduce adecuadamente largos fragmentos reflexivos a modo de monólogos, que ponen de manifiesto las ideas e impresiones que el autor tiene acerca de asuntos suscitados al borde del camino. En una palabra, sintetiza con el acierto de un excelente contador todos los elementos constituyentes del género, a saber, la narración de los hechos, la descripción de paisajes y personajes y el diálogo.

      Con todo, el valor más loable es la riqueza y variedad léxica. Emboscarse en el texto narrativo del escritor supone el hallazgo de muchísimos vocablos sorprendentes, como sacados de las sombras del diccionario. Toda una galería de cultismos, arcaísmos, latinismos, galleguismos, asturianismos, galicismos, desfilan por las páginas, como son, a manera de ejemplo, “el caz”,” hienda”,” azumbre”,” liendo”,”conmilitón” etc. Abunda en localismos léxicos a punto de extinguirse, como es el caso de “corechear”, “azuela”, “párdalos” o “pajoleras”.Pero no se detiene ahí, sino que aún se atreve a inventarse palabras con la lógica gramatical,como“cristobita”,”vendelotodo”,”turoperada”,”eslipes” etc.

      Con Jose Luis Herrera, la crónica del Camino de Santiago adquiere por mérito propio la calidad o el marchamo de alta literatura, susceptible de ocupar un lugar emblemático en las estanterías jacobeas.