Jose Luis Muñoyerro y Jose Luis Azcárraga. Vascos sobre el fuego y Camino de Santiago.

pasos sobre el fuego           Ambos autores, de origen vasco, escriben unas obras sobre el Camino de Santiago que se podrían clasificar como libros místico-religioso-políticos. No son los únicos, aunque tienen la peculiaridad de haberse escrito inmediatamente después del desastre de la guerra española de 1936. Ocurre, por otro lado, que uno de los modos principales de rehuir la angustiosa realidad de posguerra fue buscar el camino de la evasión religiosa.

          JOSÉ LUIS MUÑOYERRO QUESADA nació en Bilbao en 1925. Estudió Ciencias de la Información y trabajó como periodista y escritor. Fue colaborador de la Gaceta del Norte y de El Correo Español-El Pueblo Vasco. Escribió Vascos sobre el fuego, al que sigue el subtítulo de Once peregrinos vascos a Compostela, publicado en 1965.

       Vascos sobre el fuego no es un relato de viajes común, descriptivo de lugares y sucesos vividos, sino una acumulación de impresiones y sensaciones, apoyados en un fondo inopinadamente nacional-católico, que acaecen como consecuencia del viaje que once peregrinos, incluido el autor, realizan a Santiago en junio de 1954, después de haber oído misa y comulgado en la Basílica de Nuestra Señora de Begoña de Bilbao. El lector desconoce los pueblos y ciudades por las que atraviesan los peregrinos, pues solo se hallan referencias a los páramos deshabitados de León y a sus montes y serrijones cerrando el horizonte, la cruz de Foncebadón a donde se arrojan las piedras, el abandonado priorato benedictino de O Cebreiro donde se recuerda el milagro de la transustanciación del agua y del vino, los mineros agraviados de Porquera, y pocos detalles más. El conjunto del texto lo forman, pues, las ocurrencias líricas del escritor, repartidas en 41 breves capítulos.

         Pero lo que se presumían recortadas exposiciones espirituales a partir de los inicios titulados “Luz”, la única luz verdadera es la del cielo, “Tierra, maravillosa creación, “Calor”, el desierto calcinado dará paso a lugares fecundos, que dice la Biblia, “Los árboles”, símbolos de voluntad, “La Fuente”, agua que sacia la sed como Cristo, etc. se convierten poco a poco en estampas desoladoras que desnudan la trágica realidad de la España de antaño, probablemente sin quererlo el propio escritor. “Los Chiquillos” maltratan a un perro enfermo a orillas de un río sucio sin ninguna piedad, en “La Ternera” se sangra con un cuchillo a un animal que muge de dolor hasta caerse muerto, “La Taberna” es un ridículo esperpento de los tabernarios, el jugador empedernido, el borracho de plantilla, el viejecito con chaleco de pana aburrido, en “El Diablo” se intuye la superstición de un pueblo inculto etc. El último capítulo, “Te buscaré”, es el alma el que busca otro Alma superior con quien juntarse, de claras resonancias místico- castellanas.

     Estilo que puede caracterizarse de “prosa poética”, elaborado mediante acumulación de epítetos e imágenes, entonaciones exclamativas e interrogativas, a medio camino entre la poesía y la prosa.

    AzcárragaJOSÉ LUIS DE AZCÁRRAGA BUSTAMENTE nació en Vitoria en 1918 y murió en Santiago de Compostela en 1985. Estudió Derecho en Valladolid y Santiago, doctorándose en la Universidad de Madrid. Ejerció de jurista militar y desempeñó cargos como Gobernador Civil de Cáceres, Presidente del Sindicato de la Marina Mercante y Profesor de la Escuela Naval de Marín. El libro jacobeo se titula Camino de Santiago. Peregrinaje lírico hacia Compostela, publicado en 1976, aunque escrito en la transición de los años 1943 y 1944.

    Se articula en cuatro “Jornadas”, buscando el símil con los días de andadura del peregrino. Las dos primeras tratan del origen y la figura del Apóstol, entrevisto como mejor discípulo de Jesús, y al que el escritor adorna con toda clase de epítetos y laudes, por ejemplo, “¡Capitán del Escuadrón de los Cielos!”. Resulta reseñable la reivindicación de Santiago como matarife de infieles que han suplido la Cruz Cristiana por la Media Luna del Islam, haciéndole intervenir milagrosamente en las batallas de Clavijo y Simancas. Es, por lo tanto, la visión de Santiago Matamoros la que se ofrece como centro temático del libro. Las otras dos partes cuentan las experiencias del escritor como peregrino, que recorre el camino Francés, aunque apenas hay señalamientos toponímicos de la ruta. Llega por fin a Compostela, la “Ciudad de Dios”, para rezar al Apóstol y manifestarle su fidelidad inquebrantable. Resulta Compostela, según el autor, el más firme bastión de la espiritualidad universal, puesto que Jerusalén y Roma han devenido en un triste ocaso religioso. Y Santiago, el defensor a ultranza de los valores cristianos. Por último, el escritor no se resiste a hacer referencias sobre la última contienda española en términos como “¡Alabanza y salve para aquellos gloriosos y heroicos escolares que se alzaron contra el Oprobio, con la espada de Franco, allá por los calores del 1936!”, la voz del bando vencedor.

     Libro de estilo arrebatado, retórico, abundoso en exclamaciones e imágenes, que testimonia la particular y legítima interpretación que hace el autor del suceso jacobeo en el contexto desgarrador de la década de los años cuarenta. Los vencidos, fuera del solar patrio o perseguidos, no pudieron alzar su voz como Jose  Luis Azcárraga.