José Antono Vizcaíno. De Roncesvalles a Compostela.

  De roncesvalles a compostela

    Se ha intentado por todos los medios recabar información biográfica sobre JOSÉ ANTONIO GARCÍA VIZCAINO, pero todo intento ha resultado inútil. No obstante, es verdad que los escritos son la mejor seña de identidad de sus autores, así que procédase a desentrañar el libro de José Antonio, de título De Roncesvalles a Compostela, que dicho sea de paso, puede calificarse de verdadera y extraordinaria crónica de viajes.

    En el prólogo el autor se justifica de posibles críticas y sale al paso de las futuribles murmuraciones hirientes aclarando que la intención es la escritura de un libro de viajes que cuente las andanzas, aventuras, sentires y desventuras y en el que prime sobretodo el relato de la experiencia in itinere. Y en efecto, el autor se echa al camino a principios de enero de 1965 en la localidad francesa de San Juan de Pie de Puerto y lo concluye días después, no se sabe cuántos, en Santiago de Compostela, después de haber trillado los hitos, pueblos, villas, ciudades y aldeas que forman el Camino Francés, acaso el más auténtico, seguramente el más frecuentado, como dice el mismo escritor. El trayecto lo realiza principalmente a pie, pero no duda en utilizar un carruaje tirado de yuntas, un autobús que no va nadie como el de Berceo a San Millán de la Cogolla, un coche desde Santo Domingo de la Calzada a Burgos, acompañado de dos periodistas o una camiona de laboriosos gitanos, que charlotean el caló con una gracia incomparable, según se presenten las ocasiones.

    El peregrino deja caer la mirada sobre todo lo que le va rodeando y acompañando, paisajes, caseríos, montes y cielos, y sobretodo, personas. Puede afirmarse sin duda que Vizcaino amalgama armónicamente cada uno de los elementos del texto narrativo: la narración discurre alegre y feliz, sin que el relato llegue nunca a cansar al lector; pero es la descripción de los personajes con que tropieza y el vivo registro de los diálogos, en lo que el escritor descuella singularmente. Por las páginas del libro pasan una galería de seres humanos, dignos de la comedia humana, que provocan risa, compasión, tristeza o admiración. Camina en Pamplona con Mari Blanca, que le despierta la primavera en el pecho; conoce a Beruete, el joven aventurero; comparte una partida de mus con varios jugadores en Viana; acompaña al cobrador y el chofer en San Millán o Piedrafita; caricaturiza a Don Barrigón, perfumista; sonsaca la parte autoritaria de Dña. Soledad, la patrona de una casa de huéspedes en Burgos; o ausculta el estado más puro de una familia de gitanos, graciosa donde las haya. etc. Y siempre la pintura de sus personajes es cercana, amable, certera, socarrona e irónica esporádicamente, aunque el valor mayor es la ternura con que se acerca a cada uno de ellos. Los diálogos los utiliza con la maestría de un gran escritor, se suceden espontáneos, vivificantes, y dándoles el decoro propio, es decir, permite que cada personaje hable según su clase y condición social. Vizcaino se olvida en más de una ocasión de que está haciendo un libro viajero y deja correr venturosamente la imaginación como si escribiera una novela. Tal es el caso del capítulo dedicado a “El Cebrero: jaque a los descreídos”, en que, después de algunas pinceladas sobre esta localidad e historia sumaria, se despierta con el alborozo de unos cómicos que aparecen para entretener las soledades del pueblo. Retrata con garbo y vigor el cuadro escénico de los comediantes.

     No acaban ahí los valores de este estupendo libro. Si escribe lo que ve, no puede olvidarse de lo que está ausente pero se percibe, la historia de los pueblos y el acervo patrimonial, tan enjundioso como abundante. Puente la Reina, Nájera o San Millán de la Cogolla, constituyen varios ejemplos de lo que se dice, y en que el presente y el pasado se funden para regalar al lector el dibujo completo del camino.

      Es un relato bien escrito, ágil y culto a la vez, riquísimo de lexicografía, tachonado de coloquialismos (“pegar la hebra”, “que si quieres arroza Catalina”, “no hay más cáscaras”, “cria buena fama y échate a dormir”…) y refranes (“allá donde fueres haz lo que vieres”…), por donde asoma la figura de un bue escritor, del que se conoce al final que realiza el viaje motivado por la fe profunda, pero invisible, que anida en su corazón. Se reproducen las últimas frases del libro por su sencillez, sinceridad y emotividad: La humanidad camina hacia Ti, en peregrinación, por el camino de la virtud…Porque Tú, Señor, creaste al hombre y él supo crear belleza en honor tuyo.