Peregrinos cronistas (III).

     Villarroel_portada_peregrinacion-5ce43[1]    En el año 1532 el suizo Andrew Boord (1490-1549) viajó a Santiago de Compostela con más pena que gloria pues de su experiencia se deduce que no le gustó nada, ni los imponderables de la ruta ni la ciudad santiaguina. En consecuencia aconseja a los posibles peregrinos que tomen el destino de Roma o Jerusalén y se olviden de Santiago. De espíritu aventurero visitó casi todos los países de Europa, excepto Rusia y Turquía. Ambrosio de Morales (1523-1591) no fue un peregrino en sentido estricto, pero sí el cronista real de Felipe II que aporta datos culturales y étnicos muy importantes del noroeste de España en el  Viaje a los reinos de León, Galicia y Asturias, año 1572. Sobre todo hace un estudio pormenorizado de la ciudad y catedral de Santiago y, como anécdota, recomienda al arzobispo catedralicio que se deshaga del Liber Sancti Jacobi de Picaud por ser sórdido y feo, según palabras del cronista.

     José Bernardo de Aldrete (1565-1645) fue un gramático y canónigo de la catedral de Córdoba del siglo XVI, que compitió en conocimientos y sabiduría con el mismísimo Antonio de Nebrija, a pesar de la mayor influencia de este último en la propagación del Renacimiento español. Se le atribuye la autoría de un  manuscrito anónimo conservado en el archivo de la catedral de Granada del año 1612, que relata el viaje de un peregrino desde Córdoba a Santiago, siguiendo el Camino Mozárabe. El viaje discurre entre el 26 de enero y el 27 de febrero del año citado. Debe subrayarse, sin embargo, que la autoría no está ciertamente probada. Domenico Laffi (1636-1691) fue un sacerdote de Bolonia que peregrinó por tres veces a Santiago en los años 1666, 1670 y 1673. De resultas escribió el libro titulado Un viaje a Poniente, que adquirió  rápida difusión. A Laffi le gustaba curiosear los viejos pueblos y aldeas del camino y dejó de este modo un documento valioso de las costumbres, folklore, lugares, y monumentos que jalonan la ruta jacobea, incluso algunos ya desaparecidos. Actualmente el albergue de El Burgo de Ranero lleva su nombre.

     Se cierra esta apretada gavilla de trigo peregrino con la figura de Diego de Torres Villarroel (1694-1770), curioso y especial personaje que llegó a ocupar una cátedra de Matemáticas en la Universidad de Salamanca, según él, sabiendo muy poco. En el año 1738 se publicó Viaje de Torres a Santiago, atípico relato en verso, escrito en cuartetas en el que cuenta su experiencia de peregrinaje desde Salamanca a Santiago en un tono jocoso e irónico. Dice: Con mi bordón en la mano,/…a caminar empecé/y no por la vía Láctea/…sino por donde juzgué,/que algún camino llevaba. Y después de muchas rimas acaba casi con un A Santiago en fin llegué.

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