Otros apuntes del Camino Francés (III).

        Es contumaz el autor del Códice Calixtino en proveer abundante información sobre las condiciones materiales del Camino.

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        En tal sentido escribe una relación de ríos de aguas aptas para el consumo humano y de otros que provocan la muerte de las cabalgaduras y de sus amos, si se arriesgan a beberlas. Son ríos letales, dice, los situados entre Estella y Logroño, mientras que los castellanos de Tierra de Campos(el Pisuerga, el Carrión, el Cea, el Esla etc.) y los gallegos (el Miño) tienen agua dulce y sana. Su relato, vivo y animoso, está incluso salpicado de cierta truculencia como en el fragmento siguiente:”Por el lugar llamado Lorca (Navarra), por la zona oriental, discurre el río llamado Salado: ¡cuidado con beber en él ni tú ni tu caballo pues es un río mortífero. Camino de Santiago, sentados a su orilla, encontramos a dos navarros afilando los cuchillos con los que solían desollar a las caballerías de los peregrinos que habían bebido de aquel agua y morían”. Otras veces la delicadeza de los detalles dan un tono gracioso al relato: “En un río llamado Labacoya, a dos millas de Santiago, los peregrinos de nacionalidad francesa se quitan la ropa y, por amor al Apóstol, solían lavarse no solo sus partes sino la suciedad de todo el cuerpo”.

       Acerca de la variada gastronomía de Hispania el autor es precavido: “Si en España y en Galicia alguna vez comes un pescado llamado vulgarmente barbo, ten por seguro que muy pronto o te mueres o te pones malo”. Y concluye: “Tanto el pescado como la carne de vaca y de cerdo en España y Galicia producen enfermedades a los extranjeros”.

     Dedica varias páginas a las visitas de santos que el peregrino debe realizar a lo largo del trayecto y cierra el libro o guía del Camino con una descripción rigurosa de la ciudad de Santiago y de la catedral, así como un recuerdo para el Apóstol “pues en esta venerable basílica es tradición que descansa con todos los honores el cuerpo venerado de Santiago”. Nos recuerda, por fin, que “todo el mundo debe recibir con caridad y respeto a los peregrinos, ricos o pobres, pues el que los reciba tendrá como huésped no solo a Santiago, sino también al mismo Señor”.

    Pero dejemos que borbotee libremente el sentir de Aymeric Picaud sobre los pobladores de algunas regiones del norte del siglo XII. No tiene desperdicio.

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