Las antiguas peregrinaciones (II).

peregrinos[1]

    Si la Orden de Cluny alentó la construcción y el aderezamiento del Camino Francés, el arzobispo de Compostela, Don Diego Gelmírez (1069-1140), aportó del lado gallego un importante legado. La ciudad compostelana necesitaba una gran catedral que acogiera las reliquias del Apóstol y a su vez atrajera la atención de los peregrinos. Y era necesario edificar hospederías y monasterios que socorrieran sus necesidades básicas. En ambos casos fue Gelmírez el artífice principal que animó la construcción y finalización de la magna catedral  y la proliferación de las hospederías. Además, cuestión de honor, consigue que el Papado traslade la sede episcopal a Santiago de Compostela con la categoría de sede apostólica. De este modo, la ciudad queda preparada para recibir a peregrinos de todo el mundo cristiano.

      La tercera figura que cimenta el peregrinaje se refiere a los reyes de Castilla, Alfonso VI (1043-1109), y de Navarra, Sancho III El Mayor (985-1035). Aliados de la Orden de Cluny y de Diego Gelmírez, los dos monarcas apoyan el desarrollo del Camino Francés e incluso sufragan  algunos gastos que ocasionan el levantamiento de obras civiles. Bajo sus gobiernos aumenta la seguridad de los peregrinos, cuestión que anima a otros indecisos a emprender sin temor el largo viaje hacia Compostela.

   Y por último, si bien los reyes anteriores dictaron fueros para garantizar la integridad  de los peregrinos, quien de verdad acotó y resolvió parcialmente esta cuestión fue la Orden Militar de Santiago. Constituida en el siglo XII en el Reino de León, estuvo vinculada al ejercicio de la protección de los peregrinos que estaban amenazados en su trayecto por el pillaje de bandidos y malhechores. Resultó además una organización religiosa y civil  compleja que apoyó las luchas de los reinos cristianos contra el Islam. En la actualidad sigue siendo una asociación mixta aprobada legalmente.