La controversia sobre la tumba.

imagesCAOXIUKJprisciliano

Hasta finales del siglo XIX nadie dudaba de que el Apóstol Santiago el Mayor estaba enterrado en el sepulcro hallado en los montes de Iria Flavia. Pero tras la reaparición en 1878 del sepulcro oculto a finales del siglo XVI, se abrió un debate sobre la identidad de los restos hallados. Dos son las posturas antagónicas sobre esta cuestión: Un sector asegura que la tumba contiene las reliquias del apóstol Santiago y el otro defiende que pertenecen al Obispo Prisciliano.

       En cuanto a la primera teoría, el Papa León XIII encarga el estudio de los restos a una Comisión para la Fe, y resuelve el 25 de julio de 1884 que los huesos pertenecen al Apóstol.  Un siglo después, en 1988, el filólogo D. Isidoro Millán González-Pardo y el arqueólogo D. Antonio Blanco Freijeiro, miembros ambos de la Real Academia de la Historia, encuentran una inscripción de finales del siglo I o inicios del siglo II en la que figuran las palabras martyr y Athanasio grabadas en una piedra del mausoleo del Apóstol. La investigación más reciente es llevada a cabo por D. Enrique Alarcón Moreno, catedrático de Metafísica de la Universidad de Navarra, que halla en el sepulcro del Apóstol una inscripción del siglo I que contiene el nombre judío de Jacob, es decir, Santiago. Por último, la declaración que hace la UNESCO en 1993 declarando el Camino de Santiago como Patrimonio Cultural de la Humanidad viene a apoyar indirectamente la tesis mantenida por los autores anteriores.

       Respecto a la segunda postura, el anglicano teólogo Henry Chadwick sostiene en 1976 que el enterrado en la tumba es Prisciliano. Fue éste un obispo gallego que defendió ardorosamente la vivencia de la pobreza y austeridad de la Iglesia y el ejercicio sacerdotal de las mujeres. Tuvo por eso extraordinario seguimiento en  Galicia, llegando el priscilianismo a ser una creencia popular arraigada. Murió acusado de hereje y decapitado en el año 385 en Treveris, Alemania, en un juicio promovido por la propia Iglesia. Según Chadwick, Galicia solo fue cristianizada por las ideas ascéticas de Prisciliano, lo que provocó que sus discípulos lo trasladaran una vez degollado y lo enterraran en la tumba en cuestión. Esta idea fue refrendada por la investigadora norteamericana Tracy Saunders. De la misma opinión son Claudio Sánchez Albornoz, Fernando Sánchez Dragó o Ramón Chao. Sin embargo, el medievalista Francisco Javier Fernández Conde, experto estudioso de Prisciliano, guarda el más discreto silencio sobre el devenir de la tumba.

        Corresponde, ahora, aunque prematuramente, contar el caso de la simbología del Camino. No obstante, me detengo aquí porque el viento trae hasta mí los acordes delicados de un violín que suena cada vez más cerca.

Anuncios