El Camino Francés actual. Una insignificante reflexión.

WisconsinScenery[1]          Sobre el Camino Francés, en mi opinión, ya se dicho lo más elemental para quien busque información básica sobre este aspecto. No obstante, debe añadirse que el camino actual es una réplica del antiguo tal como se nos describe en los capítulos anteriores pues el trazado se realiza en el siglo IX y posteriores y así se ha mantenido hasta el presente con las lógicas variaciones y mejoras que ha traído la modernidad. Recorre 750 Km. desde Roncesvalles y 822 Km. si se toma la salida a partir de Somport para seguir la vía aragonesa, y se aconseja dividir la ruta en treinta etapas. Los servicios de albergues y avituallamientos son buenos, si bien el coste de las comidas está por encima de las disponibilidades medias del peregrino. El acervo cultural del Camino es uno de los más importantes del mundo, lo que es razón suficiente para que le dediquemos una sección de varios capítulos. Durante los últimos veinticinco años el número de peregrinos ha ido en aumento, llegándose a contar un total de 272. 135 en  el Año Santo de 2012.         .

Pero, surge una reflexión que como el tintineo argentino de una campana me ha perseguido durante el tiempo de peregrinación.

Una vez echado pie a tierra observaba con atención los paisajes siempre diferentes de tierras adentro, hollaba los senderos pardos, bebía de las fuentes claras y me cobijaba un cielo rasgado de nubajes. En ese contexto percibía que el paisaje plano, de suaves ondulaciones, fue durante siglos entrevisto por un tropel de peregrinos antes que yo, que las lajas o piedrecillas del sendero antes que a mi golpearon otros pies milenarios, que los chorros manantes de agua fresca y cristalina regaron antes que a mi otras bocas sedientas y que la luz repartida a raudales por un límpido cielo iluminó a millones de caminantes que nunca conoceré. Y así sentía con deleite que formaba parte de un Pueblo y de una Historia y que arraigaba muy adentro la idea de ser Pueblo y de estar en la Historia. Pueblo es lo que queda después de haber podado lo inútil, nocivo y dañino, es el Valor más elevado que se sedimenta en la base social pero nunca fuera de ella, Pueblo es, en definitiva, la hilera de hombres abocados al trabajo silencioso y al cumplimiento callado de los valores más sublimes; y la verdadera Historia es la que se hace cada instante por ese Pueblo, el relato de las pequeñas cosas que le suceden y que nadie ha de escribir porque es una tarea imposible. En el Camino se siente, en definitiva, la mística o unión humana con quienes nos precedieron secularmente por el hecho mismo de hacer las mismas cosas y se siente ser además un eslabón vigoroso pero frágil en la longeva e interminable cadena de la Historia, y por lo tanto, formar parte de ella. Así soy Pueblo y estoy en la Historia.

Y nada más. Vuelve el silencio tan añorado del Camino. Retornan otra vez  los paisajes policromados de las tierras y campiñas como la paleta del pintor arquea matices de colores que se pierden en la mirada.