Cómo nace el Camino de Santiago.

Art%20Miniatura%20XII%20Teodomiro%20ante%20tumba%20apostol%20Santiago%20Tumbo%20Catedral%20S%20CompostelaCuenta la tradición oral que un ermitaño de nombre Pelayo vio unas luces suspendidas sobre una loma. Durante algunos días este hombre dedicado a la oración en un monte, próximo a Iria Flavia (la actual Padrón), contempló cómo unas luces caían verticales sobre un lomazo verde. Así es que extasiado por las luminarias decidió comunicar este extraño acontecimiento al obispo Teodomiro. Llegaron el obispo y su séquito a este lugar- “Campus Stellae”, Campo de las Estrellas o Compostela- y descubrieron una lápida con los restos de tres cadáveres, uno de los cuales presentaba la insólita imagen de la cabeza recogida bajo el brazo. Corría el año 813. Al lugar acudió raudo el monarca asturiano Alfonso II El Casto y entre todos resolvieron que la tumba hallada correspondía a los cuerpos sepultos de Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo y hermano de Juan el Evangelista, y sus discípulos, Teodoro y Atanasio.

          Cómo llegó hasta allí el santo lo cuenta también la tradición oral de la que se deduce que Santiago fue mandado decapitar por Herodes Agripa I en Jerusalén en el año 44 d.C., y que sus fieles amortajaron el cuerpo del santo para llevarlo en una barcaza a las tierras hispánicas donde años antes había predicado el evangelio. Desafiaron todos los peligros marinos y fondearon en algún puerto natural de la costa galaica. Luego tomaron un carro tirado de bueyes y condujeron el cadáver hasta un promontorio, al abrigo de un bosque llamado Liberum Donum, donde por fin, pudieron descansar los restos mortuorios. Habían transcurrido, pues, siete siglos y medio desde el depósito de Santiago hasta el hallazgo de su descubrimiento.
El suceso tuvo dos consecuencias principales: por un lado, el rey Alfonso II mandó construir una ermita sobre la que se levantó en el año 899 una iglesia prerrománica que será la piedra angular de la futura Catedral de Santiago; y por otro, fue a partir de este año finisecular cuando se propagó a todo el orbe cristiano la noticia de que el Apóstol estaba enterrado en Compostela, iniciándose así un Camino de peregrinos conocido como el Camino de Santiago, en el que realidad y leyenda se juntan en una prodigiosa síntesis. Millones de peregrinos aspiran entonces a ganar las indulgencias que otorga el Apóstol .
-¡Luz, luz! – resuenan los ecos lejanos del anacoreta Pelayo en su edículo de piedra.