Carta para ti. Los Casos

                                                        

          A veces, sin querer, llegamos a determinados sitios sin que nadie nos haya invitado y nos zambullimos en mitad del lío sin pensarlo demasiado. En mi caso fue una ocurrencia repentina y me planté sin apenas preparación ni preparativos en los solares de Burgos para seguir la senda del Camino de Santiago, como quien salta a la grupa de una caballería en plena carrera. Y ya una vez, metidos en harina, no hay más remedio que dejarse llevar porque además el Camino nos arrebata el sentido de manera tal que no puede abandonarse nunca hasta que se cumpla, me imagino, el encuentro con la ciudad de Santiago, o incluso más allá, con lo que los primeros peregrinos del Medievo suponían el final de la tierra- Finis Terrae, Finisterre

          El Camino, no obstante, tiene períodos de gran tránsito en el verano y mayor decaimiento en los meses invernales cuando azota el frío y los copos cubren de blanco los hermosos oteros.  Es muy arriesgado salir en época adversas.  Pero el peregrino, abrigado en casa, imagina las delicias de los paisajes que no ve como el testarudo pescador recuerda las olas del mar batir sobre la quilla del barco.  Así,  yo,  peregrino en casa,  pescador en tierra, también entretengo mi imaginario con algunos “casos”- tal como Lázaro de Tormes–  que quisiera contar a lo largo del invierno  junto al calor del hogar.

         Por eso, titularé este apartado como “Los casos del Camino “  que constituyen, en definitiva,  el relato desenfadado y personal de muchas cuestiones que cualquier peregrino se plantea al caminar.

                                                                       Solo necesito tiempo.