Amor y sexo.

       Que el Camino de Santiago es espejo de la vida resulta un hecho innegable. Los actos, las virtudes y vicios, repercuten obligatoriamente en ese pequeño mundo del camino compostelano. En este caminar se recogen en proporciones parecidas la modestia, la vanidad, la inteligencia, la torpeza, la sensibilidad, el egoísmo, la solidaridad, el trabajo, la pereza, el amor y el desamor. Es, pues, propósito presentar algunos datos curiosos sobre al amor y el sexo en el Camino Jacobeo porque, dígase lo que se diga, ambos elementos existen.

     Téngase en cuenta que el Códice Calixtino insiste reiterada y obsesivamente en la lascivia de algunos pobladores de la península de los que hace una burlona caricatura. Pero avanza aún más en este campo cuando introduce el ejercicio de la prostitución e involucra, indirectamente, al peregrino como partícipe necesario de esa menesterosa actividad. El Libro I, capítulo XVII, del citado libro, dice en tono amenazante: Las criadas de los hospedajes del camino de Santiago que, por motivos vergonzosos y para ganar dinero por instigación del diablo se acercan al lecho de los peregrinos, son completamente dignas de condenación, y a continuación las nombra situándolas en lugares concretos y para las que se piden las penas más despiadadas, incluida la amputación : Las meretrices que, por estos motivos entre Puerto Marín y Palas del Rey , en lugares montuosos, suelen salir al encuentro de los peregrinos, no solo deben ser excomulgadas, sino que además deben ser despojadas, presas y avergonzadas, cortándoles las narices, exponiéndolas a la vergüenza pública. Solas suelen presentarse a solos. De cuántas maneras, hermanos, el demonio tiende sus malvadas redes y abre el antro de perdición a los peregrinos, me causa asco describirlo. Otros documentos más templados repiten el mismo suceso, como es un Reglamento consular de 1205 de Toulouse en el que se habla de profesionales que ofrecen sus servicios públicos al peregrino que no ha tenido contactos sexuales desde hace mucho tiempo. Un relato de un anónimo inglés de 1380 dice que las mujeres llevan sombreros con adornos que parecen mitras, visten mantos a rayas y muchas son de mala vida. El peregrino Jean de Tournai se escandalizaba en 1488 del ambiente de burdel que encuentra en las posadas del camino. Y en 1497 un cronista alemán comenta que muchos peregrinos regresaban de Santiago llevando con ellos la sífilis.

     Actualmente, puede suceder algo parecido. Al margen del discreto ambiente prostibulario que pueda haber, no es extraño escuchar aventuras y andanzas sexuales de peregrinos e incluso confesiones de compañeros que relatan, tras un largo espacio de conversación e intimidad, algún que otro esporádico encuentro amoroso. Cierra este escueto comentario el siguiente anuncio  recogido en un foro de peregrinos y  que es objeto de comentario entre ellos: En Burgos capital, a apenas 50m.de la catedral, doy alojamiento a chicos y chicas con ganas de echar unos polvos en el camino. Anuncio serio, y ante todo buen rollito. Yo, 29 años.

      Amor y sexo no dejan de ser una realidad más del Camino.

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