Carta para Pilar.

 

        ¿Por qué a ti? Porque eres la clave.

        Me he quedado sentado en este poyo de piedra, junto al camino, al lado de un árbol chaparro que me regala su sombra y una fuente que susurra una canción. Ahora solo, en reposo, vuelvo la cabeza y rastreo el horizonte dejado a mis espaldas. Entonces se abre el paisaje rodado ante mi: He escrito en las noches avanzadas, bajo la luz amarilla de el aladino, mientras la mayoría duerme, cuestiones diferentes sobre el Camino de Santiago. Fue primero un recorrido pausado por el fenómeno global del peregrinaje en que se desvelan los orígenes legendarios del camino, el devenir álgido y ceniciento, los itinerarios más habituales repartidos a lo largo y ancho de España y Europa. Luego vino el peregrino, estrella de este asunto,  que atrajo toda mi preocupación y con él viví el gozo, la pena, aventuras y tribulaciones muchas para alcanzar el destino a donde dirige sus pasos desde el principio de su andadura. Con él salí de la aldea entre la algazara de los vecinos, el cura y el alguacil que salieron a despedirnos y con él me reí, sufrí y soñé, que es una manera feliz de vivir aunque dure lo que el sueño tarde en desvanecerse. Y ahora ¿qué más?  El plan estaba trazado y sería en mi opinión importante cuidar o tratar todo el haz maravilloso de luz, denominado Cultura, que la imaginación, la sensibilidad e inteligencia del peregrino han despertado en su recio caminar. El arte, la música, la literatura, la fábula… son la miga de la gran cultura del Camino de Santiago, de gran trascendencia histórica. Pero he llegado cansado a este hito y por eso me he sentado, repito, sobre este tajuelo de piedra gris.

        Ahora apareces tu. Iba a darme un descanso, un paseo solariego, cuando por casualidad hablamos por teléfono y me dices que aprendes con lo que yo voy aprendiendo y contando de este Camino y que te sientes a gusto. Sé que tu vida es difícil en estos momentos y es para mi un orgullo y un honor poder seguir leyéndote al oído este cuento que ya se inventó hace más de mil años. Por eso, déjame solazarme un momento, reponer fuerzas, sentir la frescura de este cristalino chorro de la fuente y ya me voy, con el zurrón pendiente y listo el bordón, a recorrer lo que me queda para así decírtelo palabra a palabra, verso a verso, como tú te mereces. A cambio solo te pido que te cuides mucho. Un  abrazo de tu amigo, Jose.

Peregrinos cronistas (y V).

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     Se citan  a continuación de modo sucinto nombres y obras de peregrinos que han escrito en la última década del siglo XX y primera del XXI. En unos casos son impresiones y huellas que la ruta ha ido dejando y, en otros, son estudios concienzudamente elaborados que revelan facetas diferentes del Camino, sobretodo, las mágicas y esotéricas que ejercen indudable atractivo y fascinación en los lectores.

     Es Juan García Atienza (1930-2011), además de viajero por los rincones más insólitos de la vieja España, un estudioso de las cuestiones más misteriosas del Camino. Su trilogía El Camino de Santiago: La ruta sagrada (1992), Los peregrinos del Camino de Santiago (1993) y Las leyendas del Camino de Santiago (1998) son ya un clásico para quienes gustan de estos temas e incluso para estudiosos de universidades y centros de investigación. La actriz Shirley Maclaine hace una provechosa peregrinación en el año 1994, siendo el resultado la redacción del libro El Camino, un viaje espiritual. En el año 1998 Luis Carandell (1929-2002), brillante cronista parlamentario de la década de los ochenta, publica su libro Ultreia, en que recoge de forma entretenida y con estilo suelto, ameno, anécdotas, leyendas, y otros comentarios. Eso sí, y en honor a la verdad, se plantea hacer el recorrido en coche para llegar pronto a Santiago un 25 de julio. También en automóvil transita Fernando Sánchez Dragó de donde resulta La Historia Mágica del Camino de Santiago (1999), en la línea iniciada porAtienza.

    En el siglo XXI Mariano Fernández Urresti realiza el trayecto en bicicleta y traduce sus  experiencias así como el tratamiento de asuntos esotéricos en Un viaje mágico, el Camino de Santiago, (2004). El camino tampoco pasa desapercibido para el pintor asturiano Alfredo González Sánchez que capta con igual maestría la fragosidad de los Pirineos o la planicie amarilla de tierra de campos en la colección de pinturas Alfredo debuxa o Camiño (2008). Completan esta nómina Una obra peregrina (2009) de Alfonso Biescas , que realizó dieciséis veces el camino, y en una de ellas decidió cambiar la profesión de diseñador por pintor. Por último, la crónica Bueno, me largo, es  otra visión novedosa de un extranjero que visita el Camino, Hape Kerkeling (2009).

     Aunque pueda resultar impropio en este contexto, sin embargo es cierto que el género narrativo no ha podido sustraerse al embrujo del camino. Tal es el caso de Tracy Saunders que aprovecha su novela Peregrinos de la herejía para ponerse del lado de los defensores de la teoría priscilianista en la controversia por la identidad del inquilino de la tumba catedralicia. Y por último, recordar al escritor brasileño Paulo Coelho, autor de El peregrino (1987), en que se propone como apéndice final que cada cual encuentre en esta tierra el sentido de su vida.

Peregrinos cronistas (IV).

                   D. Elías Valiña

IMG_7464[1]      Cuando el camino estaba anegado de zarzas y jarales, entre el silencio y las sombras de la memoria, aparece la figura del gran peregrino que fue Elías Valiña Sampedro (1929-1989). Acerca de él hemos pergeñado ya algunos rasgos, por lo que debemos trazar nuevas pinceladas para avanzar en su conocimiento. Recogemos dos ideas y un hecho.

     Primera, si Aymric Picaud escribió la guía medieval más temprana del Camino de Santiago, difundida y consultada por quienes decidieron realizar la ruta jacobea a lo largo de los siglos, puede afirmarse sin temor a errar que Elías Valiña redactó la primera guía moderna del siglo XX, década de los ochenta, El Camino de Santiago. Guía del peregrino, que sirve para alumbrar con espléndida luz a los caminantes y, simultáneamente, propagar las cualidades, patrimoniales y culturales del camino. Pero hay un nexo de unión entre ambas y es que el párroco de O Cebreiro incorpora como trabazón principal los contenidos hallados en el Códice Calixtino. Es una guía en la que coparticipan otros colaboradores, aunque es Valiña el principal autor. Tras una breve introducción en la que se plantean cuestiones generales de la peregrinación jacobea, sigue paso a paso el Camino en cada una de las regiones y provincias españolas hasta acabar el viaje en Santiago de Compostela, donde se dice: Nuestro esfuerzo, nuestra misión, ha concluido: ¡Conducirte a la Casa del Apóstol! Pero entre el principio y el fin se asiste a una amplísima eclosión de datos: toda la toponimia por donde transcurre, monumentos e iglesias, gastronomía y hospedaje, curiosidades, milagros, leyendas, un mosaico en fin de información variada y pintoresca de gran utilidad. Se añaden además como parte complementaria setenta y tres mapas que conforman una valiosa cartografía. La confección debió sustentarse sin duda en un perfecto conocimiento que el párroco tenía del Camino que nunca se cansó de recorrer.

   La segunda idea se refiere a la doble tarea de propagar por un lado las virtudes del camino en toda Europa, aprovechando conferencias en universidades y otros foros, encuentros de estudiosos y curiosos de este fenómeno y congresos de peregrinos; y por otro impulsar asociaciones en todas las provincias con el objeto de velar por la limpieza, reconstrucción y cultura del camino. Él es en cierto modo el padre del asociacionismo jacobeo.

    Por último, debe apuntarse que Valiña redactó entre julio de 1985 y agosto de 1987, dos años antes de su fallecimiento, valiosos boletines dedicados a aspectos diferentes y curiosos del Camino. Lo hacía con máquina de escribir. Este es un hecho que pone de manifiesto la entrega de un ser humano hacia algo que él considera sobre todo noble y digno. Encuentro las palabras de un peregrino anónimo que dice: lo conocí. Era un hombre enjuto, más bien menudo, mirada afilada que denotaba decisión, muy respetuoso de los motivos interiores por los que cada cual hacía la peregrinación. ¡Qué más puede decirse de un humilde cura al que la muerte le sorprende trabajando en su amor más querido!

   Buen camino, D. Elías.

Peregrinos cronistas (III).

     Villarroel_portada_peregrinacion-5ce43[1]    En el año 1532 el suizo Andrew Boord (1490-1549) viajó a Santiago de Compostela con más pena que gloria pues de su experiencia se deduce que no le gustó nada, ni los imponderables de la ruta ni la ciudad santiaguina. En consecuencia aconseja a los posibles peregrinos que tomen el destino de Roma o Jerusalén y se olviden de Santiago. De espíritu aventurero visitó casi todos los países de Europa, excepto Rusia y Turquía. Ambrosio de Morales (1523-1591) no fue un peregrino en sentido estricto, pero sí el cronista real de Felipe II que aporta datos culturales y étnicos muy importantes del noroeste de España en el  Viaje a los reinos de León, Galicia y Asturias, año 1572. Sobre todo hace un estudio pormenorizado de la ciudad y catedral de Santiago y, como anécdota, recomienda al arzobispo catedralicio que se deshaga del Liber Sancti Jacobi de Picaud por ser sórdido y feo, según palabras del cronista.

     José Bernardo de Aldrete (1565-1645) fue un gramático y canónigo de la catedral de Córdoba del siglo XVI, que compitió en conocimientos y sabiduría con el mismísimo Antonio de Nebrija, a pesar de la mayor influencia de este último en la propagación del Renacimiento español. Se le atribuye la autoría de un  manuscrito anónimo conservado en el archivo de la catedral de Granada del año 1612, que relata el viaje de un peregrino desde Córdoba a Santiago, siguiendo el Camino Mozárabe. El viaje discurre entre el 26 de enero y el 27 de febrero del año citado. Debe subrayarse, sin embargo, que la autoría no está ciertamente probada. Domenico Laffi (1636-1691) fue un sacerdote de Bolonia que peregrinó por tres veces a Santiago en los años 1666, 1670 y 1673. De resultas escribió el libro titulado Un viaje a Poniente, que adquirió  rápida difusión. A Laffi le gustaba curiosear los viejos pueblos y aldeas del camino y dejó de este modo un documento valioso de las costumbres, folklore, lugares, y monumentos que jalonan la ruta jacobea, incluso algunos ya desaparecidos. Actualmente el albergue de El Burgo de Ranero lleva su nombre.

     Se cierra esta apretada gavilla de trigo peregrino con la figura de Diego de Torres Villarroel (1694-1770), curioso y especial personaje que llegó a ocupar una cátedra de Matemáticas en la Universidad de Salamanca, según él, sabiendo muy poco. En el año 1738 se publicó Viaje de Torres a Santiago, atípico relato en verso, escrito en cuartetas en el que cuenta su experiencia de peregrinaje desde Salamanca a Santiago en un tono jocoso e irónico. Dice: Con mi bordón en la mano,/…a caminar empecé/y no por la vía Láctea/…sino por donde juzgué,/que algún camino llevaba. Y después de muchas rimas acaba casi con un A Santiago en fin llegué.

Peregrinos cronistas (II).

          Diario íntimo es una crónica deliciosa del francés Geoffroi de Buletot, que inicia su andadura un 27 de marzo de 1381, allá lindante con el deshielo primaveral, y la culmina el 13 de abril del mismo año. Diario íntimo es la crónica de un peregrino estoico y de un buen escritor. Nos cuenta los graves males por los que debe pasar y los arriscados peligros que lo acechan, ya conocidos, como el pago injusto de portazgos-nos clavan los portazgueros hasta deslomarnos-, el latrocinio en las posadas y caminos, que él mismo sufre– el que nos desvalijó lo hizo a base de enseñarnos amenazadoramente un cuchillo. Era aquello de la bolsa o la vida-, las trampas de los cambistas-es necesario cuidarse mucho de los que tratan de hacerte mal cambio de monedas ya que aquí, por Viana en Navarra, pululan los cambistas-, la sinvergonzonería de los falsos peregrinos-yo no me podía imaginar que había seres que se visten a diario la media sotanilla y a vivir a costa de la peregrinación- y otros. Pero de la misma manera relata las satisfacciones que halla a su paso. Elogia las atenciones que prodigan los monjes de la hospedería de Roncesvalles a todos los peregrinos, de los que dice que tratan al caminante como si fuese el propio Cristo, y las de otros hospederos; pondera las muchas y excelentes leproserías que se encuentran a lo largo de la ruta así como otros hospitales, lo que dice favorablemente de los médicos y enfermeros; manifiesta el buen recibimiento que le dan los lugareños de las aldeas y burgos como los de Estella o Villafranca del Bierzo; o pone por las nubes las viandas suculentas de algunos pueblos. Y en fin nos pinta un retablo típicamente peregrino. Veladas animadas hablando de todo, relato de fábulas como el milagro de Sto. Domingo de la Calzada, los temores al pasar los ríos, historias de ahorcamientos de salteadores, milagros acaecidos, recuerdos de Carlomagno, Berceo, Fernán González, Cantigas, tumultos en algunas capillas, piadosos rezos, cantos de peregrinos, vendedores de conchas y emblemas, etc.

     Y sobre este texto asoma un autor, Geoffroi de Buletot, que rezuma excelentes cualidades. Es parlanchín, animado y traba buena relación con sus convecinos, los peregrinos; se siente a gusto con gentes de todas las naciones y razas; aprovecha el encuentro con los leprosos para expresar el respeto que le merecen estos enfermos; siente el dolor de la injusticia, matizado con sesgada ironía, en la descripción de los penitentes desnudos condenados por tribunales eclesiásticos; muestra capacidad de asombrarse como un niño ante hechos sorprendentes; como signo de respeto matiza los ataques desmedidos de Picaud, cuyo libro conocía, contra los navarros ; y acoge las adversidades con serenidad y humor, tal como un buen filósofo estoico.

     Exhibe, por último, un estilo claro, preciso. En ocasiones hace gala de descripciones rápidas, plásticas como cuadros impresionistas, y no es extraño encontrar en algunas de ellas un cierto lirismo bucólico. Es, sin duda, un relato digno, apreciable y delicioso no solo en el fondo, sino también en la forma. Es el relato de un hombre laico, religioso y bueno.

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Peregrinos cronistas (I).

  Cronica_pinatense[1]     El cronista era el escribano acompañante del noble o rey que, diestro en el arte de escribir y estilo claro, contaba los acontecimientos más destacados de su reinado o señorío en un orden cronológico. Hubo también cronistas que capturaron las impresiones de sus viajes a lo largo del mundo, y por supuesto, peregrinos que contaron el elenco de sucesos, hechos e impresiones de los que fueron protagonistas en su andadura a través del camino de Santiago. Ellos son una fuente viva y fresca para la recomposición de la historia del camino.

      El primer peregrino cronista del que se tiene noticia es Aymeric Picaud, al que ya dedicamos algunas líneas en apartados- casos los denominábamos precedentes. Por no repetir ideas, sintetizamos que Aymeric era un clérigo de Poiteau del siglo XII, próximo al Papa Calixto II, presunto compilador del Códice Calixtino o Liber Sancti Jacobi, libro hagiográfico; y seguro autor del Libro V, considerado la primera guía del Camino de Santiago. Parece que en torno al año 1140 el clérigo de Poiteau entrega a la curia catedralicia de Santiago el Códice Calixtino y que fue acompañado, dato nuevo que se aporta, por una misteriosa mujer de nombre Girberga de Flandes, a quien algún autor llama su socia. Hay, incluso, quien sugiere, la escritora Carmen Pugliese, que ella pudo ser la autora cierta del libro atribuido a Aymeric.

   Carácter diferente al de Aymeric Picaud es el de Geoffroi de Buletot, de origen parisino y autor del Diario íntimo, año 1381. Adorna a este peregrino un haz de virtudes y cualidades (sencillez, garbo en su estilo literario, sutil inteligencia para entender el entorno, ánimo resuelto para afrontar las dificultades, interés de su historia), que lo hacen tan singular e interesante que bien merece una glosa aparte en el capítulo siguiente.

    Siguen a estos peregrinos otros como Nompar II, señor de Caumont, apodado el Barón inglés, que viaja a Santiago en 1417 y un año después a Jerusalén. Parece que de resultas de ambos viajes se produce un cambio de vida del protagonista como consecuencia de una fe profunda en la que se sume; y Hermann Künig Von Vach, que llega a Santiago en 1495 y es redactor de un itinerario a la ciudad compostelana. Ambos recogen y propagan el milagro de la horca y los pollos asados y redivivos de Santo Domingo de la Calzada: el gallo y la gallina asados que el juez empezaba a devorar volvieron a cacarear con plumas de la misma manera que el cuerpo del muchacho ahorcado, falsamente acusado de hurto, estaba vivo porque lo sostenían la Virgen María y el Santo que da nombre a esta espléndida villa riojana. Los milagros, de posterior tratamiento, constituyen un adobo importante del Camino santiagués.

Peregrinos famosos (y III).

       375661353_0adfb385c9[1]        Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, conocidos como los Reyes Católicos, comenzaron el viaje a Santiago un 7 de septiembre de 1486 en la localidad leonesa de Ponferrada. Parece que el séquito acompañante era bien escaso. La comitiva pasó por Villafranca del Bierzo y descansó en Cebreiro para conocer directamente de los monjes benedictinos del santuario la narración del Santo Milagro ( la transformación real de la hostia en carne y el vino en sangre cuando un monje celebraba la eucaristía con la sola asistencia de un vecino que había hecho el sacrificio de acudir a la misa en un día tempestuoso de nieve y viento). Luego atravesaron las localidades de Triacastela, Sarria, Portomarín, Melide y por fin Compostela. Allí permanecieron veinte días y regresaron a la corte el 21 de septiembre. Durante su estancia en  la ciudad santiaguina se distinguieron por las dádivas y limosnas que repartían a peregrinos, enfermos y necesitados. Como consecuencia más importante resultó el compromiso adquirido por los reyes para construir un hospital que atendiera las necesidades médicas y alimenticias de los peregrinos y, en efecto, en el año 1511 el Hospital Real de Santiago de Compostela fue finalizado tras diez años de trabajos penosos, convirtiéndose en uno de los más importantes de las rutas peregrinas de la Europa medieval, hoy Parador de Santiago de Compostela u Hostal dos Reis Católicos.

       Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515), de sobrenombre El Gran Capitán, viajó como peregrino con la intención de agradecer al Santo su apoyo en las batallas y hazañas, y llegó a Santiago en enero de 1510. Fue acogido en la residencia personal del arzobispo. En señal de agradecimiento y fervor donó una lámpara que se ha colocado detrás de la imagen del Apóstol. A cerca del peregrinaje de Felipe II (1527-1598) existen algunas dudas sobre la verosimilitud del viaje. Se dice que contando veintisiete años, en 1554, y antes de embarcarse para Inglaterra para contraer matrimonio con María I de Inglaterra, el monarca llegó a Santiago como auténtico peregrino, y que se hospedó durante el viaje en las localidades de Rabanal del Camino (León) donde durmió en la Casa llamada de las Cuatro Esquinas y en Ligonde (Lugo). No hay, sin embargo, datos fehacientes y escritos cotejados de estas últimas afirmaciones.

        A partir de este período el camino entra en una franca decadencia, como ya se ha explicado, siendo ya muy pocos los peregrinos que se aventuran a pisar sus senderos, ya deshabitados, ya cubiertos de jaras y zarzas, en otro tiempo gloriosos, hasta que en el último cuarto del  siglo XX retorna a una nueva plenitud.