Guías Prácticas (y III).

      frechilla

        No sería justo excluir de este repaso, la que posiblemente sea la única Guía de la Naturaleza del Camino de Santiago, verdadera joya, escrita por el ovetense y biólogo Luis Frechilla García. La edición del año 1999 corre a cargo de Edilesa, y las bellísimas fotos son obra de Fernando Fernández y Norberto Cabezas, libro impreso en papel cuché y encuadernado a la manera de un libro de campo con gusanillo que horada las hojas. Táctil y visualmente es un libro muy atractivo.

        Pero el contenido no desmerece del resto. En líneas generales es una guía del paisaje, flora y fauna del Camino de Santiago, sin abandonar la toponimia ni la mención lacónica del vasto patrimonio cultural y artístico, lo que determina que sea un libro único en su especie de gran valimiento. Leyéndolo, el peregrino se siente acompañado de los robles, alisos y abedules, junto a los brezos y piornales, donde habita el lobo, y de las águilas, cogujadas, urogallos, chochines, lavanderas y martines pescadores que revolotean en las limpias aguas de los ríos; huele los aromas silvestres de la clavelina, la aguilegia, la amapola; y conoce los secretos del bosque con la estirpe de sus animales y los nombres de los accidentes, cordales, montaneras, vallinas, por donde transcurren los pasos lentos del peregrino. En fin, un libro natural para los naturalistas caminantes.

       Se articula en seis capítulos o unidades paisajísticas (el Pirineo Central, el Camino Navarro, el Valle del Ebro y la Meseta Castellana, la Meseta del Norte, los Montes de León y el Camino Gallego), cada una de las cuales posee una idiosincrasia ambiental, biológica, además de un paisaje y paisanaje peculiar, es decir, viene a sentarse experimentalmente que la biodiversidad es un hecho cultural innegable que está presente en el Camino de Santiago, dotándolo de una inestimable riqueza por su variedad. Es así un mosaico de colores y formas cuya grandeza es el equilibrio en que están plasmados.

       A los capítulos acompañan cuarenta y cinco planos biogeográficos, muy útiles y prácticos, que aclaran aún más la dirección que debe seguir el peregrino, señalándose en colores los elementos que conforman el paisaje, además de las fuentes, bosques, ruinas, puentes, etc.

      Se cuentan además diez páginas monográficas que tratan aspectos muy originales, e inéditos algunos de ellos. La mayoría recogen descripciones de lugares emblemáticos, dentro o próximos al camino, como son los casos de la Garcipollera (extensa plantación de pino joven en el Pirineo Aragonés), la Foz de Lumbier (maravilloso y fragoso tajo abierto por el río en la sierra de Leyre, Navarra), la Selva de Irati (hayedo umbroso en el Pirineo Navarro), el Nacedero del Urederra(al norte de Estella), la Laguna de las Cañas de Viana.  Y otras monografías recuerdan oficios ancestrales como el de la Herrería de Compludo (junto al pueblo de El Acebo, en el corazón del Bierzo) o el de buscadores de oro en las Médulas en los siglos del Imperio Romano (próximo a Ponferrada), o retraen al lector al hallazgo antropológico más importante del mundo en Atapuerca (al este de Burgos), o recuerdan que Galicia entronca directamente con la cultura de los castros celtas en el Castro de A Graña. Y por fin, otra monografía nos conduce al Cabo del misterio en Fisterra, donde allí todo se acaba para todo renovarse.

      A todo esto debe sumarse la excelente galería fotográfica que nos regalan sus autores, siendo protagonistas sobre todo el mundo faunístico y la flora diversa que adornan el frágil ecosistema del Camino de Santiago. Otras fotos de valles mansos y encrespadas paredes de montaña, chozas, iglesias y catedrales, constituyen esta riqueza icónica sin parangón.

      El estilo ameno y suelto, de léxico preciso, rigurosamente nacido de las tierras y  bien transcrito, el ritmo adecuado y las descripciones plásticas y sugerentes, convierten este libro en un acompañante sabio y silencioso, casi necesario, del peregrino.