Gaspar Gómez de la Serna. Del Pirineo a Compostela.

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          GASPAR GÓMEZ DE LA SERNA nació en el año 1918 en Barcelona. Se licenció en Derecho, pero se dedicó preferentemente al periodismo escrito, colaborando en periódicos como ABC, Arriba y Madrid. Fue sobretodo un hombre de cultura que no atacó los principios del nacional-socialismo de la posguerra española pues fue un vencedor del desastre civil, pero que trató de entroncar la cultura de este período con las corrientes hispanistas más avanzadas. Como tal representante desempeñó cargos como Jefe del Departamento de Cultura Nacional y Secretario General de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, entre otros tantos. Y como intelectual, además de recibir algunos premios importantes de la época, fue director del Círculo Cultural Tiempo Nuevo y cofundador y secretario de la Revista literaria Clavileño, publicación dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores que pretendió en la década del cincuenta acercarse a los hispanistas del mundo entero. Algunos críticos sitúan a Gaspar en la denominada Generación de 1936, grupo de escritores nacidos en torno a 1910 que sufrieron acremente la convulsión de la guerra civil. En la primavera de 1965 realizó un viaje de peregrinación a Santiago, que recogió magistralmente en el libro Del Pirineo a Compostela. Murió en Madrid, año de 1974.

       El origen del libro es el encargo de confeccionar una guía de viaje que el Patronato Nacional del Camino de Santiago propone al escritor con ocasión del Año Santo de 1965. Se trataría, por lo tanto, de un texto puntual y discreto que pueda ayudar a los peregrinos en su marcha a la ciudad compostelana. Sin embargo, la dimensión del libro sobrepasa las intenciones iniciales de los patrocinadores, porque, en efecto, Del Pirineo a Compostela es sobretodo una explicación rigurosa de los monumentos y patrimonio en general que jalonan el Camino de Santiago, reunida en más de trescientas páginas. Comenta el autor en el prólogo que las fuentes bibliográficas son tres, una el ya mentado Libro V del Códice Calixitino, y las otras dos son los soberbios monumentos de Vázquez de Parga, Lacarra y Uría, Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, junto a la obra de Luciano Huidobro y Serna, Las peregrinaciones jacobeas, a quienes se glosarán en un apartado futuro de historiografía del Camino. Debe subrayarse que esta guía es probablemente la primera de todas las publicadas en el siglo XX, antes que las de Eusebio Goicoechea y Elias Valiña, y en consecuencia, el carácter  inédito del libro aún lo hace más valioso y útil.

          Se inicia el relato con la glosa de las cuatro vías francesas que conducen hasta los pies de los Pirineos a los peregrinos del mundo entero. Luego, recoge los accesos a España, bien por los legendarios caminos carolingios de Roncesvalles, bien por el aragonés Puerto de Somport, donde se ubicaba el Hospital de Santa Cristina, uno de los tres más importantes del mundo, según Picaud. Ambos senderos se juntan en Puente la Reina, y de ahí a Santiago por el Camino Francés, por ser los francos sobretodo quienes han utilizado esa vía antes que los demás peregrinos de otras nacionalidades. Va desgranando el escritor paso a paso cada zona que visita, aldeas, villorrios y pueblos por donde discurre el Camino de Santiago e incorpora el haz de iglesias, monasterios, hospitales y obras civiles que van apareciendo a lo largo de la ruta. El autor es prolijo en la descripción de las ciudades como Jaca, Burgos, León y Santiago de Compostela, ciudad que aviva pujantemente sus sentidos como antes lo hiciera con otros escritores. Esta acción señalizadora-deíctica sin duda es el aspecto más relevante de la obra pues no debe olvidarse que el Camino está aún por descubrir en esta época. También, transversalmente, fija la atención en las singularidades de la proteica arquitectura popular de las regiones. Por último, no puede silenciarse la rica y valiosa galería de fotografías en blanco y negro, que ilustran el libro. Aportan el testimonio directo de la morfología de nuestros monumentos en los años sesenta, cómo eran muchos de ellos antes de ser rehabilitados por las obras públicas, pues añaden indefectiblemente ese componente arcaico y melancólico de lo antiguo. Dignas imágenes, propias de un digno escritor.

  De prosa fácil ,que rápida se desborda como arroyo de alta montaña, florida a veces, sin embargo una prosa bien acabada, clara, limpia y ordenada,  Gaspar Gómez de la Serna ocupa un lugar de honor entre ese grupo de héroes-escritores que troncharon con sus pies y su pluma las zarzas que ocupaban el camino milenario.