Referencias literarias. Un soneto de Antonio Machado.

 

        antonio machado En el año 1925 Antonio Machado publica en la Revista Alfar de La Coruña un precioso soneto que evoca, al menos aparentemente, el discurrir de un peregrino a Compostela. Posteriormente vuelve a publicarse el mismo soneto en 1928 en el libro Nuevas Canciones, que resulta una reunión de poemas muy diversos, lejos de aquella unidad temática de sus dos primeros libros. Reitero que el tema es sólo en apariencia.

     Se reproduce a continuación este soneto escrito de puño y letra- autógrafo- por el propio poeta pues es sabido que durante doce años, de 1912 a 1924, desde su estancia dolorosa en Baeza a su residencia en Segovia, Antonio Machado recogía esbozos, proyectos, poemas completos u otras ocurrencias en un abultado cuaderno que él tituló Los complementarios.

verás la maravilla del camino...

       Constituye el poema un soneto formado por dos serventesios- estrofas de cuatro versos de rima determinada- y dos tercetos encadenados-estrofas de tres versos que riman entre sí-. El texto se articula en tres bloques que se apoyan a su vez en tres postulados verbales: verás (versos 1 al 8), verás (versos 9 al 12) y la perífrasis modal debes entrar (versos 13 al 14). El interlocutor es un peregrino, no sabemos quién en principio, que ha de ver tres cosas fundamentalmente desde el lugar en que está afincado: el camino- camino de soñada Compostela-, tópico machadiano que recorre toda su obra poética; la catedral–gigante centinela/de piedra y luz, prodigio torreado-. Debe señalarse que la catedral a la que Machado hace referencia es posiblemente la de León dado que él la conoce y, además, deja el dato de que está rodeada de dos ríos, el Torío y el Bernesga-con dos ríos ha dorado el cerco  del gigante centinela-; y el cazador que, acompañado de los perros va tras la caza en la lejana sierra–una jauría de agudos galgos y un señor de caza– .Por fin, después de esta actividad pasiva, ojeadora, el peregrino es invitado a entrar por las calles de la vieja ciudad hasta la plaza vacía donde un balcón está iluminado-debes entrar cuando en la tarde fría brille un balcón de la desierta plaza-. El tiempo estacional en que transcurre este episodio es el otoño, cuando las hojas amarillean y los montes se visten de colores lilas y anaranjados-verás la maravilla del camino…entre chopos de candela/Otoño…-, y es la tarde el momento del día que el poeta elige para situar la escena-tarde fría-, otro lugar común del poeta sevillano. En resumidas cuentas, un peregrino contempla en la estación otoñal el camino que debe llevarlo, tras observar a lo lejos las torres de la Catedral de León dibujarse sobre el cielo y un viejo cazador, a un balcón que vuela sobre una plaza silenciosa en una tarde fría. Podría concluirse, pues, que el poema está anclado en la experiencia de una caminante que, llegado a León, sigue el paso hacia la ciudad del Apóstol.

        Pero debemos fijar nuestra atención sobre el personaje del peregrino. ¿Quién es él? ¿Es un peregrino anónimo? ¿Alguien amigo del poeta? Ni lo uno ni lo otro. Probablemente, conociendo la facilidad que tiene el poeta de hablar consigo mismo-converso con el hombre que siempre va conmigo/mi soliloquio es plática con este buen amigo, dice en su Retrato– el Tú sea el Yo, el Tú se desdobla en el Otro Yo no solo como un juego o licencia poética, sino como una necesidad personal para contar mejor las experiencias que la vida y su entorno le va aportando. No es la primera vez que Machado utiliza esta técnica poética. Por eso,el peregrino es él, un hombre que pasa sobre la mar-decía-o sobre el camino de soñada Compostela– en esta ocasión- para seguir un viaje penitencial, del cual dice que el último será aquel que nunca ha de tornar.

       Visto así el poema, no como un testimonio de la realidad externa, sino como un símbolo de la existencia itinerante del poeta, aún se comprende mejor que el camino de Santiago, aunque recordado, vive momentos de soledad.