Referencias literarias. Alfonso X El Sabio y el Arcipreste de Hita.

220px-LibroDesJuegasAlfonXAndCourt[1]     Tras Berceo y el Poema de Fernán González es Alfonso X el Sabio (1221-1284) el que vuelve a dar vida literaria a los milagros de la Virgen María en el camino de Santiago.  Alfonso es el monarca que ejerce el mecenazgo cultural en la Castilla de la segunda mitad del siglo XIII mediante la labor de la Escuela de Traductores de Toledo. Desde esta sede se tradujeron obras científicas árabes al castellano, se trabajó en compendios o epitomes jurídicos e, incluso, se alumbraron obras de creación en las que el propio rey participó activamente como son Las Cantigas de Santa María. Es esta una colección de 418 canciones o poemas con música a la manera de la lírica trovadoresca, escritas en gallego-portugués hacia el año 1280, y que centra su contenido en el ensalzamiento y alabanza de la Virgen siguiendo la moda de la época. En el conjunto de las cantigas destaca el grupo dedicado a los milagros, cantigas de miragres, que recuerdan la obra de Berceo. Y curiosamente, la Cantiga 26 repite el milagro que obró la Virgen con el peregrino al que el falso Santiago ordenó amputar su miembro. Los detalles del suceso son los mismos, los dos textos coinciden sin ninguna variación. La única diferencia es de naturaleza estilística: más descriptivo el relato de Berceo, más ágil y concentrado el de Alfonso X. Dos son las razones de esta coincidencia. Por un lado, existen desde el siglo XI colecciones de milagros en latín que manejaban los escritores cultos, de manera que ambos textos beben sin duda de la misma fuente a la que llegan a reproducir con todo lujo de detalles. Y por otro lado el contexto social en que se produce este hecho tiene como protagonista la imagen de la Virgen a la que se trata de prestigiar mediante loas y elogios de toda clase en el ámbito sobretodo religioso. Es por lo tanto seguro que la intención laudatoria resultó un éxito.

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    Juan Ruiz (1284-1351), el Arcipreste de Hita ,vivió  en la primera mitad del siglo XIV, siendo muy escasos los datos que se conocen de su vida. Formó parte del “mester de clerecía” y es el autor de una de las obras señeras del medioevo, El Libro de Buen Amor, un complejo entramado de narraciones diversas cuya unidad está acreditada por el modo narrativo autobiográfico y por un estilo uniforme de cuño personal. Las estrofas 1205 a 1207 recogen el atuendo y los atributos que el peregrino llevaba en el camino no solo por conveniencia sino también como marca identificadora que lo distinguía del falso romero. El autor, que tiene particular cualidad para la descripción en general, hace gala en esta ocasión de sus atribuciones pintorescas. El fragmento, escrito en cuaderna vía, dice así:

El Vienes de indulgençias vistió nueva esclamina (esclavina)
grande somblero redondo con mucha concha marina,(la concha se pone en el sombrero)
bordón lleno de imágenes, en él la palma fina;(la palma representa Jerusalén)
esportilla e cuentas para resar ayna.(zurrón y deprisa respectivamente)
Los çapatos redondos e bien sobresolados, (de doble suela para andar mejor)
echó un grand’ doblel entre los sus costados,(se echó a cuestas)
gallofas e bodigos lieva y condesados, (panes)
d’estas cosas romeros andan aparejados.
De yuso del sobaco va la mejor alfaja (de bajo y alhaja respectivamente)
calabaça bermeja más que pico de graja,
bien cabe un asumbre e más una meaja,(equivalente a dos litros de agua)
non andan los romeros sin aquesta sofraja.(sufragio o auxilio)

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Referencias literarias. Gonzalo de Berceo.

         El camino de Santiago es un ancho cauce de variados y profundos contenidos sociales, económicos, históricos y culturales que no ha dejado de inspirar a artistas y escritores de todas las épocas. Es un macizo de flores y arbustos que rezuma efluvios olorosos y destella colores brillantes que no pasan desapercibidos. En unos casos, la inspiración se expresa como meras referencias literarias, apuntes, esbozos, recuerdos e impresiones breves; y en otros, llega a manifestarse como núcleo temático de obras completas.

        berceo[1]                                     Las primeras notas literarias alusivas al Camino Jacobeo las aporta el clérigo riojano, Gonzalo de Berceo (1195-¿1261?), por ser natural de esta aldea. Vida ligada al monasterio de Yuso en San Millán de la Cogolla. Fue también el primer poeta conocido que utiliza la lengua castellana en su registro medieval o castellano antiguo- quiero fer una prosa en roman paladino/en el cual suele el pueblo fablar a su vecino-. Su obra es íntegramente religiosa y se caracteriza por estar enmarcada en lo que se ha denominado “mester de clerecía” -oficio de hombres cultos- cuyas notas son la regularidad métrica (uso de “la cuaderna vía” o estrofas de cuatro versos alejandrinos de catorce sílabas de una sola rima consonante) y el empleo de fuentes escritas. Además de vidas de santos y hagiografías, la obra principal son Los Milagros de Nuestra Señora, poema extenso formado por un preludio idílico y veinticinco milagros en los que interviene la Virgen agradecida por la fe que le profesan diferentes personajes, algunos de los cuales pertenecen al mundo picaresco y hampón. El milagro VIII, titulado El romero engañado por el enemigo malo, cuenta que un fraile de vida licenciosa decide ir en romería a la tumba del Apóstol y encuentra al diablo en el camino disfrazado de Santiago. Éste le conmina a que se corte los genitales y el buen fraile así obra como penitencia por sus faltas. Sin embargo el verdadero Apóstol ruega ante la Virgen que no se consume la muerte del buen monje y Ella le devuelve la vida. A cambio él rinde favores a Dios, la Virgen y a Santiago, y eso sí, recibe el castigo de que lo que se ha cortado con el cuchillo no vuelva a crecer para evitar la vuelta a la antigua vida atrevida y lujuriosa. El relato anima, pues, a iniciar el camino de Santiago para recuperar el perdón por los pecados terrenales y, por consiguiente, es un panegírico de la ruta para que todos acudan como peregrinos a visitar la tumba del santo. Debe añadirse que este propósito no es extraño en Berceo puesto que el monasterio de Yuso, aunque no era un hito propio del camino francés, era visitado por muchos romeros que se desviaban para volver a retomarlo más adelante en Santo Domingo de la Calzada.

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     Algo posterior es el Poema de Fernán González, anónimo aunque se supone escrito por un monje del monasterio, hoy ruinoso, de San Pedro de Arlanza hacia 1250 aproximadamente. Forma asimismo parte del “mester de clerecía”, por lo que se dice lo mismo que de la obra de Berceo en su métrica y fuentes escritas. Consta de 172 estrofas en las que se relata las acciones heroicas del Conde Fernán González, históricamente considerado adalid de la independencia de Castilla frente al dominio de León, acaecidas contra los musulmanes, el Reino de Navarra y el de León. También este largo texto épico recuerda a Santiago –Pero non olvidemos al apóstol honrrado/fijo del Cebedeo, Santiago llamado-. Y no da el anónimo autor puntada sin hilo pues aprovecha la intromisión en este campo para confirmar el enterramiento de Santiago en España, y por lo tanto en Compostela a donde llega el Camino, contrastando esta situación privilegiada con otros países vecinos que no han tenido la misma suerte –De Inglaterra e Francia quísola mejorar/ca sabet que non yace apostol en todo aquel logar-.