Referencias literarias. Lope de Vega y Tirso de Molina.

 

   lope-de-vega2-237x300[1] Ambos dramaturgos universales recuerdan a los peregrinos en el entresijo de sus obras. Lope de Vega (Madrid 1562- Madrid 1635) es el padre del teatro clásico español que revolucionó el modo de entender y representar el teatro en el siglo XVII. Expone la nueva teoría dramática en el Arte nuevo de hacer comedias, que se puede resumir en la ruptura de las reglas clásica de acción, tiempo y lugar, en la presencia de numerosos personajes arquetipos-el gracioso, la dama, el galán, la criada etc.- que carecen de profundidad psicológica y complejidad humana y la utilización de un lenguaje ajustado a la clase social de los personajes. Tirso de Molina (Madrid 1579- Almazán, provincia de Soria 1648) sigue los pasos de Lope, pero por su sacerdocio como mercedario la obra de Tirso ahonda más en el aspecto religioso y moral de los temas. Lope lleva una vida más desordenada que Tirso. Aquel entabla relaciones amorosas continuas que le colman de cuitas e hijos, mientras que éste busca en el estado religioso el fin y el sentido de todas sus acciones, lo que no significa que Tirso haya tenido una vida más plácida pues se vio envuelto en discusiones y acusaciones de correligionarios mercedarios que lo arrastraron al ostracismo en algunas ocasiones. Incluso los últimos años de su vida dejó de escribir por la presión ejercida contra él por el estamento superior de la orden y de la curia. Pero los dos coinciden en el recuerdo del peregrino.

       Lope de Vega publica en 1620 la obra teatral de título Las almenas de Toro, que debió de escribir hacia 1615. Basada en un hecho histórico situado en el siglo XI, la obra cuenta el asedio de la villa de Toro por el ejercito de Sancho al que acompaña como fiel vasallo el Cid Campeador. Dentro vive Elvira, hermana de Sancho, a la que su padre legó esta villa, contra la voluntad de Sancho que considera una injusticia la legación a su hermana. Elvira era de tal belleza que despierta el amor de todos, incluso el de su hermano, a la que no reconoce cuando ella habla desde las almenas. Conquistada la plaza, Elvira vaga vestida de labradora y se encuentra con un peregrino que dice llamarse Enrique. Ambos se enamoran, ajenos a la verdadera identidad, y es entonces cuando sucede la agnición o reconocimiento del misterioso peregrino:

                                             Enrique soy de Borgoña,

                                             y al Duque mi padre llaman…

                                             peregrino vine aquí

                                             a ver al patrón de España.

       

    200px-Fray_Gabriel_Téllez,_Tirso_de_Molina[1]     Tirso escribe La romera de Santiago, una comedia histórica en la que el rey de León, Ordoño, concede la mano de su hermana, Dña. Linda, al conde D. Lisuardo como agradecimiento por los servicios recibidos de él. Mientras llega el día de los desposorios, el rey envía al conde a pedir la mano de Margarita de Inglaterra para él, pero en el camino D. Lisuardo requiere de amores a Dña. Sol, una hermosa peregrina que dice ser noble aunque pide limosnas. Como ella no le corresponde, la fuerza violentamente quitándole por consiguiente el honor y la honra. Es por ello conducido a prisión al ser denunciado por la compañera peregrina Dña.Urraca, pero liberado por su prometida decide casarse con Dña. Sol  a la que devuelve la honra. En la escena XIV, Jornada I, hablan el conde y Dña. Sol, aquel admirado de su hermosura, ésta explicándose quién es y de dónde viene:

                                                …Hice voto

                                                 de visitar el sagrado

                                                  sepulcro de nuestro apótol;

                                                  de esta suerte caminando

                                                  a pie y pidiendo limosna…

                                                   …Vuelvo agora

                                                   despues de haber visitado

                                                    su sepulcro y su patrón,

                                                    a Castilla, publicando

                                                     mi devoción en las conchas…