Referencias literarias. Cervantes.

ricote[1]

         Miguel de Cervantes Saavedra, nacido en Alcalá de Henares en 1547, muerto en Madrid en 1616, es probablemente el mayor escritor de las letras hispanas. No es preciso abundar en lo que ya es un lugar común, su extraordinario talento de escritor, como tampoco es ignorado que Cervantes fue un personaje polémico, complejo y contradictorio. Qué añadir que no se haya dicho ya de Cervantes. Lo que sí es cierto es que probablemente no hubiera escrito nunca su gran obra, Don Quijote de la Mancha, de no haber vivido los escalofriantes, extraños, aventureros capítulos de su vida, uno a uno como si se tratara de una novela real: perdió su mano izquierda en la batalla de Lepanto, conoció el sufrimiento y la pérdida de libertad en Argel, mantuvo amores escondidos y otros conocidos que no le llenaron, hijos adoptados o propios de madre oculta, se paseó como recaudador de impuestos en Andalucía, sufrió la cárcel por mor de este oficio denostado en su época, protagonizó lances de espadachines en Valladolid, murió pobre, arruinado y casi solo, pero en olor de la gloria de grandísimo escritor. Cervantes empezó su magno relato quijotesco a los cincuenta y tantos años, después de haber dejado las cuentas de una vida tan intensa como apasionada: la obra es sin duda la herencia de su vida. Y un escritor que compendia como nadie el friso abigarrado de su tiempo, la España de finales del siglo XVI y principios del XVII, no podía dejar al margen algunas referencias al apóstol Santiago y al fenómeno peregrino.

     Ambas tienen como protagonistas al escudero Sancho Panza.

     La primera alusión, segunda parte, capítulo LIV, sucede cuando el simpático y sabio Sancho regresa hastiado y triste como exgobernador de la ínsula que le prometió el caballero D. Quijote. Llevaba el campesino la desazón de ver a su inseparable amigo cuando en el camino se encontró con seis peregrinos extranjeros, entre los cuales figuraba disfrazado su amigo y vecino Ricote, el morisco. Tras una charla amistosa y entretenida durante una noche, mientras los demás peregrinos duermen tras haber bebido buenos tragos de vino, ambos se despiden y continúan su camino, Sancho desengañado del poder y del dinero, Ricote temeroso de la justicia española que había decretado la expulsión de los moriscos. Parece que los peregrinos, algo desviados del camino francés, situado más al norte de Zaragoza, con los zurrones bien provistos de víveres y mejor repletos de vino, pidiendo dinero como limosna, más bien podrían ser falsos peregrinos disfrazados que verdaderos penitentes que buscaban el perdón de sus culpas. Es llamativa la descripción del vestuario: Vio que por el camino por donde él iba venían seis peregrinos con sus bordones, de estos extranjeros que piden la limosna cantando… Arrojaron los bordones, quitáronse las mucetas o esclavinas y quedaron en pelota…Todos traían alforjas…Tendiéronse en el suelo y, haciendo manteles de las yerbas, pusieron sobre ellas pan, sal, cuchillos, nueces, rajas de queso, huesos mondos de jamón… Pero lo que más campeó en el campo de aquel banquete fueron seis botas de vino. La segunda alusión, segunda parte, capítulo LVIII es la graciosa aclaración que le pide Sancho Panza a su amo a propósito de la célebre frase “¡Santiago, y cierra España!”: Y querría que vuestra merced me dijese qué es la causa por que dicen los españoles cuando quieren dar alguna batalla, invocando aquel San Diego Matamoros: “¡Santiago y cierra España!”. ¿Está por ventura España abierta y de modo que es menester cerrarla, o qué ceremonia es ésta? La respuesta es que “cerrar” quiere decir “acometer”: Simplicísimo eres, Sancho- respondió D. Quijote… Y así le invocan y llaman como a defensor suyo en todas las batallas que acometen.

   ¿Cómo no iba a ser que el genio cervantino no se acordara de Santiago, aún cuando se iniciaba por este tiempo el declive del Camino?

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