Un Camino épico: El Cantar de Mio Cid.

                                     El_Cid[1]

            Es más que probable que la Canción de Roldán se difundiera en España desde el siglo IX en adelante a través del Camino de Santiago, sobre todo, siguiendo la senda del Camino Francés. Las razones de esta aseveración pueden resumirse de la siguiente manera: En primer lugar, la escaramuza de Roncesvalles y la muerte de Roldán pronto habrán tenido eco en poetas y rapsodas que, azuzados por intereses reales y nobiliarios, componen en pergaminos poemas musicados en loor de los héroes. En segundo lugar, los peregrinos europeos que llegaban a Roncesvalles de lugares de procedencia dispares escucharían in situ versiones de los cantares que ellos aprenden fácil y rápidamente. Luego repiten ya en grupo ya individualmente los poemas adaptándolos e introduciendo modificaciones a su gusto, de suerte que las versiones empezarían a hacerse diferentes y sobrevivir en variantes. En tercer lugar, probablemente a finales del siglo XI se compone el Cantar en su totalidad por un poeta culto, resumiendo las versiones corrientes, e introduciendo ya los hechos transformados por la fantasía popular. El primer texto contrastado es el denominado Manuscrito de Oxford, de 1170, escrito en lengua anglo- normanda, antiguo francés, al que seguirán otros varios manuscritos. En cuarto lugar, era tal la fama y propagación del Cantar que aparecen prosificaciones del mismo en diferentes épocas. A título ejemplar, el Códice Calixtino incluye el Libro IV, escrito hipotéticamente por el obispo Turpin hacia mitad del siglo XII, conocido por ello como el Libro Pseudo Turpin, en el que se narra fabulosamente la entrada de Carlomagno en España, la derrota de Roncesvalles y la muerte de Roldán. Y recuérdese que el propio Aymeric Picaud, compilador de la obra, peregrino que recorre el camino francés, hace entrega del Códice a la curia catedralicia de Santiago en fecha aproximada de 1140. Otro ejemplo es el aportado por el eminente filólogo y poeta Dámaso Alonso. El ilustre medievalista encuentra un manuscrito, catalogado como 39, en el monasterio de San Millán de la Cogolla, visitado por muchos peregrinos que se desviaban ligeramente del camino francés, cuyo contenido relata la leyenda o historia mitificada del desastre de Roncesvalles.

        Por consiguiente, la Canción de Roldán resultó un monumento literario conocido ampliamente en la Península durante la alta y baja Edad Media, que habría de ser principalmente difundido por el Camino de Santiago.

        Inmediatamente después, a finales del siglo XII o principios del siglo XIII, se escribió el Cantar de Mio Cid, primera epopeya castellana escrita en lengua romance que en esta ocasión recuerda las hazañas del héroe de Vivar. Recrea los años de madurez de D. Rodrigo Díaz que, expulsado de Castilla por el rey Alfonso VI, vive condenado al destierro junto a sus más fieles vasallos con la finalidad de recuperar el favor real. Dividido en tres partes, consta de más de tres mil versos agrupados en tiradas de desigual extensión.

       ¿Es el Cantar heredera de la Canción francesa? No puede negarse la originalidad del poema narrativo castellano, que es evidente por el estilo sobrio y claro, la forma métrica irregular y la fantasía rebajada de los hechos relatados. Pero también es verdad que la Canción de Roldán, anterior en el tiempo, ampliamente propagada por el terruño navarro y castellano, ha ejercido a todos los efectos una notable influencia en el Cantar castellano. Téngase en cuenta que los autores, sean juglares, clérigos o escribidores laicos, conocían los entresijos de la epopeya gala precisamente por ser naturales de unas tierras que lindaban con el Camino de Santiago. Una vez más la presencia intrigante de la ruta jacobea decidió la suerte de nuestra epopeya propia cruzada con la francesa. No deja de asombrar esta acción cultural tan extraordinaria del Camino a lo largo del tiempo.

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