Un Camino poético: la lírica galaico-portuguesa.

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       La lírica provenzal, asentada ya en la primera mitad del siglo XII en la Occitania, propaga pronto su influencia por el norte de Italia y Francia, Cataluña, condado que por entonces comparte unidad cultural y lingüística con la Provenza, y territorios del norte de Hispania, sobretodo, por Castilla y León y Galicia. Y justo el medio de transmisión de esta lírica en la Península Ibérica ha de ser el Camino de Santiago.

       Como consecuencia de aquella rápida extensión de la lírica provenzal se produce un extraordinario mestizaje de ésta con las líricas autóctonas, esto es, con la lírica galaico-portuguesa, enraizada en el extremo más occidental, y la lírica castellana, de posterior desarrollo, si bien su cultivo ya debe iniciarse en estos siglos tempranos, al menos oralmente. Las relaciones entre Occitania y Galicia son tan intensas como fructíferas, y se producen en las dos direcciones. Por un lado, el obispo Gelmírez promueve las relaciones enviando a tierras galas comitivas de poetas, trovadores, nobles y clérigos con el fin de formarse y conocer las nuevas sensibilidades artísticas que allí se fermentan con éxito. Y por otro lado, son algunos trovadores provenzales los que viajan a Compostela. Se tiene la certeza de que Guillermo X de Aquitania, hijo del primer poeta cortesano, Guillermo IX, muere ante el altar del Apóstol Santiago el 9 de abril de 1137, pues se identifica a este con el personaje del Romance de Gaiferos. Sea como sea, el duque occitano es un peregrino que viaja a Galicia, donde muere y al que se le da sepultura en la misma catedral. Otro peregrino trovador es Guillem de Berguedá, catalán, pero cuya vinculación en ese tiempo con la Provenza resulta absoluta al constituir el amplio territorio catalán-provenzal una unidad cultural de primer orden en occidente. Además la política matrimonial intencionada entre los reinos de Castilla y el ducado francés, como es el caso de Alfonso VI que casó con Inés de Aquitania, hermana del poeta Guillermo IX, acelera el mutuo conocimiento entre las dos comunidades. Por lo tanto, la comunicación fluida entre Occitania y Galicia favorece la influencia de la lírica provenzal en la galaico-portuguesa.

   La lírica galaico-portuguesa está constituida por un número elevado de poemas o cantigas, escritas a partir de finales del siglo XII hasta mediados del siglo XIV, que tienen como tema principal el amor y el escarnio de costumbres y personas. No debe pasar inadvertido el contexto social y paisajístico de la comunidad galaica en que se produce el nacimiento de esta lírica, casi coincidente con el de la Provenza, pudiendo afirmarse que estas condiciones externas propenden al desarrollo de una lírica intimista amorosa. Porque en efecto coinciden los parajes verdes y frondosos de ambos territorios, así como la valoración de la mujer que, en el caso gallego-portugués, se ve favorecida por las teorías priscilianistas que dominaban el territorio noroccidental.

     Esta lírica, escrita en la lengua romance gallego-portugués, distingue tres géneros principalmente: las cantigas de amigo, las de amor y las de escarnio o maldecir. Las primeras, poemas puestos en boca de una mujer que, ante la presencia de su madre o hermana, manifiestan el dolor que les produce el abandono o partida de su amante, son cantigas vernáculas nacidas originalmente del trovar galaico. Pero las cantigas de amor y de maldecir son la transposición respectiva de la cansó, y sirventés provenzales, ya comentadas, aunque existen matices diferenciadores. En consecuencia, las notas de estos poemas pueden aplicarse a la lírica vernácula. Están recopiladas en Cancioneiros, de los que el más antiguo es el de Ajuda, fechado a finales del siglo XIII, con un total de 310 cantigas de amor. Destacan además el Cancioneiro de la Biblioteca Vaticana, recopilación de los tres géneros, y el Cancioneiro de la Biblioteca Nacional de Lisboa, ambos del siglo XVI. Por último, fueron trovadores reconocidos Martín Codax, natural de Vigo, y el rey de Portugal Don Denís, entre otros, al que se le atribuyen 137 cantigas.

   Esta lírica se extingue por agotamiento de los temas y convenciones en el año 1354, coincidente con la muerte de D. Pedro, hijo de D. Denís, que resultó el último protector de esta escuela poética.

      

     

Un camino poético: la lírica provenzal.

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     El Camino de Santiago resultó un excelente propagador de ideas y sentimientos en la Edad Media: canalizó una manera concreta de entender el cristianismo, y en consecuencia, extendió el Arte Románico por toda Europa; ayudó además a fijar el sistema del Régimen feudal lo que aprovecharon los monarcas castellanos, aragoneses y navarros para avanzar en lo que se denominó Reconquista de España; y difundió una riquísima vena poética, la lírica provenzal, que pronto asimilaron la líricas gallega y catalana, y, más tardíamente, la castellana.

     En un paisaje verde del sudeste de Francia, la Provenza, de aterciopelados prados y frondosas arboledas que llegan en suave descenso a las orillas del mar, en un lugar donde los hombres no van asiduamente a la guerra como hace el resto de pueblos vecinos, bélicos y cazadores, y donde la figura femenina toma un protagonismo inusual en un período caracterizado por la postración y marginación de la mujer, brota en semejante contexto social y paisajístico, a principios del siglo XII, una clase de poesía íntima, la lírica cortesana o de amor cortés, que no solo es la primera manifestación literaria en lengua romance, sino que ha de tener una honda repercusión en el occidente cristiano. Se trata de una poesía en la que el tema central es el amor que el hombre siente por una mujer generalmente casada, idealizada y superior, a la que adjetiva como diosa de sus desvelos y cuitas. Varias son las convenciones literarias. Por ejemplo, el espacio en que tiene lugar esos amores son castillos y palacios, es decir, cortesanos, no es un amor popular. Otro rasgo típico es que el amor tiene cuatro estadios escalonados: el amante es al principio un simple aspirante ( fenhedor en provenzal), luego es un suplicante que pide ser amado ( pregador), pasa por el tercer círculo que es el de ser discretamente correspondido con algún regalo o prenda (entendedor) y alcanza por fin la aceptación de la mujer en el lecho (drutz), que puede acabar en la consumación plena o no, pues al enamorado le sirve también el roce físico de la piel con su amada. Es asimismo convención la lista de cualidades que debe adornar al amante cortesano, a saber, joven y de cierta gracia, sensato y discreto, humilde, generoso y hombre de buena educación y cultura. No deja de sorprender la alusión frecuente a los ojos de la mujer como centro de su hermosura física y espiritual pues se sigue el dicho de que los ojos son el espejo del alma. Y por último, no deja de ser un lugar común la incorporación al poema de un léxico feudal ( siervo, señora, honor…) y cristiano ( la amada es un dios, el dolor es un infierno, cielo y mujer se equiparan etc.).Todo ello constituye pues un código poético, trasunto en cierta manera de un código real y vital, pues se presume que el trovador tomaba los hechos de su vida como razón de inspiración de sus composiciones.

  Esta clase de poemas recibieron el nombre de cansó, si bien hay otras composiciones de contenido no amatorio como el sirventés, que satiriza a personas y costumbres. Los autores son trovadores conocidos que además ponen música a los poemas, destacando Guillermo de Poitiers y Bernat de Ventadorm, posiblemente el mejor de todos.

      En consecuencia, la súbita presencia de esta lírica en el orbe cristiano supone en los albores del Medievo la aparición de la primera lengua romance escrita, la revalorización de la mujer en el ámbito cancilleresco y un nuevo planteamiento del amor que humanizó las costumbres algo primitivas de los hombres feudales. Esta nueva e insólita manera de hacer poesía tendrá influencias inmediatas en la lírica gallego-portuguesa y la castellana gracias a la labor de juglares y trovadores, que la propagan a través del Camino de Santiago fundamentalmente.

Introducción a la Literatura del Camino de Santiago.

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     Basta la presencia de un solo hombre para que la Literatura, concebida como creación artística, adquiera carta de naturaleza. Pero, si se trata de multitud de personas que durante siglos transitan ida y vuelta el mismo camino, la acción literaria se multiplica gigantescamente. Es el aluvión de peregrinos, pletóricos de fantasía, de todas las nacionalidades europeas y de todas las clases sociales el artífice necesario de esa veta incombustible que es la Literatura. Porque en efecto no es extraño imaginar que los peregrinos andaban recitando canciones amorosas o baladas épicas que ensalzaban la figura de un héroe o, que alrededor de una cálida y chispeante hoguera, cuando el frío arreciaba, dejaban caer los cuentos más inverosímiles que contaban la danza de las brujas o el desplazamiento interminable de los lobos por las altas mesetas. Así pues el Camino de Santiago se convierte en una fontana limpia de textos literarios orales o escritos, en un fresco y cristalino manantial por donde corren pequeñas perlas o palabras bien dichas que cumplen un papel cultural y humanístico fundamental en la vida de los romeros.

     Tres son las perspectivas con las que se encara el tema literario: la perspectiva transmisora, la motivadora y la hacedora, según mi propia denominación. El camino es un cable o corredor por el que discurren millones de seres humanos que transmiten el acervo cultural propio y variado. Por ejemplo, desde la Provenza u Occitania del Sur de Francia los trovadores y juglares llevan a Galicia breves cancioncillas que juntas conforman la lírica provenzal o de amor cortés. Y a su vez, nobles, arzobispos y juglares gallegos viajan al sudeste francés para embeberse de la cultura provenzal. E incluso, la épica temprana de origen galo irradia su influencia a toda Europa y, concretamente, penetra en Castilla a través del camino santiagués para dar paso a poemas épicos autóctonos, tal como el inacabado Poema de Fernán González. Esto es lo que se entiende por perspectiva transmisora de la literatura. En cuanto a la segunda visión, es un hecho constatado que el Camino es de por sí suficientemente evocador como para despertar el interés de los creadores, escritores y artistas que, inspirados por el paisaje, las gentes o los hechos con que se van encontrando o han leído, deciden incorporar a su obra literaria aspectos suyos. En una palabra, el Camino inspira a poetas y novelistas de todos los tiempos y nacionalidades. A modo de ejemplo, es conocida la novela El Peregrino de Compostela de Claudio Coelho o el poema Balada ingenua de Federico García Lorca, que tienen como fondo el tema del Camino de Santiago. Y por último, existe la seguridad de que el pueblo o comunidad también es capaz, como el creador individual, de ser un demiurgo colectivo, creador asimismo de textos literarios generalmente orales, lo que algunos estudiosos reconocidos han bautizado como pueblo-legión. Por lo tanto, el colectivo peregrino es también un artista que reinventa continuamente su propia obra. Sirva de ejemplo el caso de los Romances en que el grupo humano reelabora sin solución de continuidad un mismo poema cuya característica fundamental es su existencia en variantes.

     Debe añadirse una cuestión más. La pretensión de abordar estos contenidos reseñados no es de ningún modo científica. Como todo lo tratado hasta ahora, se rehuye en el presente cuaderno de hacer ciencia. Simplemente, se trata de un ejercicio sencillo que busca la divulgación general de unas cuestiones culturales que hacen del Camino un espacio único en el mundo. Como se ha dicho en algún otro lugar, este cuaderno es la expresión formal de las respuestas, compartidas con todos, a las dudas y preguntas del propio escribiente. Nada más.