Gonzalo Torrente Ballester. Compostela y su ángel.

compostela y su angel

          Viajeros y cronistas, otro título más, tiene que ver con quienes captaron, pensaron y escribieron a pie de obra sobre el Camino de Santiago. Los primeros hicieron el camino parcial o totalmente y tuvieron la paciencia de relatar las experiencias que les acontecieron. Son los más. Los cronistas cuentan, mezclando en perfecta argamasa consejas y fábulas con realidades, las maravillas o las decepciones que han entrevisto desde su más íntimo yo, pero sin necesidad de recorrer los senderos que llevan a Santiago. A este segundo grupo pertenece por derecho propio y méritos extraordinarios GONZALO TORRENTE BALLESTER, con quien se comienza esta nueva serie.

        Nació en El Ferrol (1910) y murió en Salamanca (1999). Entre ambas fechas le distinguieron la sagacidad y socarronería gallega y la humildad e inteligencia castellana, dos ciudades que marcaron la identidad del ilustre escritor. Cuando acabó el bachillerato, se dice que ya había leído a todos los clásicos españoles, lo que le preparó para el ejercicio lúcido de la crítica literaria. Se licenció en Ciencias Históricas y ganó en 1936 una plaza como profesor ayudante en la Universidad de Santiago. Antes inició estudios de Filosofía y Letras en Santiago y Derecho en Oviedo. Tras la guerra civil española, fue crítico con la dictadura y debió ganarse la vida en medio de notables apuros económicos. Ejerció desde 1970 hasta su jubilación como catedrático de Instituto; fue elegido académico de la lengua en 1977; y publicó novelas de notable éxito, sucesos que mejoraron su vida familiar y personal. Una crisis cardíaca acabó con su vida. En el año 1948 publica Compostela y su ángel, una atrevida y magnífica exploración del fenómeno jacobeo.

         Consta el libro de un prólogo, cuatro partes y un apéndice. El tema, Santiago de Compostela, el amor sustancial del escritor. Resulta la arteria principal del libro e, incluso, puede afirmarse que el asunto de la peregrinación a Santiago desde casi todas las partes del mundo es mero pretexto o artificio para escribir un hermoso elogio de la ciudad gallega. Porque Compostela, dice Torrente en la introducción, es esencialmente campana que marca las horas, niebla que destapa y sumerge a la ciudad y palabra que nombra calles, plazas, corredores, travesías, iglesias, ermitas, monasterios… Porque Compostela ha sido forjada por egregios personajes, casi todos obispos y reyes, apenas algún laico, eso sí creyente, como es el caso del Maestro Mateo, hacedor del Pórtico de la Gloria. Pero la figura señera de la ciudad es la del Obispo Gelmírez, constructor de la catedral, político eminente, religioso influyente, señor feudal, a quien el escritor no repara en alabanzas. Porque Compostela ha sido y seguirá así por tiempo inmemorial musa de poetas y novelistas, como Manuel Machado, Gerardo Diego o Valle- Inclán… E incluso, cuando, trae a escena la vida de los peregrinos, todos ellos discuten, rezan o cantan en el solar de la catedral. Nada queda fuera de Compostela. La última y cuarta parte resulta una práctica guía de la ciudad, siguiendo la división canónica del día- ad tertiam, ad nonam..- El apéndice reproduce un fragmento bastante extenso de su novela Fragmentos de Apocalípsis. Lo demás está reservado a pinceladas sobre el peregrino- la indumentaria, la protección dispensada por reyes, peregrinos ilustres-, las leyendas y milagros que jalonaron el periplo a Santiago, la descripción sumaria de los caminos que conducen a la tumba, y especialmente, dedica el escritor algunos magníficos folios al relato del origen de la historia del Camino de Santiago y el pergeño de la figura del Apóstol.

      Pero lo más sorprendente es el estilo del relato. Es el estilo de un gran narrador a quien la historia literaria aún no ha hecho justicia suficiente. Verbo fluido, frase prominente, imágenes atrevidas y frescas, que a veces quedan por encima del asunto o contenido. Lo importante del libro no es tanta la información documental del suceso peregrino, como la plasticidad del lenguaje entreverado con rasgos humorísticos y sutiles ironías que ya anunciaban por entonces el nacimiento de un excelente escritor.

      Cuando Torrente Ballester publicaba este libro en 1948 casi nadie había oído hablar del camino de Santiago. Él y su Compostela, con ángel, nos descubren que aún quedan bellísimos rincones y senderos a los que debemos acercarnos con la ingenuidad del niño al que todo le sorprende. Así concebía el escritor el principio del conocimiento de su Compostela.