F. Javier Leralta García. Las peregrinas cosas del Camino.

Leralta

        Javier Leralta nace en Madrid en 1959, ciudad en la que reside. Es Licdo. en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense y un experto en las nuevas tecnologías de comunicación. Consecuentemente, es redactor y colaborador en distintos medios, así como profesor y ponente en foros y universidades nacionales, desarrollando temas sobre la movilidad de los ciudadanos y del tráfico en el espacio de las ciudades. Lleva además en sus genes el marchamo de “investigador”, y explora de esta manera ámbitos tan singulares como la vida de algunos reyes y nobles españoles estigmatizados por la “Leyenda Negra”, el porqué de los apodos reales o sencillamente la crónica de los taxis madrileños. Obtiene en 1992 el Premio Villa de Madrid “Ortega y Gasset” de Ensayo y Humanidades por el libro Madrid, villa y coche. Más allá de estas circunstancias, acaso como coherente mixtura de comunicador e investigador, escribe Las peregrinas cosas del Camino,  publicado en 1993.

      No es este el caso de un peregrino que recorre a pie o en automóvil o acémila, o como quiera que sea, los senderos jacobeos, sino de un curioso historiador que recaba los detalles más pintorescos de cada lugar, siendo que el libro bien pudiera haberse escrito sin dejar la casa propia y sin haber dado un paso por los caminos de Santiago. Pero sea lo que fuese, el escritor atraviesa real o virtualmente pagos y montes, páramos y llanuras, para explicar entre el rigor y el desenfado aquello que es llamativo, e incluso, esencial de cada lugar. Son pinceladas histórico-legendarias, sucintos flecos, que definen los pueblos y ciudades jacobeas.

       Por citar algunos ejemplos se traen a colación los siguientes.

     En Aragón el libro cuenta la historia del ferrocarril de Canfranc con toda clase de detalles. Al final, el proyecto duró solo entre 1928 y 1970, y dice el autor que los franceses alegaron como pretexto para cerrar las vías que las naranjas de España se congelaban a su paso pirenaico y no llegaban en las mejores condiciones al país vecino. Otro caso es el del cáliz o copa del que Jesús bebió en la última cena y luego empleado por José de Arimatea para recoger  la sangre derramada de Cristo en la cruz, el llamado Santo Grial. Nos cuenta el viaje interminable del susodicho, que primero estuvo en el monasterio de Leyre, luego pasó  trescientos años en el de San Juan de la Peña y más adelante en Zaragoza.

      Otras tantas anécdotas suceden en el territorio navarro. Carlomagno da lugar a la leyenda de Roldán y los Doce Pares, que muere sonando el olifante a los cuatro vientos y abriendo con su espada Durandart la roca de pedernal, como si de un melón se tratase. Estando aquí se cuenta que las brujas recorren el bosque de Irati y que se trata de la reina Juana de Labrit, madre de Enrique IV, que asoló las iglesias católicas de esta zona. Otros milagros como el de la Virgen de Rocamador, que salva de las aguas a una infanta navarra, arrojada allí por pérfidos personajes, o el Misterio de Obanos, que cuenta el terrible fratricidio de Guillén contra su hermana Felicia, a la que decapita, son retazos que dibujan esta variopinta orografía.

       Y si de la Rioja se trata, muchos son los artículos, sobre todo, los relacionados con el vino. En este punto el libro es un verdadero tratado de enología: la poda y la vendimia, la fermentación y la consecución del sabor y del mejor grado etc. hacen las delicias del buen bebedor. Como sabio consejo popular es bueno que después de parir las vacas se les dé como medicina un litro de vino o que el arrope caliente-que es el mosto cocido- es el mejor remedio para los catarros. Se viene también a decir que el voto de Santiago, posterior a la  dudosa batalla de Clavijo, donde por vez primera aparece Santiago degollando cabezas moras con verdadero frenesí y entusiasmo, queda instaurado como un tributo anual que los habitantes de Galicia, León y Castilla deben pagar de por vida a los canónigos de Santiago de Compostela, costumbre que deroga las Cortes de Cádiz de 1812.

       Ya en Castilla, Isabel la Católica visita la Iglesia de San Juan de Ortega en 1477 para tener descendencia, pues el santo tenía la fama de hacer fecundas a las mujeres y, se supone, a los hombres, aunque por entonces no eran ellos los responsables de la esterilidad familiar. En Villalcázar de Sirga, Palencia, a cuatro km. de Carrión, un ahorcado acusado de robar una piedra de sillería, es salvado por la Virgen colocando a sus pies la piedra falsamente robada. También el lector se entera de que el Palacio de los Botines en León, obra modernista de Antonio Gaudí, es en realidad Palacio de Botinás, pues uno de los propietarios se llamaba Hans Botinás. Se cuenta también que el poeta Gerardo Diego visitó en cierta ocasión el Palacio Episcopal de Astorga y que, perdido en él, alguien le preguntó qué buscaba y respondió que no encontraba el sepulcro de Blancanieves.

        Por último, dentro de los límites de Galicia, el lector se entera de la guerra de los Irmandiños en Sarriá, hermandad popular que lucha contra los desafueros y caprichos de la nobleza gallega. Por supuesto, vencedores al inicio, son pasados por las armas y destruidos finalmente. O en la fortaleza de Vilar de Donas, cerca de palas de Rei, los caballeros de la Orden de Santiago dejaban bien guardadas a sus mujeres para visitarlas en cuanto dejaban sus asuntos de policía de los caminos. Y por fin, en Santiago, se acumulan los decires y entuertos. Poco se conoce de la vida del Maestro Mateo, artífice fabuloso del Pórtico de la Gloria. Acerca del butafumeiro, ocurrió en una ocasión que el descuelgue del ambientador hizo que saliera despedido por la puerta de la Plaza de Platerías y allí acabara con la vida de una inocente castañera, que no esperaba la embestida de aquel mihura, y menos en un lugar santo. Del arzobispo Diego Gelmírez se cuenta que su relación con el pueblo nunca fue buena y que alguna vez hubo de salir a toda prisa por los tejados de su palacio para evitar daños mayores. Es curiosa la historia de un frailecillo que con 17 años hizo el Camino de Santiago y, al término, decidió pedir convento en el monasterio de los Franciscanos. Al poco tiempo se descubrió que era una delicada mujer y paso a las clarisas de Pontevedra con el nombre de María de San Antonio.

        Libro curioso, plagado de historias y leyendas y milagros, contado con esmero y gracia, que aportan conocimientos interesantes al lector y que, seguro, no defraudarán a nadie.

 

Mariano Fernández Urresti. Un viaje mágico por el Camino de Santiago.

 

          urresti1

         Fernández Urresti nace en Santander en 1962 y vive actualmente en la bella localidad  de Santillana del Mar, probablemente atraído por la fuerza natural de estas tierras suaves y verdes. Licenciado en Historia por la Universidad de Cantabria, pronto descubre la vía de la Historia esotérica, a la que ha dedicado la mayoría de sus libros e investigaciones. Él se confiesa un historiador puro porque la labor de escudriñar cualquier período supone trascender imaginariamente el tiempo y viajar libre por los confines más recónditos y alejados de la Historia. Obtiene el III Premio Finis Terrae de Ensayo  por la obra “La España expulsada. La herencia de Al Andalus”. Su relación con los medios de comunicación es habitual, ya como difusor de los conocimientos del santo Grial o de los Cátaros o Templarios, entre otros, ya como asesor del Consejo de RTVE en Cantabria. En el año 2004 publica un interesante libro, “Un viaje mágico por el Camino de Santiago”.

           El autor realizó en bicicleta tres viajes entre los años 2000 y 2002 y comenta que cada año fue diferente pues el Camino de Santiago es una vía inagotable que siempre aporta contenidos y perspectivas nuevas al caminante. Los apuntes tomados el último año son los que dan lugar a la redacción del texto, que estructura en dos partes. Divide la ruta en diez etapas, desde Roncesvalles, pasando por Santiago, hasta Finisterre, donde el peregrino moría con el sol para renacer radiante al día siguiente.

     Historiador por formación, Urresti parte de los hechos documentados como cualquier buen perito, pero trasciende aquellos papeles para adentrase en las partes más ocultas de la Historia, rayanas a veces en la fantasía y el misterio. Es lo que se conoce como la Historia mágica y esotérica, denostado a veces por los historiadores puristas, pero que es sin duda un filón apreciable susceptible de aportaciones valiosas e importantes. No obstante, el escritor se muestra un hábil estudioso de estos temas, dejando en el libro retazos de esa sabiduría cabalística y misteriosa.

          Parte de una premisa, que luego corrobora a lo largo del libro, y es que el Camino de Santiago existió muchos siglos antes que el hallazgo de la supuesta tumba del Apóstol se encontrara en el siglo IX. No en vano, las calzadas romanas existían ya desde el siglo I y II d.C. Incluso, las peregrinaciones jacobeas recogieron tradiciones, leyendas, intromisiones fabulosas de mitos, cuentos y consejas a las que dieron aspecto cristiano, en una palabra, lo cristiano simplemente se superpone sobre el sustrato cultural pagano. Supone el escritor el origen celta del Camino, e incluso aún se pierde en la noche de los tiempos a la sombra de las influencias egipcias.

           Sobre estas bases el peregrino desgrana milagros y leyendas que han ido arraigando en las orillas de la ruta y en el imaginario de los viajeros y lugareños, convirtiéndose en uno de los mejores libros que han tratado estos temas. Desde las leyendas y milagros más conocidas, extendidas incluso por Europa-las del Chori de Puente la Reina, el milagro de Sta. María de O Cebreiro, por ejemplo- hasta las más olvidadas-la del diablo de la fuente de Reniega en el Monte del Perdón, la de Obanos, la del crápula Nuño Oñez en Montenegro de Cameros, el prodigio de la hostia que no quiere entrar en la boca de Fernandez de Teresa etc.-todas son tratadas como se merecen por el autor santanderino. Y por supuesto, otros asuntos como el Santo Grial-copa en la que bebió Jesús en la Última Cena-; o los misterios que rodean la Orden del Temple y su influencia en la ermita de Eunate y la iglesia de Torres del Río, cuya encomienda ocupó amplios territorios navarros; el orbe de las brujas y aquelarres en Viana y Logroño, donde tuvo lugar el juicio contra las brujas de Zugarramurdi, también llenan las páginas de este libro.

      Junto  a esta perspectiva más heterodoxa, también Urresti cuenta la otra historia oficial de reyes, nobles y villanos que, juntos, fueron protagonistas y escribieron con sus vidas y acciones páginas enteras del Camino. Y cuenta también el conocimiento, relaciones y  aventuras que el autor tuvo con otros peregrinos.

       Estilo desenvuelto, elegante a la vez que coloquial, rápido y fluido porque se cuentan muchas cosas, no exento de ironía y humor, al menos suficientes para el necesario distanciamiento de los temas, son sin duda notas definitorias que aconsejan la lectura de este libro, mixtura de historia oficial y esotérica, acaso la mejor perspectiva para acercarse a este importantísimo fenómeno del Camino de Santiago.

            

Pascual Izquierdo Abad. Prosas Profanas del Camino de Santiago.

 

       prosas profanas              Nace en Sotillos de la Ribera, provincia de Burgos, en 1951, pero reside en Madrid desde 1967. No obstante, el eje toponímico del escritor es la aldea natal, con quien mantiene una relación muy estrecha. Es una persona dividida entre el trabajo que realiza como Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones y la afición e interés por el ámbito de la cultura y creación artística, hasta el punto de licenciarse en Filología Hispánica por la Universidad Complutense. Decididamente toma la opción de dedicarse exclusivamente a  escribir en el año 2003. Es poeta, crítico literario y autor de guías de viaje, no a la mera usual, sino insuflando a sus relatos buenas dosis de originalidad y personalidad propias sin perder un ápice la información práctica de este subgénero. En esta dirección redacta un extraordinario libro de viajes, Prosas Profanas del Camino de Santiago, dos ediciones, ambas en el año 1999, que retrata una vez más los ecos mágicos y reales del secular camino.

            El libro es una recopilación de las impresiones que le produce el camino, cuyo viaje lo  realiza en bicicleta en compañía de varios amigos a lo largo de tres años, desde la primavera de 1996. Aclara en el preludio que la razón que le empuja a esta aventura es sobre todo, la necesidad del disfrute de la Naturaleza y la Cultura, bien entendida en su sentido más amplio, como integradora de los valores del ser humano. Divide la peripecia en trece jornadas, precedidas de un breve introito y una despedida agridulce en la que, por un lado domina el sentimiento gozoso de haber seguido un camino histórico, antes trasegado por tropeles de peregrinos, y por otro la sensación amarga del final del periplo.

        Se trata de un texto bien empastado en que se sintetizan equilibradamente la narración de los sucesos, la historia, las leyendas y el arte. Eso sí, todo entrelazado desde la perspectiva personal del escritor. Probablemente sea éste el valor más destacable de la obra, la innegable y preciada visión particular que agrupa los diferentes ingredientes o contenidos que llenan los pasillos y crujías del camino jacobeo. Prácticamente incorpora casi todos los monumentos religiosos, de los que hace atinados y rigurosos comentarios; cuenta muchos aconteceres históricos suficientemente documentados; atrae la carga de leyendas y fábulas, tan esenciales de la ruta. Pero con ser importantes aquellos componentes, debe destacarse el relato de las acciones que se suceden o los cuadros de costumbres y la descripción de tipos que se producen en las villas y, sobre todo, en las ciudades grandes como León, Burgos o Santiago. El escritor lanza una mirada punzante y desmenuza con notable destreza la galería de personajes que discurren por las plazas, las calles y las iglesias, catedrales y ermitas, mendigos haraposos, borrachines perdidos, mujeres elegantes, taberneros, venteros, pícaros, foscos clérigos etc.

            El estilo resulta también acertado. El escritor maneja hábilmente los hilos del diálogo, que se combinan con descripciones detalladas y relatos completos de hechos. A ello ayuda el imponderable caudal léxico, que enriquece mucho la capacidad expresiva y la intencionalidad comunicativa del autor. Pero no es menos cierto que el lirismo del texto aporta un valor enorme al conjunto del libro. Sin duda, el don de poeta que acompaña al escritor rezuma en cada una de las páginas del libro de un modo espontáneo y supone un factor añadido cooperante de la bondad y calidad del presente libro.

            Por último, quiere recordarse que cada jornada va cerrada con el estampado de un sello del Camino, elegido por su importancia. El primero es el del hospital-abadía de Roncesvalles, y el último, el de la iglesia-monasterio de San Francisco, en la ciudad de Santiago de Compostela, fechado el día 21 de agosto de 1998, final del Camino.

 

 

 

Vicente Malabia Martínez. Meditaciones de un peregrino.

malabia

        Vicente Malabia nace en 1949 en la localidad de Minglanilla, Cuenca. Sigue los estudios de Teología y realiza un máster en Ciencias de la Religión, siendo ordenado sacerdote en 1974. Llevado de su afición por la Historia adquiere la licenciatura en esta materia, y se especializa en Historia Medieval. Como consecuencia de esta formación humanística ejerce como profesor y bibliotecario en el Seminario Conciliar de San Julián de Cuenca, es Director del Museo Diocesano de Arte Religioso, miembro de la Comisión Provincial de Patrimonio de Cuenca y, por fin, en justa reciprocidad a sus méritos es nombrado Académico de la Real Academia de Cuenca de Artes y Letras (Racal) en el año 2014. Mantiene un interés muy vivo por el tema del Camino de Santiago al que ha dedicado estudios y análisis históricos publicados en la Revista “Peregrino”, pero destaca sobre todo el libro Meditaciones de un Peregrino, dado a la luz en 1999.

       El escritor podría haber titulado el libro Meditaciones Religiosas de un Peregrino porque se trata de un libro escrito desde la fe más profunda y sincera de la que puede hacer gala el ser humano. Hay “fes” interesadas, las hay falsas o fementidas, otras superficiales que no escarban en lo hondo, hay “fes” de simple ornato, pero la de Malabia es un fe ganada a base de esfuerzo, trabajo y sensibilidad, que además señala el camino que debe seguir en dirección a Dios, base de toda experiencia y fundamento de vida. Porque, al final, la fe es cuestión de corazón, como lo manifiesta muy alto y claro el escritor. Es algo así como un poeta que descubriera el mundo interior que lo hace más fecundo y rico, pero eso sí, es el corazón que no la razón, la que descubre el orbe maravilloso. De este modo, él entra en la Catedral de Santiago,dejando atrás la orla de la razón y dejándose avasallar por la inmensa y fugitiva corriente de la intuición, que es su pasión por la divinidad.

     El libro está dividido en breves capítulos que son reflexiones que conducen siempre a la presencia de Dios en el pensamiento del escritor. Esta presencia omnímoda se hace esperar desde las primeras líneas en que el peregrino elige como textos de viaje una edición de bolsillo del Nuevo Testamento y el Sermón Veneranda dies, entre otros, que es uno de los capítulos dedicados al peregrino en el Códice Calixtino. A partir de estos renglones, el eje sobre el que gira o articula el peregrino es la figura divina. No es una búsqueda de Dios, porque ya lo tiene, sino un canto a la creación, a la naturaleza, al sol y sus fuerzas, al viento, a todo lo que existe, como revelación de la deidad en el mundo. Comienza afirmando que la aurora es Dios y concluye que el mar, en Finisterre, también lo es.

    Sin embargo, se trata de un libro abierto a todos los lectores, creyentes y no creyentes, porque incorpora contenidos esenciales: la vida es un viaje en el que sobran muchas cosas innecesarias –la vanidad, la arrogancia, el egoísmo, la mentira, el robo…-; la Iglesia debe ser pobre como Jesús; es buena la soledad que nos lleva a pensar en nosotros y en los demás; las relaciones humanas no deben estar fundadas en acuerdos mercantilistas, sino en la amistad; la sencillez es una manera fecunda de vivir; el tiempo huye y el hombre se hace viejo, así que aprovechemos de verdad los minutos que se nos han dado; y el silencio es necesario entra tanto tumulto y prisas  que no llevan a ningún sitio. Toda una larga lista de recuerdos importantes que a menudo se olvidan, de puro sabidas.

    Es un libro bien escrito con abundantes referencias intertextuales a citas y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento, a los Evangelios, e incluso a figuras de la Mitología Clásica. Se descubren también citas literarias espontáneas de otros escritores. El estilo denso no hace aburridas las disquisiciones personales, que están perfectamente enmarcadas en cuadros de naturaleza viva, muy bien plasmada por la pluma del escritor.

      Como otros, este es asimismo un libro necesario porque recoge y resume magníficamente la perspectiva religiosa del Camino de Santiago.

Suso de Toro y Xurxo Andrés Lobato. La Flecha amarilla. El Camino hacia Santiago.

la flecha amarilla

 

                Suso de Toro, hipocorístico de Xesus Miguel de Toro Santos, nace en Santiago de Compostela en el año 1956. Se licencia en Geografía e Historia, especialidad Arte Moderno y Contemporáneo, por la Universidad de Santiago, y trabaja como docente en Enseñanza Secundaria, además de colaborador en distintos medios de comunicación, tales como El País, La Vanguardia, La Voz de Galicia, entre otros. Ha escrito más de veinte libros de ensayo, teatro y narrativa, género en el que gana el Premio Nacional de Novela en 2003 por la obra Trece campanadas. Es también un importante activista del Bloque Galego al servicio de la defensa de los intereses culturales y sociales de esta importantísima Comunidad.

              Xurxo Andrés Lobato nace también el mismo año de 1956 en la ciudad de La Coruña, y obtiene la licenciatura de Geografía e Historia, en la rama de Historia Contemporánea. Pero a Xurso le atrae sobre todo la fotografía, actividad a la que se ha dedicado en cuerpo y alma y por la que ha sido galardonado con distintos e importantes premios. Singular  resulta el Premio Ortega y Gasset de Periodismo, en la versión de obra gráfica, año 2003, por una impresionante y magistral imagen del Prestige, que se hunde en picado en el mar, mostrando la popa antes de anegarse finalmente en el piélago. Es, según definición de sí mismo, un narrador visual que utiliza la luz.

       Fruto de la colaboración de los dos, escritor y fotógrafo, es el libro La flecha amarilla. El Camino hacia Santiago, editado por Aguilar en 1999.

     El libro es un bello ejemplo de equilibrio a que pueden llegar las letras y las artes, la literatura y la fotografía, firmado por la pluma socarrona y mordaz de un heterodoxo escritor y por la magia creativa de un fotógrafo excepcional. Ambos deciden echarse al Camino en el verano de 1998, como santiagueses que han contemplado desde la infancia la ida y venida de peregrinos de todo el mundo, y comprobar en las propias carnes los sinsabores, la largueza, la dureza o las bondades de la peregrinación jacobea, que hunde sus raíces en la Alta Edad Media. El camino lo realizan también de forma mixta pues ya usan el vehículo para desplazarse a trechos, cargados de los trebejos necesarios, cámaras y otras objetos ópticos, ya andan otros tramos junto a los peregrinos descubriendo los secretos que guardan.

     Es un libro tan heterodoxo como necesario, que enriquece el panorama interpretativo del fenómeno jacobista. No está dividido convencionalmente en capítulos, sino que, partiendo de los pasos pirenaicos de Somport y Roncesvalles, el escritor reparte la totalidad del texto en epígrafes, que encierran  las vivencias más importantes recogidas a lo largo de la extensa toponimia. La técnica empleada en la narración es la del distanciamiento, pues el escritor no desea asimilarse o confundirse con el peregrino, sino que es propósito suyo relatar lo que se vive desde la esfera más objetiva y a la vez crítica. De este modo, a modo de ejemplos, la música gregoriana reproducida en unos discos que suenan en la iglesia de Santa María de O Cebreiro es un artificio impropio de los monjes; censura el hundimiento del antiguo poblado medieval de Portomarín por mor del falso progreso; en el Monte del Gozo, con ocasión de la visita del Para Juan Pablo II en 1993, se levantó algún monumento, que es un verdadero adefesio; en un Hospital del siglo XII se venden baratijas como si nada, convirtiendo un espacio artístico en un mercado de mercachifles; repara en que nadie reza en las iglesias, solo hay bullicio y turismo que busca raciones de románico como quien consume pescado; también se encuentra con dos curas mayores que hablan de los efectos transformadores del Camino, pero que ellos mismos no lo han hecho nunca, platicar es fácil, etc. etc. Sin embargo, en esta lucha titánica del escritor contra “lo rancio o falso”, hay un hueco para la admiración y elogio de la figura central que da sentido total al Camino de Santiago: el peregrino. Probablemente, nadie como Suso, ha entendido la esencia del caminante. Es un ser inmerso en los senderos-a un lado ha dejado, su profesión u oficio, incluso su pasado domestico-que, motivado por alguna razón, busca algo más que no encuentra en la rutina de cada día. Y es por eso, un ser solo, solitario, embebido en la soledad, deseosa y apetecida, e imbuido de lo natural que le rodea, incluso de la idea de Dios. Dice el escritor que el peregrino, dentro de la placenta del Camino, no desea acabarlo ni llegar al fin del viaje porque debe volver a empezar de nuevo la rutina, a veces, el tedio.

      Suso es un narrador rápido, ágil, buen escritor, tan ocupado por dejar discurrir las ideas e impresiones, en una palabra, los contenidos, que a veces margina voluntariamente los alardes de un estilo pulido. Junto a él, las imágenes líricas del su amigo, Xurso, coadyuvan a la creación de un libro meritorio, que no tiene desperdicio. Si no existiera, habría que inventarlo.

Luis Carandell. El Camino de Santiago y Ultreia.

 

          Luis Carandell nace en Barcelona en 1929. Cuando estalla la guerra civil en 1936 la familia viajó a Francia para volver nuevamente a la capital catalana, finalizada la contienda. Instalado en Madrid en 1947, cursa la carrera de Derecho, aunque no ejercerá nunca la abogacía porque orienta sus pasos hacia el periodismo y la escritura. De esta manera en la fecha de 1952 se bautiza como periodista en las columnas de “El Correo Catalán”. ES corresponsal de prensa en muchas ciudades del mundo, algunas tan importantes como Japón o Estados Unidos. Pero aquella experiencia cosmopolita, probablemente necesaria, la trocó por brillantes colaboraciones en revistas de gran importancia en la España de la transición política, como “Cuadernos para el diálogo”, “Triunfo” o “Hermano lobo”. En todas, Luis Carandell se muestra crítico y sarcástico con la realidad social, sin dejar de exhibir un humor inteligente, tan propio de su personalidad. Pero a pesar de los méritos mentados, es sobretodo valorado como un excelente cronista parlamentario, que ejerció el periodismo a diario en la prensa y en los programas informativos de TVE durante los años 1982 a 1987. Esa labor ha sido reconocida por el Senado que creó el Premio “Luis Carandell de Periodismo Parlamentario”. Viene a morir en Madrid en 2002 y sus cenizas depositadas en el bello pueblo alcarreño de Atienza, al que estaba muy unido pues allí pasaba muchas jornadas con su mujer e hijas en los días de asueto. Publicó dos libros de tema jacobeo, El Camino de Santiago, obra colectiva,y Ultreia, ambos en 1998.

     carandell1      

        El Camino de Santiago es un libro híbrido. Es por un lado un maravilloso álbum de fotografías de Xurso Lobato y, por otro, un breve pero atinado texto sobre cuestiones relevantes de arte y génesis del Camino, firmado por los ilustres catedráticos Fernando López Alsina y Serafín Moralejo, además del periodista y escritor Luis Carandell.

       Más de cien fotografías recogen lugares y rincones emblemáticos del Camino, entrevistos con la mirada profunda e íntima del retratista Xurso. Son fotos tomadas a lo largo de todas las estaciones, donde se aprecian los paisajes nevados de las montañas, los claroscuros de los claustros e iglesias románicas, los atardeceres sombríos de los pueblos o las figuras de los peregrinos caminando incansables hacia su destino. De entre ellas, es especialmente evocadora la imagen de la anciana de O Cebreiro, de pequeña estatura, brazos caídos, cargada de una bolsa y bolso en la mano izquierda, y tapada la cabeza con una cofia o mantilla. Unos chanclos, medias negras y una sencilla chaquetilla de lana, la protegen del frío que se percibe en la campera. Y por el fondo, en medio de la seda gris de la niebla, las paredes de la iglesia románica de Sta. María aparecen desdibujadas como testigos silentes de la figura humana.

      Original resulta la colaboración de Carandell en este libro. Relata un viaje por el Camino en el que registra retazos de la historia, leyendas y personajes famosos o anónimos, haciéndose acompañar de Jose Mª Yagües, que introduce comentarios artísticos ponderables, y de Aymeric Picaud, clérigo que vivió en el siglo XII y artífice de una buena parte del Códice Calixtino. Particularmente gracioso es el retrato que nos deja de Picaud, a quien se refiere como un hedonista, amante del buen yantar y beber, y al que impele a matizar sus sarcasmos sobre los navarros, desdiciéndose en parte de las rigurosas críticas vertidas mil años atrás.

ultreia1

       Ultreia no es propiamente un libro de viajes escrito por un peregrino, sino por un turista que recorre el Camino en vehículo particular. El relato se inicia en el Camino Aragonés y Navarro y, confluyentes en Puente la Reina, acaba en Santiago y Finisterre. Desde una perspectiva agnóstica, en mi opinión, a la vez que humorística y desenfadada, Carandell cuenta los sucesos históricos principales que identifican los principales lugares, los abundantes milagros que suceden sorprendentemente en cualquier rincón o abrigo del sendero y las leyendas que se transmiten oralmente de generación en generación. Probablemente la virtud principal no sea la transmisión de unos contenidos ya repetidos por la literatura jacobea, sino el modo y la forma de escribirlos, su innegable y señero estilo. Pertrechado de un lenguaje periodístico directo, sencillo, a la vez que riguroso, las historias discurren rápidas y ágiles sin que pierdan nunca el interés ni la emoción. Todo lo que cuenta, en definitiva, lo hace entretenido, chusco, ameno e interesante, revelándose como un magnífico narrador de historias.

      Tiene además el escritor la virtud de documentarse y manejar muchas fuentes bibliográficas. Todo lo cual cristaliza en un atractivo libro de viajes, escrito por un turista motorizado.

José Fernández Arenas. Los Caminos de Santiago.

 

     arenas

        Fernández Arenas nace en Burgos en 1930 y fallece el pasado julio de 2015 en el pueblo de sus amores, Quintanilla de la Rueda, a poca distancia de Mansilla de las Mulas. Profesa en la Orden de los Dominicos y es destinado muy joven a la Virgen del Camino, donde fue profesor en el colegio de esta Orden. Por entonces había estudiado Filosofía y Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en Historia del Arte por la Universidad de Munich. Se seculariza a finales de la década de los setenta y gana la cátedra de esta especialidad en la Universidad de Barcelona, que ejerce hasta la jubilación en 1995. A pesar de ello, sigue trabajando como Catedrático Emérito hasta su muerte. Despliega una intensa actividad intelectual, participando en conferencias, congresos y charlas de temas jacobeos y otros, pero importa recordar que funda en el año 2003 la Asociación de Amigos del Camino de Santiago Ruta Vadiniense Picos de Europa y que, desde 1996 hasta 2014, es un colaborador incansable de la revista Peregrino. En 1965 se publica  el libro Los Caminos de Santiago, Arte, cultura y leyendas, vuelto a reeditar en 1993.

           Se articula en dos partes y varios Apéndices. En la primera parte el autor teje el relato ya común de los orígenes de la leyenda del hallazgo de la tumba de Santiago Apóstol a partir de la cual brota una de las tres vías de peregrinación más importantes del mundo; se repasan la iconografía del santo y otros temas, pero es reseñable el último apartado dedicado al  fenómeno musical, a través del cual se traza un hermoso retablo de los comportamientos del peregrino, que se hacía acompañar de la música como un medio de superación de los numerosos obstáculos con que iba tropezando. La parte segunda es la guía propiamente dicha. Como tal se van recogiendo los lugares que constituyen esta ruta, así como un comentario, a veces exhaustivo, de los monumentos que la jalonan, pues no obstante José Fernández ha sido un reputado historiador del arte románico.

        Pero dos son, a mi juicio, los valores genuinos y muy ponderables del libro. El escritor morosamente va anotando las leyendas y consejas que pueblan los caminos. No se debe soslayar la gran importancia de este tema pues la ruta jacobea es también un medio de creación y propagación de esa literatura popular expresada en romances, epopeyas y otras maneras artísticas. Hasta tal punto es así, que no resulta desmedido comentar que el libro, probablemente sin proponérselo el propio escritor, es una excelente colección de leyendas y milagros, narrados con maestría. Y el otro mérito inédito, no solo en la fecha de la publicación del libro, sino incluso en la actualidad, es el trasunto de los otros Caminos que no figuran generalmente en los textos viajeros.

          En efecto, cuando se tiene por común que los peregrinos allegados de Italia y la Provenza, penetraban en España por la Vía Tolosana a través del Puerto de Somport, en tierras aragonesas, recuerda Arenas la importancia de los accesos por el Pirineo Catalán, bien por S. Pedro de Roda o Ripoll, consagrando el valor de los monasterios de Poblet y Monserrat, y en consecuencia, de Cataluña, como otra ruta jacobea de enorme importancia, que más adelante convergía en Zaragoza. Otro Camino es el que seguían los peregrinos del Norte de Europa que, en vez de reunirse en Sant Jean de Pied de Port con los demás provenientes del Centro, se introducían en España por Irún y San Sebastián para conducirse ya por el Camino del Norte o por el Francés, siguiendo la travesía del Puerto de Pancorbo y Burgos. Asimismo nos sorprende la desviación desde Burgos hacia Covarrubias, Silos y Caleruega, tierras de resonancias místicas y caballerescas como el Conde Fernán González, pionero y adalid del reino de Castilla, protagonista del romance homónimo. Tampoco es menor el desvío que los peregrinos tomaban en León con destino a Oviedo, atravesando el indómito y montaraz puerto de Pajares, del que Jovellanos dijo que su paso resultaba un verdadero infierno.Por último, el libro anota la ruta del Sur, proveniente de la calzada romana, conocida como vía de la Plata, que, desde Salamanca o Zamora, iba a darse de bruces con Astorga o  Sanabria, en dirección a Compostela.

      Los apéndices comprenden un socorrido glosario de términos artísticos, y una sucinta pero importante bibliografía jacobea.

           Libro muy interesante que, excepcionalmente narrado, de prosa sencilla y culta, ameno y fluido, resulta un valioso documento para el peregrino hodierno.