Cees Nooteboom. El Desvío a Santiago.

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           Nació en 1933 en La Haya (Holanda). Siendo un adolescente de doce años muere su padre en un bombardeo aliado, justo unos meses antes de acabar la trágica Guerra Mundial, lo que le produjo una acusada tristeza por tan temprana orfandad. Pocos años después, abandona el hogar y se dirige a Bélgica para ganarse abiertamente la vida. Desde entonces no ha dejado de transitar por todo el mundo. Viaja a España en 1954 por primera vez y, a pesar de la tierra pobre que encuentra física y moralmente, queda fascinado por Castilla, de la que dice que es como un pan de tono cobrizo. Tal es su admiración por estos campos a los que vuelve siempre, a la vez que estudia la idiosincrasia del pueblo español, de tal manera que algunos críticos opinan que Cees sabe más de España que los mismos naturales, incluso, los más entendidos. Fruto de este contacto sobreviene el libro El desvío a Santiago, publicado en 1992. Ha ejercido como cronista, dramaturgo, traductor, ensayista y narrador, donde ha cosechado éxitos mundiales. También recibe premios tan importantes como la Medalla de Oro del Círculo Bellas Artes de Madrid.

      Se trata de un curioso libro. El escritor llega a Barcelona a bordo de un barco y el lector presiente que los pasos deberá dirigirlos a Roncesvalles o a Somport, como puntos de partida del camino de Santiago. Pero no es así. Un automóvil alquilado lo conduce a Zaragoza, luego al monasterio de Veruela en Tarazona, donde dice que el carácter del español tiene algo de monacal, y de ahí a la recia, sobria y encantadora Soria, la del Duero de Machado y de Gerardo Diego. Ya no se acordará de Santiago ni del camino hasta casi el final del libro, tan solo las últimas treinta páginas de cuatrocientas largas están dedicadas al tema jacobeo. Además de Soria, el autor se desliza como gota de agua en el cristal de las Españas por el Museo del Prado, los jardines de Aranjuez, Segovia…no tiene horizontes meridianos. Y después del largo viaje, torna a lo que vino, a empezar el Camino.

       Él mismo escribe que como el tiempo que le resta es poco, al igual que Ulises, decide desoir los cantos de sirena e ir derecho hacia Compostela: Jaca, Puente la Reina, Logroño, Navarrete, Burgos, Castrojeriz, Fromista, Carrión, son poblaciones que atraviesa deprisa sin apenas mirarlos desde las ventanas de su automóvil. Sin embargo, tres son los núcleos que despiertan en Noteboom un interés especial, por el que no duda en detenerse y, fijada su mirada en ellos, redactar un racimo de bellos párrafos que revelan el amor que tiene por los rincones más sugestivos de esta España peregrina. Primero, parte desde Mansilla de las Mulas para encontrarse a pocas leguas con el conjunto de San Miguel de la Escalada, perfecto rincón que guarda armonías de hermosa arquitectura mozárabe. Después se detiene en O Cebreiro, otro pago mítico donde además ocurren milagros que han prendido en la cultura popular. Y tercero, antes de abrir el portón de entrada a la ciudad levítica de Santiago, no duda en abrazar los confines del mundo en Finisterre, donde el antiguo peregrino tremolaba emocionado ante el vacío que le deparaba el horizonte del mar, entrevisto desde los escarpados acantilados gallegos. Así decidió Noteboom que fuese el periplo.

       Ya en Santiago, por fin, el escritor queda fascinado por las piedras de la ciudad que, cuando llueve, aún están más vivas; le admira esa lengua que, dice, es parecida a la portuguesa; exhala un halo de admiración por las esculturas que labró con buril y cincel el Maestro Mateo; y entre impresiones, cala en su espíritu el repique de las campanas que llenan el silencio del aire. “Su viaje español ha terminado”.

     Libro ameno, vertiginoso en la narración como el viaje, colmado aquí y allá de rápidas reflexiones sobre la cultura y el ser de España, bien escrito, como corresponde a un escritor de raza pura.