Obras civiles. El trazado del Camino.

       2012-10-10-10-00-26[1]                                                                                   Actualmente el peregrino se desliza por un camino que adopta formas distintas: andaderos, arcenes, senderos, e incluso la calzada por la que discurren los automóviles. Pero la respuesta acerca de dónde está el origen de estas vías no es fácil pues los caminos se van construyendo secularmente a fuerza de usarlos sin que exista una fecha cierta del nacimiento de los mismos.

      Para llegar al Camino Francés, vertebrador de la ruta de Santiago y referente principal, debe cronológicamente anticiparse el Camino Primitivo. Descubierta la supuesta tumba del Apóstol en el año 812, es Alfonso II el Casto el primer monarca peregrino que acudió a Santiago llamado por el Obispo Teodomiro. Siguió entonces el camino que unía Oviedo con Santiago a través del interior occidental asturiano, fragoso antes y ahora, espectacular paisajística y etnológicamente, que se supone a la sazón tortuoso, aventurado y repleto de cientos de calamidades. El camino estaría hecho a retazos irregulares, abierto por los habitantes autóctonos, entre enormes ausencias yermas que la comitiva del rey astur iría abriendo con las cabalgaduras. Luego, a lo largo del siglo X tomaría el relevo el Camino del Norte, bellísimo marco idílico, que a través de cortados, bufones, valles y escarpados acantilados, unía las tierras vascas con Santiago. Debe imaginarse que el camino sería una vía principal franca que serviría de medio de comunicación a los lugareños de los territorios norteños, además de una red tupida de pequeños caminos, dada la dificultad orográfica que aún hoy presentan estas hermosas campiñas cantábricas. Por último, cuando las condiciones históricas lo permitieron, a saber, desplazamiento de la reconquista hacia el sur, y el apoyo de los monarcas, nació a finales del siglo X el denominado Camino Francés.

     No se inventa el Camino Francés, se adapta a lo que fue la calzada aquitana, que unía desde la época de la conquista romana en el siglo II d.C., las civitates de Burdeos y Astorga. Y en efecto, actualmente el peregrino va tropezando con pedazos aún existentes de aquella importante calzada romana. En concreto, además de la información de Aymeric Picaud sobre la entrada a Roncesvalles por la antigua vía romana, tres son los tramos en que se hace visible: a las afueras del pueblo de Cirauqui, dirección Puente la Reina, hay restos discontínuos de calzada; tras dejar atrás la villa palentina de Carrión, a una distancia de 6 km. el caminante entra en contacto con un buen fragmento de la Vía Aquitana; y lo mismo sucede en el pueblecillo de Calzadilla de la Cueza. Puede y debe considerarse pues esta calzada antigua el precedente del actual camino francés, la cimentación viaria de una de las rutas más célebres del mundo occidental. Posteriormente el esfuerzo ímprobo de constructores de caminos han completado aquella primera obra, de entre los que han destacado por merecimiento propio Santo Domingo de la Calzada y San Juan de Ortega. El primero desbrozaría la ruta entre Nájera y Redecilla del Camino, se dice que con una hoz en mano; el segundo, además de apoyar al peregrino fundando el monasterio homónimo, abrió senderos en los insidiosos montes de Oca. En los tiempos actuales, a partir de 1980, las Asociaciones de Peregrinos, enaltecidas por la señera figura de Elías Valiña, han insistido en la necesidad de la rehabilitación del Camino Francés y conseguido importantes obras de mejora, aún a sabiendas de que quedan trabajos por realizar, tales como el acceso y salida de las ciudades más importantes del Camino o el acicalamiento de algunos tramos deficientemente ejecutados o simplemente abandonados.

      Pero es el peregrino el que con las huellas de sus pies hace camino al andar, dejando tras de sí una estela inmarcesible, que asienta la perdurabilidad del Camino de Santiago.