Monasterios del Camino (II).

     Monasterio de Yuso (Logroño) 

   325px-Monasterio_de_Yuso_2[1]                                                                                                                                                             Algunos peregrinos se separan  del Camino de Santiago en la etapa comprendida entre Nájera y Santo Domingo de la Calzada, para llegar al pueblo riojano de San Millán de la Cogolla. Aquí se erige el emblemático Monasterio del mismo nombre cuyas resonancias literarias y filológicas son evidentes.

         Se trata en realidad de dos monasterios a pesar de la singularidad de la denominación: El Monasterio de Suso (el de arriba, del latín sursum) y el Monasterio de Yuso (el de abajo, del latín deorsum). El de Suso fue fundado por San Millán en el siglo VI y se conservan, además del sólido continente de piedra, el sarcófago o cenotafio del santo. Fue destruido por Almanzor y levantado nuevamente. El de Yuso se sabe de su existencia en el año 1053 y se caracterizó por ser originalmente un monasterio románico, aunque resultó enteramente reconstruido en el siglo XVI siguiendo los nuevos cánones artísticos. Son notables el claustro y la iglesia, la biblioteca y archivo y el Salón de los Reyes. Fue benedictino en las centurias anteriores y está ocupado actualmente por los agustinos recoletos.

        Hay dos cuestiones de indudable interés circunscritas al monasterio de Suso.

       La primera es de carácter filológico. A finales del siglo X, probablemente alrededor del año 964, un monje culto copió en latín un texto religioso dirigido sobre todo al pueblo llano. Sabedor el copista del desconocimiento popular de muchas voces latinas, traduce al margen del folio o pergamino el significado del latinismo en la nueva lengua romance que el pueblo ya utilizaba diariamente como vehículo de comunicación, lengua que es el castellano primigenio o castellano altomedieval que luego se irá modelando con el paso de los siglos. Por ser pues explicaciones de palabras latinas, reciben el nombre de Glosas Emilianenses. Aprovecha además el copista el conocimiento del euskera para hacer lo mismo con otras glosas en vascuence. Se consideran pues estas glosas como la primera manifestación o monumento de las lenguas castellana y vasca, a las que llama un entrañable filólogo y poeta los primeros vagidos de la lengua castellana. Pese a lo dicho, se apunta someramente que los últimos hallazgos filológicos sitúan los primeros textos del castellano en el valle burgalés de Valdegobía, Monasterio de Valpuesta, en que los famosos Cartularios de Valpuesta  presentan algunas copias fechadas casi dos siglos antes que las glosas emilianenses.La Real Academia de la Lengua Española ratifica este descubrimiento.

      La segunda cuestión tiene un perfil literario. Aquí tomó sus votos y permaneció hasta su muerte Gonzalo de Berceo. Nació en la aldea de Berceo, a escasa distancia de San Millán de la Cogolla, a finales del siglo XII, y murió sobre la mitad del siglo XIII. Ejerció el cargo de notario o secretario por su esmerada cultura. Pero el rasgo de su fama ha sido que resulta ser el primer poeta conocido en lengua castellana, alentado a usarla por la naturaleza didáctica de sus escritos. Pese a ello, la obra de Berceo es culta no solo por el uso de la métrica denominada de cuaderna vía (versos agrupados en estrofas de cuatro versos de 14 sílabas y de rima consonante), sino también por la consulta y manejo de bibliografía antigua en la biblioteca del monasterio.

    Ambos monasterios son declarados Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco en 1997.

       Monasterio de Suso (Logroño)

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