Los puentes. Generalidades.

 Puente de Zubiri sobre el río Arga (Navarra)                                                                zubiri-Bridge-722[1]

         Estas construcciones son capitales en el Camino de Santiago pues permiten el transito de los peregrinos en los cursos de agua. En efecto, en los albores de la ruta jacobea el peregrino llegaba a las orillas de los ríos y se hallaba con verdaderas dificultades para seguir adelante: unas veces debía vadearlos por las zonas menos profundas aún a riesgo de pisar erróneamente el suelo más hondo y ahogarse en las profundidades, otras pagaba el pontazgo a un barquero para que lo pasara de ribera a ribera dándose curiosas situaciones en las que podía ser estafado por el exceso de pago o bien la admisión de cargas superiores podía suponer el ahogamiento de los pasajeros por el vuelco repentino de las barcazas. No ha sido inusual la publicación de leyes que protegían al caminante de las fechorías de estos desaprensivos. A tal fin, y con el noble propósito de ayudarlos, la Iglesia, las reglas religiosas, especialmente los cluniacenses, las monarquías y nobles propiciaron la construcción de puentes de nueva planta o el aprovechamiento de antiguos romanos que, además, han aportado una vaharada estética digna de loa ante los ojos del peregrino contemporáneo.

         Acerca de los puentes romanos puros, como el sencillo y tosco de Cirauqui, apenas quedan en la ruta pues han sido readaptados a los tiempos posteriores. Sí abundan los levantados en la Alta Edad Media, los puentes románicos, que presentan unas características comunes, lo que de otro modo no permite deducir que se trata de una arquitectura homogénea como el arte románico. Destacan el perfil alomado, es decir, hay una marcada pendiente a ambos lados del puente con el fin de favorecer las evacuaciones de las lluvias; el suelo superior o calzada propiamente dicha es estrecha-debe permitir el paso de dos caballerías a lo sumo; la existencia de apartaderos para favorecer el paso de más gentes o animales; la erección de arcos de medio punto sobre los que descansa el peso de la calzada; la presencia de tajamares triangulares para aguantar el embate y presión del agua; las asistencias de pilas o pilares que descansan en suelo de roca o zapatas fabricadas bajo el agua; y la frecuencia de otros elementos extraños tales como torres, tiendas, molinos etc. que servían para otros fines comerciales fundamentalmente. Debe añadirse que la cimentación revestía enorme interés pues de ello dependía la perdurabilidad de los puentes. Los puentes góticos, a partir del siglo XIII, como el que se levanta sobre el río Elorz, a la entrada de Monreal, provincia de Navarra, incorporan mejoras aunque básicamente siguen las mismas tendencias que las recordadas anteriormente. Y por último, los puentes modernos vienen a resultar un compendio de viejas prácticas, si bien se añaden materiales nuevos y sintéticos cuya solidez debe probarse con el devenir del tiempo.

       El material empleado principalmente ha sido la piedra, traída de canteras próximas al igual que iglesias y monasterios, y en menor cuantía el uso de la madera o la mezcla de ambos, si bien no se conserva ningún puente con este noble aparejo. No obstante, debe acotarse la aportación de Santo Domingo de la Calzada y su discípulo, San Juan de Ortega, a la obra de construcción de puentes, como es el caso del Puente de madera sobre el río Oja, luego rehabilitado en piedra, a su paso por la villa del mismo nombre. Se volverá sobre este personaje que se convirtió en un señalado predecesor de la ingeniería viaria, hasta el punto de ser el patrono de la Escuela de Ingenieros de Caminos.

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