Los monasterios. Funciones (II).

 Convento de Sta.Clara de Carrión    OLYMPUS DIGITAL CAMERA

      Actividad estrechamente ligada a los monasterios del Camino de Santiago ha sido y sigue siendo la atención, cuidados y hospedaje de los peregrinos. Surgen, se ha dicho, para alentar la peregrinación y propagar la doctrina católica, pero este servicio religioso se completa con  la acción  de la protección del caminante.

       Es interesante, a la par que curioso, que uno de los capítulos de mayor extensión de la Regla de San Benito, el LIII, pone especial énfasis en los cuidados que deben dispensarse a los huéspedes, pobres y peregrinos porque en éstos se recibe a Jesucristo más particularmente que en los demás porque los ricos y poderosos bastante recomendación se traen con su soberanía. Establece un minucioso protocolo de recibimiento que debía realizarse con el huésped: Al punto que se dé aviso de haber llegado algún huésped saldrán a recibirle el prelado y algunos monjes con muestras de sincera caridad. Después de haber orado, se darán mutuamente el ósculo de la paz, dejando muy a las claras que solo el beso debe darse tras haber rezado. Y sigue describiendo los actos posteriores: Después se sentarán con ellos el prelado o aquel a quien éste mandara. Léase en presencia del huésped la palabra de Dios y se le tratará después con el mayor agasajo. Y relaciona los siguientes deberes: Dé el abad aguamanos a los huéspedes y láveles los pies con asistencia de la comunidad…haya cocina separada para el abad y  huéspedes porque como llegan éstos a todas horas no perturben a los monjes…no acompañe ni hable con los huéspedes el que no tuviere orden para ello, mas si alguno los viere les saludará con humildad. Por último, es llamativo que el santo encomienda el oficio de  hospitalero a un fraile que sea timorato, es decir, alguien que no sea parlanchín ni desvergonzado por aquello de evitar posibles  indiscreciones o meteduras de pata: Encárguese a un monje timorato el cuidado de la hospedería, en la que estén las camas con todo aseo. Nada dice la orden de la despedida, pero se entiende que debe ser tan esmerada como la bienvenida.

      Así pues, con el fin de dar cumplida cuenta de la regla benedictina, la mayoría de cenobios construyen, fuera de la zona de clausura reservada escrupulosamente a los monjes, albergues u hospederías con que atender estas necesidades. Incluso algunos monasterios, como el de Sto. Domingo de Silos, en Burgos, añadían un servicio de hospital a los peregrinos enfermos, curando sus llagas e incluso aplicando tratamientos de medicina natural. Es por eso que algunos cenobios disponían de auténticas farmacías repletas de botámenes valiosísimos y viveros  en que se cultivaban plantas curativas.

      Dos ejemplos de ayer y hoy explican este loable servicio. En el año 1138 se levanta el monasterio de San Juan de Ortega para dar abrigo a los peregrinos que se emboscaban en el peligrosísimo dominio de los Montes de Oca. La hospitalidad de este monasterio sigue siendo proverbial, un hito de la ruta de Santiago. El monasterio de Santa Clara de Carrión de los Condes, Palencia, fundado en el año 1256 por unas discípulas de Santa Clara, tiene actualmente una hospedería que tiende sus manos con sencillez franciscana.

       El peregrino duerme tranquilo y seguro a las sombras del silencio de las piedras y del tañido de las campanas.