Las piedras.

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         La secuencia de la vida no es más que la secuencia de instantes que bien pueden pararse a capricho nuestro. Todos hemos podido detener instantes tan singulares o bellos como la salida del sol, la mies dorada en las primeras horas del crepúsculo, las irisaciones de la luz en la superficie queda del agua o un campo de amapolas en los trigales. Nadie dudaría de la belleza de estos instantes retenidos. Pero ¿podría decirse lo mismo de una pila de piedras o una hilera de cantos rodados?

         Las piedras se sienten en la planta de los pies cuando se anda el Camino, a veces saltan golpeadas por la punta de las botas y parecen rodar cortos saltos como pájaros pesados o ligeros según su tamaño y, si cerramos los ojos para no verlas, suenan ya con sonoros estrépitos o con suaves murmullos. Siempre están ahí. Lo cierto es que son fieles aliadas del peregrino que lo acompañan silenciosas a lo largo de la ruta. Pero cuando se descansa sentado en cualquier poyo improvisado, junto a la orilla del sendero, puede entretenerse el viajero en coger las piedras que lo rodean, menudas, graves, plúmbeas, livianas, lisas, desdentadas, redondas, pulidas, rasposas, todas distintas y ninguna igual a otra. Se diría que cada piedra tiene nombre y apellido propios que la identifican y discriminan del resto: roca, canto, pedrusco, guijarro, laja, adoquín, matacán, sillar, sillarejo … Y si las colocamos entre las manos se percibe la identidad de la materia, la densidad de su cuerpo, la irregularidad de la superficie, la fría apariencia de su piel amojamada o la calidez sin fisuras trabajada por el viento y el agua amorosos. No son cualquier cosa, por lo tanto, esas piedras que acompasan la marcha rítmica, monótona, cadenciosa del impenitente viajero. Pero si ellas llaman la atención porque están ahí, aún cobran mas importancia por lo que son.

       Recuérdese que el fuego pudo hacerse tangible y aplicarse a la vida cotidiana del hombre, alterando sus conductas básicas, gracias al frotamiento de dos piedras que luego salpicaron con chiribitas la yesca preparada para arder. Solo dos piedras besándose cara a cara cambiaron la vida y el rumbo del hombre.Pero las piedras bien afiladas y debidamente cuarteadas fueron también las herramientas con que se labraba la tierra para preparar el fruto o se tronchaban los alimentos para despedazarlos y repartirlos. A veces, también resultan ser el arma que da la victoria a los débiles como es el caso de David que venció a Goliat, o con la que los desheredados combaten a los más fuertes y mejor posicionados social y económicamente que combaten con tanques a quienes blanden en sus dedos, solamente, piedras. Otras veces, abandonando el sesgo duro o virulento de los casos anteriores, adoptan maneras más amables resultando piezas decorativas que ribetean los jardines o adornan huecos y rincones que de otro modo pasarían desapercibidos. Pero, es inevitable recordar que las construcciones religiosas y civiles a las que hemos hecho referencia, iglesias, monasterios, puentes, cementerios y hospitales, están formadas por materiales diversos, siendo las piedras labradas o sin labrar el ingrediente principal que da firmeza y solidez a los mismos. Dicho de otro modo, el rico patrimonio arquitectónico del Camino de Santiago no podría ser si no fuera por la presencia de las piedras en los muros, techos y cimientos que soportan cada una de las fábricas mencionadas. Es la piedra en definitiva el aparejo primero y principal de las antiguas y modernas construcciones.

       Habrá que anotar pues en algún lugar que un manojo de piedras no es un manojo de piedras, también puede ser un instante bello.

         Sirva este aparte como un merecido homenaje a las piedras del Camino.

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