Introducción al Arte Románico.

        San Martín de Tours (Frómista) 

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            El Arte Románico es un arte religioso que se extiende uniformemente por Europa durante los siglos X al XIII y que se traduce en la construcción de iglesias y monasterios que llevan esta impronta. El nombre le viene dado en el siglo XVIII por la similitud de este arte con el antiguo romano. Su ocaso supone el nacimiento del Arte Gótico. Una de las importancias culturales del Camino de Santiago es que actúo como propagador y difusor del Arte Románico en las tierras más occidentales de Europa, concretamente en Francia y España, siendo los mentores de esta idea propagandística la Orden Benedictina de Cluny.

      Este arte tiene su explicación: el Por qué, el cómo y el para qué.

      Es una hora avanzada de la tarde. Llego a la explanada norte de la iglesia de San Martín de Tours, en la palentina localidad de Frómista, sin cayado ni mochila, como un simple viajero. Para recobrar una cierta ataraxia necesaria me siento en un banco situado enfrente del albergue de peregrinos y contemplo la visión magnífica del monumento: un conjunto bien trabado en que la simetría, la proporcionalidad y belleza hablan por sí mismos. Desde una de las puertas accedo al interior del recinto y busco la última hilera de las bancadas porque, siempre que me recojo en una iglesia, procuro aislarme para no ocupar espacio ni vulnerar la delicada fragilidad de la atmósfera. Hallo asiento. Solo se oye el resuello de mi respiración. Como la luz es escasa y además declina el atardecer en este invierno castellano no tan frío como otros, visualizo un aire denso que azuza el imaginario. No hay estilo ni arte sin doctrina, no hay iglesia sin una filosofía o interpretación que la inspire. Porfío por ese aire invisible.

        Cristo, predica la Iglesia, es la encarnación del Padre, que habitó entre los hombres y murió en la cruz. La presencia de Jesús humanizó al hombre e hizo iguales a todos los seres humanos. Luego resucitó y compartió esa cualidad con el resto que viven esperando ser resurrectos.

        El leve carraspeo del guardián de la iglesia de Fromista me saca del embeleso.

        Pero la vivencia de la doctrina es negativa. Se difunde a lo largo de la cristiandad que el fin del mundo habrá de producirse en el año mil (milenarismo) para dar paso a esa extraordinaria resurrección de la humanidad. Dios es el juzgador de los hombres, y así aparece en la iconografía del románico. Miedo, horror y concepto de la vida como valle lacrimoso se instalan en sus seguidores. Además la fe cristiana debe defenderse de otras concepciones religiosas, singularizándose el apóstol Santiago como el defensor de la causa cristiana contra los musulmanes. Anidó entonces la intolerancia ante otras creencias así como la persecución de las herejías occidentales.

       Tal fue el espíritu religioso cristiano que no solo caracterizó el medievo europeo, sino que inspiró el Arte Románico. Sus pinturas y esculturas nos lo recuerdan.

       El acólito carraspea por segunda vez para hacerme notar que no estoy solo.