Hospitales del Camino (I).

Ruinas del Hospital de Santa Cristina.  

 hospital-de-santa-cristina-de-somport-1a22[2]

     Tres son las columnas, de extraordinaria utilidad, que el Señor estableció en este mundo para sostenimiento de sus pobres, a saber, el hospital de Jerusalén, el hospital deMont-Joux y el hospital de Santa Cristina, en el Somport. Con estas palabras se abre el capítulo IV, Libro V, del ya citadísimo Códice Calixtino, para advertir que en el Pirineo oscense, en la zona cimera del puerto de Somport, se halló uno de los hospitales más importantes de la Edad Media en las rutas de peregrinación: el de Santa Cristina. Hoy es, sin embargo, una cruel caricatura, un rimero de piedras esparcidas por el suelo, que nos alertan de la brevedad de la vida, de que todo lo que un día nace otro día perece. La historia es al respecto tan demoledora como esclarecedora.

        Se tiene conocimiento de su existencia a finales del siglo XI. Nace como una hospedería integral que acoge en un lugar crucial a los peregrinos procedentes del sur de Francia e Italia, que penetran en España siguiendo la Vía Tolosana. El paso era sumamente penoso por las condiciones climáticas y naturales del lugar pues llegaban muchos caminantes a perderse en los cendales de las persistentes nieblas, otros resultaban acosados por las alimañas salvajes y algunos morían exhaustos del esfuerzo de ascensión al puerto. Es por eso que el hospital desempeñaba en ese punto un papel salvífico. Alcanza su mayor esplendor durante los siglos XI al XIII. Muestra de su importancia es que en el año 1216, merced a las donaciones de los monarcas aragoneses Pedro I y Alfonso I, dependían de Santa Cristina varios hospitales situados en la vertiente de Francia, la iglesia y hospital de Roncesvalles, el hospital de Secotor junto a Sallent en Aragón e incluso el hospital de Soria en Castilla. Tal fue el prestigio que allí estuvieron los restos del rey aragonés Pedro II, fallecido en la batalla de Muret en 1213, hasta que las monjas de Sijena vinieron a trasladar su cuerpo al convento. Por estas fechas la hospedería estaba formada por una iglesia, cementerio de peregrinos adyacente, monasterio y hospital propiamente dicho, dividido en mesón y habitaciones. Los monjes de la orden Canónigos Regulares de San Agustín fueron los encargados de su custodia. Las condiciones de estancia diferían de los demás pues duplicaban las raciones y el vino, los días de permanencia pasaban a ser tres y hasta había una corraliza con caballerías para evacuar a los enfermos más graves si las circunstancias lo aconsejaban. Pero la decadencia se inicia en el año 1374 por varios motivos: las rentas que entraban se repartían entre los clérigos lo que provocó el abandono del convento de algunos frailes en busca de una vida más holgada; siguieron las pérdidas de propiedades; en el año 1569 Felipe II obliga a los canónigos a trasladarse a Jaca por estrategias bélicas, quedándose los servicios hospitalarios a cargo de un solo monje; y en el año 1614 la penuria era absoluta.

   El hecho de la destrucción del añejo hospital fue el incendio y expolio que sufrió con ocasión de un asalto de las tropas partidarias del rey de la casa de Austria, durante la Guerra de Sucesión, en el año 1706. Nada quedó en pie y en su lugar se levantó una venta común sustituta del que fue emblema y señal de los hospitales del mundo entero, que llevaba el nombre sarcástico de Venta de Santa Cristina. Permaneció activa durante la primera mitad del siglo XIX hasta que en 1851 desapareció anegada en las cenizas del viejo Hospital. Las ruinas que actualmente se aprecian son el resultado de las excavaciones que se practicaron a partir de 1987 por un grupo de expertos, empeñados en traernos la memoria de un glorioso muerto.

Anuncios