Algunas iglesias de peregrinación (I).

 

      sonrisa[1]                                    Capitel de la Iglesia de San Juan de Ortega (Burgos)

       En efecto, el Camino de Santiago, sobre todo el Francés, irradia a lo largo de su ruta el nuevo estilo artístico del Románico  para contribuir a la erección de magníficos ejemplos de iglesias. Estas iglesias levantadas para el culto del peregrino son conocidas como iglesias de la peregrinación.

     Cerca de la línea fronteriza francesa aparece como una construcción peculiar la Catedral de San Pedro de Jaca. Se inicia al mismo tiempo que la catedral de Santiago, último cuarto del siglo XI, y es una de las manifestaciones más puras del románico en España, especialmente el ábside lateral sur y la portada occidental. Se convierte en una edificación imitada por otras iglesias del camino santiagués. Ya en territorio navarro resulta peculiar la reseñada Iglesia de Santa María de Eunate. Son algunos elementos los que envuelven esta iglesia en un halo de misterio que se tratará en otro capítulo relativo a los enigmas del camino de Santiago. Resulta peculiar, sobre todo, por tener una planta octogonal y haber sido el claustro exterior un cementerio de peregrinos. En Estella, sobre un rocoso espolón, se levanta la Iglesia de San Pedro de la Rúa, de 1147. Dotada de tres naves y una airosa torre, lo más valorado en este conjunto monumental son la portada principal y el claustro románico, sobre el que llovieron casquotes cuando Felipe II mandó volar el castillo de Zalatambor en 1521, situado en sus proximidades.

     La Rioja recibe al peregrino con vastos campos de vid y en sus pagos se halla la Catedral de Santo Domingo de la Calzada, cuyas obras se inician en 1158. Posteriormente fue reconstruida varias veces, lo que determina la variedad de estilos que exhibe. El conjunto románico está formado por las numerosas capillas y el pasillo o girola que rodea la cabecera del templo, ambas piezas creadas por la necesidad de ofrecer espacios amplios para los peregrinos. Esta circunstancia convierte a la Catedral en el modelo más claro de las iglesias de peregrinaje. Se recuerda el milagro de los capones resucitados mediante el gallinero que se halla instalado en el recinto interior y que acoge vivos y cacareando a gallo y gallina como una vicisitud única.

       En la provincia de Burgos la Iglesia de San Juan de Ortega, románica en su cabecera y ábsides, siglo XII, esconde un curioso acontecimiento: en los equinoccios de  21 de marzo y 22 de septiembre, cuando tiene lugar el ocaso del día, un rayo de sol penetra por la angostura de un ventanuco de la fachada e ilumina el triple capitel, en que aparece la imagen de la Virgen en actitud de agradecimiento por la claridad que recibe. Este hecho escultórico rompe el hieratismo típico de la escultura románica pues la Virgen esboza ligeramente una sonrisa y sus ojos parecen cerrarse  por los efectos cegadores de la luz repentina. Parece un hecho llamativo que despierta, cuando menos, el interés del peregrino.