Antonio Bonet Correa. Santiago de Compostela, el camino de los peregrinos.

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       Antonio Bonet es un gallego, historiador del Arte, que ha recorrido España y  Europa enseñando los secretos de esa ciencia a muchos hombres y mujeres. Nacido en La Coruña en 1925, se licencia en Historia en 1948 por la Universidad de Santiago de Compostela. Trabajó los primeros años en Asturias, pero pronto consiguió una beca del Gobierno francés para seguir estudios en La Sorbona y en el Museo del Louvre, donde obtiene el diplomado de Museología. Este dominio le sirvió para asesorar a algunas Fundaciones de Arte, como la de Thyssen-Bornesmisza, y para desempeñar el cargo de director del Museo de Bellas Artes de Sevilla. Su actividad investigadora y docente se centra en dos ámbitos: el arte hispanoamericano y español del barroco, y el urbanismo, y en ambas sus estudios han resultado pioneros. Con tal acopio de conocimientos fue catedrático de Arte de las Universidades de Murcia, Sevilla y la Complutense de Madrid. Desde 1986 es miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. No escribe un genuino libro de viajes, pero el suyo, Santiago de Compostela, el camino de los peregrinos, publicado en 1985, resulta un valioso recorrido histórico por las cuatro vías europeas y el Camino Francés hasta encallar en Compostela.

      No es un libro de viajes escrito por un peregrino que se desplaza a través de los vastos senderos. Bonet no echa pie a tierra y coloca el espejo sobre las tierras planas o accidentadas del camino jacobeo. Es un especialista señero en Historia del Arte que describe en dos capítulos los monumentos situados al otro lado de los Pirineos, siguiendo la estela de las cuatro vías jacobeas en pagos franceses, y los asentados en suelo español a lo largo de la ruta del Camino Francés. Por eso, puede calificarse el libro de una extraordinaria guía de viajes. La prosa precisa, clara y sencilla, que evita siempre que se puede los tecnicismos propios de la materia, es un valor añadido que engrandece aún más la importancia del texto y hace más amena su lectura.

     Sin embargo, pese a los méritos recordados, puede ser calificado el libro de Bonet, sobre todo, como un magnífico retablo de imágenes, una maravillosa galería fotográfica, que recoge con magistral plasticidad algunos hitos paisajísticos y monumentales del Camino de Santiago. Cada imagen es acompañada además de una rica glosa, que informa de la misma y de otros datos históricos o sociales de enorme utilidad para el lector. Es, pues, el primer  álbum de fotos del camino, probablemente confeccionado sin intencionalidad por el autor del libro. El resultado, una colección sin igual  de gran valor etnológico, social y artístico.

       Por citar algunas de ellas, se destaca la del pueblo del Acebo, en la comarca berciana, próximo a Ponferrada, imagen que retrata la disposición de la aldea en línea recta como corresponde a muchos núcleos nacidos al albur del Camino de Santiago. Las casas de dos plantas, apenas se sostienen deshilachadas y los balcones se cierran con vigas de madera ruinosas. En el margen derecho del camino, sobre un poyo de piedra, dormita el aldeano. Otra es un paisaje invernal asombroso del paso de Roncesvalles, donde algunos eruditos sitúan la batalla homónima que universalizó el Cantar de Gesta de Roldán. Entre el ramaje seco, serpentea el sendero blanco como piel de armiño, y por el fondo, se levantan los cordales y la sierras cargadas de nieve. Hermosa a la par que testimonial de un período no lejano de la vida rural, resulta la imagen dominical tomada en el pueblo coruñés de Melide, en que una hilera de hombres, mujeres y niños retornan a sus hogares desde la salida de la iglesia a través de un carretil embarrado, que es paso principal de las yuntas y mulos. A la cabeza de la comitiva una cuidadosa mujer repone en su sitio, con gesto amoroso, la chaqueta del marido. Así, podrían nombrase otras muchas, pero por no hacerse pesada la lista, se destaca el hacinamiento de fieles que rezan frente al altar de la catedral de Santiago, a lo que parece, con fervorosa devoción. Unos niños más risueños se miran, las abuelas permanecen pendientes al mismo tiempo de Dios y de los nietos, y en el margen izquierdo, dos ancianas enlutadas dirigen las preces al Santo.

      Hermoso libro de Antonio Bonet que sintetiza el difícil arte de equilibrar la letra y la imagen, el verbo y el retrato, con singular maestría.