Álvaro Cunqueiro. Por el camino de las peregrinaciones.

por el camino de las peregrinaciones

           Nace en Mondoñedo (Lugo) en 1911. Terminado el bachillerato comienza los estudios de Historia en la Universidad de Santiago, pero pronto se dedica al periodismo y la poesía. Se hace prosista bastante tiempo después, por los años cincuenta, ganando en 1968 el premio Nadal con la obra Un hombre que se parecía a Orestes. Es nombrado miembro de la Academia de la lengua gallega e investido doctor honoris causa por la Universidad de Santiago. A pesar del talento y de la gran producción literaria, la crítica tampoco ha hecho justicia a este espléndido escritor. Galleguista medular, que cava en lo más profundo de la esencia de su país galaico, enamorado de los carbayos, arroyos, praderías y montes, muere en Vigo en 1981. Por el camino de las peregrinaciones, 1962, es una obrita excepcional que recuerda el camino de Santiago a su paso por Galicia.

         El relato de Cunqueiro es, cuando menos, curioso y original, además de estar maravillosamente escrito. Emprende el camino no a pie, sino en coche, y de ello se lamenta al cruzar la Puerta de las Platerías y mandar un saludo al rey David esculpido en piedra con intención de tocar la viola. La ruta, solo desde Piedrafita de O Cebreiro a Santiago. El año del periplo, 1962, otoño dorado, cuando aún el sol tiñe las tardes cálidas y el viento corre entre castañales y fuentes. Se dice que el relato es curioso, sobre todo, porque no hay ni un solo peregrino que se anime a pasar por las veredas de antaño. Debe recordarse que el Camino de Santiago es por estas fechas, y fue durante tres siglos, olvido de peregrinos. Puede considerarse a Cunqueiro, probablemente, el primer peregrino del siglo XX, aun a pesar de la especialidad de su deambulación. Como consecuencia, el camino antiguo a veces se pierde, desaparece y torna a aparecer como un juego ilusorio. Así se sorprende el escritor entre las localidades de Triacastella y Barbadelo o entre Portomarín y Palas de Rey, donde no se encuentra con claridad la dirección que debe tomarse siguiendo las estelas de los medievales peregrinos. Es, pues, un camino de tanteo e incertidumbre curiosos.

     También se muestra el autor reflexivo y comprensivo con la tradición. Se lamenta sensiblemente de la inminente desaparición de la vetusta villa de Portomarín sobre la que pesa la inmersión de sus plazuelas, calles y patrimonio cultural por la construcción de  un embalse. Reivindica, por lo tanto, el derecho de los pueblos a permanecer vivos contra las políticas arrolladoras que no respetan lo viejo en nombre de la modernidad. Tiene el libro un valor añadido pues es testimonio vibrante de unos años en que la tradición pugnaba contra los embates modernistas. Tampoco pasa desapercibido al escritor la pobreza de un solar gallego que obliga a los moradores más jóvenes a emigrar al extranjero en condiciones de penuria cultural y económicas, sobre todo, a Alemania. Esta pobreza se acrecienta con un año de sequía brutal que deja a la agricultura sin cosechas y al ganado sediento.

    Pero las pinceladas y notas líricas no pueden faltar, viniendo sobretodo de un poeta de cuna como él. Traslada al papel la constelación de emociones que le produce el camino, las auroras y amaneceres, las tardes neblinosas de los valles, las fuentes y jardines de Samos, las melodías de los ríos, la lluvia suave y continua que no cesa sobre Compostela, el último día de peregrinación. Especialmente emotivo resulta el cuadro en Palas de Rey en que evoca la figura de una joven que fue su amor allá por la primera adolescencia y que no desea ver para seguir soñando.

    El estilo es Cunqueiro en estado puro: unas veces emplea períodos cortos con el hallazgo de imágenes sorprendentes; otras, períodos más largos, pero siempre al servicio de la claridad y el buen quehacer literario. Resulta grato y didáctico que, en medio de tanto prosaismo, el autor nos obsequie con una ringla de vocablos selectos, arcaismos, voces inusuales, vocabulario rural, que lo emparentan con autores de la grandeza de Delibes o Azorín. La tendencia al hipérbaton es otra cualidad que maneja a la perfección el escritor.

     Libro de necesaria lectura no solo para el peregrino, sino también para el lector que más allá de las anécdotas importantes busca el libro bien escrito, busca las formas que representen la belleza de la literatura.