De Tineo a Pola de Allande (I). Las zarzas del monasterio.

 

 

 

                            Barrio de Cimadevilla

       Como un niño travieso que se descuelga por el tobogán y se queda parado en su mitad, así es la villa de Tineo, uno de los concejos más extensos de Asturias, que se asienta a gusto sobre la ladera de un monte. No en vano Pio Baroja, que visitó estos lugares en uno de sus viajes extraños por la piel cantábrica a principios del siglo XX, escribió que Tineo “tiene buen aspecto”. Fue fundada a principios del siglo XIII por el rey de León Alfonso IX probablemente para asegurar el paso de los peregrinos por estas tierras tan duras en aquella época, y para lo cual hizo construir un castillo del que solo se ha conservado hasta principios del siglo XX un recio torreón, hoy desaparecido. Posteriormente, durante la Baja Edad Media, adquirió la villa gran importancia social y económica por su carácter de villa itinerante. Actualmente, Tineo parece que lucha por recuperar, al menos, el pasado jacobeo pues se ven, y cada vez más, muchos peregrinos en las plazas y calles.

  Los peregrinos entran a la villa por el Paseo de los Frailes, pues este fue el lugar franco elegido por la orden mendicante para su descanso, que confluye en la parte más alta con el Campo de San Roque y la ermita homónima, construcción románica del siglo XII, aunque rehabilitada necesariamente para que no se viniese abajo. Aquí un monumento recuerda en latín al peregrino que debe seguir su camino, …et abi viam tuam. Este campo, oreado por los vientos suaves de la arboleda, celebra todos los años la fiesta en honor al santo, declarada de Interés Turístico Regional. Al lado, se practica el deporte de los bolos, el más autóctono de Asturias, que remonta su presencia al siglo IX, y cuya práctica no ha decaído desde entonces hasta la actualidad. Como es la pelota en Vascongadas y Navarra, los bolos representan las señas de identidad deportiva de Asturias.

    La importancia histórica de la villa descansa en el barrio de Cimadevilla y la Calle Mayor, que desciende o asciende, según se mire, desde Paseo de los Frailes hasta la Plaza del Ayuntamiento. Tiene dos partes bien distintas. El barrio de Cimadevilla aún conserva la tradicional fisonomía rural en que se juntan casas de sabor aldeano con los hórreos, despensa y abrigo del maíz y otras viandas; mientras que la Calle Mayor recuerda el pujante pasado medieval y renacentista manifestado en obras civiles y religiosas de esas épocas. Son testimonios algunos restos románicos que se conservan en la iglesia parroquial de San Pedro y el palacio de Justicia anejo,  construidos sobre un antiguo monasterio franciscano que hincó su arraigo en la villa casi desde el inicio de su fundación. La iglesia exhibe además un museo sacro de orfebrería, imaginería y misales, recopilados a lo largo de los años por uno de sus párrocos. Casi enfrente, el palacio de los García de Tineo del siglo XVI, convertido en la actualidad en Casa de Cultura, representa uno de los ejemplos góticos más importantes de Asturias.

 


                                    Ayuntamiento

   Esta arteria principal viene a desembocar en la plaza abierta del Ayuntamiento, centro comercial y mentidero frecuentado por los tinetenses y foráneos, donde dos edificios concitan el interés del visitante, a saber, el ayuntamiento de verde pálido, armoniosa fábrica del siglo XIX de dos plantas y reloj y campana en lo alto del tejado, y el palacio renacentista de Merás, una espléndida casa palatina flanqueada de dos torres, rescatada en el año 2015 para convertirse en un confortable hotel y un cómodo albergue de peregrinos. Al fondo, una atalaya abierta entre las casas y edificios permite la visión mayestática de las sierras y valles que circundan la población.

                          

                                        Palacio de Merás

     En un extremo de la Plaza de las Campas, junto al vetusto cementerio, la ermita románica de San Pedro casi pasa desapercibida a pesar de haber sido hasta finales del siglo XIX la sede parroquial. El ensanche por el margen izquierdo, donde se sitúa el moderno Tineo, ha dejado en la umbría a este recoleta iglesia, que parece más dormida en su aislamiento.

                          Antigua iglesia de San Pedro

   Una placa ensartada en la planta baja de una casona de balcón acristalado llama la atención. Hay unas letras en minúscula grabadas sobre un fondo cobrizo que dicen: “En esta casa nació el 15 de mayo de 1800 Dña. María Teresa de Riego y Riego…esposa del general Don Rafael de Riego”, el héroe que repuso la Constitución de Cádiz de 1812 durante el denominado trienio liberal, hasta que el despótico Fernando VII truncó las nobles expectativas en 1823, dando lugar a  la llamada década ominosa. De Riego, tinetense del pueblo vecino de Tuña, decapitado sin piedad por el monarca, casó con Mª Teresa, a la que se recuerda en su casa natal.

 

 

 

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Aguirre Bellver y H. Vincenot. El Bordón y la Estrella. Las Estrellas de Compostela.

       

          JOAQUÍN AGUIRRE BELLVER (Madrid 1929-Orihuela 2005) es autor de una novela corta dividida en dos partes, El bordón y la estrella. De Roncesvalles a Nájera (Primera parte). y El Camino de Santiago. El bordón y la estrella (Segunda parte). Licenciado en Filología Románica y Periodismo, se dedicó a la doble faceta de periodista en los diarios Pueblo y Alcázar y, simultáneamente, a la de escritor de relatos infantiles y juveniles. Probó también el género del ensayo dentro de una línea tradicionalista, lo que le postergó a líneas de retaguardia en el campo de las letras. Fue autor de El juglar del Cid, Premio Lazarillo en 1961.

     el bordon y la estrella El relato lo escribe en 1962 y obtiene el Premio de Literatura Infantil en ese mismo año. Asimismo se adapta al cine en 1966 con un éxito mediano. En realidad el autor halla en el contexto del camino de Santiago el caldo de cultivo propicio para encajar la trama y protagonistas de su invención, así como los valores que desea trasmitir, pues en su caso el espacio y tiempo son proyección de la intención comunicativa, a saber, dos peregrinos malhadados en agonía o lucha contra un entorno desapacible, malévolo e injusto. La acción comienza en Roncesvalles. Allí un escultor, Geraud de Saint Gilles, inicia el camino como penitente por haber sido acusado de asesinato, pero cuenta con la compañía de Mateo, un mozo huérfano que decide abandonar el campo por el camino para probar las aventuras que pudieran acaecerle. Tras sucesivos infortunios, andanzas desgraciadas y malas artes de pícaros y otras gentes bravuconas, el vejado escultor obtiene las indulgencias de Dios por un crimen que no había cometido y un rayo rompe las cadenas de sus manos con las que caminaba como si de un milagro, entre muchos del camino, se tratara. La primera parte apenas contiene detalles o datos del Camino que enseñen al lector lo que esta ruta esconde, pero sí se muestran en la segunda parte que resulta más ambiciosa en este sentido didáctico. No obstante, deben tenerse en cuenta sus propias palabras que disculpan posibles errores en la reconstrucción de los hechos y lugares porque, no se olvide, que lo consustancial no es el retrato de la realidad, sino el mundo de ficción creado: ni que decir tiene que historia y geografía han sido maltratados.

       HENRI VINCENOT fue un escritor de la región francesa de la Borgoña, nacido en 1912 en Dijon y fallecido en 1985 en la misma ciudad. Trabajó además como pintor y escultor. Educado en la sencillez de una vida en el campo con sus dos abuelas, transmitió en sus obras el interés por lo local y la vida campesina. Fue un incansable defensor de los valores de la aldea frente a la vertiginosidad materialista de las ciudades. Por razones de enfermedad se trasladó a Bretaña y allí se vinculó al celtismo y las prácticas más secretas de este grupo étnico, lo que le preparó para la redacción de su novela Las estrellas de Compostela.

       estrellas de compostela  vincenot El protagonista de la novela, Juan el Trueno, es un rozador del siglo XIIIcuya labor es talar los bosques para transformar las tierras en cultivos. Insatisfecho, decide abandonar aquel oficio y adentrarse en el de tallador de piedras. De esta manera recorre el camino de Santiago entre penalidades y sufrimientos, aunque ésta es la excusa para que el escritor pueda mostrar la influencia que tienen los celtas en el arte románico y en el arte gótico, que se prolonga a lo largo de todo el camino. Descubre además las técnicas maravillosas de los constructores de las catedrales, aportando una información valiosísima sobre este tema. Obra, pues, narrativa que expone las relaciones entre el más puro celtismo y la cultura cristiana a través de sus obras arquitectónicas.