Picaresca, milagrería y milandanzas en la Vía Láctea. Esteban Carro Celada.

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      Este libro de ESTEBAN CARRO CELADA es un libro ameno, entretenido, gracioso, curioso, sin que por ello deje de ser también un singular manual de Historia. Porque las pequeñas anécdotas de cada día son la Historia misma. Nace este escritor en Astorga en 1929. Doctor en Teología por la Universidad de Salamanca y en Lingüística Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, trabaja como periodista y colaborador de diferentes revistas, entre las que destaca la célebre publicación “Historia y Vida”. Entre sus gustos personales ha figurado siempre el tema del Camino Jacobeo, lo que le empuja a escribir en 1953 El Camino de Santiago a su paso por Astorga. Unos años después, en 1971, año jubilar, la Editorial Prensa Española publica Picaresca, milagrería y milandanzas en la Vía Láctea. El destino ha querido que la tragedia se cruzara en su vida, muriendo en un siniestro accidente de circulación acaecido en la salida de Hospital de Órbigo, dirección León, cuando contaba tan solo cuarenta y cinco años.

      Decía al principio que el libro no es un tratado histórico al uso, un recipiente en que se evacuan hechos importantes, ordenados cronológicamente y rigurosamente estudiados en un contexto social, político y económico. En este caso, el libro es la yuxtaposición de breves cuadros o escenas del Camino de Santiago, cuyos contenidos se mueven entre la leyenda y la historia, entre la realidad y la fantasía, porque no de otra forma es la vida misma. Al final, el texto es una ponderada y rica colmena  formada de sabrosas celdillas, cada una de las cuales es un retazo vivo, un pegujal florido, una anécdota sabrosa del Camino Jacobeo.

      Todos los artículos están organizados en tres grandes bloques: la picaresca, baldón tan común como inevitable en las peregrinaciones de todo el mundo, la milagrería y las milandanzas o aventuras felices o desgraciadas que persiguieron a los peregrinos a lo largo de la ruta.

     Por ejemplo, dentro del primer apartado, se cuenta que las habitaciones de los albergues eran ocupadas por peregrinos de un solo sexo, siendo pues separados los hombres y las mujeres en diferentes estancias o peregrinerías. Así en el hospital de San Martín del Camino existía esta norma y se aconsejaba que ya entrada la noche se cerraran las puertas de los cuartos y que se taparan los agujeros de la tapia que los dividían. Otras veces, las alberguerías, auténticas casas de pillaje, fingían que no había agua para invitar a los huéspedes a un mal vino y, borrachos, eran objeto de hurtos por el tabernero. A veces, la tabernera ofrecía extraños brebajes al peregrino, que lo adormecía para robarle. Muy habitual era que los ladrones se vestían de sacerdotes o peregrinos para luego, en medio de las soledades campestres, dejar sin blanca o sin vida al ingenuo caminante. Tampoco era extraño que la Catedral de Santiago cerrara sus puertas al anochecer porque los pillavanes y alborotadores se quedaban dentro a dormir y alteraban la paz del recinto sagrado, como sucedió en la Navidad de 1562.

     Entre los milagros está el del fraile Virila del monasterio de Leire, que durmió trescientos años, junto a una fuente, arrullado por el canto de un pájaro, y cuando despertó ni conocía a nadie ni, por supuesto, era conocido por el claustro de monjes. O el del caballero Rosendo que, se quedó a curar a un compañero enfermo, mientras que los demás peregrinos a quienes acompañaba siguieron camino a Compostela. Como el enfermo murió esa misma noche, Santiago se le apareció en Canfranc y a grupa de su caballo blanco lo dejó en cosa de horas en el Monte del Gozo. Ya de vuelta, se encontró en León con los caballeros, que aún iban de ida. O aquel que dice que un segoviano ofreció a la Virgen de Santa María de Sirga un becerrilllo, que nunca le llevó. Así que, un día en que el tramposo andaba por el monte cuidando el becerro, se le perdió y apareció, para sorpresa de los parroquianos, dentro de la iglesia.

    De aventuras e historias muchas nos relata el autor, de cómo Felipe II prohibió el uso del hábito de peregrino porque los ladrones lo usaban en su beneficio, de cómo Gelmírez acuñó moneda por el privilegio que le concediera Alfonso VI, de los muchos peregrinos famosos que acudieron a Santiago o del trovador provenzal Germán Noveau que recitó en Triacastela uno de sus poemas para deleite de los campesinos, etc. etc.

    Libro, en definitiva, que debe ser considerado a la hora de redactar una Historia oficial del Camino de Santiago, pues está repleto de anécdotas, cuentos, murmuraciones, leyendas e historias, que representan la verdad con mayúsculas de esta realidad jacobea. Libro, por otro lado, bien escrito, con gracia, donosura y humor, que aún lo hacen más necesario.

 

 

Rutas Jacobeas. Eusebio Goicoechea Arrondo.

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        Como se ha dicho en otro artículo dedicado a este ilustre escritor, EUSEBIO GOICOECHEA ARRONDO ha dedicado buena parte de su tiempo a la investigación del Camino de Santiago, y ya se citaba entonces, a propósito de la cartografía de su interior, que escribe una obra importante en la Historiografía, titulada Rutas Jacobeas, publicada en el año jubilar de 1971.

     Va precedido el texto principal de un Prólogo laudatorio firmado por su amigo Francisco Beruete, Presidente de los Amigos del Camino de Santiago de Estella a la sazón, que aprovecha la ocasión para realizar la presentación de la Asociación y expresar la importancia capital que el Camino de Santiago tiene para la cristiandad de toda Europa en el pasado y en el presente. Añade un agradecimiento a todas las autoridades civiles y religiosas del país, que han servido a la causa de reavivar el espíritu jacobeo, e incluso se remonta al medievo en ese afán de recuperar figuras pro-jacobitas como Sancho el Mayor de Navarra y Aymeric Picaud. Sea como fuere, lo cierto es que su introducción supera las lindes de esta clase de protocolos.

       Se articula el libro en tres bloques: la Historia, el Arte y los Caminos de la Peregrinación, que son una síntesis de las investigaciones más sobresalientes llevadas a cabo hasta la fecha de la publicación.

     La primera parte se ocupa de la figura del Apóstol Santiago en la Historia y lo sitúa evangelizando en España poco antes de su martirio en Jerusalén y posteriormente trasladado a las costas de Galicia del Padrón por sus discípulos más fieles. Descubierto el sepulcro en el siglo IX se desata la mayor corriente de peregrinación nunca vista, similar e incluso con el tiempo superior a las de Jerusalén y Roma. Tras explicar las vicisitudes por las que corren las reliquias a lo largo de los siglos, son definitivamente confirmadas por la Bula Deus Omnipotens del Papa León XIII. Sigue a este cuestión histórica el análisis de la triple trascendencia del camino de Santiago, que ha dejado una estela inmarcesible en los ámbitos religioso (aparición de la idea de cruzada contra los moros), artístico (propagación del arte Románico, transmisión de romances y cantos líricos primitivos, así como leyendas) y comercial ( gentes de nacionalidad diversas intercambian bienes y crean rutas comerciales).

        La segunda parte está centrada en el estudio de las corrientes artísticas que corrieron paralelas al hecho de la peregrinación, destacándose sobre todo el período románico, que algunos han identificado como el arte prevalente de los caminos de Santiago. Sigue el tratamiento de la iconografía de Santiago a través de las distintas manifestaciones artísticas. Y concluye con un capítulo muy interesante sobre los cantos jacobeos hallados en el Códice Calixtino y en las Cantigas de Alfonso X el Sabio, además de otros muy populares en la Edad Media.

         La última parte es el tratamiento de los Caminos que conducen a Santiago de Compostela. Se inicia con la explicación de las cuatro vías francesas, que vienen a confluir en Somport y Roncesvallles. Sigue un repaso a los Caminos menos conocidos como el de la Costa Cantábrica o el de la Vía de la Plata, entre otros. Y culmina el repaso al Camino Francés, el más habitual, sobre todo a partir de los siglos XI y XII en adelante. Es en este cuerpo último donde Eusebio Goicoechea introduce dos novedades importantes de gran valor en el contexto de los setenta cuando la obra fue publicada, a saber, la Cartografía del Camino, ya comentada, y lo que se ha denominado en el libro como “Realización Audiovisual”. Consiste en un conjunto de diapositivas, agrupadas en tres series de ochenta y cuatro, con música medieval y textos literarios, cuya labor ingente ha sido realizada integralmente por el propio autor, acompañado de otros ayudantes expertos en la locución y en la grabación y montaje. Esta enconmiable labor es efectivamente elogiada por intelectuales de la época como Eloy Benito Ruano, Manuel Chamoso Lamas, Fernando Chueca Goitia, A. García Bellido, José María Lacarra, Antonio Ubieto etc. etc. Por último, divide el recorrido en tres grandes apartados, el Navarro, el Castellano-leonés y el Gallego, en el que glosa los rasgos topográficos y artísticos de cada uno.

     Todo el libro está tachonado de fotografías en color y blanco y negro del gusto y acierto del escritor, que completan el conjunto de contenidos divulgados.

        El libro lo cierra una densa y profusa bibliografía a modo de fuente abundante y cristalina, que sirve a las necesidades de los investigadores más exigentes del tema jacobeo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Historias de Compostela y El Libro de la Peregrinación a Santiago de Compostela. Xose Filgueira Valverde y José Salvador y Conde.

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               El investigador y escritor pontevedrés Xose Filgueira Valverde (1906-1996),  dedicado al estudio de la cultura y la literatura de Galicia, publica en 1970 Historias de Compostela, reeditada en 1982 por Ediciones Xerais de Galicia, y posteriormente en gallego  por la editora Alvarellos. Miembro de la Real Academia de la Historia y, uno de los fundadores del Partido Gallego, ejerció como catedrático de Instituto hasta su jubilación, habiendo recibido premios y galardones por su labor investigadora. Recientemente la Academia de la Lengua Gallega decidió en 2015 dedicar el Día de las Letras al escritor pontevedrés, aunque el acto fue acompañado de polémica por las simpatías del homenajeado con las fuerzas del régimen de Franco.

      Consta el libro de cuatro capítulos y cada uno reúne artículos varios. Destacan, por ejemplo, el estudio dedicado al arquitecto medieval más famoso, el Maestro Mateo, autor del Pórtico de la Gloria, al que sigue su rastro a partir de las investigaciones llevada a cabo por insignes eruditos, entre los cuales figura el que fue marido de Rosalía de Castro, Manuel Murguía. Otros, más lúdicos, recalan en la visita que la Duquesa de Chevreuse, a lo que parece fue una hermosa mujer que coqueteó con buena parte de la nobleza francesa de 1600, realiza a Santiago, siendo recibida con todos los honores por sus congéneres gallegos.Tiene también el libro un texto de canciones y narraciones del Camino, de gran atractivo para quienes degustan el folclore de los pueblos. Y, por fin, rescata la memoria de un singular cronista de Santiago, Pablo Mendoza de los Ríos, natural de Burgos, que en 1731 publica una guía humorística de la ciudad con el título de El Peregrino en Santiago.

    Completa el libro una galería de fotografía y grabados curiosos, que constituyen la ilustración gráfica de la obra.

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     José Salvador y Conde publica en el año 1971 El Libro de la peregrinación a Santiago de Compostela, Ediciones Guadarrama,  Madrid, fácilmente manejable por la hechura de un libro de bolsillo.

     Se arracima el libro en once capítulos, de los cuales los dos primeros y los dos últimos tratan asuntos generales, y el resto comentan los acontecimientos, hechos e ideas culturales e históricas más importantes del Camino de Santiago, tomando como eje las regiones por donde pasa el camino.

     El libro tiene como valor añadido el acierto del escritor en la elección de los temas que trata, pero sobre todo, ha sabido encontrar los asuntos esenciales de cada rincón o lugar, aquello que representa la identidad más genuina de los pueblos españoles, y dedicarles el comentario más completo. Por ejemplo, por tierras de Navarra se exalta la gentileza del arte románico más representativo como la Iglesia del monasterio de Leyre, las de Santiago y Santa Mª la Real de Sangüesa o la de Santa Mª de Eunate, emblema de iglesia-cementerio. Cuando se aventura en Estella, recuerda la matanza de judíos que allí se produjo el 1 de marzo de 1328, sirviéndole este suceso para tratar el problema de los judíos en los reinos hispanos durante el medievo. Al atravesar la Rioja se trae a la memoria la importancia de las calzadas romanas que señalaron por donde habían de ir los peregrinos hacia Santiago, y el nacimiento de pueblos y ciudades como Logroño o Santo Domingo de la Calzada a la sombra del paso de los peregrinos francos. La provincia de León invita al autor a una reflexión, a propósito del bello Puente Honroso de Hospital de Órbigo, sobre la figura del caballero medieval, que fue la fuente y origen de las narraciones caballerescas tan en boga, que el Quijote habría de lancear ácidamente con inigualable técnica narrativa. Y ya metido en galaicos pagos, Santiago es la ciudad del camino que bien merece una pausa mayor para adentrarse en la Historia de Galicia.

      No falta tampoco el ramo de fotografías en blanco y negro, que recogen paisajes y obras alusivas al tema jacobeo.

 

 

 

El Apóstol Santiago y la Ruta Jacobea. Luis Máiz Eleizegui y Luis Aguirre Prado.

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       Mientras en la posguerra española prestigiosos medievalistas elaboraban obras jacobeas de primer nivel, como es el caso de Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, o Peregrinaciones jacobeas, ya mencionadas, también hubo aportaciones historiográficas más sencillas que se sumaron a la rica bibliografía de Santiago con el fin de despertar el interés por este tema y colocar las primeras bases eruditas.

          En la fecha de 1944, Luis Máiz Eleizegui (1880-1967), farmacéutico militar, publica la obra El apóstol Santiago y el arte jacobeo, con motivo del XIX centenario de la decapitación de Santiago.

          No es el autor un especialista en arte, como el mismo se reconoce en la introducción, pero aun así se carga con la responsabilidad de realizar una amplia batida por todo el territorio español para recoger y comentar aquellas obras artísticas- iglesias, templos, catedrales, esculturas y pinturas-, que presentan a Santiago como tema central. De esta manera el autor desea poner de relieve la gran importancia que la figura del Apóstol tiene en España y lo mucho que ha calado en la sociedad de la época, dentro de un contexto político más amplio de ensalzamiento del Apóstol como peregrino y soldado, sobre todo. No es pues un estudio estricto del fenómeno peregrino, pero sí la puesta en escena de la prodigiosa expansión de la popularidad del Santo que ha inspirado miles de obras artísticas repartidas a lo largo del Estado.

      El libro se cierra con una extensa galería de fotografías o láminas, como las denomina el escritor, que recuerdan algunas iglesias importantes, portadas románicas de extraordinario valor, pueblos señeros de la ruta jacobea y pinturas y esculturas representativas de Santiago.

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       Con ocasión del Año jacobeo de 1965 se publica el libro La ruta jacobea. Sobre el sepulcro, una estrella, de Luis Aguirre Prado, escritor y periodista, nacido en 1896 en Ciudad Real y fallecido en 1991.

      El libro está dividido en tres capítulos, y cada uno se distribuye en breves artículos que están titulados de manera periodística. A partir de la mitad del capítulo segundo se recorre el Camino Francés, precedido de las vías galas por donde transitaban los peregrinos procedentes de Europa, resaltando aspectos históricos y culturales de las rutas. Se acompañan además un mapa detallado del Camino Francés y un plano de la ciudad de Compostela con el señalamiento de los monumentos más importantes, junto a sencillos dibujos alzados a mano de etapas de la ruta. La otra primera parte sirve al autor para mostrarse defensor de sucesos como los de Clavijo (a propósito de la existencia de la batalla en la que cabalgó Santiago sobre un caballo blanco), o el del voto de Santiago por el que el citado pueblo riojano se comprometió a pagar a la Catedral de Compostela una cuota anual en agradecimiento a aquella intervención milagrosa, solo extinguida por la Constitución de Cádiz de 1812 y la II República Española, entre otras cuestiones.

     El texto va acompañado asimismo de una bella relación de fotografías de iglesias, portadas románicas, esculturas…

      Por último, el escritor aporta una antología de textos jacobeos de escritores tan relevantes como, por ejemplo, Rosalía de Castro, Valle-Inclán, Miguel de Unamuno, Manuel Machado, Francisco Villaespesa o Gerardo Diego.

          No debe olvidarse el estilo, a veces, algo retórico del libro, común a otras publicaciones de este período de la historia de España, como consecuencia de un hervor patriótico indisimulado, que conmueve antes las emociones que las razones. Aquella hinchazón del lenguaje se vuelve, sin embargo, más llano en muchos otros pasajes de carácter descriptivo.

Santiago.La Europa del Peregrinaje. Paolo Caucci von Saucken.

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       El presente libro está publicado por Editores Lunwerg en el Año Santo Compostelano de 1993, como lo hiciera en 1971 el libro Santiago en España, Europa y América por idénticos motivos. Con posterioridad ha tenido dos ediciones más  en 1997 y 2003.  Lo cierto es que ambos son muy parecidos no solo por el tamaño del formato de grandes dimensiones y la calidad de las hojas satinadas, sino por la misma estructura interna en virtud de la cual los libros son fruto de la colaboración de distintos autores de reconocido prestigio.

      Santiago. La Europa del peregrinaje es un libro coordinado por el profesor Paolo Caucci, que reúne un total de quince artículos, una introducción y una densa bibliografía, firmados por personalidades tan relevantes en sus campos de estudio como Robert Plötz, Fernando López Alsina, Serafín Moralejo, Raymond Oursel, Arturo Soria y Puig… por citar solo algunos de ellos.

      Paolo Caucci nace en Italia en 1941, Doctor en Derecho en 1967 y en Letras Moderna en 1974 por la Universidad de Florencia. Trabaja como catedrático en la Universidad de Peruggia y ocupa numerosísimos cargos en organismos e instituciones relacionados con el Camino de Santiago. Su labor como investigador y difusor es muy valiosa, tanto que recibió el encargo, junto con otros colegas, de redactar el Informe para la declaración de la ruta jacobea por el Consejo de Europa como Itinerario Cultural Europeo en 1987. Entre sus últimos reconocimientos está la obtención del IV Premio Internacional Aymeric Picaud, que concede anualmente la Liga de Asociaciones de Periodistas del Camino de Santiago, y que recogerá personalmente el próximo 21 de enero en la ciudad de León.

     El Pórtico, como Caucci llama la introducción, es la explicación de la elaboración del libro, que se resume en la necesidad de difundir la investigación y el estudio ante el auge que está tomando el fenómeno peregrino en toda Europa, y a la vez, es un receso de cada uno de los textos que conforman el libro como guía orientativa del lector.

   La Bibliografía es prolija e importante pues concentra buena parte de la literatura más granada del Camino de Santiago, incluso faltando obras que pudieran también formar parte del séquito bibliográfico del libro. A pesar de lo cual, no cabe la menor duda de que el material aportado es una fuente de consulta notable para quienes aspiran a conocer más a fondo los arcanos de este tema paneuropeo.

       La obra separa dos partes: la primera más generalista, titulada “Raíces y formas de la peregrinación compostelana”, presenta temas llamativos del fenómeno jacobeo como una aproximación al Liber Sancti Iacobi, un estudio de la ciudad de Santiago, la significación del peregrinaje, la importancia de Cluny, o una mirada a la música del Camino, incluidos aspectos literarios; el segundo bloque, más específico, de título “Itinera  Sancti Iacobi”, centra la atención en el tratamiento de los diferentes caminos españoles y europeos que conducían a Compostela, desde Francia, Italia, Alemania, Países Bajos, Inglaterra y España.

       Por último, debe hacerse mención de la fecunda y amplia galería de fotografías, como ocurría con el libro anterior, relativas  a obras de arte, esculturas, pinturas, monumentos en general del Camino. Como Caucci señala en el citado prólogo las fotografías pretenden ahondar en este fenómeno de manera visual a fin de ofrecer otra perspectiva necesaria para formarse una visión global del asunto.

       El libro cierra sus puertas con una bella fotografía del campo najerino en que se muestran las hazas en barbecho, el cielo infinito tachonado de nubes, y un camino solitario y pedregoso. Es como un sello que lacra los contenidos de este manual.

Santiago en España… Autores varios (y III)

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      El prestigioso profesor José Manuel Pita Andrade, nacido en La Coruña en 1922 y fallecido en Granada en 2009, firma el capítulo IV, con el título de Santiago en España, fuera del camino de las peregrinaciones. Fue Catedrático de Hª del Arte en las Universidades de Granada y Complutense de Madrid y realizó una importante labor museística como Director del Museo del Prado entre 1978 y 1981. Obtuvo todos los honores en su ámbito de estudio, siendo miembro de la Academias de Bellas Artes de San Fernando y de la de Historia.

      Puede dividirse el texto en dos partes complementarias, que abordan el estudio de la proyección de Santiago en el Arte, comprensivo de la arquitectura, escultura y pintura, pero con la singularidad de incluir solo el ámbito territorial que se sale de las rutas clásicas de peregrinación. En la primera parte,analiza la influencia artística del Apóstol en los grandes períodos estilísticos, el Prerrománico, el Románico, el Gótico, el Renacimiento, el Barroco y el Neoclasicismo, detallando todas las manifestaciones expresivas de esta figura religiosa. El elenco de iglesias, pinturas, esculturas evocadoras del Apóstol es muy amplio, y ofrece al lector una completa visión de este campo. La segunda parte, agrupa por temas el conjunto de las obras artísticas. Así repasa las que tienen como contenido aspectos del Evangelio, otras que presentan al Apóstol en España en su tarea evangelizadora (es llamativo el cuadro en que Santiago se dirige a un niño en el Sacromonte con Granada como fondo), el martirio del Santo ( conocido es el cuadro de la degollación pintado por Zurbarán), la traslación del cuerpo al Padrón y Compostela, la asimilación de Santiago como  peregrino, aunque no lo fue, y su identificación como guerrero, desde el momento en que se le hace intervenir milagrosamente en la  batalla de Clavijo en el año 844-juzgada como falsificación grosera de la Historia-alentando a las tropas cristianas de Ramiro I contra las huestes moras de Abderramán II.

     Y el capítulo V lo cierra el también historiador Juan de Contreras, más conocido como el Marqués de Lozoya (1893-1978), con un texto titulado Santiago en las Indias. Segoviano, desempeñó las cátedras de Hª de España y del Arte en diversas Universidades españolas y ejerció como Director de ilustres Academias.

     Se trata de un breve escrito en que introduce la idea tradicional de la conquista del Nuevo Mundo, entendida como una prolongación de la Reconquista, que trae como principal consecuencia la evangelización de los indígenas americanos a quienes se rescata de la sombría idolatría pagana, según la tesis del escritor-. El siguiente peldaño es la introducción en aquellas tierras vírgenes del culto a Santiago, que pronto se propagó como una solución salvífica para todos los habitantes de América. Señala el historiador que muchas fueron las manifestaciones de la religiosidad y devoción por el Santo, a saber, iglesias y monasterios se crearon bajo el patronazgo del Apóstol, la toponimia revela muchos nombres que recuerdan a este (Santiago de Chile, Santiago de Cuba…), otras imágenes y pinturas representan la figura de Santiago Matamoros, que es la iconografía más habitual y, en fin, acaba señalando la profunda devoción popular de los criollos por la figura de Santiago.

      A modo de coda vuelve a decirse que el libro, discrecional y puntualmente preparado para la conmemoración del año jacobeo 1971, está ilustrado con muchísimas fotografías que, bien seleccionadas, asisten eficazmente a los contenidos de los diferentes textos que vertebran este volumen  aportando claridad y conocimiento.

Santiago en España, Europa y América (II).

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     El segundo artículo, titulado El Camino de Santiago en España, tiene por autor al profesor navarro José Mª Lacarra, del que ya hemos dado noticias biográficas en textos anteriores.

       En esencia, destaca la gran importancia del Camino de Santiago en la Edad Media, disputando incluso la supremacía a las otras grandes rutas como eran Roma y Jerusalén. Pone de manifiesto los dos grandes pasos de entrada a la Península a través de Somport, en Aragón, y Roncesvalles, en Navarra. Más adelante, en el siglo XV se abre una nueva entrada por Irún, que o bien atravesaba la cornisa del Cantábrico con parada y fonda en San Salvador de Oviedo, cuya Cámara Santa contiene reliquias traídas de Toledo, o bien descendía por Vitoria a Burgos. Otras vías se abrían desde Cataluña hacia Santiago, pasando por Zaragoza. Y recuerda el autor la ruta del mar, seguida sobre todo por ingleses, y en menor cuantía por flamencos y pueblos germánicos. De paso comenta el ilustre historiador algunos detalles de cómo se organizaban las peregrinaciones desde los lugares de origen y cómo servían a su propósito, como ocurre en la actualidad, las guías de viaje y los relatos de otros viajeros que aspiraban a inmortalizar sus experiencias peregrinas.

    Se detiene especialmente en el comentario de los jalones principales del Camino Francés en la Península desde sus inicios hasta las mismas puertas de la Catedral. Y en último lugar comenta la repercusión cultural de la peregrinación a Santiago en varias vertientes: desde la perspectiva urbanístico-geográfica algunas ciudades y villas nacieron al paso continuo de los peregrinos, tales como Estella o Santo Domingo de la Calzada, por ejemplo, así como numerosísimos pueblecitos como es el caso del Acebo o Arzúa, entre otros; relatos épicos carolingios, leyendas y romances fueron otros frutos literarios del Camino, que sirvieron al pueblo-legión como vehículos de transmisión de sus vivencias y experiencias personales, e incluso la expresión de una forma de interpretar el mundo; y desde el ángulo artístico no debe olvidarse que la multitud de hombres artesanos, canteros, arquitectos, fueron dejando huellas de su quehacer y conocimientos en la construcción de lo que ha venido a denominarse Iglesias de Peregrinación, de la que la catedral de Compostela resulta un baluarte significado en el conjunto de obras arquitectónicas de esta clase.

    Se trata, en definitiva, de un artículo divulgativo de algunas cuestiones jacobeas que Lacarra conoce muy bien como cosecha de sus sesudas investigaciones sobre el tema.

     Tiene la particularidad el tercer artículo, firmado por el Comte de la Coste-Messelière y titulado L’Europe et le pelerinage de Saint Jacques de Compostelle, el estar escrito en francés, seguramente como homenaje a la vecina lengua francesa y al propio autor, que dedicó su oficio a la investigación del fenómeno jacobeo. Nace en 1908 en París y fallece en 1996 en Saint-Pierre-de-l’Isle. Ocupó desde 1950 el cargo de archivero en el Archivo Nacional hasta su jubilación y fue Director del Centro de Estudios Compostelanos de París.

   Se trata de un texto parecido estructuralmente al de Lacarra, pero aplicado al espacio Europeo y sobre todo Francés. Muestra la importancia de la presencia de Santiago en los países centroeuropeos que erigen centenares de iglesias de culto al apóstol. Esto desarrolla una iconografía jacobea centrada en la figura de Santiago concebido como un peregrino y no como un soldado degollador que interviene en batallas de cristianos contra musulmanes, al contrario de lo que sucede en suelo hispano. Analiza el fenómeno del peregrinaje en Europa, con especia atención al nacimiento y propagación del arte románico. Señala una relación de cronistas franceses de la Edad Media y siglos posteriores, que dan testimonio de las condiciones de las peregrinaciones. Y por último,  acomete una detallada glosa de las vías europeas que llevaban a los peregrinos a las mismas puertas de los Pirineos.

     Ha de valorarse muy positivamente este artículo en cuanto aporta  un conocimiento más amplio y global de la cuestión jacobea,que debe recordarse se trató de un fenómeno de anchas coordenadas que cimentó los primeros pasos de una Europa naciente.

Santiago en España, Europa y América. Varios autores (I).

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      Con ocasión del año jacobeo de 1971 el Ministerio de Información y Turismo se propone publicar un  monumento literario que aborde el tema del Camino de Santiago con el doble propósito de promover los valores culturales y artísticos implícitos y propagar el culto religioso del Apóstol. Nace así a la luz un enorme libro, cuidadosamente presentado, titulado Santiago en España, Europa y América, Editora Nacional, Madrid, año de 1971, que puede considerarse otra magna publicación sobre el fenómeno jacobeo.

         Se articula el libro en cinco capítulos o artículos, escritos por prestigiosos especialistas, y un prólogo del ministro del ramo, D. Alfredo Sánchez Bella, que explica la intencionalidad de la publicación en el sentido antes comentado, si bien hay en él un sentido político de alabanza al régimen de Franco como Jefe de Estado que desde 1937 repone a Santiago como Patrón de España mediante un Decreto firmado en su cuartel general de Villa del Prado, municipio de la provincia de Madrid. Una vasta galería de fotografías nacionales y extranjeras muy interesantes e ilustrativas del arte e iconografía del apóstol Santiago complementan los textos escritos. En total el número de páginas asciende a 677, incluidas las lacónicas reseñas de las fotografías, las traducciones de los textos al francés e inglés y las páginas de agradecimiento a quienes de un modo u otro ayudaron a la elaboración del libro. Sin duda se trata de un prodigioso despliegue editorial sin restricciones económicas.

      El primer artículo, titulado Lugares santos jacobeos, lo suscribe Manuel Chamoso Lamas, nacido en Cuba en 1909 y fallecido en La Coruña en 1985. Fue un arqueólogo y escritor que, nombrado comisario en 1945 del Patrimonio Artístico Nacional de Galicia, Asturias y León, tuvo la responsabilidad de dirigir en ese mismo año las obras de retirada del coro barroco de la catedral de Santiago. Como consecuencia de aquellas excavaciones fueron descubiertos en primer lugar los restos de las pequeñas iglesias que, según la tradición, habían ordenado construir a principios del siglo IX los reyes asturianos Alfonso II el Casto y Alfonso III con ocasión del descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago, y en segundo término, diez años después, en 1955, apareció la lauda sepulcral-la lápida que cubre el sarcófago- del obispo Teodomiro que, también como dice la leyenda, fue el primer prelado que,  alertado por el ermitaño Pelayo, acudió al lugar en que apareció la tumba de Santiago y llamó al monarca Alfonso II para que viniera a confirmar con su presencia el hallazgo del sepulcro.

      El artículo de Chamoso, basado en los descubrimientos que él mismo dirigió, resulta un apasionado esfuerzo por relacionar los nuevos hallazgos con el enterramiento verdadero de Santiago, el discípulo de Jesús, en el espacio donde hoy se levanta la bella fábrica de la Catedral puesto que, según explica el investigador, si algunos datos de la leyenda se tornan verdaderos con los descubrimientos arqueológicos, también los relativos a la traslación y enterramiento del Apóstol deben ser veraces. Esta es, en definitiva, la conclusión principal.

      Realizó además otras excavaciones en la Plaza de Quintana con importantes descubrimientos, desarrolló una labor importante en la protección de lugares y paisajes del camino de Santiago, como  O Cebreiro, fue el principal impulsor y primer director del Museo de las peregrinaciones y de Santiago, y en fin, alentó el resurgimiento de la ruta jacobea en el siglo XX.

 

Las Peregrinaciones Jacobeas. Luciano Huidobro Serna (y II).

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Luciano Huidobro(única foto pública conocida, tomada del Diario de Burgos)

       El tomo II y III están dedicados íntegramente al relato de la Historia y Patrimonio artístico de las diferentes provincias por donde transcurre el camino jacobeo sin escatimar ningún detalle ni rigor. Pues, en efecto, los autores profundizan en el estudio de cada uno de los pueblos, villas y ciudades, para ofrecer una panorámica de conjunto muy completa, capaz de responder no solo las preguntas de los peregrinos, sino también de los investigadores más exigentes. El tratamiento de esta cuestión es cuantitativa y cualitativamente el más importante de la obra de Huidobro.

     El primero de los volúmenes reseñados trata de la descripción de las provincias de Burgos, Palencia y León, que se acompañan de unos mapas plegables tan útiles y prácticos en cuanto guías del peregrino, como hermosos por su traza y sencilla presentación. La copiosa información y erudición de los autores es sin duda el sello de identidad de la obra.

      Como dato histórico singular, merece la atención la referencia a que el camino Francés no fue al inicio de las peregrinaciones el mismo que se concibe en la actualidad o el que se fragua con las repoblaciones de los siglos XI y XII  de la ribera del Duero, pues la invasión islámica de estos territorios durante los siglos IX y X obligaron a que los peregrinos llegasen a Burgos por la ruta localizada más al norte, que pasaba por Miranda de Ebro, el puerto de Pancorvo, Briviesca, Villafría y Gamonal, ya a las puertas de la capital. A partir de aquí la coincidencia entre el camino francés pasado y el presente es absoluta.

    No desmerecen tampoco las fotografías y dibujos que acompañan al texto, sobre todo, las que retratan pueblos y paisajes del Camino de la década  pobre de los años cuarenta, como por ejemplo, la estampa costumbrista del carro frente al Hospital de San Lázaro de Redecilla del Campo, la decadencia pretèrita del puente del Paso Honroso en Hospital de Órbigo, o la soledad y abandono más acres de Foncebadón, entre algunas otras.

       El tomo III toma la ruta en Lugo y la concluye en Santiago y Finisterre. Pero lo destacable es la variedad de vías nacionales e internacionales que comenta la obra: el camino del Norte desde Guipúzcoa a Santiago, pasando por Vizcaya, Santander y Asturias; el camino Oriental desde la provincia de Zamora a Santiago, bien por Portugal, bien por la Puebla de Sanabria. Y entre los caminos extranjeros, se toma las rutas desde Italia, Alemania, Bélgica, Inglaterra, Holanda, Dinamarca y Francia. Este es un aspecto inédito que conecta el fenómeno jacobeo con otros territorios europeos, ofreciendo así una visión de conjunto de este fenómeno que, al decir de algunos, resultó el embrión de la futura Europa.

       Es un hecho literario destacable la explicación de algunas leyendas santiaguistas en la provincia de Zamora, como la leyenda de san Boal , la de la Virgen de Carballeda o la del lago de San Martín de Castañeda. También la obra recoge leyendas y canciones de gesta traídas de Italia, como testimonio del interés que sus autores tuvieron con el tema folklórico de los pueblos.

       Por último, el estilo de la obra es también plural como fruto de la colaboración de autores que, unidos por el interés común de la admiración por el Camino de Santiago, observaron sin embargo distintos registros y voces lingüísticas diferentes.

        Monumento, pues, importante, que a pesar del paso de los años sigue siendo un referente para los investigadores actuales y una fuente de consulta indispensable para los estudiosos del tema.

 

Las Peregrinaciones Jacobeas. Luciano Huidobro Serna y Otros (I).

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      Luciano Huidobro nació en la localidad burgalesa de Villadiego en el año 1874, con la que mantuvo siempre una estrecha relación. Acompañó a su padre por tierras de Aguilar de Campóo en la infancia y juventud, de donde le viene probablemente la vocación por la Historia y el gusto por la naturaleza castellana, como quedó de manifiesto en su obra Breve historia y descripción de la Muy Leal Villa de Aguilar de Campóo . Fue ordenado sacerdote en Salamanca. Parece que fue párroco en el lugar de nacimiento durante veinte años, pero este extremo no está  acreditado. Obtuvo la Licenciatura de Filosofía y Letras a finales del siglo XIX y, desde este momento, manifiesta un enorme interés por los temas históricos y arqueológicos de la provincia de Burgos y Castilla. Consecuencia de ello, son numerosos artículos y publicaciones de indudable interés. Sí, por el contrario, queda plenamente acreditado que trabajó de asesor de Arqueología en el Arzobispado de Burgos y fue responsable del Archivo Diocesano de esta ciudad. Fue también académico numerario y vicedirector de la Institución Fernán González, entre otros muchos honores institucionales, como es el de Cronista Oficial de la provincia de Burgos. Muere en la capital del Arlanzón el 16 de enero de 1958.

       Escribe una obra local de asunto jacobeo, El Camino de Santiago a su paso por Castrojeriz, pero la obra general más importante es Peregrinaciones Jacobeas,  galardonada con el Premio del Caudillo en 1945 y publicada por el Instituto de España en 1949.

       El libro no es, sin embargo, obra de un solo autor, sino de varios colaboradores. Luciano Huidobro trabaja como coordinador general, pero determinados temas locales o específicos recaen en un elenco de autores que aportan su saber en cada campo. Forman este grupo Mariano Domínguez Berrueta- catedrático de Instituto-, Marcelo Nuñez de Cepeda- archivero y bibliotecario-, Francisco Gutiérrez Lasanta–historiador-, Ciprianno Baraut Obiols,  Manuel Narciso Peinado Gómez-profesor e historiador-, Isidoro Escagüés Javierre-académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas-,  Luis Cortés Vázquez-profesor universitario- y Pedro Garmendia Goyeche-archivero y bibliotecario-.

       El estudio se articula en tres tomos. El primero dedica las dos primeras partes al tratamiento de la predicación del Apóstol en Hispania y su posterior traslado a la Península, una vez decapitado en Jerusalén en el año 42-43 d.C., así como otros asuntos relacionados con el fenómeno jacobeo.

   Resulta para el autor muy importante, incluso transcendente, probar documentalmente la presencia de Santiago en pagos hispánicos, sobre todo, en Galicia y Zaragoza, donde se erigió un templo mariano en recuerdo del predicador. La tradición supone que los Apóstoles de Cristo eran llevados a enterrar a los lugares de predicación, de manera que, si Santiago estuvo evangelizando en tierras hispanas, es muy probable que se trajera a inhumar a Galicia, como supone el autor. Sin duda, Luciano Huidobro echa todos los restos y conocimientos en esta demostración, a saber, que el Apóstol visitó la Península con aquel propósito y fue enterrado en el extremo más occidental de Hispania, donde el mundo agonizaba.

      Atractiva es la afirmación por la que el escritor dice que las peregrinaciones hacia la tumba de Santiago en Galicia se producen desde el mismo suceso del enterramiento y que, a pesar del olvido o abandono durante la época visigoda, no dejo de visitarse nunca. Luego, habría de producirse el hallazgo de la tumba en el año 813, fecha en la que se abre un nuevo período más floreciente de peregrinaciones, pero no dejaría de ser una prolongación de la época primitiva. En definitiva, peregrinos los ha habido desde que Santiago fuese enterrado en los confines de Galicia.

    Respecto a los demás contenidos debe enfatizarse el apartado dedicado a la literatura jacobea, comprensiva no solo de canciones e himnos que los peregrinos entonaban a su paso, sino también de romances y otras manifestaciones literarias inspiradas en la temática peregrina. Es valiosa la recuperación de algunos romances viejos como el de la Peregrina o el de Gaiferos, que sirven de disfrute tanto al erudito como al curioso lego.

      Por último, la tercera parte del tomo primero aborda el asunto de las peregrinaciones a través de las regiones de Cataluña, Aragón, Navarra y Logroño, sin duda con toda la carga de profundidad de la que es capaz de manejar el diestro investigador.

 

Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela ( y IV).

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                                                                                                                    Juan Uría Riu

       Podría plantearse si Las peregrinaciones a Compostela es una obra plural, cuestión que no afectaría en cualquier caso a la calidad de la obra, o unitaria, pues se concitan tres colegas que, aunque comparten el estudio Alto y Bajo Medieval  de  la Península Ibérica, tienen indudablemente su propia idiosincrasia intelectual y personal.

       Que la obra nace y muere en la más absoluta unidad temática ya se deriva del título general:todo el texto discurre coherentemente en torno al tema jacobeo y las peregrinaciones, que se iniciaron en la Península Ibérica con el descubrimiento de una tumba, supuestamente la del apóstol Santiago, a principios del siglo IX, y han seguido durante siglos posteriores, si bien aquel fervor medieval ha de dar paso a un período de atonía, incluso de total ausencia de peregrinos en los siglos siguientes al medievo.

      No sabemos, sin embargo, si la organización de los contenidos, la estructura interna del libro, fue del gusto completo de sus autores pues, según parece, el órgano convocante del Concurso establecía los criterios generales de ordenación interna de los trabajos que hubieran de concurrir, debiendo todos de ajustarse a unos determinados esquemas organizativos. Pese a ello y en cualquier caso, resulta un acierto indudable tanto la organización de los contenidos en capítulos bien delimitados-primero los estudios generalistas, agrupados a su vez en bloques temáticos; luego las particularidades que se traducen en las etapas del Camino-como la adscripción a cada autor de aquella parte en la que es más especialista o experto. Así, por ejemplo, es significativa en el primer tomo la participación de Luis Vázquez de Parga en los aspectos históricos, jurídicos y artísticos de las peregrinaciones, mientras que Juan Uría asume el tema médico-hospitalario y José Mª Lacarra el urbanístico y sus consecuencias. Ya el segundo, se reparten pro indiviso Uría y Lacarra la explicación menuda de las etapas del Camino Francés y otros,  correspondiéndole al primero, por sus orígenes asturianos, la parte comprendida entre Sahagún de Campos y Santiago de Compostela, así como el Camino del Norte, y al segundo la delimitada entre Francia y la población señalada de Campos por sus vinculaciones a Navarra y Aragón. El tomo tercero es la reagrupación de fuentes y documentos manejados por cada autor en sus respectivos estudios.

       Respecto al estilo literario o manera cómo escriben los autores, no hay duda que ningún investigador del mundo es igual a otro. Es obvio que cada persona explica el objeto de su estudio de un modo particular, eso sí unas veces con mayor acierto, otras con peor suerte, intentando en todos los casos conseguir el equilibrio ideal de rigor y claridad en la exposición de las ideas, hechos y fenómenos históricos. Esto es, todo escritor posee una voz particular y diferenciado de los demás. En el caso concreto de Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, este aserto se cumple escrupulosamente. No es momento para realizar un análisis de los registros literarios de cada uno de los autores de la obra, pero es innegable el período sintáctico más largo de Uría, frente al gusto por la oración recortada de Parga; o el empleo habitual de conectores, garantes de la cohesión textual, del segundo frente a los otros dos. Estilos todos, sin embargo, elegantes, adecuados y claros, que favorecen la comprensión de los contenidos y amenizan la lectura de los más exigentes. La unidad, pues, es resultado del equilibrio de la pluralidad de estilos, que no perjudican, al contrario, favorecen la vertebración de una gran obra, haciéndola aún mejor.

      De todo lo cual, se deduce que esta obra, como se ha dicho al principio, resulta por méritos propios la primera en su género, suponiendo un hito en la investigación del fenómeno jacobeo español y europeo. Probablemente, se tarde muchos años en escribirse algo parecido, o quizás nunca otro monumento llegue a superar a este. Aunque es de esperar que, ojalá, nos equivoquemos.

 

Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela (III).

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                                                                                                                     Jose María Lacarra

        Existen dos cuestiones importantes en la obra reseñada que merecen ser comentadas, al menos, brevemente. Una es la admiración que despierta el uso y manejo de tanta documentación utilizada por los autores; y la otra se refiere a la necesaria alusión a la unidad formal y temática del libro, toda vez que los mismos coautores explican que debieron adaptarse a un esquema de trabajo previo que la organización del certamen estableció como principio, e incluso, que más de un lector pueda plantearse legítimamente este aspecto tan fundamental. Si es una obra compartida por tres nombres, ¿acaso queda en entredicho la necesario unidad de la misma?

        Es abrumador el acopio de documentos aportados como base empírica de trabajo, pues no hay ciencia histórica, ni ninguna otra, sin consulta a las fuentes primeras. En este sentido se aportan documentos de toda clase, la mayoría escritos en latín medieval, pues no solo era la lengua oficial de la Iglesia, sino también de las Cancillerías y Administraciones de los diferentes reinos hispanos y extranjeros. Entre este vastísimo corpus se traen a colación donaciones de nobles, reyes, obispos, y otras dignidades, a iglesias, monasterios y hospitales que atendían las necesidades de los peregrinos; autorizaciones y cartas de recomendación de reyes y prelados que servían como salvoconductos o exoneraban al peregrino de los portazgos u otras servidumbres;  testamentos de peregrinos, como el de San Juan de Ortega, especialmente interesante por la importancia social del santo; escrituras de fundaciones de hospitales, así como relación detallada de enseres, útiles y bienes muebles de los mismos; las dádivas que el limosnero de los Reyes Católicos hizo en nombre de estos a los más pobres en el viaje que realizaron a Santiago de Compostela en 1487; certificados y credenciales otorgados a los peregrinos como prueba de su paso por la ciudad del Apóstol; alguna pragmática como la de Felipe II, de 1590, prohibiendo el uso del traje del peregrino en fiestas y romerías, pues los taimados se aprovechaban de ello para robar o asesinar etc. etc.  Se hallan algunos documentos curiosos como es el caso de un Poema latino de 169 versos, que se compuso en alabanza del Hospital de Roncesvalles en torno al año 1200. Particularmente interesantes son algunos relatos de peregrinos para el conocimiento del camino en los siglos XV y XVI. También hay cabida para textos litúrgicos y canciones que los peregrinos entonaban alegres como una manera de entretenimiento o de ensalzamiento de los valores religiosos. Curiosos, por fin, resultan textos de milagros y leyendas, entre las que cobra gran relevancia el “milagro del ahorcado”, narración paneuropea, que está contado en el Llibre de les dones en lengua catalana, y en la Cantiga CLXXXV de las Cantigas de Santa María en lengua gallega.

      Por lo que respecta al apartado bibliográfico, se llegan a contar más de 430 fuentes, sin duda el elenco más completo en una obra de estas cualidades. Con esta notable aportación erudita se cubre probablemente todo el vasto campo informativo escrito hasta 1943-1944 sobre aspectos directos e indirectos del Camino de Santiago, ofreciendo pues un legado impagable e imponderable a los investigadores futuros. Además, esta bibliografía se ve complementada en el apéndice del Tomo III por una nueva aportación en la materia, a cargo del profesor de Historia Medieval, Fermín Miranda García, que cubre el período comprendido entre 1949 y 1992.

       Debe, por último, significarse que en la cola del Tomo III los autores exponen una colección de 148 Láminas, que son un verdadero cuadro plástico del Camino de Santiago de la década de los años cuarenta. Quienes han sido alguna vez peregrinos, reconocerán imágenes sorprendentes y seductoras, algunas sin apenas cambios, aunque la mayoría envueltas en un paisaje y entorno antiguos, que las hace atractivas por el paso del tiempo. Bastantes de ellas son obra de los tres insignes historiadores.

 

 

 

 

Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela (II).

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                                                                                                                 Luis Vázquez de Parga

          Las peregrinaciones a Santiago de Compostela es una magna obra de tres Tomos, de extensiones similares cada uno de ellos, que se redactada entre 1943 y 1944 con el fin de presentarla al Concurso de investigación propuesto por el CSIC. El jurado estaba presidido por el Marqués de Lozoya, historiador, que, teniendo solo palabras de alabanza para la obra, le concede el máximo galardón como Primer Premio del concurso en el año 1945. Todo hay que decirlo, el premio llevaba el nombre del por entonces Jefe del Estado, Francisco Franco. Sin embargo, no fue publicada hasta 1948 por el mismo CSIC, agotándose en un plazo muy breve por el éxito de sus ventas. Los mismos coautores explican que hubieron de acogerse al esquema de trabajo planteado por los organizadores, lamentándose de la falta de libertad creadora para dar una vertebración algo diferente a su obra. A pesar de ello, no dudaron en respetar las premisas señaladas por la Institución promotora.

        Posteriormente se rinde un homenaje póstumo en Asturias al que fue uno de los colaboradores del libro, D. Juan Uría Riu, y, aprovechando esta ocasión tan señalada, la Diputación de Asturias vuelve a sacar a la luz en torno al año 1980  una segunda edición, que pronto se agota como ocurriera la primera vez.

      El itinerario de las publicaciones acaba de momento en el año 1992 cuando el Departamento de Educación y Cultura de Navarra, a través de la Institución Príncipe de Viana, decide publicar nuevamente el monumento, un año antes de la Semana de Estudios Medievales, organizados por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Estella, pionera  de esta clase de asociacionismo  jacobeo en España. La edición que aquí se utiliza es la de esta fecha, a pesar de los esfuerzos que se han hecho para conseguir algún ejemplar de la primera o segunda ediciones.

      El primer Tomo se organiza en tres partes: la primera está dedicada a los peregrinos que hicieron el camino desde el descubrimiento de la tumba hasta su decadencia en el siglo XVI, la segunda trata cuestiones de tratamiento hospitalario, jurídico y sanitario del peregrino, y la tercera plantea las consecuencias sociales, literarias y artísticas asociadas a este fenómeno, tan importantes en la historia española.

    El Tomo segundo profundiza en la formación y consolidación del camino Francés, después de haber experimentado itinerarios alternativos por necesidades de protección o seguridad, desarrollando el estudio de las etapas desde el Sur Francia hasta Santiago de Compostela. Otros Caminos también son estudiados, tales como el de la Costa o camino del Norte, y el Primitivo, que partiendo de Oviedo llegaba a Fonsagrada por el interior agreste del Occidente asturiano. Tal fue el itinerario que siguió Alfonso II para visitar la tumba del Apóstol.

      Y el tercero recoge la riqueza documental y la vasta bibliografía que sirvieron como fuente de conocimiento a los autores del libro. Se complementa con un índice alfabético y de materias al objeto de organizar mejor el acercamiento al contenido de la obra. Además la mitad última de este Tomo incorpora con notable acierto la aportación bibliográfica de Fermín Miranda García, profesor de Historia Medieval en la Universidad Autónoma de Madrid, comprendida entre 1949 y 1992, esto es, el ingente número de publicaciones nacidas entre la primera edición y la última. Dicho sea de paso, sería menester seguir esta fecunda tradición, añadiendo las nuevas acaecidas desde esta fecha a la actualidad.

      Pero deben hacerse aún algunas puntualizaciones concretas sobre el tema.

Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela, L.V.de Parga, José Mª Lacarra y Juan Uria (I).

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                 Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela es el monumento literario más importante dedicado al Camino de Santiago, fuente de innumerables estudios, espejo de rigurosos conocimientos, que ocupa un lugar cimero en la historiografía del Camino. Esta posición de la obra se apoya en la labor comanditaria de los medievalistas Luis Vázquez de Parga, Jose Mª Lacarra y Juan Uria Riu.

                   Luis Vázquez de Parga nace en Madrid en 1908 y fallece en la misma ciudad en 1994. Se licencia en Filosofía y Letras cuando solo tiene 19 años, y en 1930 ingresa como funcionario en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, ocupando primero plaza en el Museo Arqueológico Nacional y, a partir de 1967 hasta su jubilación en 1978, en la Sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde 1973.

             Vázquez de Parga atesora un vasto patrimonio cultural e intelectual. Quienes lo conocieron o conocen la ingente obra escrita, no dudan en afirmar su carácter de humanista global pues funde saberes de Historia, Arte, Arqueología y Museística, como los antigüos sabios del Renacimiento. Habla y traduce además lenguas como el francés, inglés, alemán y latín, siendo reputado también como un excelente latinista, tan necesario en la traducción de los textos medievales. En suma, un humanista total, que supo aglutinar como nadie disciplinas diferentes en una ímproba labor investigadora.

         En 1932, según el historiador Gonzalo Anes, realiza con sus amigos Jose Mª Lacarra y Jose Mª Giner el itinerario a pie desde Valcarlos a Santiago de Compostela, y, como consecuencia, comienza a idear un plan de trabajo acerca del peregrinaje jacobeo.  Años después, el plan se transforma  en esta obra extraordinaria que, concluida en 1945, ve la luz en 1948.

          Jose María Lacarra de Miguel viene al mundo en Estella en 1907 y muere en Zaragoza, año 1987. Realiza estudios simultáneos de Derecho e Historia, licenciándose en esta en 1928 y doctorándose en 1933, año en que también concluye la carrera de jurista. Como su amigo, gana las oposiciones en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueológos, siendo destinado al Archivo Histórico Nacional, desde donde trabaja durante la guerra civil para salvar el vasto contenido de libros y protocolos. A partir de 1940 gana la Cátedra de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza.

       En 1941 funda el Centro de Estudios Medievales de Aragón, del que es director durante varios años, y desarrolla una fecunda labor de investigación en el campo altomedieval aragonés y navarro, que plasma en conferencias, artículos, revistas especializadas y libros. Se convierte pues en un estudioso y defensor de la historia aragonesa, referente de otros discípulos y especialistas del mismo tema. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde 1972.

       Juan Uría Riu nace en Oviedo en 1891. Estudia inicialmente Derecho en la Universidad de Oviedo, licenciándose en 1914, pero marcha a Madrid a estudiar Filosofía y Letras, en la especialidad de Historia, donde se licencia en 1918. Pocos años después, en 1927, obtiene el doctorado con una tesis que ya pone de manifiesto el interés del historiador por el tema jacobeo, Las peregrinaciones a San Salvador de Oviedo. Curiosamente la vida de Uría transcurre paralela a la de su congénere Lacarra pues después de varios años como profesor adjunto de Historia en la Universidad de Oviedo, gana la Cátedra en 1940, que ejerció ininterrumpidamente hasta la jubilación en 1961. En 1968 es nombrado Cronista Oficial de Asturias. Funda también el Centro de Estudios Asturianos. Fallece en Oviedo en 1979.

       Y de la misma forma que el estellés Lacarra toma como centro de estudio e investigación preferentemente la Historia Medieval de Aragón y Navarra, Uria hace lo mismo con la región de su alma, que es Asturias, a quien dedicará todo su esfuerzo y talento para desentrañar las verdades históricas de la  Edad Media.

        Si se piensa que los tres investigadores han sido cada uno de ellos y por separado personas de prestigio internacional en el campo de la investigación histórica, aún cobra más importancia la obra aquí traída, que viene a ser el fruto maduro de la conjunción de esta impresionante triada intelectual.

El peregrino de la barba florida, un poemario de Alejandro Casona.

 

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                                                                                                                        Alejandro Casona

     A saltos y correrías entre papeles y libros, se ha hallado una colección de poemas de Alejandro Casona, más conocido como dramaturgo, titulada El Peregrino de la barba florida, y publicada en el año 1926. Confieso que me ha sorprendido gratamente, sobre todo, por el ambiente asturiano y bucólico de buena parte de los poemas, algunos de los cuales profundamente emotivos y líricos, siguen la tradición de las viejas canciones amorosas galaico-portuguesas y asturianas. Probablemente, el enraizamiento del escritor en estas tierras, tan verdes y remansadas de paz, ha decidido o condicionado un libro de estas hechuras.

        Porque Alejandro nace en la aldeita de Besullo, concejo de Cangas de Onís, en 1903, en una casa amplia situada en la zona alta del pueblo, y por cuyas circunstancias permuta el apellido paterno de Rodríguez por el sobrenombre de Casona, que quiere decir “casa grande”. Desde entonces, el asturianismo lo lleva en el apellido hasta su óbito en 1965, rayano con el otoño en que también caen las hojas para plegarse amarillas en el blando suelo, estando acompañado hasta el final por su esposa Rosalia y su hija Marta, ambas inseparables del escritor. Un año antes, en 1962, había decidido fijar definitivamente la residencia en Madrid, aunque la obsesión por la vuelta a España le viene en 1956 tras largos años de ausencia en Argentina y Uruguay, exiliado allí tras el desastre de la guerra civil española y triunfo de las tropas franquistas. Como paréntesis debe añadirse que Casona recibió el encargo en 1931 de llevar los telares del teatro y las bambalinas a los pueblos más alejados de Madrid y más olvidados de aquella España empobrecida, cumpliendo así el encargo de las Misiones Pedagógicas de la II República española, garantes de la cultura y de la educación en todo el territorio.

     Con todo, el escritor, no se sabe por qué, decide garabatear algunas cuartillas en versos rimados, arremolinadas en torno a un eje temático que tiene a un peregrino barbado como protagonista.

    Cuenta que un reo confeso recibe la visita del apóstol Santiago en el calabozo y le ofrece un bordón para que vaya a Compostela a purgar sus pecados y recibir las indulgencias. Así, el condenado se hace peregrino para dar cumplimiento al deseo del santo. Por las noches una luz encendida guía sus pasos, pero la mala fortuna apaga la luminaria, quedando perdido el peregrino en aquellos montes y sierras. Canta el gallo, se oye el ladrido de un mastín en la aldea, y vuelve el día para acompañar la soledad del peregrino. Sediento, llega a la braña-parte alta del monte en que pastan las vacas en el verano- donde una pastora joven, de nombre Marela, acude en su auxilio ofreciéndole una cuerna de leche como bebida y manjar. Conviven juntos durante mucho tiempo, felices y dichosos, hasta que una nueva aparición del Apóstol le recuerda que debe cumplir la promesa de seguir a Compostela. Rota la paz de los amantes, el peregrino reemprende el camino y, tras largas y penosas jornadas, puede contemplar la ciudad de Santiago desde la alcarria del Monte del Gozo, donde por fin quedó dormido.

        Elementos tradicionales del paisaje asturiano-la niebla, el orbayu, las fuentes o las brañas- empastados en vivas imágenes tan del gusto de los escritores de estas tierras, entroncan este poemario de Casona con el grupo de asturianos que escribieron en bable o lengua asturiana, como Constantino Cabal, Juan Mª Acebal, Pín de Pría o el mismo Antón de Marirreguera, primer autor en bable de la literatura asturiana, entre otros muchos. Muchos versos alternan ritmos y rimas de indudable acierto, métrica regular, creándose un ambiente musical sereno, que se conjuga perfectamente con el fondo paisajístico de las diferentes escenas.

       Libro poético, en resumen, que pretexta un tema jacobeo para deleitarse con la imponderable y hermosa tierra asturiana, una vez más.

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