Cancionero de los peregrinos de Santiago. Pedro Echevarría Bravo

 

    

        Pedro Echevarría Bravo nace en Villalmanzo, Burgos, en 1905. Es un músico de cuna que despliega una fecunda actividad en el ámbito de la composición, la dirección de orquesta y la investigación. Como director de bandas de música municipales tiene el honor, según confiesa, de dirigir al principio de su carrera las de Ateca y Daroca en Zaragoza y la de San Martín del Rey Aurelio en Langreo, Asturias. Luego dirige la banda de Tomelloso en Ciudad Real y la de Santiago de Compostela. De los encuentros con las tierras norteñas y sus gentes, con quienes el autor ha estado siempre muy ligado, surgen algunas creaciones musicales como La suite manchega, Por los campos de Montiel y Calatrava o La más guapina de Asturies, entre otras. También es el creador del Himno a Tomelloso. Pero el maestro Echevarría, como siglos antes lo hiciera imaginariamente el caballero, ingenioso e hidalgo, D. Quijote a lomos del flaco Rocinante, recorre una y mil veces las llanuras manchegas en busca de las melodías populares, su particular Ducinea. Fruto de esta ardua labor nace el Cancionero Musical Popular Manchego, 1955, que recoge unas trescientas melodías de sabor popular con sus letras correspondientes. En la década de los años sesenta recibe una beca de la Fundación Juan March para desarrollar trabajos de investigación en Francia y Holanda, suceso que determina la aparición del Cancionero de los peregrinos de Santiago, año de 1965, con dedicatoria “a Su Santidad Pablo VI, peregrino de la Paz”. Es miembro de la Real Academia  de Bellas Artes de San Fernando, Sección de Música, en 1951. Unos años antes de su fallecimiento en Madrid, en 1990, visita la cuenca minera asturiana buscando los recuerdos de sus inicios musicales.

  La edición que se utiliza es de 1971, y tiene la curiosa peculiaridad de que la página que da paso al capítulo primero ha colocado por error tipográfico el título Cancionero Jacobeo al revés. Se articula en cuatro capítulos, una riquísima recopilación musical, un epílogo y un apéndice de trece interesantes láminas jacobeas.

      En el capítulo I nos recuerda el autor la importancia que el canto tenía para todos los peregrinos europeos, pues no solo era la forma de congraciarse con el Santo, sino también la manera más natural de expresarse el caminante. Se canta, en último caso, porque sí, porque es una necesidad de la propia naturaleza humana. Y de entre los múltiples cantares se revela el que es tenido como la melodía emblemática del Camino de Santiago, conocido como el Ultreia, que era el grito que los Cruzados lanzaban al entrar en batalla, “Más allá”. Este canto es el más antiguo que se conserva, siglo XII, y se compila por primera vez en el Códice Calixtino, Liber Sancti Iacobi. Consta de un estribillo y seis estrofas que repiten el nombre de Iacobus (Santiago) en los seis casos de la declinación latina. El principio lo encabeza el famoso verso “Dum pater familias”. Algunos consideran la melodía de origen flamenco, pero Echevarria sitúa su nacencia en Galicia. Otros cantares posteriores ocupan el análisis del maestro.

    El capítulo II está dedicado a la manifestación literaria más extendida en España desde siempre, que es el Romance, popular y de transmisión oral, artería a través de la que el pueblo acaba siendo el verdadero autor de esta forma poética. En este caso, se recopilan dieciocho romances jacobeos de orígenes geográficos diferentes, que se producen nada más conocerse que la tumba del apóstol Santiago había sido descubierta en Galicia. Uno de ellos es el titulado Don Gaiferos de Mormaltán, trasunto de Guillermo X, Duque de Aquitania, que hace el Camino en 1137 y muere, según la tradición, en la catedral de Santiago. Este provenía de la Provenza y no es ningún despropósito la idea de la influencia de la lírica provenzal, amatoria, en las Canciones de Amor de la lírica gallego-portuguesa pues así lo avala la presencia de trovadores franceses en Compostela.

      El capítulo III contiene cantigas o canciones gallegas recogidas en los Cancioneros Galaico-Portugueses, que los peregrinos canturreaban por doquier. Sobre todo, son melodías y letras pertenecientes al Cancionero de la Vaticana, uno de los tres existentes, cuyo contenido alberga una tercera parte del total de las cantigas conocidas.

     Unas pocas páginas dedica el musicólogo en el capítulo IV a ese viejo instrumento que ilustrados como el Padre Sarmiento llamaron “zanfona” o “zanfoña”. Fue el instrumento de cuerda más usual en la Edad Media (las cinco cuerdas son frotadas con una rueda en vez de un arco con aspecto de un laud), que servía para acompañar los cantos y romances de los peregrinos en la ciudad de Santiago. Ya se conoce de su existencia en el siglo IX, pero deja de usarse en el siglo XV para volver a sonar en el siglo XVIII. Cuando se publica este libro en la década del sesenta, la zanfona casi no tiene quien la vibre, e excepción del virtuoso Faustino Santalices y su hijo, oftalmólogo, y seguidor de esta ancestral tradición.

       Y por último, el capítulo V, es una compilación de himnos distintos, que incluye el Himno al Apóstol Santiago, el más cantado, compuesto por el maestro de Capilla de la catedral compostelana Manuel Soler Palmer, y estrenado en 1919 con ocasión de la apertura de la Puerta Santa.

       La parte final del libro agrupa cuarenta y siete textos musicales con sus letras correspondientes, que suponen una aportación muy valiosa a la musicología de los peregrinos.

    Cierra el texto de Echevarría un epílogo firmado por el fraile franciscano, José Isorna, titulado “Andando y Cantando”, porque el Camino de Santiago se hace a través de los andares y cantares prodigados por millones de peregrinos de todo el mundo. Es desde luego, un libro universal y clásico, único en su género, escrito con el conocimiento de un sabio y el corazón de un hombre humilde.

El Camino de Santiago, estudio histórico-jurídico. Elías Valiña Sampedro.

       Sobre Elías Valiña ( 1929-1989) ya se han comentado algunas cosas en otros apartados de este cuaderno. Fue en general un promotor decidido y eficaz del Camino de Santiago en los albores de los años setenta mediante acciones muy diversas, como la publicación de varias guías, la creación del Boletín del Camino de Santiago, la recuperación de itinerarios, la animación y empuje a las Asociaciones de Amigos del Camino, incluso, llegó a la señalización con flechas amarillas de todo el Camino desde Roncesvalles hasta Santiago. Por lo tanto, él es uno de los pioneros destacados de la recuperación del culto a Santiago en el siglo XX, después de varios siglos de abandono.

    Debe significarse que Elías fue licenciado en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Comillas en 1959, y posteriormente en 1965 se doctoró en la Universidad Pontificia de Salamanca. Sin duda, esta circunstancia determinó que las inquietudes intelectuales del sacerdote, párroco durante buena parte de su vida de O Cebreiro, jalón del Camino, se decantaran por el análisis jurídico de los peregrinos en el libro El Camino de Sanitago. Estudio-histórico jurídico, honrado con el Premio Antonio de Nebrija en 1965. No es por otro lado esta cuestión jurídica especialmente amable para los eruditos. Al contrario, salvo el estudio de José Mª Lacarra en Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, Tomo I, el ámbito del estudio jurídico es un desierto deshabitado, lo que resalta aún más la importancia de esta publicación.

    El libro es publicado por primera vez en 1971, y ha tenido dos ediciones posteriores en 1990 y 2000. La última ha sido patrocinada por la Diputación Provincial de Lugo, previa autorización del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

    Va precedido de dos prólogos, uno de José Guerra Campos, obispo español defensor a ultranza del enterramiento de Santiago en la catedral de Compostela, y el otro de Ramón Yzquierdo Perrín, estimado especialista y profesor de Historia del Arte, los cuales, explicando la estructura interna del libro, realizan un elogio de sus bondades. Les siguen las fuentes y una rica bibliografía, en las que se apoya el ilustre investigador para el desarrollo de sus temas. Cierra el libro un apéndice documental que incluye un artesanal mapa del Camino de Santiago y documentos en latín sacados de archivos diferentes. Todos estos  elementos cimientan con solidez el libro de Elías Valiña, demostrando que la conciliación entre pensamiento y acción no solo es posible, sino también necesaria.

    Consta la publicación de dos partes.

   La  primera se centra en lo que el autor denomina “Ordenamiento jurídico o Código de los peregrinos”, esto es, en el tratamiento que otorgan las leyes civiles y canónicas a esa nueva figura del “peregrino,” común a todo el ámbito europeo, en materias diversas, tales como la protección de la persona y los bienes, el robo y maltrato , los abusos en la peregrinación, la fianza y la prenda, y el testamento y la sepultura del peregrino fallecido. El autor remarca las coincidencias plenas de ambos códigos, el canónico y el común, a la hora de señalar los tipos y sanciones correspondientes a los ilícitos o actos contrarios al ordenamiento. A esto se añade la peregrinación obligada ya sea por sentencia civil o canónica pues algunos reos eran obligados a realizar el Camino de Santiago como castigo o sanción impuestos por las culpas de que se les hacía responsables, es decir, los ilícitos penales. Otras veces, los peregrinos respondían a obligaciones o mandas testamentarias establecidas por terceros, e incluso,  la comunidad o pueblo de donde eran nativos los obligaban legalmente a realizar el Camino.

     La segunda parte es un análisis histórico de las poblaciones de O Cebreiro y Triacastela, dentro del marco del valle de Varcarce. Es sin duda el estudió más pormenorizado que se ha hecho de estos pueblos pues comprende el período que va desde sus orígenes hasta el siglo XIX.  El autor ha querido vincular esta parte a la primera, planteándola como una propuesta en que las normas jurídicas de la primera parte se trasladan a la segunda, pero lo cierto es que únicamente se ponen de manifiesto algunos litigios sobre tierras y heredades que se resuelven con los ordenamientos locales o bien con la invocación a leyes más generales de ámbito interterritorial.

     La persona de Valiña deberá siempre ser positivamente valorada por sus actuaciones a favor del Camino de Santiago, siendo una y principal la aportación al conocimiento del orden jurídico de los peregrinos sean cuales sean sus orígenes o naciones. Es por lo que el autor ha pretendido ver los primeros principios del Derecho Internacional, aunque muy tímidamente.

El Camino Jacobeo. Una ruta milenaria. Teodoro Martínez.

           La publicación del Camino Jacobeo. Una ruta milenaria se produce en el año de 1976, siendo la Diputación de Vizcaya el organismo oficial patrocinador del libro, cuya edición se presenta muy cuidada. Del autor, Teodoro Martínez, solo se sabe por el curioso prólogo que precede al libro que se trata de un religioso con una sólida formación en Historia del Arte y Medieval, a juzgar por el rigor de los comentarios y exposiciones que realiza.

      El libro se articula en dos partes, un apéndice y un prólogo (denominado “pórtico”), firmado por Florentín G. de Andoin, cuyo contenido y forma son arquetipos de una época de la Historia de España. Dentro de un estilo generoso en retórica y circunloquios, el prologuista recrea los jalones más reseñables del Camino de Santiago sin otra documentación que la del autor, y con la intención de loar en último término la vertiente combativa de Santiago contra la religión musulmana, y defensor de los principios del cristianismo.

     La primera parte consta a su vez de veinticinco capítulos de temática heterogénea. Puede resumirse en cuatro apartados globales: aspectos relacionados con Santiago (origen del sepulcro y controversia del sepulcro, iconografía, extensión del fenómeno a Europa y América), los peregrinos y las peregrinaciones (indumentaria,enfermedades, el derecho, motivaciones…), cuestiones generales de historia ( la importancia de Cluny como propagador de la devoción y el arte románico, órdenes militares y cofradías, el Códice Calixtino…) y, por último, aspectos literarios ( canciones del Camino y la épica francesa y española en la peregrinación). De entre tanta variedad de temas, debe resaltarse la separación que realiza el escritor entre la Historia y la Leyenda de Santiago. Aquella se inicia y acaba con los Evangelios y los Hechos de los Apostoles; y a partir de ahí, se forja la Leyenda, tal como se relatan los sucesos del traslado del Apóstol a las costas gallegas y su posterior enterramiento. También incluye la teoría del  de Fray Justo Pérez de Urbel sobre el origen del sepulcro, que coloca las reliquias del Santo en Mérida, desde donde se traslada a Iria Flavia.

     La parte segunda es una descripción global e integral del Camino Francés, desde sus comienzos en Aragón y Roncesvalles, hasta Santiago de Compostela. Previamente, el capítulo veintiséis glosa las cuatro rutas francesas ya conocidas (Turonense, Limosina, Podiense y Tolosana), a donde concurrían todos los peregrinos de Europa. Alguna de las regiones o provincias que atraviesa el Camino es tildada por el autor con un título señero (Tierra de Campos es la vastedad de las llanuras palentinas; la paramera de León identifica el solar que se propaga entre la capital y la comarca del Bierzo; a Galicia le aplica el epíteto de “dulce”). Ya en Santiago, debe destacarse el apartado dedicado a las excavaciones que en la Catedral se realizaron a finales de la década de los cuarenta, que exhumaron la cimentación de la iglesia erigida por Alfonso III , e incluso, el umbral de la primitiva levantada por Alfonso II “El Casto”. Además, se descubrió una necrópolis sobre la que se levantó la Catedral, siendo de aclarar que los enterramientos solían realizarse a ser posible cerca las reliquias de algún santo.

     Pone remate al libro el apéndice que trata de otros Caminos que se seguían en la Península, pues no debe olvidarse que son muchas las sendas que desde cualquier origen tenían como meta la ciudad de Santiago. Concretamente, el escritor se detiene en varias rutas gallegas, en las que atravesaban las Vascongadas,  otras que iban desde Bilbao a Santander y Oviedo, la ruta de la vía de la Plata en el tramo de Mérida a Astorga etc.

     No faltan fotografías de monumentos importantes, algunos mapas trazados a mano alzada y algunos curiosos dibujos de pequeño tamaño, cuyo autor desconocemos.

     Es un libro de estilo sencillo y claro, a la vez que muy documentado y elaborado, que aporta copiosa información sobre este tema jacobeo. Como ningún libro es perfecto, en esta ocasión el autor implora el retorno a una vida pía para compensar la pérdida de los valores religiosos promovida, dice, por “poderes tenebrosos”. Es una opinión que adquiere sentido en el contexto del período de transición a la democracia española, año de publicación de este importante libro.

Historia de las peregrinaciones. Sus orígenes, rutas y religiones. Luis Bonilla García.

       Luis Bonilla García es un polígrafo y erudito nacido en Madrid en 1915. De amplias miras, trata asuntos relacionados con la antropología, el arte, la sociología, la música y, por supuesto, no es ajeno al hecho del tema jacobeo. En esta línea de investigación destaca el libro Historia de las peregrinaciones. Sus orígenes, rutas y religiones, publicado en el año 1965 por la editorial Biblioteca Nueva.

       Dos cuestiones merecen destacarse por encima de todo.

      En primer lugar, el autor realiza un estudio universal de las peregrinaciones, comprendiendo no solo las jacobeas, sino las que tuvieron lugar en Roma ante las tumbas de San Pedro y San Pablo, dentro del ámbito cristiano, muy populosas y luego rivales de las de Santiago de Compostela. Además realiza un repaso de las peregrinaciones musulmanas a La Meca, de las que tuvieron lugar en la India y China, e incluso desbroza el camino sobre las peregrinaciones en América antes de la colonización europea, que arraigaron en las tribus de los Aztecas, Mayas, Incas y otras. Cierra este estudio con la incorporación de un capítulo dedicado a las peregrinaciones en la Antigüedad. En consecuencia, hay una mirada global hacia las peregrinaciones acaecidas en el mundo a lo largo de miles de años.

      La segunda de las cuestiones importantes  se refiere, ya en el ámbito de las peregrinaciones jacobeas,a la explicación de la interesante teoría del benedictino Justo Pérez de Urbel, medievalista, acerca de los orígenes del culto a Santiago que, dicho sea de paso, se ha mantenido discretamente en las sombras. Mantiene el ilustre fraile que las reliquias de Santiago Apóstol llegaron a la iglesia de Santa María de Mérida traídas por mercaderes orientales, permaneciendo allí durante al menos el siglo VII. Fundamenta esta opinión en el hallazgo de una lápida blanca de mármol, fechada en la primera mitad del siglo VII, en cuyo margen derecho figura una inscripción que dice que bajo el altar de la iglesia reposan las reliquias de algunos santos y de Santiago, el Zebedeo. Sigue diciendo el benedictino que estas reliquias fueron trasladadas, desde el Guadiana y a través de vía marítima, a Galicia por los mismos monjes conventuales, que huían de los ejércitos musulmanes, para ser depositadas en la iglesia de Santa María de A Corticela, iglesia independiente en su origen que luego se incorporó al conjunto de la catedral compostelana. Sostiene Pérez de Urbel  que las reliquias eran visitadas y veneradas en esta iglesia durante el siglo VIII. De este modo, se sigue manteniendo que las reliquias de Santiago están verazmente en el arca de la catedral, pero el advenimiento a esta ciudad contraviene el relato clásico, por otro lado, tildado de legendario por el mismo Luis Bonilla.

       La reacción, cuenta el escritor, no se hizo esperar y sobre el dictamen del Padre Justo, a pesar de su excelente posición jerárquica en el régimen de la época, recayeron críticas y montones de artículos que defendían la tesis tradicional del origen de las reliquias de Santiago, destacándose la defensa de D. Salustiano Portela  Pazos y de D. Jerónimo de la Higuera.

    El resto de este capitulo es un resumen de aspectos culturales e históricos del Camino de Santiago: las rutas a través de Francia, la ruta del camino Francés en España y la importancia que adquirió la Orden de Santiago en cuanto a la protección de los peregrinos y la lucha posterior contra la ocupación árabe de la Península.

    Puede decirse que el Camino de Santiago adquiere una dimensión distinta y nueva, pues el escritor incardina este fenómeno en un contexto más amplio, que contempla las peregrinaciones en su conjunto a lo largo del tiempo y del espacio. Porque ha entendido que probablemente existe un nexo común, y es la necesidad de hacer camino como un proceso de cambio y aprendizaje.

Picaresca, milagrería y milandanzas en la Vía Láctea. Esteban Carro Celada.

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      Este libro de ESTEBAN CARRO CELADA es un libro ameno, entretenido, gracioso, curioso, sin que por ello deje de ser también un singular manual de Historia. Porque las pequeñas anécdotas de cada día son la Historia misma. Nace este escritor en Astorga en 1929. Doctor en Teología por la Universidad de Salamanca y en Lingüística Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, trabaja como periodista y colaborador de diferentes revistas, entre las que destaca la célebre publicación “Historia y Vida”. Entre sus gustos personales ha figurado siempre el tema del Camino Jacobeo, lo que le empuja a escribir en 1953 El Camino de Santiago a su paso por Astorga. Unos años después, en 1971, año jubilar, la Editorial Prensa Española publica Picaresca, milagrería y milandanzas en la Vía Láctea. El destino ha querido que la tragedia se cruzara en su vida, muriendo en un siniestro accidente de circulación acaecido en la salida de Hospital de Órbigo, dirección León, cuando contaba tan solo cuarenta y cinco años.

      Decía al principio que el libro no es un tratado histórico al uso, un recipiente en que se evacuan hechos importantes, ordenados cronológicamente y rigurosamente estudiados en un contexto social, político y económico. En este caso, el libro es la yuxtaposición de breves cuadros o escenas del Camino de Santiago, cuyos contenidos se mueven entre la leyenda y la historia, entre la realidad y la fantasía, porque no de otra forma es la vida misma. Al final, el texto es una ponderada y rica colmena  formada de sabrosas celdillas, cada una de las cuales es un retazo vivo, un pegujal florido, una anécdota sabrosa del Camino Jacobeo.

      Todos los artículos están organizados en tres grandes bloques: la picaresca, baldón tan común como inevitable en las peregrinaciones de todo el mundo, la milagrería y las milandanzas o aventuras felices o desgraciadas que persiguieron a los peregrinos a lo largo de la ruta.

     Por ejemplo, dentro del primer apartado, se cuenta que las habitaciones de los albergues eran ocupadas por peregrinos de un solo sexo, siendo pues separados los hombres y las mujeres en diferentes estancias o peregrinerías. Así en el hospital de San Martín del Camino existía esta norma y se aconsejaba que ya entrada la noche se cerraran las puertas de los cuartos y que se taparan los agujeros de la tapia que los dividían. Otras veces, las alberguerías, auténticas casas de pillaje, fingían que no había agua para invitar a los huéspedes a un mal vino y, borrachos, eran objeto de hurtos por el tabernero. A veces, la tabernera ofrecía extraños brebajes al peregrino, que lo adormecía para robarle. Muy habitual era que los ladrones se vestían de sacerdotes o peregrinos para luego, en medio de las soledades campestres, dejar sin blanca o sin vida al ingenuo caminante. Tampoco era extraño que la Catedral de Santiago cerrara sus puertas al anochecer porque los pillavanes y alborotadores se quedaban dentro a dormir y alteraban la paz del recinto sagrado, como sucedió en la Navidad de 1562.

     Entre los milagros está el del fraile Virila del monasterio de Leire, que durmió trescientos años, junto a una fuente, arrullado por el canto de un pájaro, y cuando despertó ni conocía a nadie ni, por supuesto, era conocido por el claustro de monjes. O el del caballero Rosendo que, se quedó a curar a un compañero enfermo, mientras que los demás peregrinos a quienes acompañaba siguieron camino a Compostela. Como el enfermo murió esa misma noche, Santiago se le apareció en Canfranc y a grupa de su caballo blanco lo dejó en cosa de horas en el Monte del Gozo. Ya de vuelta, se encontró en León con los caballeros, que aún iban de ida. O aquel que dice que un segoviano ofreció a la Virgen de Santa María de Sirga un becerrilllo, que nunca le llevó. Así que, un día en que el tramposo andaba por el monte cuidando el becerro, se le perdió y apareció, para sorpresa de los parroquianos, dentro de la iglesia.

    De aventuras e historias muchas nos relata el autor, de cómo Felipe II prohibió el uso del hábito de peregrino porque los ladrones lo usaban en su beneficio, de cómo Gelmírez acuñó moneda por el privilegio que le concediera Alfonso VI, de los muchos peregrinos famosos que acudieron a Santiago o del trovador provenzal Germán Noveau que recitó en Triacastela uno de sus poemas para deleite de los campesinos, etc. etc.

    Libro, en definitiva, que debe ser considerado a la hora de redactar una Historia oficial del Camino de Santiago, pues está repleto de anécdotas, cuentos, murmuraciones, leyendas e historias, que representan la verdad con mayúsculas de esta realidad jacobea. Libro, por otro lado, bien escrito, con gracia, donosura y humor, que aún lo hacen más necesario.

 

 

Rutas Jacobeas. Eusebio Goicoechea Arrondo.

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        Como se ha dicho en otro artículo dedicado a este ilustre escritor, EUSEBIO GOICOECHEA ARRONDO ha dedicado buena parte de su tiempo a la investigación del Camino de Santiago, y ya se citaba entonces, a propósito de la cartografía de su interior, que escribe una obra importante en la Historiografía, titulada Rutas Jacobeas, publicada en el año jubilar de 1971.

     Va precedido el texto principal de un Prólogo laudatorio firmado por su amigo Francisco Beruete, Presidente de los Amigos del Camino de Santiago de Estella a la sazón, que aprovecha la ocasión para realizar la presentación de la Asociación y expresar la importancia capital que el Camino de Santiago tiene para la cristiandad de toda Europa en el pasado y en el presente. Añade un agradecimiento a todas las autoridades civiles y religiosas del país, que han servido a la causa de reavivar el espíritu jacobeo, e incluso se remonta al medievo en ese afán de recuperar figuras pro-jacobitas como Sancho el Mayor de Navarra y Aymeric Picaud. Sea como fuere, lo cierto es que su introducción supera las lindes de esta clase de protocolos.

       Se articula el libro en tres bloques: la Historia, el Arte y los Caminos de la Peregrinación, que son una síntesis de las investigaciones más sobresalientes llevadas a cabo hasta la fecha de la publicación.

     La primera parte se ocupa de la figura del Apóstol Santiago en la Historia y lo sitúa evangelizando en España poco antes de su martirio en Jerusalén y posteriormente trasladado a las costas de Galicia del Padrón por sus discípulos más fieles. Descubierto el sepulcro en el siglo IX se desata la mayor corriente de peregrinación nunca vista, similar e incluso con el tiempo superior a las de Jerusalén y Roma. Tras explicar las vicisitudes por las que corren las reliquias a lo largo de los siglos, son definitivamente confirmadas por la Bula Deus Omnipotens del Papa León XIII. Sigue a este cuestión histórica el análisis de la triple trascendencia del camino de Santiago, que ha dejado una estela inmarcesible en los ámbitos religioso (aparición de la idea de cruzada contra los moros), artístico (propagación del arte Románico, transmisión de romances y cantos líricos primitivos, así como leyendas) y comercial ( gentes de nacionalidad diversas intercambian bienes y crean rutas comerciales).

        La segunda parte está centrada en el estudio de las corrientes artísticas que corrieron paralelas al hecho de la peregrinación, destacándose sobre todo el período románico, que algunos han identificado como el arte prevalente de los caminos de Santiago. Sigue el tratamiento de la iconografía de Santiago a través de las distintas manifestaciones artísticas. Y concluye con un capítulo muy interesante sobre los cantos jacobeos hallados en el Códice Calixtino y en las Cantigas de Alfonso X el Sabio, además de otros muy populares en la Edad Media.

         La última parte es el tratamiento de los Caminos que conducen a Santiago de Compostela. Se inicia con la explicación de las cuatro vías francesas, que vienen a confluir en Somport y Roncesvallles. Sigue un repaso a los Caminos menos conocidos como el de la Costa Cantábrica o el de la Vía de la Plata, entre otros. Y culmina el repaso al Camino Francés, el más habitual, sobre todo a partir de los siglos XI y XII en adelante. Es en este cuerpo último donde Eusebio Goicoechea introduce dos novedades importantes de gran valor en el contexto de los setenta cuando la obra fue publicada, a saber, la Cartografía del Camino, ya comentada, y lo que se ha denominado en el libro como “Realización Audiovisual”. Consiste en un conjunto de diapositivas, agrupadas en tres series de ochenta y cuatro, con música medieval y textos literarios, cuya labor ingente ha sido realizada integralmente por el propio autor, acompañado de otros ayudantes expertos en la locución y en la grabación y montaje. Esta enconmiable labor es efectivamente elogiada por intelectuales de la época como Eloy Benito Ruano, Manuel Chamoso Lamas, Fernando Chueca Goitia, A. García Bellido, José María Lacarra, Antonio Ubieto etc. etc. Por último, divide el recorrido en tres grandes apartados, el Navarro, el Castellano-leonés y el Gallego, en el que glosa los rasgos topográficos y artísticos de cada uno.

     Todo el libro está tachonado de fotografías en color y blanco y negro del gusto y acierto del escritor, que completan el conjunto de contenidos divulgados.

        El libro lo cierra una densa y profusa bibliografía a modo de fuente abundante y cristalina, que sirve a las necesidades de los investigadores más exigentes del tema jacobeo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Historias de Compostela y El Libro de la Peregrinación a Santiago de Compostela. Xose Filgueira Valverde y José Salvador y Conde.

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               El investigador y escritor pontevedrés Xose Filgueira Valverde (1906-1996),  dedicado al estudio de la cultura y la literatura de Galicia, publica en 1970 Historias de Compostela, reeditada en 1982 por Ediciones Xerais de Galicia, y posteriormente en gallego  por la editora Alvarellos. Miembro de la Real Academia de la Historia y, uno de los fundadores del Partido Gallego, ejerció como catedrático de Instituto hasta su jubilación, habiendo recibido premios y galardones por su labor investigadora. Recientemente la Academia de la Lengua Gallega decidió en 2015 dedicar el Día de las Letras al escritor pontevedrés, aunque el acto fue acompañado de polémica por las simpatías del homenajeado con las fuerzas del régimen de Franco.

      Consta el libro de cuatro capítulos y cada uno reúne artículos varios. Destacan, por ejemplo, el estudio dedicado al arquitecto medieval más famoso, el Maestro Mateo, autor del Pórtico de la Gloria, al que sigue su rastro a partir de las investigaciones llevada a cabo por insignes eruditos, entre los cuales figura el que fue marido de Rosalía de Castro, Manuel Murguía. Otros, más lúdicos, recalan en la visita que la Duquesa de Chevreuse, a lo que parece fue una hermosa mujer que coqueteó con buena parte de la nobleza francesa de 1600, realiza a Santiago, siendo recibida con todos los honores por sus congéneres gallegos.Tiene también el libro un texto de canciones y narraciones del Camino, de gran atractivo para quienes degustan el folclore de los pueblos. Y, por fin, rescata la memoria de un singular cronista de Santiago, Pablo Mendoza de los Ríos, natural de Burgos, que en 1731 publica una guía humorística de la ciudad con el título de El Peregrino en Santiago.

    Completa el libro una galería de fotografía y grabados curiosos, que constituyen la ilustración gráfica de la obra.

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     José Salvador y Conde publica en el año 1971 El Libro de la peregrinación a Santiago de Compostela, Ediciones Guadarrama,  Madrid, fácilmente manejable por la hechura de un libro de bolsillo.

     Se arracima el libro en once capítulos, de los cuales los dos primeros y los dos últimos tratan asuntos generales, y el resto comentan los acontecimientos, hechos e ideas culturales e históricas más importantes del Camino de Santiago, tomando como eje las regiones por donde pasa el camino.

     El libro tiene como valor añadido el acierto del escritor en la elección de los temas que trata, pero sobre todo, ha sabido encontrar los asuntos esenciales de cada rincón o lugar, aquello que representa la identidad más genuina de los pueblos españoles, y dedicarles el comentario más completo. Por ejemplo, por tierras de Navarra se exalta la gentileza del arte románico más representativo como la Iglesia del monasterio de Leyre, las de Santiago y Santa Mª la Real de Sangüesa o la de Santa Mª de Eunate, emblema de iglesia-cementerio. Cuando se aventura en Estella, recuerda la matanza de judíos que allí se produjo el 1 de marzo de 1328, sirviéndole este suceso para tratar el problema de los judíos en los reinos hispanos durante el medievo. Al atravesar la Rioja se trae a la memoria la importancia de las calzadas romanas que señalaron por donde habían de ir los peregrinos hacia Santiago, y el nacimiento de pueblos y ciudades como Logroño o Santo Domingo de la Calzada a la sombra del paso de los peregrinos francos. La provincia de León invita al autor a una reflexión, a propósito del bello Puente Honroso de Hospital de Órbigo, sobre la figura del caballero medieval, que fue la fuente y origen de las narraciones caballerescas tan en boga, que el Quijote habría de lancear ácidamente con inigualable técnica narrativa. Y ya metido en galaicos pagos, Santiago es la ciudad del camino que bien merece una pausa mayor para adentrarse en la Historia de Galicia.

      No falta tampoco el ramo de fotografías en blanco y negro, que recogen paisajes y obras alusivas al tema jacobeo.