Postdata. Jóvenes.

                                 

Había puesto el final a este crudo relato de la pandemia, pero la aparición súbita de un imponderable –acaso no esperado- me obliga a completar estas notas.

Desde la parcial caída de la mascarilla en las vías públicas a finales de junio, la situación de esta crisis sanitaria parecía encauzarse adecuadamente, gracias sobre todo al vertiginoso proceso de vacunación de la población española. Sin embargo, el nivel elevadísimo de contagios (pasa la incidencia acumulada de 250 contagiados), que no deja de crecer, y el anegamiento consecuente de muchos centros de salud, que se ven desbordados por la asistencia a los enfermos, han dado un giro copernicano a la actual situación.

Los datos son en efecto preocupantes. Pero en esta ocasión, quienes sufren mayoritariamente los efectos de la enfermedad y la producen, son los jóvenes, que se suman a las celebraciones programadas irresponsablemente (botellones descarados, desafiantes fiestas fin de curso, celebraciones lúdicas a todo tren), sin tomar las medidas de restricción oportunas. Eso es lo grave, aglomeraciones humanas sin ninguna limitación sanitaria.

Explicar que la juventud es la causa principal del desbaratamiento actual de la pandemia no es estigmatizarla, como si se tratase de lo peor. No dudo de las cualidades de estas generaciones, que preceden a quienes vamos cumpliendo con suerte años y tiempo. Pero tampoco puede aceptarse que muchos jóvenes acuden a actos multitudinarios de toda clase, despreciando las cautelas que la pandemia exige (mascarillas, distancia…).

Sin embargo, en su descargo, no solo ellos catalizan el estado actual de la crisis. Súmese que los padres deben asumir la parte que les corresponde del actual desastre, como parte primordial de la coeducación de los hijos. E incluso, las instituciones públicas -educativas, sanitarias y políticas-  han cumplido a medias el rol informativo propio de este momento crítico, no resultando claros los mensajes y las medidas. En fin, nadie debe rehuir la proporción de responsabilidad personal o social del debacle sanitario presente.

El verano, encendido y más cálido que nunca, es una prueba importante para la superación de la Cóvid19. Si todos aportamos sensatez, sacrificio y buen hacer, incluido los jóvenes, sin duda pasaremos el Rubicón, y recuperaremos de una vez la normalidad vital, que tanto ansiamos hace tiempo. Por lo menos, podremos cantar victoria en nuestro país. Porque lo de afuera, es otra historia, que también nos incumbe moral y sanitariamente.

.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s