La salud mejora, pero con cautela.

                                  

Los últimos datos que desgranan los medios de comunicación invitan a la esperanza; cada vez nos alejamos más de los días aciagos en que los contagios y las muertes hacían estragos ya no solo en nuestro solar patrio, sino allende de las fronteras; y en definitiva, vamos poco a poco saliendo de la crisis para emboscarnos en un lugar más seguro, sin que por ello deban echarse las campana al vuelo.

Las cifras del Ministerio de Sanidad indican que la incidencia acumulada a día de hoy es de 112 contagios, con tendencia a la baja; el número de fallecidos, siendo triste e irreparable, cae a 23 personas; las UVIS registran el menor número de enfermos Covid, lo que permite que los hospitales recobren la normalidad al atender otras patologías propias de cualquier mes del año. Y un dato halagüeño, que anima los espíritus más alicaídos, durante el último mes los contagios por coronavirus descienden un 60%, mientras que los fallecimientos bajan un 80%. Buenos datos, por lo tanto.

Tras la positividad de las cifras, hay varias causas, pero sobretodo, es la vacunación la principal artífice sobre la que descansa la salida incipiente de la crisis sanitaria. Acaso no se haya hablado demasiado de las vacunas en esta crónica que sigo, por ser cuestión de especialistas, y no de un simple observador, pero la realidad es que las variedades al uso de este importante dique de guarnición están realizando la labor imponderable de protección y, en consecuencia, de sanación del gravísimo mal de esta cruda, áspera y desoladora pandemia del siglo XXI. Las vacunas, sin temor al yerro, han mejorado desde su descubrimiento la salud universal, y siguen siendo un baluarte de la actual situación sanitaria. Es incuestionable que las vacunas están contribuyendo esencialmente a la solución de esta crisis.

La otra explicación es el comportamiento callado y sacrificado de la inmensa mayoría del pueblo español, que ha dado muestras de ejemplaridad a lo largo de la enfermedad. No queda este esfuerzo empañado, ni mucho menos, por las acciones irresponsables e interesadas políticamente, a veces, de las minorías. Al contrario, sobre este fondo desarracimado, aún sobresale más la actitud responsable de los españoles.

Vamos mejorando porque las estadísticas lo dicen; pero se huelen en el aire señales vitales, como flores de azahar, que nos abocan a una salida cada vez más próxima de la enfermedad.

Eso sí, el resto de los países subdesarrollados o en vías de desarrollo deben también recibir una acopio portentoso de vacunas, porque el problema es global, siendo políticos y empresas farmacéuticas los principales responsables de la solución. Si no lo entendemos así, no sirve de nada lo que he dicho.

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